[R-P] "Latinoámerica es la clase media del mundo" fernando calderón, sociólogo boliviano

leonardo cofre lcofre en hotmail.com
Dom Jun 22 16:30:13 MDT 2008


Culturas / Edición Impresa CrItIcA

fernando calderón, sociólogo boliviano y asesor de programas de desarrollo 
de las naciones unidas
"Latinoámerica es la clase media del mundo"
Da cuenta de tres problemas fundamentales: la reconstitución del Estado, la 
nueva cuestión social y el papel estratégico de la dinámica cultural. Los 
desafíos de los comportamientos electorales inéditos y la aparición de 
nuevos actores sociales.

Transformaciones. La reconstitución de las relaciones humanas a partir de la 
tecnología plantea desafíos novedosos.

"Los latinoamericanos vivimos en el umbral de un nuevo ciclo histórico, se 
descompone algo, pero no sabemos qué es lo que reemplaza. Se puede tener una 
crítica muy fuerte en el aspecto político y social, pero somos la clase 
media del mundo, no somos Europa pero tampoco el sector más pobre del 
planeta. La gran asignatura pendiente es la desigualdad. No es posible que 
Brasil, que es el país más rico de la región, tenga niveles de desigualdad 
peores que la India. Es un problema que América Latina tiene que resolver sí 
o sí". La frase pertenece a Fernando Calderón, sociólogo boliviano, nacido 
en 1948, que actualmente es asesor especial regional en Gobernabilidad y 
Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y 
Coordinador del Proyecto Regional "Análisis político y escenarios de corto y 
mediano plazo para fortalecer la gobernabilidad democrática en América 
Latina", que ya editó cuatro cuadernos de Escenarios políticos en América 
Latina.

Ex secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales 
(CLACSO) y ex asesor de la Comisión Económica para América Latina y el 
Caribe (CEPAL), ha publicado más de 20 libros, entre los que se destacan: 
Esa esquiva modernidad, Sociedades sin atajos, Cultura política y 
reestructuración en América Latina y La política en las calles, Calderón 
sostiene: "Éste es un momento de una inflexión histórica de América Latina. 
Tanto en los contenidos de la democracia cuanto en los objetivos y 
transformaciones del desarrollo. Todos los países de América Latina en su 
variedad y de distinta forma están viviendo un momento de inflexión. Es el 
resultado de lo que ha experimentado la región en términos de integración 
desigual e ilimitada en estos últimos 20 años, que se produjeron los 
procesos de globalización y las políticas de ajustes estructurales, donde 
las consecuencias han sido muy variadas. Lo cierto es que ese ciclo se 
 agotó".

-¿Lo que se desestructura es el proceso que comenzó con las dictaduras en 
los años setenta y que ya en democracia se conoce como neoliberalismo?, ¿ya 
no vuelve más?

-No creo que vuelva, aunque puede hacerlo de manera reciclada. Pero la gran 
cuestión es que la globalización también está cambiando, porque ha generado 
una alterglobalización, que le da otro sentido, ya que incluye demandas 
ecológicas, sociales políticas. Por eso el desafío es hacer que el Estado, 
con el mercado, a través de la industria cultural, -aspectos que son 
centrales en este proceso- puedan tener una lógica distributiva distinta. 
Hasta ahora la globalización trajo una concentración económica brutal y ha 
generado resistencias que están buscando un nuevo sentido a un hecho 
histórico epocal. El problema es cómo entra América Latina, si hay caminos 
comunes o particulares, ése es el gran reto de la región.

-En el proceso de apertura de la globalización, el Estado-Nación decayó; 
cuando nace el actual contra ciclo, ¿el Estado nacional vuelve a tener peso, 
una intervención mayor?

