[R-P] [David Slodky] No siempre están con la Patria quienes con la Patria se llenan la boca

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Jun 14 09:19:29 MDT 2008


"No todo lo que brilla es oro." No todo lo que se dice que se hace por
la patria, se hace realmente por la patria.



 Este es el manifiesto de la "Revolución del Comercio" del 24 de mayo
de 1821, contra Güemes. Siete días después, el 31 de mayo, al regresar
Güemes de Tucumán, recupera el poder sin disparar un solo tiro,
vitoreado por los mismos gauchos que debían prenderlo. 14 días después
(el 7 de junio de 1821) lo hieren de muerte en una emboscada de las
fuerzas realistas, guiadas por los mismos "revolucionarios", que
aceptarían jubilosos a Olañeta (el general realista que fue vencido
una y otra vez por Gúemes) como gobernador. Los "patriotas"  firmarían
un armisticio con los godos, "el indigno armisticio de los salteños",
para decirlo con las palabras de San Martín. Ellos, defendiendo sus
intereses económicos, también hablaban de Patria y califican de tirano
a Güemes. No pretendo con ello, en lo más mínimo, comparar a CFK con
Güemes, pero sí desenmascarar el discurso de los que se llenan la boca
de "patria"...  y los bolsillos de euros.









MANIFIESTO DEL CABILDO DE SALTA referente a la revolución que encabezó
contra Güemes, 24 de mayo de 1821, conocida luego como "Revolución del
Comercio", ejecutada por los partidarios de la autodenominada "Patria
Nueva".



"El muy ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento a los habitantes de Salta:

