[R-P] [Peredo Leigue] Ofrenda de Paz

Fred Fuentes fred.fuentes en gmail.com
Mie Mar 12 10:34:08 MDT 2008


[....La calma sobrevenida después de la reunión de Santo Domingo es un
paso alentador, pero absolutamente insuficiente. Podrán retirarse las
tropas de las fronteras, pero las señales de peligro siguen
destellando. Las relaciones entre los tres países involucrados en el
conflicto, están heridas y no han sido restañadas. Pero, sobre todo,
hay un herido de muerte: el propósito de integrar a los países de la
región, propósito concretado en UNASUR. La reunión de este organismo
naciente que debía realizarse en Cartagena de Indias, hubo que
suspenderse; ¡¿quién podría ir allí a hablar de unidad?!

El presidente boliviano Evo Morales, la presidenta argentina Cristina
Fernández, entre otros mandatarios, pusieron la nota de distensión en
esa cumbre latinoamericana. Les toca a ellos, ahora, trabajar por
restablecer la esperanza de integración. Habrá que trabajar como
orfebres, con sumo cuidado, con una gran dosis de optimismo y una
dedicación muy grande. El enemigo, aquel que busca dividirnos, está
entre nosotros, pero no somos nosotros....]

Raúl Reyes, Ofrenda de Paz
Por Antonio Peredo Leigue, Senador por el MAS.

Rebanadas de Realidad - MAS, La Paz, 12/03/08.- Algunos apretones de
mano y hasta un abrazo en Santo Domingo parecieron saldar cuentas en
la grave crisis provocada, el fin de semana anterior, por la incursión
colombiana en territorio del Ecuador para eliminar al dirigente de las
FARC Raúl Reyes.

En muchos pueblos antiguos, las promesas de paz y entendimiento entre
quienes estaban en guerra, se rubricaban con una ofrenda, traducida en
el sacrificio de una o más personas. Pero, ¿estaban en guerra Colombia
y Ecuador?, ¿el gobierno de Quito hizo la ofrenda? Y, más importante
aún, ¿ha sido útil, para la paz, esa muerte y las otras?

Lo que vivimos los latinoamericanos, la semana que acaba de concluir,
fue más bien un tensionamiento que amenazó con desatar una guerra
sangrienta entre tres países sudamericanos y una ruptura de relaciones
que pudo alcanzar mayores proporciones. Sólo las voces serenas de
quienes tocan los temas a profundidad y señalan cuáles son las causas
verdaderas, pudieron superar la crisis, siquiera momentáneamente.

Conflicto eterno

El coronel Aureliano Buendía, de García Márquez, es la expresión de
una realidad que se extiende a lo largo de toda la historia de
Colombia. Las FARC nacen a mediados del siglo pasado, pero no es la
única organización que se levanta en armas contra el gobierno de
Bogotá. No contra Uribe en especial, sino contra el sistema
gobernante. Que se los califique como "terroristas narcotraficantes",
"bárbaros", "asaltantes" o cuanto epíteto denigrante pueda servir para
estigmatizarlos, no les quita su carácter insurreccional.

Seguramente no estemos de acuerdo con algunos o muchos de sus métodos.
Posiblemente encontremos que se han sacrificado muchas vidas, sin
resultados que puedan valorarse. Hasta hagamos comparaciones con otras
experiencias que, sin recurrir a la confrontación armada, lograron
resultados. Muy bien. Eso, ¿los convierte en delincuentes?

Si en Colombia hay insurrecciones desde casi el inicio de la
República, es porque subsiste una estructura que no acoge a un buen
sector de la sociedad. Mientras se niegue tal realidad, no hay
posibilidades de encontrar soluciones. Y el presidente Uribe, como
muchos de sus antecesores, no busca soluciones sino el aplastamiento
de los insurrectos.