-Hay tres tipos de problema. El primero es la reconstitución del Estado como 
protagonista en el desarrollo y en la globalización, que incluye la 
reconstrucción de la institucionalidad y el sistema político. El segundo es 
que hay una nueva cuestión social en América Latina. El tercero, un tema 
crucial, es el papel estratégico que tiene la dinámica cultural. En el 
primer tema se ha instalado en la región una crítica al Estado mínimo y una 
demanda de mayor participación del Estado en el desarrollo económico y 
social. Pero se trata de un Estado subordinado a la construcción de un 
espacio público donde un ciudadano cada vez más autónomo y más crítico 
fiscaliza las funciones del poder. Esto es una novedad. La discusión más 
interesante es una suerte de construcción de un Estado bisagra, una 
institucionalidad que pueda posicionar al país o a las alianzas regionales 
en la globalización. La tarea es convertirse en un Estado red, que juega 
articulando, metido en la sociedad y en la economía de la información que es 
donde le toca navegar, y que al mismo tiempo descanse en una matriz de 
desarrollo económico que permita mayor cohesión social.

-¿Para esta nueva etapa es fundamental el rol del Estado?

-Es estratégico. No hay economía fuerte en el mundo sin Estado. Sin él no es 
posible entender el milagro Japonés o los tigres asiáticos, lo mismo con el 
modelo finlandés. Sin embargo, en nuestro continente se ha despreciado al 
Estado. Y el modelo más exitoso, que es el chileno, es impensable sin el 
Estado y la coalición política que lo impulsó. Ahora, no es el mismo Estado 
corporativista de los años 40. Es el Estado bisagra, del que hablamos, que 
se subordina a una concepción pública del desarrollo humano.

-¿La nueva cuestión social de la que usted habla refiere a la aparición de 
un nuevos actores?

-Sí, es el rasgo más novedoso. Ha emergido un nuevo tipo de comportamiento 
ciudadano que es más crítico, más autónomo, más reflexivo, con menos 
lealtades absolutas y tiene un perfil de gente joven. Diría que es un nuevo 
actor cultural, que no tiene relación de dependencia ni con líderes ni con 
partidos políticos. Esto se puede registrar en el comportamiento electoral, 
en la opinión pública, en los nuevos movimientos sociales, en el malestar, 
el retraimiento social y político; los jóvenes que dejan la esfera política 
y se retiran. La idea de proyecto épico que fue tan fuerte en los años 
setenta hoy está muy debilitada.

-Sin embargo, en momentos de crisis, es la juventud la que sale a dar la 
pelea, como en 2001 en Buenos Aires o los estudiantes en Santiago. Están 
navegando en internet y un día, sin aviso, ocupan el espacio público.

-El caso más novedoso es el grupo Forajidos, en Quito, Ecuador, que es un 
grupo de clase media que provocaron un cambio de gobierno en 2005 con la 
revolución de los celulares. Es menos épica la participación, lo que no 
quiere decir que no tenga valores. Hemos hecho trabajos focales con grupos 
piqueteros y la valoración que tienen del cotidiano democrático es mucho más 
alta que la que uno haya podido tener hace 20 años atrás con una causa épica 
emancipadora de gran alcance. Son valores que tienen que ver con resolver 
temas de discriminación étnica, temas climáticos, ecológicos, es más 
cultural, de experiencia inmediata y de crítica de la situación, no están 
enganchados con nadie. Es un ciudadano mucho más libre, que puede tener 
compromisos políticos pero puede dejarlos de lado sin mucha culpa y asumir 
otros, o dejar de asumirlos, es un personaje más flexible.

-¿Este tipo de ciudadano minimiza los riesgos de autoritarismo?

-Sí. Eso es lo más positivo que trajo la globalización.

-El esquema de que Evo Morales significa un modelo de redistribución y los 
santacruceños, la concentración económica, ¿sirve para entender lo que 
ocurre en Bolivia?

