[R-P] Alerta, alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América latina
Leonardo Cofré
lcofre en hotmail.com
Mar Mar 18 00:45:39 MDT 2008
Nota aparecida en RaDAR el domingo pasado.
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Alerta, alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América latina
Hace poco menos de una década, Hugo Chávez volvió a poner el nombre de Simón
Bolívar en oídos de América latina. Sin embargo, no existe una visión única
de la figura que ha sido considerada a lo largo de la historia y del
continente un Napoleón sudamericano, el Washington de la América hispana, un
caudillo cesarista o el líder del destino latinoamericano trunco.
Casualmente en la semana en que los tres países que lo tienen como padre de
la patria casi se enfrentan militarmente, David Viñas y Gabriela García
Cedro presentan Bolívar, antología polémica, un estudio y recopilación en la
que recorren las diversas interpretaciones y usos de su figura. Y a
continuación, lo presentan.
Por Gabriel Lerman
El nombre Bolívar está en calles, plazas y universidades de todo el mundo,
pero hay un continente y algunas ciudades en particular que lo llevan en el
centro. Caracas, Bogotá y Quito son las tres capitales de países que en un
tiempo formaron la Gran Colombia, para las que Simón Bolívar fue y es su
Padre de la Patria, y cuyas banderas mantienen un enorme parecido: la franja
de arriba amarilla, la del medio azul y la de abajo roja. Esos tres países,
hace pocos días, estuvieron a punto de entrar en guerra entre sí. Además,
hay un cuarto país que, caso excepcional, lo lleva en el nombre: Bolivia.
Pero, ¿quién fue Simón Bolívar? ¿Por qué la historia mundial lo registra a
veces como un Napoleón sudamericano, a veces como el Washington del Sur, a
veces como un caudillo vanidoso y cesarista que buscaba perpetuarse en el
poder, y otras como el liderazgo incomparable de un destino latinoamericano
inconcluso, trunco?
Hay un enigma continental, muchas preguntas que proyectan su sombra desde el
17 de diciembre de 1830, día en que Bolívar murió físicamente en Santa
Marta, localidad costera de Colombia. Lo había obtenido todo, o en todo caso
fue el que más lejos llegó. Frente a la visión del liberalismo porteño,
específicamente de Bartolomé Mitre, Bolívar careció de integridad y pecó en
sus delirios de grandeza. Toda la oscuridad que desde la Argentina se
construyó sobre él está vinculada a la resolución de las guerras de la
independencia, cuyo episodio novelesco, extremo, es la entrevista de
Guayaquil entre los dos más grandes, los dos pesos pesado, los Libertadores
de América Simón Bolívar y José de San Martín. El contenido de esa reunión
se mantuvo en secreto hasta que circuló la que se conoce como carta de
Lafond, misiva que distintos historiadores consideran falsa y otros
crucialmente verídica, que le habría enviado San Martín a Bolívar poco
después de la entrevista, donde en todo caso se ofrece una versión sobre lo
conversado, y las razones por las que San Martín produce su emblemático
retiro, y le allana el camino a Bolívar para continuar su marcha hacia el
sur, consolidar el poder en Perú, liberar Bolivia y quedar al borde de una
expansión mayor.
Enemigos intimos
"En Guayaquil hay que ver la correlación de fuerzas", dice David Viñas,
compilador junto a Gabriela García Cedro de Bolívar, antología polémica,
recientemente editada por Peón Negro en la colección Crónica General de
América Latina. "Digo, San Martín estaba ya fuera de combate. Digo, frente a
los peruanos. Le matan al ministro, se lo asesinan. Bolívar venía
triunfando, lo tenía todo. Guayaquil era parte del proyecto bolivariano. No
era ningún angelito, claro, como dice la versión porteña tradicional. San
Martín, el austero, el militar profesional; el otro, el loco de la guerra.
San Martín era muy profesional, sexualmente prolijo. Aparece la hija,
Remeditos, punto. El otro, era un loco sexual, las mujeres, hay que ver lo
que era el éxito en ese momento." Viñas, quien se corre tanto de las
lecturas apologéticas como detractoras del venezolano, puntualiza: "Ahora,
¿cuál es el proyecto fundamental? Y, era la reunión de Panamá, viejo. ¿Cuál
es el problema? Y hoy se plantea lo mismo desde el Mercosur hasta la Unión
Europea. El problema fundamental, el prioritario, es el enfrentamiento mano
a mano con la gran empresa norteamericana".