Plan Colombia

Agreguemos, a esta reflexión, el "Plan Colombia" que todos conocimos
en su momento y creímos que se había descartado. Dado que, en ese
país, había grupos insurrectos claramente identificados, que tenían
cifras considerables de efectivos, Washington cree tener razones
suficientes para intervenir. Se agrega el hecho de que, en Colombia,
radican los más grandes carteles del tráfico mundial de drogas (no
sólo cocaína). Era un plato servido para los planes expansionistas que
siempre están presentes en la Casa Blanca.

Con suficiente financiamiento para mantener una absoluta dependencia
política, el Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA y los demás
organismos que intervienen en estas operaciones, elaboraron el plan
por el que, Colombia, se constituía en cabeza de playa para instalar
bases operativas en Sudamérica y controlar, de esa manera, cualquier
movilización que, el gobierno de Estados Unidos, considerara un
peligro para su seguridad interna. Ese, al menos, es el lema con que
Washington ha manejado sus relaciones internacionales, desde los
tiempos del presidente James Monroe, lema que dice: "América para los
(norte) americanos".

Aunque, en la línea del Plan Colombia, instaló una base militar en
Manta (Ecuador) que ahora ha debido retirar, y otra en Mariscal
Estigarribia (Paraguay), Estados Unidos sólo provocó un aislamiento
del gobierno de Uribe, que no es bien recibido en ningún país de la
región.

Matar la esperanza

Raúl Reyes, segundo jefe de las FARC, fue conocido como cabeza de las
negociaciones de paz que, con suerte variada -por lo general
frustrante- se han realizado con Pastrana y el mismo Uribe. La
liberación de rehenes, sin condiciones, fue el camino por el que quiso
transitar hacia un verdadero acuerdo nacional que terminara con los
enfrentamientos.

De hecho, el presidente ecuatoriano Correa mantenía contacto con Reyes
para una segunda operación. El antecedente fue la operación en la que
intervino el presidente venezolano Chávez.

Al parecer, un desarrollo de tales características, no convenía a los
intereses de Washington. Había que impedir que se abra ese camino de
entendimiento. Porque, si en Afganistán e Irak, el control del
petróleo puede pagarse con algunos miles de vidas estadounidenses,
¿por qué no llevar adelante una política similar, con la ventaja de
que los muertos son sudamericanos?

No basta la guerra interna para justificar la presencia de tropas
norteamericanas. Un conflicto internacional sería más adecuado para
esos planes. Además, teniendo en cuenta que, el Partido Republicano
del presidente Bush está desgastado y, casi con seguridad, perderá las
elecciones de noviembre, aquel conflicto soñado, sumaría votos a su
candidato.

No es suficiente

La calma sobrevenida después de la reunión de Santo Domingo es un paso
alentador, pero absolutamente insuficiente. Podrán retirarse las
tropas de las fronteras, pero las señales de peligro siguen
destellando. Las relaciones entre los tres países involucrados en el
conflicto, están heridas y no han sido restañadas. Pero, sobre todo,
hay un herido de muerte: el propósito de integrar a los países de la
región, propósito concretado en UNASUR. La reunión de este organismo
naciente que debía realizarse en Cartagena de Indias, hubo que
suspenderse; ¡¿quién podría ir allí a hablar de unidad?!

El presidente boliviano Evo Morales, la presidenta argentina Cristina
Fernández, entre otros mandatarios, pusieron la nota de distensión en
esa cumbre latinoamericana. Les toca a ellos, ahora, trabajar por
restablecer la esperanza de integración. Habrá que trabajar como
orfebres, con sumo cuidado, con una gran dosis de optimismo y una
dedicación muy grande. El enemigo, aquel que busca dividirnos, está
entre nosotros, pero no somos nosotros.

Los pueblos de Colombia, Ecuador y Venezuela, se han reunido en estos
días y declarado su voluntad de profundizar sus lazos de hermandad.
Tenemos que contribuir a vivificar esa llama de esperanza. Y no se
trata de discursos. Debemos actuar. Nuestros gobernantes, aquellos que
creen en la paz, son los intermediarios de estas reivindicaciones de
los pueblos.

Ojalá que, más allá de las intenciones que llevaron a su asesinato, la
muerte de Raúl Reyes, sea una ofrenda de paz.



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