[R-P] [M. Mariotto] La campera blanca

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Jun 23 12:50:47 MDT 2008


Gentileza de La Señal Medios

LA CAMPERA BLANCA
por Miriam Mariotto

Llegué a la Plaza de Mayo a trabajar, aunque, de más está decir, que
hubiera ido igual. Cómo hacía frío, o eso creía, busqué una campera
que todavía no había estrenado. De esas que los que tenemos la suerte
de vacacionar, compramos en la Costa Atlántica. Una campera blanca,
blanquísima.

Llegué a la Plaza a las 11 y tuve la desgracia de empezar viendo
sangre. La sangre que había quedado al lado de la farola que mató a
Carlos Marriera, ese muchacho que me intriga saber si era la primera
vez que venía a Buenos Aires y terminó muerto de la manera más
estúpida que se me ocurre.

Pero quiero volver a lo de la campera. Cuando todavía no había
empezado el discurso de Cristina, estaba saliendo al aire para una
radio de Jujuy. No tenía obligación de hacerlo, pero quería que se
enteraran lo que acá pasaba. Que la gente había ido a expresarse.

Mientras hablaba un muchacho me perseguía por toda la plaza tocándome
el hombro. Traté de hacerle entender que no podía hablarle en ese
momento pero no me dejaba. Cuando termino, lo busco y no lo encuentro.
Me había escrito con un fibrón negro HC en la espalda de mi blanca y
nueva campera. Lo volví a buscar y seguía perdido con su fibrón en la
mano. "Te salvas porque soy mina" le digo, y escucho que dice algo de
"Charly García". Ahí me doy cuenta que no está muy bien de la cabeza y
casi, que me pongo a reír con Él.

Al rato, sigo esperando, tratando de ver algo para contar en la radio,
y observo como sacan a una chica embarazada inconsciente de la plaza.
Inmediatamente llamé al 911 y corrí tras ellos. La chica no estaba
bien y no pude evitar preguntarme cuánto hacía que no comía.

Tenía la ropa de embarazada que usan las chicas del segundo cordón del
conurbano. Eso es, ninguna ropa de embarazada, solo la ropa normal que
les queda chica y que hace que todos nos enteremos que ya debe tener
otro chico por la cicatriz que atraviesa su abdomen (esas marcas que a
quienes tenemos nuestros hijos en sanatorios no nos quedan, sino no
podríamos usar biquini en el verano). Y, debo reconocer que me sentí
una mierda. Por eso sólo atiné a sacarme mi hermosa campera blanca y
hacer, junto con mi cartera, una improvisada almohada dónde ella
pudiera recostarse. Yo tenía que hacerlo, era lo poco que sentía que
podía hacer. Además de estar en esa Plaza, lógico.

La chica se recuperó por suerte, después de comer un caramelo. No supe
si había comido ese día o no y es terrible imaginar que no lo había
hecho.

Otra familia con padres jóvenes, muy jóvenes, estaban sentados en uno
de los canteros con una nenita de no más de dos años, íntegramente
vestida de rosa. Ahí mi campera no cumplió ninguna función, pero me
impactó que el muchacho se preocupara por que la nena no rompiera la
banderita argentina que llevaba en la mano. "Dejala" decía la mamá,
"No, yo la compré esa bandera, nadie me la regaló, la pagué 30
centavos" contestaba el papá. Ahí me cerró todo, el loco, la
embarazada y la familia. Si dicen que les pagaron para ir, ¿Cómo van a
comprar una bandera? Estaban ahí porque querían estar, como yo y mi
inmaculada campera. Tenían los pantalones agujereados (de verdad, no
como esos que yo uso los fines de semana porque son lindos), habían
llevado botellas de gaseosas de terceras marcas, que nunca tenemos en
nuestras mesas de clase media acomodada, porque tienen gusto raro,
tenían pulóveres y pulóveres, uno encima del otro, para combatir el
frío. Pero estaban ahí, apoyándola a ella.

Llegué a mi casa y lo primero que hice fue tratar de borrar las marcas
de fibrón negro, y mientras lo hacía pensaba en ellos. En el frío que
deben sentir en sus casas precarias pero, en cómo deciden defender lo
que tienen. Sobre todo sus derechos. Gracias por haber ido a la plaza,
y si alguien les dio algo, mejor, bastante falta les hace.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


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