-No, es una simplificación. El presidente Morales, en su mejor faceta, 
defiende un proceso desarrollista indigenista. Ahí dice: "el Estado va a 
jugar un papel importante en el desarrollo", realiza un nuevo pacto con las 
empresas trasnacionales, afirma que "el Estado va a producir cohesión 
social, yo soy presidente de todos los bolivianos, la única salida es la 
negociación" y coloca a Bolivia en la globalización pero con un proceso de 
redistribución con una dinámica endógena. Pero dentro del gobierno también 
se ha visto la cara más radical y autoritaria, que vuelve al desarrollismo 
netamente distribucionista y muy ineficiente. En Santa Cruz, se 
fortalecieron los movimientos cívicos y regionales y se constituyeron 
liderazgos políticos muy autoritarios pero sobre la base de una mayor 
equidad social. Porque allí hay una mejor distribución que en Occidente, la 
calidad de vida es mejor, incluso para los sectores populares y los 
mecanismos de discriminación son menores que en La Paz. Pero ha retrocedido 
sobre sus propios avances. Ambos proyectos no pueden imponerse en la otra 
región, por lo tanto es un empate técnico.

-¿Cómo impactan las nuevas comunicaciones en la red social?

-La sociedad latinoamericana no es la misma, tenemos otra estructura social. 
La economía no es como era hace 20 años, es distinta, hay otros patrones de 
socialización. La escuela y la familia han perdido peso y lo han ganado los 
medios de comunicación de masas. Los jóvenes tienen más comunicación entre 
ellos y han construido espacios de relación en la red antes que en el 
espacio público compartido. Las relaciones interpersonales se reconstituyen 
en la red informacional. Yo me comunico en red con mis diez amigos, todos 
saben instantáneamente donde está el otro, el espacio y el tiempo han 
cambiado en la vida cotidiana. Son transformaciones muy fuertes.

-¿Qué otros cambios se produjeron?

-Los fenómenos de migraciones, el aumento de la pobreza, de la desigualdad, 
de la concentración económica. En México, las 22 familias más importantes, 
entre 1996 y el 2006, han aumentado más de 600 veces su fortuna. Los 
sectores medios se han empobrecido. Una consecuencia es que el conflicto 
social ha crecido pero se ha fragmentado. Otro punto es que la gente está 
perdida, está excluida del mercado de trabajo y los salarios, y los empleos 
son más precarios, pero hemos avanzado en educación y en acceso a los medios 
de comunicación. El 67% de los jóvenes que viven en las favelas de Río de 
Janeiro tienen acceso a celulares. Tienes una insatisfacción crónica de 
gente más globalizada y con más acceso al mundo cultural, más educada, con 
una sociedad cada vez más estructura sobre pautas de consumo.

-¿Cuál es el principal obstáculo para el desarrollo de América Latina?

-Un latinoamericano está entre cinco y siete años de su vida frente a la 
televisión y mira sobre todo publicidad, fútbol y telenovelas. ¿Cómo 
construyes una cultura democrática, de solidaridad con eso? Cuando además tú 
tienes una elite, que éste es el problema número uno de América Latina, que 
no es consistente con sus posibilidades de impulsar desarrollos con 
integración, que no puede liderar los desarrollos de sus países, que no se 
hace responsable de sus propios países y que tienen alto grado de desprecio 
social por las clases subalternas. Un viejo clásico de la sociología, José 
Medina Echeverría, decía que había algunos problemas centrales en la 
construcción de las elites para que sean proclives al desarrollo. La primera 
es que tengan una cultura de austeridad, ¿tú te imaginas ricos austeros en 
la Argentina o en Brasil? Es impensable. Y la segunda es la cultura 
institucional, muchos criticamos la corrupción en el gobierno -y con razón- 
pero, ¿cómo es la institucionalidad en el ámbito privado? ¿Cuál es la 
relación entre medios y fines? ¿Cuál es el espíritu de innovación 
tecnológico y cultural? Hay minorías consistentes más sólidas, como en 
Chile, no tanto en el tema de la integración y cohesión social sino en 
términos de institucionalidad, me imagino que deben evadir impuestos, pero 
Chile es una sociedad que tiene cultura fiscal. Te dan factura hasta en el 
local más pobre. En la Argentina, hasta en el lugar más rico tratan de no 
darte la factura.

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