[R-P] [E. Lacolla] El discurso presidencial

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Jun 20 23:45:52 MDT 2008


[La presente nota se envía a la lista pocas horas antes de su lectura
por Radio Nacional Córdoba. La mandamos el mismo día, lo que hace
menos grosera la desprolijidad...]

El discurso presidencial

El gobierno multiplica sus llamados a la concordia y al debate
civilizado. Pero es difícil negociar con quienes sólo quieren la
rendición incondicional.

El discurso presidencial del pasado miércoles –bien dicho, y generoso
en sus contenidos- puede ser objetado en la medida que, en definitiva,
multiplica un llamado a la concordia y a la razón hacia  quienes no
han demostrado un adarme de ella. La remisión al  Congreso del tema de
los derechos de exportación (equivocada o taimadamente descritos como
retenciones agrarias) implica también seguir pateando la pelota hacia
adelante. ¿Alguien cree que renunciando el poder ejecutivo a una de
sus atribuciones específicas va a calmar a quienes quieren reducirlo a
la impotencia? Más bien al contrario, tal cosa no hará sino
envalentonarlos.

Me pregunto sin embargo si, a esta altura del partido, el gobierno
puede hacer otra cosa. Ha perdido una inmensidad de tiempo y no posee
la convicción y me temo que tampoco la capacidad suficiente para hacer
lo que debería haber hecho hace al menos tres meses: despejar las
rutas y acabar con la extorsión agraria, de acuerdo a las facultades
que le otorga la Constitución. De la misma manera en que debió –y no
lo hizo- terminar con el increíble chantaje de los piqueteros
"paquetes" de Gualeguaychú, tres años atrás. Por el contrario, en esa
ocasión, y en aras de beneficios coyunturales, se alentó una anarquía
que contagió a vastos sectores de la población, ya predispuestos a
ella, convirtiéndolos en objeto de manipulación de parte de los
intereses corporativos interesados en la continua concentración de las
ganancias y en la expulsión de los sectores mayoritarios hacia una
periferia social donde les quedará poco menos que vegetar: digna, o
indignamente.

Ahí nació la presente crisis. La anarquía que la connota proviene del
descreimiento de la población hacia la clase política, descreimiento a
su vez hijo de la incapacidad de ésta para hacerse cargo de sus
deberes, y de la anomia de grandes sectores de la clase media cada vez
más descerebrados por los grandes conglomerados de prensa, que no
vacilan en azuzar el antiperonismo primario –gorila- que está en su
núcleo y que expresa un racismo que no se atreve a decir su nombre,
pero que se huele a distancia.

La reacción de esos medios ante el discurso presidencial fue
inequívoca. Joaquín Morales Solá, de La Nación, por ejemplo, tituló su
comentario sobre el discurso presidencial: "Nadie hizo tanto para
dividir el país". Uno no termina de creer en lo que lee: "rompió
relaciones de hecho con la dirigencia agropecuaria", "furia
presidencial", "discurso agresivo y rupturista"… Amén de descalificar
a los concurrentes al acto como tildándolos poco menos que como
alquilados ("movilizados por los intendentes del conurbano", "patética
falta de entusiasmo") el artículo remata con el argumento falaz de que
la Argentina se construyó sobre la base de la movilidad e integración
sociales.  Y añade: "la división de la sociedad entre sectores de
distinta extracción económica tiene un nefasto precedente en la
Venezuela de Hugo Chávez".

Vamos por partes. Chávez no dividió a Venezuela. Venezuela estaba
dividida entre una minoría rica y una mayoría absolutamente pobre,
pese a las fabulosas rentas petroleras que el país había devengado
durante años. Al intentar cambiar ese esquema, Chávez se echó encima
al sistema establecido, cosa que lo obligó a apelar cada vez más a sus
bases para resistir el envite y diseñar un programa de gobierno que,
más allá de la capacidad que pueda tener o no para ponerlo en
práctica, es ambicioso, popular e inspirado en una concepción
geoestratégica provista de grandeza, que nuestros "realistas" al uso
no vacilan en calificar de utópica porque proyecta una Sudamérica
unida. Cosa que no es sólo un mandato proveniente de la historia, sino
una imposición de la actual situación del mundo, que requiere la
formación de bloques regionales para resistir o adecuarse
razonablemente a una globalización impuesta desde arriba.

