[R-P] Un aniversario sudamericano

Enrique C. Picotto listas en picotto.net
Sab Mar 1 09:42:33 MST 2008


Néstor Gorojovsky wrote:

>Hoy, primero de marzo, se cumple un nuevo aniversario del asesinato
>del Mariscal Francisco Solano López.
>
>Honor y gloria eternos a la víctima.
>
>Honor y gloria eternos a todos los que, dentro y fuera del Paraguay,
>dieron sus vidas y haciendas en el combate contra los agentes
>colonialistas que durante la Guerra de la Triple Infamia arrasaron ese
>país, la Banda Oriental y el Interior argentino.
>
>Séales el infierno intolerable y también eterno a quienes propiciaron,
>instigaron y ejecutaron ese monstruoso crimen que dio en llamarse
>"Guerra del Paraguay".
>  
>
Para eso, querido Goro, habría que iniciar SOBRE TODO EN LA CIUDAD
AUTÓNOMA una campaña para cambiarle el nombre a las callaes HUMAITÁ,
BOQUERÓN, CURUPAITY, TUYUTÍ, ESTERO BELLACO, YATAY y otras cuantas más.

Demás está decir que el desastre de la Triple Infamia es una consecuencia
del 3 DE FEBRERO, con lo que deberíamos acabar también con ese nombre,
y con CASEROS, y en Córdoba con RIVERA INDERTE.

Pero lo único que hacemos es CONMEMORAR, REMEMORAR y HABLAR HASTA POR
CODOS, algo muy natural EN TODAS LAS IZQUIERDAS, sean nacionales, unidas
o desunidas. Ya los romanos advertían: RES, NON VERBA, pero lo único que
pareceríamos enteder de esto es aquello de que la vaca no habla...

Mientras no cambiemos estos «detalles», todos aquellos que AÚN HOY
SE HACEN LA DIARIA con Sarmiento, Mitre y consortes, seguirán inculcando
en nuestra idiosincrasia las glorias inmarcesibles de nuestra bandera
azul y blanca que, aparte de los carros triunfales del Brasil —y de
Gran Bretaña por lo menos en dos oportunidades—, no fue atada a ningún
otro, por lo menos ostensiblemente. Y las «glorias» de nuestro EJÉRCITO,
que jamás venció a nadie que no fuera su propio pueblo.

¿O NO ES ASÍ? La Guerra de la Triple Infamia la ganó el Brasil,
recordarás, ya que los porteños solo fueron de alcahuetes y aguateros,
como siempre, y la guerra sólo sirvió para que los proveedores de la
guardia nacional (lo escribo así, con minúsculas) SE PUSIERAN LAS BOTAS
COMO ERA SUCOSTUMBRE:

    «Si la campaña por la hegemonía porteña sobre las provincias,
    antes y después de Pavón, al dar la espalda al pleito con los
    indios, fue para éstos como quitarle la paja del ojo, la guerra
    del Paraguay, con el abandono casi total de la frontera interna,
    fue el premio gordo de la lotería para las tacuaras. Era cuando
    Calfucurá trataba al presidente Mitre como a un compadre pobre:
    «Amigo Mitre...»

    Entonces se puso en evidencia meridiana el fondo mismo de la
    cuestión, esto es, que un gobierno que no sabía defenderse
    de cinco o seis mil lanzas, cuyos plumeros amenazaban volver
    a las orillas del Salado, podía improvisar, en cosa de días,
    UN EJÉRCITO DE TREITA MIL HOMBRES PARA APLASTAR A UN PUEBLO
    SITO A VARIOS CIENTOS DE LEGUAS, y defendido por las selvas
    y los pantanos del trópico, por modernas fortalezas y por
    decenas de miles de los más intensos y mejor armados guerreros
    del mundo.

    En un libro de no mucha resonancia en su tiempo y no
    aplaudido del todo por Alsina, a quien iba dedicado —
    Fronteras y territorios nacionales— el coronel Álvaro Barros,
    con documentación intergiversable sobre la mesa, echaba toda
    la culpa a la desorganización y corrupción del ejército, sin
    que su ojo castrense advirtiese que ellas eran uno de los
    tantos inevitables resultados del sistema económico y político
    de la sociedad. Pese a ello, la denuncia no era menos valerosa,
    y hoy constituye un documento iluminador.

    Barros demostraba que la asignación de los puestos y ascensos
    militares, COMO EL APROVISIONAMIENTO DEL EJÉRCITO, se regían
    por el favoritismo político y personal, desembocando todo EN
    LA MÁS RAMPATE INMORALIDAD Y COJITRANCA INEPCIA.

    Veamos. Desde los tiempos del régimen provincial de Adolfo Alsina,
    Obligado y Mitre, el aprovisionamiento del ejército venía haciéndose
    por particulares, según el socorrido arbitrio de la licitación.
    Por cierto que quien ofrecía precios más bajos se quedaba con la
    autorización oficial, y como se trataba infaliblemente de un amigo
    político y personal de alguno, cuando no de todos los gobernantes,
    procedía con libérrima voluntad en el cumplimiento de las
    obligaciones contraídas, ¡y quién iba a ponerle el cascabel
    al gato, si el gato era un gran caudillo electoral, una de las
    columnas del partido en el poder!

    El sistema debió haberse perfeccionado envidiablemente en su técnica
    operativa en poco tiempo, pues ya en la guerra del Paraguay produjo
    ostentosas fortunas privadas salpicando de oro sin duda a más de un
    jefe complaciente.

    «Mitre... no ha tomado un peso de las arcas públicas... pero en su
    gobierno los robos eran tantos que a nadie llamaban la atención.
    Si en la actualidad se hacen fortunas inmensas a la sombra de su
    poder, ésas son migajas al lado de las que se hacían por los íntimos
    del general cuando Cepeda, cuando Pavón, cuando el Paraguay. Mitre
    creía que su honradez quedaba inmaculada, puesto que él no
    participaba de aquella arrebatiña». (C. D'Amico: Buenos Aires
    y sus hombres.)

    «Su casa (de Mitre) fue negociada por agentes y obtenida la
    suscripción de proveedores que mediante el despilfarro de las
    rentas ganaron millones». (Carta de Sarmiento a Sarratea,
    17.03.1869); Citas de J. N. Mayer en Alberdi y su tiempo.
    D'Amico confirma el dato: «... los proveedores, cuyas fortunas
    insolentes se habían hecho a la sombra de Mitre, regalaron
    a éste la casa en que hoy está la opulenta imprenta de La Nación».
    (Op. cit.)»

            Luis Franco, «La Pampa habla»
            Ed. La Verde Rama, Buenos Aires, 1982

La «Guerra» del Paraguay no fué nada más que otro de los tantos
fenomenales «nigoicios» para los traficantes porteños, que nunca
supieron vivir de otra cosa que del contrabando y del fraude.

Shabat shalom, Goro
Enrique
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PS: Ceterum censeo, Buenos Aires esse delendam...





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