[R-P] El Paraguay, su guerra, los nabos y los nombres de las calles.

Lizardo Sánchez lizardosanchezcordoba en yahoo.com.ar
Sab Mar 1 10:14:23 MST 2008


¿Y con eso de comenzar cambiando de nombre a
muchas calles hacemos cosas en lugar de palabras?

Pues si las vacas hablaran estimo que dirían
cosas mas sensatas.

Y no es que piense que esos nombres deben
continuar, pero por cierto como culminación de un
proceso, cosa que quienes caminen por esas calles
en ese entonces les importe el tema.

Hoy ni se darían cuenta ni sabrían a que se deben
los nuevos nombres.

La batalla cultural comoienza por otros campos.

Lizardo Sánchez 

¡Ah! Y no soy de izquierda. Soy peronista.


Néstor Gorojovsky wrote:

Hoy, primero de marzo, se cumple un nuevo
aniversario del asesinato del Mariscal Francisco
Solano López.

Honor y gloria eternos a la víctima.

Honor y gloria eternos a todos los que, dentro y
fuera del Paraguay, dieron sus vidas y haciendas
en el combate contra los agentes colonialistas
que durante la Guerra de la Triple Infamia
arrasaron ese país, la Banda Oriental y el
Interior argentino.

Séales el infierno intolerable y también eterno a
quienes propiciaron,instigaron y ejecutaron ese
monstruoso crimen que dio en llamarse "Guerra del
Paraguay".
  

Para eso, querido Goro, habría que iniciar SOBRE
TODO EN LA CIUDAD AUTÓNOMA una campaña para
cambiarle el nombre a las callaes HUMAITÁ,
BOQUERÓN, CURUPAITY, TUYUTÍ, ESTERO BELLACO,
YATAY y otras cuantas más.

Demás está decir que el desastre de la Triple
Infamia es una consecuencia del 3 DE FEBRERO, con
lo que deberíamos acabar también con ese nombre,
y con CASEROS, y en Córdoba con RIVERA INDERTE.

Pero lo único que hacemos es CONMEMORAR,
REMEMORAR y HABLAR HASTA POR CODOS, algo muy
natural EN TODAS LAS IZQUIERDAS, sean nacionales,
unidas o desunidas. Ya los romanos advertían:
RES, NON VERBA, pero lo único que pareceríamos
enteder de esto es aquello de que la vaca no
habla...

Mientras no cambiemos estos «detalles», todos
aquellos que AÚN HOY SE HACEN LA DIARIA con
Sarmiento, Mitre y consortes, seguirán inculcando
en nuestra idiosincrasia las glorias
inmarcesibles de nuestra bandera azul y blanca
que, aparte de los carros triunfales del Brasil
—y de Gran Bretaña por lo menos en dos
oportunidades—, no fue atada a ningún otro,
por lo menos ostensiblemente. Y las «glorias» de
nuestro EJÉRCITO, que jamás venció a nadie que no
fuera su propio pueblo.

¿O NO ES ASÍ? La Guerra de la Triple Infamia la
ganó el Brasil, recordarás, ya que los porteños
solo fueron de alcahuetes y aguateros, como
siempre, y la guerra sólo sirvió para que los
proveedores de la guardia nacional (lo escribo
así, con minúsculas) SE PUSIERAN LAS BOTAS
COMO ERA SU COSTUMBRE: 

    «Si la campaña por la hegemonía porteña sobre
las provincias, antes y después de Pavón, al dar
la espalda al pleito con los indios, fue para
éstos como quitarle la paja del ojo, la guerra
del Paraguay, con el abandono casi total de la
frontera interna, fue el premio gordo de la
lotería para las tacuaras. Era cuando Calfucurá
trataba al presidente Mitre como a un compadre
pobre:
    «Amigo Mitre...»

    Entonces se puso en evidencia meridiana el
fondo mismo de la cuestión, esto es, que un
gobierno que no sabía defenderse de cinco o seis
mil lanzas, cuyos plumeros amenazaban volver a
las orillas del Salado, podía improvisar, en cosa
de días, UN EJÉRCITO DE TREITA MIL HOMBRES PARA
APLASTAR A UN PUEBLO SITO A VARIOS CIENTOS DE
LEGUAS, y defendido por las selvas y los pantanos
del trópico, por modernas fortalezas y por
decenas de miles de los más intensos y mejor
armados guerrerosdel mundo.

    En un libro de no mucha resonancia en su
tiempo y no aplaudido del todo por Alsina, a
quien iba dedicado —Fronteras y territorios
nacionales— el coronel Álvaro Barros, con
documentación intergiversable sobre la mesa,
echaba toda la culpa a la desorganización y
corrupción del ejército, sin  que su ojo
castrense advirtiese que ellas eran uno de los
tantos inevitables resultados del sistema
económico y político de la sociedad. Pese a ello,
la denuncia no era menos valerosa, y hoy
constituye un documento iluminador.

    Barros demostraba que la asignación de los
puestos y ascensos militares, COMO EL
APROVISIONAMIENTO DEL EJÉRCITO, se regían por el
favoritismo político y personal, desembocando
todo EN LA MÁS RAMPATE INMORALIDAD Y COJITRANCA
INEPCIA.

    Veamos. Desde los tiempos del régimen
provincial de Adolfo Alsina, Obligado y Mitre, el
aprovisionamiento del ejército venía haciéndose
por particulares, según el socorrido arbitrio de
la licitación.

    Por cierto que quien ofrecía precios más
bajos se quedaba con la autorización oficial, y
como se trataba infaliblemente de un amigo
político y personal de alguno, cuando no de todos
los gobernantes, procedía con libérrima voluntad
en el cumplimiento de las obligaciones
contraídas, ¡y quién iba a ponerle el cascabel
al gato, si el gato era un gran caudillo
electoral, una de las columnas del partido en el
poder!

    El sistema debió haberse perfeccionado
envidiablemente en su técnica operativa en poco
tiempo, pues ya en la guerra del Paraguay produjo
ostentosas fortunas privadas salpicando de oro
sin duda a más de un jefe complaciente.

    «Mitre... no ha tomado un peso de las arcas
públicas... pero en su gobierno los robos eran
tantos que a nadie llamaban la atención. 

Si en la actualidad se hacen fortunas inmensas a
la sombra de su  poder, ésas son migajas al lado
de las que se hacían por los íntimos  del general
cuando Cepeda, cuando Pavón, cuando el Paraguay.
Mitre creía que su honradez quedaba inmaculada,
puesto que él no participaba de aquella
arrebatiña». (C. D'Amico: Buenos Aires    y sus
hombres.)

    «Su casa (de Mitre) fue negociada por agentes
y obtenida la suscripción de proveedores que
mediante el despilfarro de las rentas ganaron
millones». (Carta de Sarmiento a Sarratea,
17.03.1869); Citas de J. N. Mayer en Alberdi y su
tiempo.  D'Amico confirma el dato: «... los
proveedores, cuyas fortunas insolentes se habían
hecho a la sombra de Mitre, regalaron a éste la
casa en que hoy está la opulenta imprenta de La
Nación».  (Op. cit.)»

            Luis Franco, «La Pampa habla»
            Ed. La Verde Rama, Buenos Aires, 1982

La «Guerra» del Paraguay no fué nada más que otro
de los tantos fenomenales «nigoicios» para los
traficantes porteños, que nunca supieron vivir de
otra cosa que del contrabando y del fraude.

Shabat shalom, Goro
Enrique
www.picotto.net/

PS: Ceterum censeo, Buenos Aires esse delendam...


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