"Ciudadanos: (…) Echad la vista sobre vuestra situación actual, y
preguntando cuál es la causa más inmediata de vuestros males, de
vuestras miserias, y sobre todo del oprobio, humillación y abatimiento
en que yacéis, no os detendréis mucho en descubrirla: (…) no es el
curso de la revolución el que os ha sumergido en el abismo de
desdichas que lloráis; ha sido y es vuestro gobernante don Martín
Miguel Güemes electo jefe de la Provincia no por vuestro sufragio y
voluntad expresa, sino por la de algunos ilusos que, acaudillados con
él, sedujeron a los incautos y oprimieron vuestra opinión; lejos de
cumplir en lo más leve las obligaciones de un magistrado, de propender
a la conservación del territorio, de activar los progresos de la causa
sagrada que gloriosamente sostenéis, de mantener el orden con sujeción
a la suprema autoridad central, bajo cuyos auspicios imperaba, y de
respetar el honor de los mismos que a costa del propio y de su
sufrimiento se lo dieron; lo habéis visto. ¿Qué?... Ciudadanos:
lágrimas de sangre deben arrasarnos la memoria de tanto ultraje.
Transformado en Deidad Superior a los de su especie, empuñó el cetro
de hierro más duro que cuantos tuvieron los Calígula, los Nerones y
demás tiranos de la historia. Desde su colocación en el gobierno, sus
primeros empeños fueron perpetuarse en él, engañar a la muchedumbre,
alucinarlas con expresiones dulces sin sustancia, imitarla en sus
modales, alargar liberal la licencia; fomentar los vicios, deprimir la
virtud. Veis los medios que le dictó su ambición rastrera, llevada del
deseo de subyugarnos. Despreciar al honrado ciudadano; ponerle alevoso
las manos, fulminarle causas bajo aparato de crímenes supuestos;
condenarlo sin publicar el delito, quitarle sus bienes hasta
arruinarlo y constituirlo en la miseria; invertir el orden; disponer
de las propiedades a su antojo, devorarlas, aniquilarlas y
consumirlas: chocar con las primeras autoridades del Estado, oponerse
fuerte a sus determinaciones, minar para su desplome y no reconocer
superioridad; ser el principal motor de la anarquía geminada en las
demás provincias que forman el continente…Veis ahí los efectos de su
despotismo, dilapidar los fondos públicos, convertirlos a su
patrimonio, acrecentarlo con el comercio exclusivo que
escandalosamente ha sostenido con el enemigo, oprimir al vecindario
con frecuentes y gravosas contribuciones, aplicadas a sólo su
beneficio; tiranizar al soldado, faltarle aún a sus precoces
intenciones, no darle más alimento que el que vosotros le habéis
proporcionado siempre; turbar el sosiego del gaucho, perjudicarlo en
sus virtuosas tareas con las continuas citaciones y comparendos a
custodiar su persona; no proporcionarle en premio la menor utilidad
compensatoria de sus fatigas, prescindir de sus necesidades indolente,
sacrificarlo al peligro en las invasiones del tirano: abandonar el
país a la discreción de éste, huir entre tanto cobarde, sin el menor
rubor por los montes, agriando el fruto de sus rapaces uñas y regresar
sobre el inocente pueblo a descargar el golpe de sus despechos: veis
ahí ciudadanos en bosquejo las virtudes de vuestro jefe y el grado de
felicidad en que os ha constituido. Siendo soberano de la Provincia
quiso serlo de las demás, y se proclamó general de un ejército, que
sólo existía en los delirios de su ambicionante fantasía. Intentó
formarlo a expensa de vuestra escasísima sustancia, no para coadyuvar
a la prosperidad del sistema, sino para hacer incontrastable los
fundamentos de su poder. Apuró los recursos: avisó su petulancia,
reviendo a vuestra vista crecidos auxilios del desinterés y
patriotismo de aquellos pueblos que lo observaban con buena fe y
creían sus halagüeñas promesas. ¿Y qué se han hecho? ¿Se ha dado un
solo paso en obsequio de esa expedición tan decantada? No. Todo ha
servido de pábulo a su codicia. A la sombra de tan especioso título,
intentó reducir a la obediencia a la benemérita provincia del Tucumán.
Despojarla primero de las armas para ponerle a continuación la ley y
extender como en ésta, la ruina, la desolación y el espanto: éste fue
su único y principal objeto. Astuto aquel gobierno, reconoció sus
miras. Resistió la tentativa, y de tan justa como racional repulsa,
resultó la lucha fratricida la guerra más escandalosa, bárbara y
exterminadora en que contra vuestros votos lo veis empeñado. Ciego de
furor, se arrebata; no presta oídos a la razón, y aunque por ceremonia
y paliar su hipocresía, consulta la voluntad de la Provincia,
atropella sus operaciones. Retrogradan las tropas cuya organización y
sostén os había costado millones de sacrificios para defender el
territorio, a los puntos de la invadida Tucumán; se sorprende ésta:
reclama los estragos de una medida tan agresora y hostil; envía sus
diputados; propone con ellos los planes más ventajosos para ajustar
una conciliación duradera. (…). Insta y repite porfiada por la
cesación de hostilidades; interpone los respetos de este Ayuntamiento,
que de su parte los eleva a la consideración de su jefe; mas
acostumbrado a desairarla, le responde con oprobios, ultrajes y aun
con multas en que lo condena. Nada consiguen los gritos de la
humanidad: orgulloso prefiere el derrame de la sangre de vuestros
hijos que los reputa de su rebaño. Los precipita acalorado, salvando
su persona a la distancia de 40 leguas. ¡Qué maldad! ¿Y cuál ha sido
el resultado? Salteños; ¡Ah, cubríos de vergüenza al veros tan llenos
de baldones! Vuestra gloria adquirida a cambio de tanta sangre,
padecimientos y trabajos en 12 años de la lid que defendéis para ser
libres, ha desaparecido; vuestro honor, vuestra reputación; las armas
apoyo único de vuestros intereses y familias, todo lo veis sacrificado
al capricho de un aventurero.  (…). El Cabildo teniendo vuestros
sentimientos y rescindiendo de temores que no le arredran, ha jurado
en cada uno de sus individuos morir primero que consentir por más
tiempo al pueblo a quien representa en las cadenas en que seis años
gime. Él tiene declarada en este instante la paz a los hermanos
invadidos del Tucumán. Bien prevé la exasperación del tirano: mas no
hay cuidado. Los planes son seguros; su ruina está escrita. Para ello
cuenta con vuestros auspicios y entusiasmo. Se ha dado la seña: no
desmayéis.
A un pueblo que quiere ser libre no hay poder que lo detenga. Los
elementos todos se presentan favorables a tan digna empresa; y sobre
este seguro descansad en el seno de vuestras familias, listos siempre
y obedientes a las órdenes del señor teniente coronel de ejército,
alcalde ordinario de primer voto, don Saturnino Saravia, en quien este
Ayuntamiento ha depositado provisionalmente el gobierno…"

"Sala Capitular de Salta, 24 de mayo de 1821.



Saturnino Saravia.- Manuel Antonio López.- Baltasar de Usandivaras.-
Alejo Arias.-Mariano Antonio Echazú.-Gaspar José de Solá.-Dámaso de
Uriburu.- Francisco Fernández Maldonado."



"Félix Ignacio Molina, escribano público de cabildo, gobierno y hacienda
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Néstor Gorojovsky
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