[R-P] Enrique Lacolla Energía e integración
José María
ingcavalleri en yahoo.com.ar
Dom Mar 2 06:35:48 MST 2008
Energía e integración
Resultados desparejos, pero no tan desalentadores,
arrojó la cumbre argentino-brasileño-boliviana.
Enrique Lacolla
Periodista
Para muchos, la cumbre de Buenos Aires entre
Argentina, Brasil y Bolivia se saldó en un fracaso.
Personalmente, creo que éste es un punto de vista
determinado en ciertos casos por intereses de parte.
No hay duda de que no se alcanzó ninguna solución
inmediata en torno del problema energético y que a su
alrededor se tejieron las contradicciones que
califican las alianzas incipientes entre países de
diverso peso específico; pero este tema, si se lo
maneja bien y de acuerdo a un proyecto estratégico
sostenido por quienes creen en él, no tiene por qué
ser insuperable; será parte de un proceso en marcha,
durante el cual se pueden ir limando diferencias.
Por otro lado, en un área menos ostensible para el
gran público pero muy importante, cual es la de
defensa, se echaron las bases de algunos
emprendimientos interesantes.
Energía. El tema energético, plataforma esencial para
el despegue de unas economías en desarrollo, no se
perfiló en términos favorables para nuestro país. La
Argentina compra a Bolivia casi ocho millones de
metros cúbicos de gas por día y pretende cuadruplicar
esa cifra para 2010, en la proyección de una economía
que está creciendo a la tasa de ocho por ciento anual.
Los brasileños, a su vez están creciendo a una tasa de
cinco por ciento y adquieren al país del Altiplano 30
millones de metros cúbicos diarios. La actual
producción boliviana ronda los 40 millones y la
demanda interna y externa del país es de 46 millones
de metros cúbicos por día.
Se establece así un nudo que puede estrangular no sólo
el crecimiento argentino, sino afectar asimismo los
compromisos que nuestro país tiene asumidos con Chile
en el sentido de abastecerlo de gas en la medida de
sus necesidades. Como se ve, se trata de un
intríngulis que en otras circunstancias podría
acarrear peligros de envergadura entre los países de
la región.
Brasil no piensa ceder un ápice de sus importaciones
de gas para que éstas sean derivadas a nuestro país.
En su lugar, promete soluciones aleatorias en materia
de electricidad. Esto debe ser interpretado como un
reflejo de la cortedad de miras de la burguesía
paulista, promesa de inquietantes desarrollos si no
existe en Brasilia un poder político ponderador de ese
egoísmo.
Pero el caso del egoísmo del empresariado bandeirante
no es aislado; puede reproducirse, en el momento menos
pensado, en cualquiera de los países involucrados en
el proyecto del Mercosur.
Esto debería determinar el establecimiento de
políticas de Estado llevadas adelante por cuadros
técnicos formados en geopolítica e impregnados de una
noción de destino para la región.
La idea del gasoducto Venezuela-Brasil-Argentina,
bloqueada por el Congreso brasileño y objeto de burla
de los exponentes del sistema de dependencia que nos
aherroja, demuestra ahora su potencialidad positiva y
debería ser replanteado como una de las formas de
romper, a mediano plazo, las resistencias sectoriales
al proyecto integrador sudamericano.
En este mismo plano de consideraciones, el crimen
cometido con la privatización de YPF y la actual
incapacidad para renacionalizar la energía, deben ser
subsanados a la brevedad posible.
Defensa. Por otra parte, junto a ciertas mezquindades,
en la cumbre de Buenos Aires se delinearon proyectos
que van en contra de la concepción utilitaria de la
integración latinoamericana, que caracteriza a los
estamentos empresarios y comerciales.
Los más importantes de esos proyectos competen al área
de defensa. La posibilidad de construir un submarino
de propulsión nuclear en forma conjunta entre
Argentina y Brasil es una proposición cuya necesidad
puede ser ilustrada por la virtual indefensión en que
nuestra Armada se encontró durante la Guerra de
Malvinas en razón de la presencia del Conqueror en
aguas australes.
La Argentina se encargará de la planta de propulsión,
aportando al proyecto su know how en materia de
construcción de reactores nucleares compactos, y
Brasil, en cooperación con Francia, se encargará de la
parte no nuclear de la nave y de la provisión de
combustible atómico.
Por otra parte, se decidió promover la creación de un
Consejo Sudamericano de Defensa, que permitiría
impulsar “la capacitación, la formulación de
estrategias y la centralización de la producción
vinculada al área”.
Aunque estos temas no atraigan la atención del público
en general, son de gran importancia con miras a
perfilar a nuestros países en la perspectiva
geoestratégica de un siglo 21 que se anuncia difícil y
en el cual la capacidad de las regiones para
integrarse será la única cosa que les permitirá
soportar el choque de la globalización. Esperemos que
así sea.
© La Voz del Interior
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