[R-P] Respuesta a 324 opositores, (de mi ministro de cultura)
carola chavez
tongorocho en gmail.com
Sab Mar 1 15:54:10 MST 2008
Respuesta a 324 opositores
Por: Farruco Sesto
Fecha de publicación: 01/03/08
Yo estuve allí el 11 de abril, frente al Hotel Ausonia, a cincuenta
metros de Miraflores, en medio de la multitud que defendía el Palacio.
Estuve entre las 11,30 la mañana y las seis de la tarde
aproximadamente. Vi pasar a los muertos a mi lado. Los llevaban en
alto, sobre las cabezas, como en esas imágenes tan dolorosas que nos
llegan del Medio Oriente. Uno tras otro a lo largo de las horas, los
iban colocando ordenados en los jardines del Palacio Blanco.
Era muy duro para el corazón y, aún más, para la inteligencia.
También estuve dos días después, desde el mediodía hasta la noche,
junto a la multitud jubilosa que recuperó Miraflores. Nadie me lo
tiene que contar. Nadie tiene que interpretarlo para mí. Yo lo viví.
Fui actor y testigo de esos dos acontecimientos que enmarcaron, como
entre paréntesis, un golpe militar perfectamente preparado y diseñado
en sus capítulos principales.
Ya hoy día nadie medianamente informado, tiene duda alguna de cómo se
desarrollaron los acontecimientos, incluyendo los asesinatos
planificados que formaron parte de la macabra jugada. Las eufóricas y
deslenguadas declaraciones del propio Napoleón Bravo al día siguiente
son reveladoras.
Que mucha gente que participó en la marcha de la oposición actuase
engañada y de buena fe, no le resta responsabilidad. Cada quien es
dueño de sus actos. Quienes marchaban hacia Miraflores para tomar el
Palacio no eran del todo inocentes. Ellos contribuyeron de alguna
forma a crear el escenario propicio para los asesinatos de ese día.
Pero lo que si está claro es que los confabulados en el golpe sabían
lo que hacían. Generales, Almirantes y otros altos oficiales, de la
ralea de los Videla, de los Massera, de los Somoza, de los Pinochet,
al servicio de la clase económica y política reaccionaria y perversa
de la Cuarta República, cristalizaron su traición en un asalto cruel
contra la democracia y contra el pueblo. Añadieron un golpe gorila más
a la historia de nuestros países.
Poco más de ocho meses después, en diciembre, como si no hubiera
pasado nada, un grupo de intelectuales, artistas y trabajadores
culturales, publicaba en los grandes periódicos un remitido a toda
página, bajo el cínico título de MANIFIESTO POR LA CREACIÓN DE
LIBERTADES, en el cuál llamaban a la destitución del Presidente de la
República y apoyaban el sabotaje petrolero. ¿Quiénes estaban esta vez
detrás de la nueva conspiración de la derecha? Los mismos generales
gorilas, la misma clase política corrupta, los mismos actores dueños
de los medios y sus bufones.
Al parecer a estos intelectuales y artistas, incursos no en la
retórica fascista, sino en la práctica fascista real que tanto y tan
salvajemente ha castigado a nuestros pueblos, todo ese tiempo no les
sirvió para reflexionar y tomar distancia de los graves delitos de
humanidad de los cuáles habían sido cómplices por acción u omisión.
Y quiero escribirlo aquí muy claro, para no quede ninguna duda de lo
que pienso sobre este tema: para mi todos ellos tienen las manos
manchadas de sangre. Así lo digo: no sólo es asesino el francotirador
y quien le dio la orden, sino también quien le dio apoyo, y se lo
siguió dando después, con sus ideas, sus argumentos, sus creaciones,
sus manifiestos. Pues esto no es un juego.
Ellos están rayados. Pero la raya de estos intelectuales y artistas es
una raya de sangre. Y es, lamentablemente, una raya que nos divide.
Un obsesivo cizañero y sembrador de odio como Tulio Hernández ¿se
pensará que no tiene que rendir cuentas a nadie? Qué sepa Tulio que
las cuentas de sangre son muy difíciles de borrar. No conozco la
naturaleza del quitamanchas que las haga desaparecer. Pero de que lo
que, si, estoy seguro, es de que para iniciar un camino de borrón y
cuenta nueva, si tal cosa fuera posible, lo primero que hay que hacer
es reconocer el error y pedir disculpas. Todavía Tulio nos las debe.
Como nos las deben Enrique Larrañaga, Marco Negrón, Violeta Rojo y
otros y otras a quienes alguna vez les otorgué, en mi alma, un
certificado de buenas personas. El tiempo demostró que no lo eran, que
no lo son. Son apenas unos marginales servidores del poder. Del
verdadero poder. Seres de diminuta conciencia, hechos de la carne de
los fanáticos o de los hipócritas. Poca cosa, en verdad.
Hoy, estos que nombré y algunos otros, tienen la desfachatez de
publicar de nuevo un remitido a toda página en la prensa nacional que
titulan impúdicamente NO AL APARTHEID CULTURAL.
Hay que leerlo con atención, porque ellos son una autoridad en la
materia. Ellos si saben de apartheid. Lo practicaron casi todos,
durante mucho tiempo. Excluyeron al pueblo. Y del pueblo, a los más
pobres los excluyeron dos veces. Mantuvieron en la sombra a culturas
enteras de nuestro país y a grandes porciones del territorio.
Tacharon, invisibilizaron o negaron a cientos, a miles de artistas,
cultores y escritores. Gerenciaron para sus amigos, sus intereses
privados y sus circuitos sociales y económicos. No son ejemplo de
nada, sino de la desvergüenza y el abuso. Pero….saben de apartheid.
Si el golpe del 11 de abril o el sabotaje petrolero hubieran
triunfado, ellos estuvieran sin ninguna duda ejerciéndolo en la
gerencia pública de la cultura. Serían los mandamases, los dueños, los
iluminados. Personas importantes. Servirían a las empresas de
comunicación, como siempre lo han hecho. Servirían a los poderes
económicos, como acostumbran. Servirían a la ideología del
neoliberalismo desde sus cargos e instituciones. Establecerían las
censuras de rigor, unas veces disimuladas y otras veces abiertas, como
lo han hecho muchas veces. Y se olvidarían del pueblo, tan como ahora
se olvidan aunque aparenten lo contrario pues el pueblo, simplemente,
no les interesa.
En ese remitido nos califican de intolerantes. Nos llaman censores,
personalistas, arbitrarios y caprichosos. Nos acusan de sentir un
hondo desprecio por los creadores venezolanos. Y hablan de comisariato
cultural, propio de regímenes totalitarios. ¡Qué cosa! Es el mundo al
revés.
¡La derecha antigua y la nueva derecha, en el papel de plañideras! Si
no fuera porque uno ya ha visto mucho a lo largo de tantos años, hasta
sería capaz de tomármelo en serio.
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