El ascetismo sanmartiniano, el hombre alto, impertérrito, el militar
impoluto, abstinente, frente al hombre bajo, aindiado, "que no miraba a la
cara nunca para hablar" según Sarmiento, el temperamento caribeño, la
ambición desmedida de Bolívar. Acaso el error esté en comparar rasgos
personales sin poner en perspectiva las trayectorias y los roles que cada
uno ocupaba. San Martín, un militar de carrera, que incluso en la cúspide de
sus campañas nunca obtiene una relación prominente con Buenos Aires, frente
a Bolívar, presidente vitalicio de la Gran Colombia, militar y líder
político, que edifica su verticalidad a base de un jacobinismo criollo, aún
en las aguas turbulentas e inestables de la herencia colonial de
virreinatos, capitanías y gobernaciones.
De señorito a Libertador
Nacido en Caracas en 1783, tenía Bolívar un destino de hacendado esclavista,
socialmente rico, cómodamente instalado en la elite criolla. Huérfano de
niño, criado por tíos y abuelos, se casó a los 19 años en Madrid, cuando ya
era subteniente en los Valles de Aragua. Formado por Andrés Bello y Simón
Rodríguez, con el tiempo destacadas personalidades de la cultura
latinoamericana, Bolívar despuntó una vida de aventura que incluyó un
romance con su prima María Teresa Rodríguez del Toro, y una temprana viudez
en 1803 que lo devolvió al Viejo Continente siendo joven y adinerado. Allí
se reencuentra con Simón Rodríguez, recorre París, Roma, conoce a los
antiesclavistas Humboldt y Bonpland, y adquiere de primera mano los influjos
emancipatorios de la Revolución Francesa.
Regresa a Caracas en 1806 y se incorpora a los grupos que combaten el orden
colonial, entre los que se encontraba Francisco de Miranda. Poco antes del
19 de abril de 1810, en que se desencadena la primera fractura en el poder
virreinal de Venezuela, Bolívar es apresado junto a otros conspiradores. Ya
instalada la Junta Suprema, es enviado en misión diplomática a Londres,
donde hace contacto nuevamente con Miranda, y forman la Sociedad Patriótica,
club político decisivo en la declaración de la independencia de 1811.
Asciende rápidamente a general y, aunque toma parte de un episodio confuso
donde cae Miranda a manos realistas, él se salva y huye a Curaçao. Poco
después escribe el Manifiesto de Cartagena, su primer documento político,
una suerte de balance del movimiento independentista. Temporalmente, el
Congreso de Nueva Granada (Colombia) lo acoge para sus campañas militares,
él reagrupa fuerzas y la emprende nuevamente hacia Caracas. Hacia 1814, su
principal consigna ya era combatir el federalismo fragmentador y
debilitante, y propugnaba la centralidad física y política de la región.
Libera Caracas, luego debe abandonarla ante nuevas represalias, y se refugia
primero en Nueva Granada y finalmente en Jamaica. Allí está derrotado, solo,
impotente. Produce la Carta de Jamaica que, según el historiador venezolano
Germán Carrera Damas, es un "documento de honda historicidad", un programa
estratégico que sitúa la lucha por la independencia de Venezuela en el plano
americano y mundial. Reúne fondos, recursos y en mayo de 1816 entra en la
Isla Margarita. Tras diversas batallas y tensiones con los caudillos
provinciales, en 1819 Bolívar se hace fuerte en Angostura, Guayana, donde
convoca a un congreso y es nombrado presidente provisional con plenos
poderes para conducir la guerra. Allí, Bolívar monta quizá la mayor
operación de la guerra de la independencia, trasladando sus llaneros hacia
Bogotá a través de los Andes y, en Boyacá, bate al poder realista y libera
Nueva Granada. Los recursos y el prestigio adquiridos lo ponen al frente de
un ejército triunfador. Poco después hace aprobar la "Ley fundamental de la
unión de los pueblos de Colombia", núcleo de su visión americanista y base
de la Gran Colombia. La batalla de Carabobo consolida la conquista de
Venezuela, y despeja el camino de quien ya es considerado Libertador y Padre
de la Patria. El 30 de agosto de 1821, se sanciona la Constitución de la
Gran Colombia y Bolívar es elegido presidente por el voto unánime. Allí,
comienza la campaña hacia el Sur, hacia el Perú. Mientras tanto, el 15 de
julio, San Martín -que un año antes había desembarcado proveniente de Chile-
convocaba en Lima al Cabildo Abierto en el cual se suscribía la Declaración
de la Independencia de ese virreinato, uno de los dos enclaves realistas más
antiguos de América junto al de Nueva España (México). Pocos meses después,
Bolívar ocupa Quito y Guayaquil, que son incorporadas a Colombia. El 26 de
julio de 1822 se produce la célebre entrevista de Guayaquil.