En cuanto a Argentina, es cierto que nuestra sociedad se formó en base
a la movilidad e integración sociales. Pero, ¿qué hubo detrás de
estas? La rebelión de los radicales, en primer término, y la de los
peronistas, después. Dirigida la primera a arrancar a la casta
oligárquica el usufructo total de los mecanismos del poder; y, en el
caso de los segundos, a promover una mejor distribución de las
ganancias y una diversificación productiva apuntada a la independencia
económica.

En el medio hubo de todo, fogoneado por una reacción al acecho, a la
que jamás se le quitaron los colmillos, por un exceso de timidez más
que por una imposibilidad para hacerlo. Menudearon los golpes de
Estado, cada vez más sangrientos, que aprovecharon con astucia la
crisis de identidad de unas clases medias cuya integración al país se
vio dificultada tanto por su condición de clase, como por su origen
inmigrante y por la versión oficial de la historia que se les inculcó
para asimilarlas.

En este ir y venir, en este corsi e ricorsi, se nos ha ido la vida. La
oportunidad abierta a fines de 2001 por el desastre originado por el
experimento neoliberal del último tercio del siglo pasado, sigue
abierta, sin embargo. Si bien es verdad que los gobiernos Kirchner no
han aprovechado sino medianamente la brecha, también es cierto que del
otro lado no hay nada en aptitud de concitar apoyos para un proyecto
de cambio que apunte a generar una reforma fiscal progresiva y para
volcar los excedentes de ésta en las reformas estructurales que el
país necesita. Por el contrario: en esa banda del espectro político lo
que hay es una voluntad destructora que quisiera volver hacia atrás
las páginas de la historia, hundiéndonos otra vez en el país
auténticamente fragmentado que fuimos.

Pero, ¿es esto posible? La experiencia neoliberal de los '90 concluyó
con un incendio;  ¿pensarán ahora quienes fogonean el caos que este en
última instancia redundará en su beneficio? La oligarquía agroganadera
–que sí existe, a pesar que algunos analistas consideran o fingen
considerar al concepto como pasado de moda- ha sido y  sigue siendo el
obstáculo fundamental para un desarrollo moderno del país. Dotada de
una gran capacidad inmovilista, sigue soñando en una Argentina de 10
millones de habitantes, en vez de los 40 que tenemos. Entonces podría
usufructuar con plena comodidad los formidables excedentes de la renta
agraria. Pero en vez de planificar para el futuro, diseñando un nuevo
proyecto de país, se ha empecinado siempre en volver el calendario
hacia atrás, y para ello no ha vacilado en subvertir la legalidad,
propiciar los golpes militares, intoxicar a la opinión, practicar el
terrorismo de Estado y, ahora, secuestrar al país cortando sus caminos
y desabasteciendo a la masa del pueblo de los productos más
elementales, con el auxilio de una clase media rural de
características cerriles (a la que la oligarquía desprecia en su fuero
interno, pero que le viene de maravillas porque su codicia la ciega
respecto del mal que está haciendo).

Esto hace que la creciente agresión contra el gobierno plantee unos
interrogantes de bulto: si la actual desestabilización prospera,
¿adónde irán a parar los precios de los alimentos? ¿Cómo se va a
contener la explosión de quienes no tienen cien, doscientas o
quinientas hectáreas de soja y pueden sentarse sobre el capital
acumulado? ¿Quiénes van a frenar la ira de los auténticos productores,
aquellos que no viajan en 4 x 4 y sobre cuyo esfuerzo crece el país?

El rasgo más negativo que tiene este conflicto quizá sea,
paradójicamente, también el más positivo. Pues no será fácil dominar a
las furias que pueden brotar de la caja de Pandora. Y ello podría
también, si las actuales autoridades tienen voluntad para ello,
destapar una polémica absolutamente necesaria: una que vaya a la raíz
de nuestros males y a los expedientes que hay que tomar para
remediarlos.


Visite mi web: www.enriquelacolla.com

-- 

Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular