[R-P] NEOLIBERALISMO: UNA GUERRA INICIADA POR LOS RICOS ( DAVID HARVEY - GEOGRAFO )
Ezequiel Beer
ebeer en telecentro.com.ar
Lun Jun 16 21:57:00 MDT 2008
Fuente: Sin Permiso http://www.sinpermiso.info/
Neoliberalismo: una guerra iniciada por los ricos.
Entrevista a David Harvey *
"Si esto parece una lucha de clases y lo vemos como una lucha de clases,
entonces deberíamos llamarlo lucha de clases. Y deberíamos volver a poner en
pie la lucha de clases"
El celebrado geógrafo marxista David Harvey habla con Joseph Choonara sobre
el ascenso del neoliberalismo. Harvey cuenta por qué este proceso debe verse
esencialmente como un proyecto de la clase dominante.
El pasado mes de enero el académico afincado en Nueva York David Harvey
intervino ante un nutrido público en la London School of Economics para
presentar su último libro, Breve historia del neoliberalismo. Con el estilo
preciso que le caracteriza hizo un repaso de las tres décadas de ataques
consumados por la clase dominante mundial. Estas acometidas, realizadas en
nombre del neoliberalismo, han alentado la polarización social, el
surgimiento de nuevas elites y el empobrecimiento de la mayoría de los
grupos sociales más desfavorecidos. Terminó diciendo: "Si esto parece una
lucha de clases y lo vemos como una lucha de clases, entonces deberíamos
llamarlo lucha de clases. Y deberíamos volver a poner en pie la lucha de
clases". Esta concepción del neoliberalismo y la necesidad de combatirlo
constituye la base del nuevo libro de Harvey. Cuando nos reunimos la mañana
siguiente a su charla le pregunté por qué lo había escrito.
"Este trabajo tiene dos rasgos distintivos", me dijo. "En primer lugar está
la dimensión histórico-geográfica que atribuyo al ascenso del
neoliberalismo: esto es, su desarrollo desigual en el escenario global.
Creo que hay que entender que el neoliberalismo actúa de forma distinta
según el lugar y el momento histórico. No se trata de un cambio histórico
unidimensional."
"El segundo aspecto tiene que ver la formulación teórica del fenómeno, que
fundamento básicamente en la noción de clase y en los mecanismos de
apropiación de la plusvalía generada por los trabajadores, todo lo cual hoy
se desarrolla dentro de un sistema capitalista global". Siguiendo a Karl
Marx, Harvey entiende que la explotación de los trabajadores constituye el
elemento definitorio de una sociedad capitalista. Marx sostuvo que, a pesar
de que los trabajadores trabajan durante todo el día, sólo reciben en forma
de salario el valor generado durante una parte de ese tiempo. Durante el
resto del tiempo los trabajadores generan "valor excedente", que pasa a
manos de los capitalistas y es la fuente del beneficio.
Parte de este beneficio puede reinvertirse en la producción, permitiendo a
los capitalistas concentraciones cada vez mayores de maquinaria, materias
primas y trabajadores. Marx lo llamó proceso de acumulación. La fuerza
motriz del capitalismo consistiría, pues, en exprimir a los trabajadores
para que generaran beneficios, los cuales permitirían reinvertir recursos y
aumentar los beneficios futuros en un ciclo aparentemente sin fin.
Para Harvey, el neoliberalismo es una respuesta a la crisis dual que sufrió
la clase dominante a mediados de los años setenta. Por un lado los
capitalistas se encontraron con una "crisis de acumulación": el sistema
capitalista estaba en situación de estancamiento y los beneficios habían
caído a tasas parecidas a las del período inmediatamente posterior a la
Segunda Guerra mundial. En segundo lugar, la tremenda oleada de luchas
obreras de los años sesenta y setenta puso en evidencia que el poder
político de la elite gobernante estaba seriamente amenazado.
Las ideas del neoliberalismo, que Harvey describe como basadas en "la
desregulación, la privatización y la retirada del Estado de áreas dedicadas
a servicios sociales", habían tenido acomodo en muchos nichos de la vida
intelectual desde hacía varias décadas. En la década de 1970 se vieron
forzadas a salir a escena como respuesta a la crisis dual. Harvey sostiene
con vehemencia que el neoliberalismo ha fracasado en la resolución de la
crisis de acumulación. Pero, añade, en ese periodo pudo verse un cambio en
la capacidad de influencia de las clases del que sacó provecho una elite
reducida. "Muchas otras teorías sobre el neoliberalismo hablan también de su
vinculación con la acumulación, pero muy pocas lo conciben con claridad como
un proyecto de clase", dijo Harvey.
Uno de los momentos clave en el ascenso del neoliberalismo, al que se
refiere Harvey de forma recurrente, tuvo lugar en la ciudad de Nueva York.
Me cuenta que "la municipalidad se endeudó mucho por distintos motivos. Uno
de estos motivos fue la respuesta a la crisis urbana de la década de 1960 en
Estados Unidos. El gobierno federal había dedicado recursos a los barrios
para hacer frente a los problemas de racismo, desempleo y demás. Esto
favoreció el fortalecimiento de los sindicatos y coadyuvó a aumentar el
empleo en el sector público."
Pero cuando estalló la crisis de la década de 1970 el flujo de financiación
federal se secó: "En ese momento la ciudad tuvo que optar entre deshacerse
de un montón de trabajadores o recurrir al endeudamiento. Optó por
endeudarse a corto plazo, con la aquiescencia de los bancos". Este
endeudamiento estuvo en parte basado en el boom de la propiedad inmobiliaria
de principios de la década de los setenta, en el que el gobierno municipal
tuvo mucho que ver. "Cuando en 1973 el mercado inmobiliario se hundió el
municipio se vio en una situación de extrema vulnerabilidad frente a los
banqueros. Los banqueros vieron una gran oportunidad para asestar un golpe
certero a la ciudad, reconduciéndola hacia un modelo enteramente nuevo. Se
parece bastante a la guerra de Irak. Hubieran querido ir a la guerra de Irak
a principios de los noventa, pero no pudieron. Luego, el 11-S les sirvió en
bandeja de plata la oportunidad que necesitaban."
"Los banqueros habían querido disciplinar el municipio de Nueva York en la
década de 1960 y a principios de la de 1970. La crisis de 1973-1975 les
brindó su oportunidad. Aplicaron un pionero 'programa de ajuste estructural'
consistente en un recorte de muchos servicios públicos y una renegociación
de contratos. Fue un ataque frontal en toda regla contra los habitantes de
Nueva York. Naturalmente, luego tuvieron que reconstruir la ciudad puesto
que tenían intereses muy importantes en valores inmobiliarios, especialmente
en Manhattan. Fue entonces cuando empezaron a utilizar generosas cantidades
de recursos públicos para reconstruir la ciudad de acuerdo con su proyecto."
Esta táctica consistente en sacar provecho de las oportunidades que ofrecen
las crisis económicas para impulsar políticas de libre mercado ha sido un
patrón recurrente desde entonces. "La misma gente -los banqueros
neoyorquinos- estuvo seriamente involucrada en la crisis de la deuda que
azotó América Latina en la década de 1980. La diferencia fue que en esta
ocasión necesitaban que quien les sacara las castañas del fuego fuera el
gobierno federal". El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Ronald
Reagan, encontró un uso perfecto para el Fondo Monetario Internacional
(FMI), una institución que muchos neoliberales solían mirar con resquemor.
Junto con el Banco Mundial, el FMI forzó la aplicación de programas de
ajuste estructural en toda América Latina a cambio de reducción de la deuda.
Sin embargo, señala Harvey, la clase dominante de Estados Unidos no es el
único beneficiario o el agente del neoliberalismo. "Es poco común que los
Estados Unidos intervengan sin apoyos internos. Piénsese en el golpe de
Augusto Pinochet en Chile en 1973. Quien realmente dio el golpe fueron las
clases altas chilenas, con apoyo de la CIA, las grandes empresas
estadounidenses y Henry Kissinger. Cuando Pinochet tomó el poder, fue la
clase dominante chilena la que en realidad impulsó el programa neoliberal."
"No son sólo los Estados Unidos quienes sorben las riquezas del resto del
mundo: son las elites dominantes quienes establecen alianzas flexibles entre
sí y quienes amasan plusvalías para su único provecho. Algunas de las
personas más ricas del mundo viven en México o en el Este asiático."
Las ideas del neoliberalismo se han extendido como la pólvora desde la
década de 1970. "Resulta verdaderamente difícil de entender que tanta gente
haya podido convencerse de que el neoliberalismo es algo bueno, cuando en
realidad no funciona demasiado bien", dijo Harvey. "Creo que la respuesta
está en que ha sido muy beneficioso para ciertos grupos de personas,
incluidas aquellas que controlan los medios de comunicación y diversos
aparatos de producción ideológica. Además, siempre puedes encontrar algún
pedazo de mundo en el que parece que el orden neoliberal funciona bien (por
ejemplo, la China actual)."