Estados Unidos de America latina
Ante la retirada de San Martín, Bolívar avanza sobre el Bajo y el Alto Perú.
Victorioso en Junín, concentra el poder como dictador del Perú y cede el
mando militar a Sucre, quien el 9 de diciembre de 1824 triunfa en Ayacucho,
batalla que marcó el fin del poder español en América.
Bolívar convoca al Congreso de Panamá, también conocido como "Anfictiónico"
en recuerdo de la Liga Anfictiónica de la antigua Grecia, con el objeto de
buscar la unión o confederación de Hispanoamérica, antes conocida como
Reinos Castellanos de las Indias. Reunido por pocas semanas a mediados de
1826, asisten representantes de la Gran Colombia (las actuales Colombia,
Panamá, Ecuador y Venezuela), Perú, Bolivia, México y las Provincias Unidas
del Centro América (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa
Rica). Los embajadores acuerdan la creación de una liga de repúblicas
americanas con militares comunes, un pacto de defensa mutua y una Asamblea
Parlamentaria Supranacional. El "Tratado magnífico titulado de la Unión, de
la Liga y de la Confederación Perpetua", fue ratificado sólo por la Gran
Colombia. El fracaso del Congreso estuvo llevo de suspicacias y acusaciones
por la exclusión de Estados Unidos, quien sin embargo fue invitado a
instancias del colombiano Santander, y por la acción del país del Norte para
evitar la concurrencia de Argentina. Bolívar no quería la participación de
Estados Unidos, y consideró un fracaso la convocatoria. Se lo considera el
primer antecedente integracionista de la región y, aunque algunos lo señalan
como condición de posibilidad en el tiempo primero de la Unión Panamericana
y después de la Organización de Estados Americanos, la vertiente
latinoamericanista lo considera inconcluso, pendiente, a casi dos siglos.
Acaso la Comunidad Sudamericana o la Unasur (Unión de Naciones del Sur) sea
lo más cercano a su continuidad.
Bolivar y la Reina del Plata
Tal vez haya que pensar en las tradiciones políticas y militares que se
fundan en esos pliegues de la historia, al menos en el imaginario que
proyecta sobre la región la elite liberal porteña. La historia argentina,
con el vértice en la vida de San Martín contada por Mitre, escamotea las
condiciones en que se produce Guayaquil, y las implicancias que abre o
cierra. Los argentinos, civiles o militares, inspirados en la renuncia del
Padre de la Patria, se autoeximen de la escena posterior, la película se
detiene allí. Argentina se corta sola, se encapsula en el Río de la Plata y
prefigura su destino blanco y europeizante, de espaldas al continente. Parte
del debate suele cifrarse en la forma de gobierno que deben adoptar las
"repúblicas americanas", entre la idea de presidencia vitalicia de Bolívar y
la propuesta de monarquía de San Martín. Mitre abona la idea del
expansionismo bolivariano, para lo cual se apoya en distintas conversaciones
que el venezolano mantiene en Bolivia, a mediados de 1825, con Carlos María
de Alvear y José Miguel Díaz Vélez, enviados por Buenos Aires ante el
agravamiento del conflicto con Brasil por la Banda Oriental. Los argentinos
le piden a Bolívar que se constituya en amenaza ante Río de Janeiro. Según
Mitre: "Nada menos soñaba el Libertador que subordinar a su influencia las
Provincias Unidas del Río de la Plata como regulador; llevar adelante en
unión con ellas la guerra contra el Brasil; derribar el único trono
levantado en América, y remontar de regreso la corriente del Amazonas en su
marcha triunfal a través del continente subyugado por su genio". Incluso,
Mitre señala a Manuel Dorrego y otros caudillos federales como partícipes de
la conjura. Hasta que llega Bernardino Rivadavia a la presidencia. Entonces,
dice Mitre, Rivadavia declara: "Ha llegado el momento de oponer los
principios a la espada". El porteño se opone tajantemente a los "planes
absorbentes" de Bolívar, en particular al Congreso de Panamá, para lo cual
consigue, además, la abstención de Chile.
