[R-P] [Tito Bardini] El maestro nazi del Dalai Lama
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Mar 18 06:13:45 MDT 2008
[Fantástico el artículo...
De paso: el régimen feudal del Tibet "independiente" ha sido una cuña
probritánica (o, durante los 30, potencialmente proalemana) en el
cuerpo de la Nación China desde por lo menos mediados del siglo XIX.
Es un caso parecido al de los territorios papales en relación a
Italia, que desvirtuaban la misión espiritual del papado y se ponían
al servicio del emperador más reaccionario que tenían a mano
(generalmente, los austríacos).
La cabeza de la monarquía atrasada y semifeudal de la Puna himalayana,
los Dalai Lamas, son algo así como los Papas de Oriente. Lhasa,
concretamente, recibe el nombre de "Roma de Oriente" en "La Rama
Dorada" de Fraser, un tipo que de religiones alguito sabía...Pero los
chinos, que también saben algo sobre el Tibet, acaban de inaugurar el
ferrocarril de Beijing a Lhasa. Suena décimonónico esto que voy a
decir, pero apuesto a que ese ferrocarril va a hacer mucho más para
minar el poder temporal del proimperialista Dalai Lama que mil
"batallas culturales". Cuando la línea cumpla su vocación final y una
por tierra Delhi y Calcuta con Beijing, se derrumbará el edificio
político que usufructúa la respetabilísima religión budista para
colocar un alfil imperialista en el corazón montañoso del Asia.]
EL MAESTRO NAZI DEL DALAI LAMA
Roberto Bardini
Jorge Luis Borges atribuye a Rudyard Kipling una frase: "Si has oído
el llamado de Oriente, ya no oirás otra cosa". El pensador francés
René Guénon, masón convertido al islamismo, le adjudica otra: "Oriente
es Oriente y Occidente es Occidente, y jamás se han de encontrar".
Tibet, los sucesivos Dalai Lamas, el budismo y ciertas enseñanzas
milenarias, independientemente de su real importancia filosófica y
religiosa, siempre han sido territorio propicio para talentosos
charlatanes, especialistas en embaucar a voluntades débiles
obsesionadas con la meditación trascendental, la reencarnación y las
"enseñanzas herméticas de los superiores desconocidos".
Una de las más célebres impostoras fue la "vidente" Helena Blavatsky,
nacida en Ucrania e hija de un coronel alemán. Luego de trabajar en un
circo como ayudante de una médium, en 1875 creó en Estados Unidos la
Sociedad Teosófica, inspirada en un supuesto viaje de aprendizaje por
Tibet. En 1884 la expulsaron de la India al descubrirse que recurría a
sus destrezas como ilusionista para producir "materializaciones" de la
nada. Tras una averiguación que duró un año, la Sociedad para la
Investigación Psíquica, de Londres, la definió como "una de las
impostoras más grandes de la historia". Madame Blavatsky, que
consideraba a los aborígenes australianos como pertenecientes a "una
raza inferior" y a los semitas como "espiritualmente degenerados",
tuvo posteriormente muchos adeptos entre el nazismo. Sus libros Isis
sin velo (1875) y Doctrina secreta (1888) se continúan vendiendo hasta
hoy.
Otro de los "grandes maestros" fue el hipnotizador, traficante de
alfombras orientales y ex espía zarista George Ivanovitch Gurdjieff,
un sexópata nacido en la Armenia rusa e impulsor del "cuarto camino",
quien aseguraba a sus discípulos que en el Tibet se había iniciado en
"medicina, danzas rituales y técnicas psíquicas". Según el escritor y
profesor universitario británico Romuald Landau, especialista en
religiones comparadas, este personaje era un agente secreto ruso al
servicio del treceavo Dalai Lama, Thupten Gyatso, un gobernante
despótico que en 1904 huyó a China y en 1910 se refugió en la India.
En 1956 se publicó en Gran Bretaña un éxito editorial, El tercer ojo,
de Lobsang Rampa, quien se presentaba como miembro de una añeja
estirpe de monjes tibetanos y conocedor desde los siete años de
secretos relacionados con la espiritualidad. En 1958, el Daily Mail,
de Londres, reveló que el misterioso autor se llamaba en realidad
Cyril Henry Hoskin. Era hijo de un plomero de Devonshire, al suroeste
del Reino Unido, y nunca había salido del país. El farsante huyó a
Canadá, donde obtuvo la nacionalidad y se presentó como "Doctor Rampa"
hasta su muerte en 1981, luego de publicar otros 20 títulos. A la
fecha, El tercer ojo lleva vendidos millones de ejemplares en casi
todos los idiomas.
Quien pasó el dato al Daily Mail fue el geógrafo, esquiador, alpinista
y explorador austriaco Heinrich Harrer, autor en 1953 del libro Siete
años en el Tibet, traducido a 48 idiomas y llevado al cine en 1997,
con la actuación de Brad Pitt. Harrer –que también escribió Mi vida en
la corte del Dalai Lama, del que se vendieron 50 millones de
ejemplares– fue maestro particular y amigo de Tendzin Gyatso, actual
guía espiritual de los tibetanos, que entonces tenía 11 años. Lo que
la película no muestra es que cuando tropas chinas invadieron Tibet en
1949, Harrer estuvo en la primera línea de la defensa hasta que tuvo
que huir.
Poco después del estreno de Siete años en el Tibet, filmada en la
región de los Andes en Argentina, el semanario alemán Stern reveló que
Harrer pertenecía a las Schutzstaffel (SS), escuadras de protección
nacionalsocialistas, desde 1933, cuando tenía 21 años. Con información
de archivos secretos de la inteligencia militar de Estados Unidos, la
revista informó que el alpinista fue bien acogido en la corte del
catorceavo Dalai Lama gracias a las excelentes relaciones que existían
desde la década del '30 entre los monjes tibetanos y unos cuantos
jerarcas nazis seguidores de madame Blavatsky e interesados en el
orientalismo.
Desde entonces y hasta su muerte en 2006, el explorador desapareció de
la vida pública. Cuatro años antes, cuando cumplió 90 años, había
recibido la visita del Dalai Lama. "Heinrich Harrer fue mi amigo
personal", escribió el monje. "Aprendí muchas cosas de él,
particularmente acerca de Europa. Sentimos que hemos perdido un leal
amigo de Occidente".
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