Pero no deja de ser irónico que donde ha habido mayor crecimiento económico
es en lugares donde el gobierno no sigue la doctrina neoliberal. "Se llega a
una forma perversa de neoliberalismo puesto que el interés propio en la
práctica se impone a la teoría". La teoría neoliberal sostiene que debe
minimizarse la interferencia del Estado en la economía, pero en la práctica
el Estado sigue jugando un papel central en economías como la china o la
estadounidense.
Los Estados Unidos han financiado su crecimiento económico mediante una
acumulación gigantesca de deudas basada en "una entrada de capitales de más
de 2.000 millones de dólares diarios. El déficit presupuestario y la deuda
de los consumidores se han disparado. Lo que estamos viendo es una economía
financiada con deuda. Los acreedores son mayoritariamente bancos del Este y
Sureste asiático. Incluso la guerra de Irak está siendo financiada con
dinero chino y japonés prestado a Estados Unidos."
"Me estremece pensar en el posible estallido de una gran crisis financiera
en los Estados Unidos. ¿Cuál sería la respuesta si los Estados Unidos se
vieran sumidos en una crisis como la que pudimos ver en Argentina en 2001?
Si se tienen en cuenta variables económicas agregadas -el déficit
presupuestario y el déficit comercial-, hay que decir que estamos ante un
caso típico en el que normalmente intervendría el FMI. Pero, naturalmente,
Estados Unidos es el FMI, de modo que no intervendrá."
También el boom chino está financiado con deuda: "Los bancos chinos prestan
el dinero. El gobierno tiene una participación mayoritaria en todos los
bancos". Tienen la posibilidad de utilizar parte de las plusvalías para
mantenerlos a flote; sin embargo, el boom está financiado con deuda. A
diferencia de Estados Unidos, China está inmersa en un proceso de cambio
espectacular. Pero incluso allí el crecimiento crea nuevas inestabilidades:
"En China hay una sobreinversión enorme. Por ejemplo, existen cinco
aeropuertos internacionales en el delta del río Zhujiang. Compiten entre
ellos para convertirse en el centro del comercio del Pacífico. No podrán
sobrevivir todos a la vez. En la industria del automóvil tienen un grave
problema de excedente de capacidad. Y una crisis en China tendrá un impacto
global."
El crecimiento inestable de Estados Unidos y China no ha hecho crecer los
niveles de riqueza del capitalismo mundial. Un gráfico del libro de Harvey
muestra que la tasa de crecimiento per cápita ha ido cayendo una década tras
otra desde la de 1960 (desde tasas anuales del 3% anuales a tasas del 1% en
la actualidad). "La crisis de la década de los setenta fue una crisis de
sobreacumulación", dijo Harvey. "La clase dominante tuvo serías dificultades
para encontrar salidas provechosas para su capital. En realidad este es un
problema que aún hoy no han conseguido resolver."
Por eso, de todas las formas tradicionales de acumulación, la que hoy juega
un papel principal es la que Harvey denomina "acumulación por desposesión".
La acumulación por desposesión da pie a la colonización de nuevos
yacimientos de recursos para los capitalistas: por ejemplo, el Servicio
Nacional de Salud, los institutos municipales de vivienda o la privatización
de las pensiones. "Pero todo esto no significa aumentar las reservas de
activos de la sociedad. Cuando se privatiza la vivienda, en realidad no se
aumenta el número de viviendas. El liberalismo no funciona demasiado bien a
la hora de ampliar los bienes y servicios disponibles."
Los fracasos del neoliberalismo no sólo tienen consecuencias económicas.
Para Harvey también conllevan inestabilidad política y militar. Su libro
anterior, El nuevo imperialismo, trazaba la trayectoria del declive a largo
plazo del poder de Estados Unidos. La pujanza de los neoconservadores -el
ala derecha de cerebros que rodean a Bush, que quiere utilizar la capacidad
militar estadounidense para mantener el poder frente a potenciales rivales-
tiene mucho que ver con eso.
Su nuevo libro también hace un repaso de los neoconservadores, con especial
atención a su proyecto de política interior estadounidense. Harvey lo ve
como una respuesta al vaciado de la solidaridad social que ha conllevado el
neoliberalismo. Los neoconservadores han tratado de restablecer la cohesión
social mediante el moralismo religioso, las medidas autoritarias y el miedo:
"Pienso que algo parecido está ocurriendo en muchos sitios. Si miramos a
Francia nos encontramos con un Nicolás Sarkozy, que está muy cerca de los
planteamientos de los neoconservadores. O piénsese en alguna de las cosas
que hace Tony Blair, su forma presidencialista de ejercer el gobierno y su
permanente exhorto a la moralidad. El neoconservadurismo es un fenómeno
global."