Los ecos del Libertador
Pero la mitrista no es la única interpretación de Bolívar que ha tenido peso
en la Historia de éste y otros continentes, y de alguna manera, el recorrido
esas lecturas y usos de su figura bien puede considerarse el cauce del libro
presentado por Viñas y García Cedro.
Hacia el final del siglo XIX, Cuba cierra el proceso independendista del
continente, y José Martí evoca al general de los llaneros: "¡Pero así está
Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca
de crear, con el Inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él,
calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer
está hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!" Martí, el
escritor pobre, el prócer modesto que medio siglo después simbolizará la
emancipación con el nacionalismo y el socialismo cubano. "La independencia
de América -escribe Martí- venía de un siglo atrás sangrando; ¡ni de
Rousseau, ni de Washington viene nuestra América sino de sí misma!". El
cubano no vacila, sin embargo, en hacer una semblanza de Bolívar en el
ocaso, cuando las facciones de la Gran Colombia lo abandonan tempranamente,
y bajo ella, una crítica aguda a su accionar político: "(...) erró acaso el
padre angustiado en el instante supremo de los creadores políticos, cuando
un deber les aconseja ceder a nuevo mando su creación".
Al cumplirse el centenario de su muerte, en 1930, tanto en Venezuela como en
Italia se activan reinterpretaciones de la figura bolivariana en una
dirección polémica. En Caracas, el régimen de Juan Vicente Gómez, que se
extenderá desde 1908 hasta su muerte en 1935, enfrenta sus primeras
vacilaciones y ataques opositores. Si bien es reconocida su acción
unificadora y sus logros económicos, prácticamente los cimientos de la
Venezuela petrolera, se discute la discrecionalidad política de "El
Benemérito" o "El Pacificador". En ese contexto, el culto a Bolívar actúa
como refuerzo nacional y proyecta una imagen de continuidad con el prócer
hacia fuera. Tal vez opuesto al sentido que Martí ve en Bolívar, el
gomecismo celebra los supuestos valores cesaristas y autocráticos del
pensamiento político y constitucional bolivariano. En la misma línea, por
entonces el fascismo italiano en su apogeo imagina en Bolívar una tradición
latina compartida, un núcleo común de valores y, según Alberto Filippi, la
justificación de formas políticas unitarias y centralizadoras que superen
"las fuerzas centrífugas y factores disgregadores, localistas y
anarquizantes de la vida social".
Pablo Neruda no se priva de ejecutar su colección de héroes
latinoamericanos, y compone el poema Guayaquil donde, si bien la pertenencia
chilena le impide subestimar a San Martín, la escena de la cumbre de los
libertadores deja a Bolívar solo: "Cuando entró San Martín, algo nocturno de
camino impalpable, sombra, cuero, entró en la sala/ Bolívar esperaba,
Bolívar olfateó lo que llegaba (...) San Martín traía del Sur un saco de
números grises, la soledad de las monturas infatigables, los caballos
batiendo tierras, agregándose a su fortaleza arenaria (...) Bolívar
construía un sueño, una ignorada dimensión, un fuego de velocidad duradera,
tan incomunicable, que lo hacía prisionero, entregado a su substancia (...)
San Martín regresó de aquella noche hacia las soledades, hacia el trigo.
Bolívar siguió solo".
¿Qué oyen hoy los colombianos, los ecuatorianos -hijos de la misma Patria-,
cuando Hugo Chávez habla de Simón Bolívar? ¿Qué sienten los venezolanos
cuando su país ha tomado el nombre del padre en su propio nombre y son la
República Bolivariana? ¿Por qué se considera países andinos a los del
noroeste de América del Sur, si la Cordillera de los Andes llega hasta
Tierra del Fuego, y el argentino San Martín la cruzó a la altura de Mendoza
rumbo a Chile? ¿Qué relación existe entre Bolívar y Martí, y entre Chávez y
Fidel Castro? ¿Qué fibras íntimas, qué cuerdas, qué mares interiores agita
Chávez cuando le habla al continente y al mundo del ejemplo del Libertador?
¿Deberíamos conformarnos con la cobertura al respecto de la CNN y con el
desprecio renovado de Bush y los candidatos a sucederlo? Hace pocos días,
cuando el joven presidente ecuatoriano Rafael Correa increpó al colombiano
Uribe en la cumbre del Grupo Río por la invasión de su país, puso en
evidencia que en América, al día de la fecha, la dignidad todavía es un
valor en duda. Y que la historia, en su insistente circularidad, aún está
por hacerse.
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