[R-P] EUROPA A LA DERECHA

maría Sola mariadelsola en gmail.com
Dom Jun 22 18:55:00 MDT 2008


El Pais
REPORTAJE: El futuro de Europa
Europa se ancla a la derecha
La semana laboral de 60 horas o la detención de inmigrantes durante 18
meses destapan el viraje conservador de la UE
CRISTINA GALINDO / PERE RUSIÑOL - Madrid - 22/06/2008


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La semana laboral se extenderá en ocasiones hasta las 78 horas
semanales y se podrá encerrar a los inmigrantes sin papeles durante 18
meses antes de expulsarlos. En algunas zonas, la policía ya tiene
derecho a detener a cualquier persona 42 días sin cargos. En otras,
los servicios secretos cuentan con autorización para husmear en los
correos electrónicos sin mandato judicial. No piense en China; tampoco
en Estados Unidos. Todo esto sucede en la Unión Europea, abanderada
durante décadas del modelo social que más protegía al ciudadano. Los
expertos no se ponen de acuerdo sobre el alcance del giro, pero
coinciden en que el avance de la derecha en casi toda Europa ha dejado
su impronta en la UE.


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Hace 10 años Francia lideraba la propuesta de la jornada de 35 horas

Hoy la izquierda es una rareza, incluso en los países nórdicos

No todos comparten la idea de que el giro socave la tradición europea

"Nadie desmantela el Estado de bienestar", dice un experto británico
En muy pocos días han coincidido dos proyectos que amenazan con hacer
añicos el sueño europeo: la directiva para que la jornada laboral
máxima pase de 48 a 60 horas -y excepcionalmente, incluso a 78- y la
que combate la inmigración ilegal con una dureza que hasta hace poco
se asociaba a la extrema derecha. El contraste con el pasado reciente
es sangrante: hace 10 años, el debate sobre la jornada laboral lo
lideraba Francia con su propuesta de 35 horas. Y toda la Unión aislaba
a Austria por abrir la puerta del Gobierno a un partido que se
ensañaba con los inmigrantes.

La derecha dirige ahora las locomotoras europeas (Francia, Alemania,
Italia...) y los Gobiernos de izquierda van camino de convertirse en
una rareza, incluso en los países nórdicos. Pero la ola afecta a
todos: los socialistas ni siquiera se han atrevido a oponerse en
primera lectura a la directiva de la jornada laboral. Y 16 de los 19
socialistas españoles votaron a favor de la norma de inmigración.

"Estamos ante un retroceso clarísimo en los derechos sociales y
ciudadanos", opina Nicolás Sartorius, vicepresidente de la Fundación
Alternativas, de inspiración progresista. "Hay un ataque brutal a
muchas conquistas logradas en las últimas décadas".

"Nunca la correlación de fuerzas ha sido tan desfavorable y esto nos
lo pone muy difícil si queremos influir", explica Alejandro Cercas,
ponente socialista en la directiva de la jornada laboral, que explica
así la abstención socialista en este asunto: "Si se quiere frenar la
iniciativa hay que tratar de unir al mayor número de países y esto es
más fácil con la abstención que con la negativa". "El momento es
tremendamente delicado: con tantas barbaridades se están fabricando
millones de euroescépticos", subraya.

En opinión de Cercas, la clave es que las decisiones importantes se
toman en los consejos intergubernamentales, donde la mayoría de
derechas es abrumadora. Cree que muchos Ejecutivos utilizan estos
consejos para impulsar normas que temen llevar a sus Parlamentos
nacionales por la erosión que podrían implicar. "La UE se está
utilizando como mecanismo para dar legitimidad a las políticas
nacionales", recalca Sergio Carrera, del Centro de Estudios Políticos
Europeos, con sede en Bruselas.

"La tendencia es clara: los británicos, por ejemplo, imponen a Europa
cuestiones en la lucha contra el terrorismo que ni siquiera se
atreverían a plantear en la Cámara de los Comunes", le secunda Ignasi
Guardans, eurodiputado de Convergència i Unió (CiU) adscrito al grupo
liberal de la Eurocámara. Guardans votó a favor de la directiva de
inmigración ("al menos es un primer paso hacia la regulación", opina),
pero juzga innegable la derechización de la UE. "Europa se ha vuelto
de derechas porque la izquierda está en crisis y no sabe dar seguridad
ni garantías. Además, los pocos Gobiernos de izquierda que quedan son
muy poco de izquierdas, incluyendo el de España", añade Guardans,
quien niega en cambio que el "modelo social europeo" esté en peligro.
En su opinión, el riesgo está en el retroceso en las libertades como
consecuencia de la "guerra contra el terrorismo".

Esta guerra la lidera en Europa el Reino Unido bajo la dirección de
los laboristas. En teoría, pues, la izquierda. Pero en el país que
aplicaba el hábeas corpus ya en la Edad Media, será ahora posible
detener sin cargos durante 42 días (antes, 28) a cualquier sospechoso
de terrorismo. "La medida viola claramente los derechos humanos. La
lucha contra el terrorismo se está haciendo a costa de las libertades,
también en Europa", lamenta Judith Sunderland, de Human Rights Watch.
Suecia, hasta ahora otro referente mundial en el respeto a los
derechos de los ciudadanos frente a posibles atropellos por parte del
Estado, acaba de aprobar una ley que parece sacada del mundo
orwelliano de 1984: el Estado podrá escrutar el contenido de todos los
correos electrónicos.

La ampliación hacia el este, emprendida a partir de 2004, no ha hecho
sino reforzar esta derechización hasta el punto de hacerla casi
irreversible. El antiguo bloque del Este -la nueva Europa, como la
llamó George W. Bush- salió tan escaldada del totalitarismo que la
agenda liberal y la complicidad con Washington forman parte del acervo
de todos los partidos, ya sean de derechas o de izquierdas.

"El peso de la historia explica que todos los nuevos países defiendan
la misma agenda liberal y que todos hagan siempre causa común con los
postulados tradicionales anglosajones", subraya Jan Techau, analista
del Centro para los Estudios Europeos Alfred von Oppenheim, con sede
en Berlín. En su opinión, sin embargo, el modelo social de la Europa
occidental no está en riesgo porque "la gran mayoría de competencias
en protección social sigue en manos de los Estados". "La agenda
neoliberal de la UE es más simbólica que real; no hay que temer a
Bruselas porque en este aspecto no es más que un tigre de papel",
concluye Techau.

Krysztof Bobinski, del centro de estudios Unia & Polska, de Varsovia,
reconoce que la ampliación ha cambiado las reglas del juego: "Tras
años de dictaduras, nuestros estándares de derechos pueden ser
inferiores a los de los países europeos, pero no conviene exagerar. Es
toda Europa la que ha girado a la derecha; no es una cuestión
simplemente del Este", insiste Bobinski.

"Las reglas son casi siempre liberales y ahora mismo no hay ningún
proyecto político que aspire a gobernarlas", lamenta el sindicalista
José María Zufiaur, consejero del Comité Económico y Social (CES)
europeo. Zufiaur también juzga la ampliación como un factor clave en
el giro, pero desde otra perspectiva, menos determinista y más
política: "Cuando España se incorporó a la UE le garantizó mucho
dinero a cambio de que se fuera acercando a los estándares sociales
del grupo para evitar el dumping [abaratamiento anormal de los
precios]. Ahora se ha hecho lo contrario. A los nuevos miembros se les
ha dicho: 'Les vamos a dar mucho menos dinero y compitan como puedan".

Nadie niega el creciente predominio de la derecha en la UE. Pero no
todo el mundo comparte la idea de que el giro socave la tradición de
décadas de construcción europea tejida con el consenso entre la
izquierda posibilista y una derecha de tradición democristiana. "No
hay ninguna evidencia de que Europa se esté convirtiendo en
ultraliberal. Nadie está desmantelando el Estado del bienestar",
recalca Simon Tilford, del Centro para la Reforma Europea, en Londres.
Tilford ni siquiera considera que la directiva de tiempo de trabajo
vaya a tener demasiado impacto. Guardans coincide: "No se está
acabando con ningún modelo social, pero deben romperse tabúes si
queremos ser competitivos".

Tampoco la directiva de inmigración choca con la tradición europea,
según Carmen González, investigadora del Real Instituto Elcano: "No
hay que interpretarla como una reducción de libertades, al menos en el
caso español [donde el Gobierno establecerá en dos meses el límite de
retención de inmigrantes sin papeles], sino como una medida de
eficacia y disuasoria. Hay que tener en cuenta además que algunos
países no tenían ningún límite y ahora lo van a tener". Bjarte
Vandvik, secretario general del Consejo Europeo para los Refugiados
(ECRE, en sus siglas en inglés), la ve en cambio como un ejemplo de
"la visión que tiene hoy Europa": "inhumana e injustificada".




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