Mientras que el neoconservadurismo es la respuesta de las clases dominantes
a la inestabilidad social del neoliberalismo, el ascenso del movimiento
anticapitalista ha sido la réplica de las clases más desfavorecidas. Harvey
observa con agudeza que las organizaciones no gubernamentales (ONG), que a
menudo han jugado un papel principal en reuniones como el Foro Social
Mundial, no son vistas como la "oposición oficial" al neoliberalismo: "Se ha
producido un crecimiento asombroso del fenómeno de las ONG durante el
periodo neoliberal. Hay una clara conexión entre ambos aspectos. Las ONG son
variadísimas, y siento la mayor admiración por algunas de ellas. Pero a
menudo son caballos de Troya de la privatización". Las ONG pueden ocupar el
vacío dejado por la retirada del Estado en la prestación de servicios
sociales. Harvey sostiene que es necesario tener una perspectiva crítica, y
que las distintas ONG pueden jugar un papel que puede ser positivo o
negativo. Pero la clave para plant ar cara al neoliberalismo está en una
renovación de la lucha de clases.
Las nuevas luchas de clases no tienen que ser una mera réplica de las
sucedidas en las décadas de 1960 y 1970, puesto que en este tiempo ha
cambiado la estructura de la sociedad. Harvey sostiene que la noción de
clase tiene que ser tratada como un concepto fluido. "Debemos revisar de
nuevo los conceptos de formación y reformación de clase. Cuando en mi libro
hablo de la reconquista del poder de clase por parte de la clase dominante
no estoy hablando necesariamente de un retorno al poder del mismo grupo de
gente. Se trata de una configuración nueva, mucho más centrada que antes en
las finanzas y los servicios."
"La reducción de la brecha entre propietarios y gestores constituyó uno de
los grandes cambios ocurridos en la década de 1970. Siempre habían sido dos
categorías completamente distintas, pero cuando se empezó a retribuir a los
gestores empresariales con participaciones accionariales cambió por completo
la forma de éstos de entender el poder. La formación de clase es un proceso
indefinido, dinámico."
Harvey cree que hay signos positivos en el aumento observado de actividad
sindical entre los trabajadores de los Estados Unidos, y para muestra cita
los ejemplos de los trabajadores sanitarios de Los Ángeles y los
trabajadores del transporte de Nueva York, que recientemente han realizado
acciones de huelga. Estas luchas pueden dar forma a la nueva clase
trabajadora creada por el neoliberalismo. Harvey está especialmente
interesado en cómo "las luchas en torno de la acumulación por desposesión
pueden converger con las luchas de un izquierdismo más tradicional". Observa
el movimiento en pro de la nacionalización del gas en Bolivia como un caso
esperanzador.
¿No habrá aquí un peligro de nostalgia por formas anteriores de capitalismo?
"Creo que debemos recordar dónde estábamos en la década de 1970", dijo
Harvey. "Había fuertes críticas al Estado de bienestar (por sus sesgos de
clase y de género, entre otros). Si vamos a construir un nuevo sistema de
bienestar debemos tomar conciencia de las limitaciones."
"El otro asunto que debemos afrontar es la reconstrucción completa de las
nociones de solidaridad social. Margaret Thatcher sostuvo que ella se
proponía realizar un cambio en profundidad. Debemos enfrentarnos con el
hecho de que hoy las solidaridades sociales son más superficiales. Hemos
podido verlo recientemente en Estados Unidos. Un derechista implacable como
Thomas Friedman, que siempre está exaltando las virtudes del neoliberalismo,
cuando ocurrió el desastre del Katrina se preguntó: 'Qué ha ocurrido con la
solidaridad social?'. La respuesta es que se ha desvanecido porque
gilipollas como él siguen predicando esta bazofia. Debemos plantar cara a
esto, lo cual significa edificar un proyecto a largo plazo."
Harvey cree que la clase trabajadora necesita un proyecto político propio
para empezar a recuperar su fuerza. Le pregunté cómo tendría que ser un
proyecto de este tipo. "No puedo hacer una derivación teórica de cómo
debería ser el proyecto político de la clase trabajadora", dijo. "Puede que
tenga algunas ideas sobre el particular, pero para mí el asunto fundamental
es empezar a hablarlo y aprender a ver qué posibilidades hay. Pretendo
dirigirme a los movimientos sociales para hacerles llegar mis ideas y
escuchar qué tienen que decir al respecto". Su nuevo libro es una brillante
aportación a este diálogo.
* David Harvey es un geógrafo, sociólogo urbano e historiador social de
reputación académica internacional. Entre sus libros traducidos al
castellano en los últimos años: Espacios de esperanza (Akal, Madrid, 2000) y
El nuevo imperialismo (Akal, Madrid, 2004)
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