[R-P] Esclavos en pleno siglo XXI

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Jun 12 20:33:22 MDT 2008


[El ideal de los balcanizadores de la "media luna"]

Gentileza de Mario Pereira

> Guaraníes del Chaco  boliviano
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> Esclavos en pleno siglo XXI
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> Por trabajos forzados de más de doce horas diarias, las mujeres        ganan la mitad que los hombres, y los niños y los ancianos por lo        general no ganan nada. (Foto:  Abi, no reproducida)
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> Más de mil familias viven esclavizadas en el Chaco, Bolivia. Los  indígenas, entre ellos ancianos y niños, trabajan más de doce horas diarias sin  recibir pago alguno. La situación es vista con preocupación por la Comisión  Interamericana de Derechos Humanos.
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> Históricamente a nivel  mundial, la problemática de la esclavitud y la servidumbre, se supone, es un  asunto resuelto hace varios siglos. Pero en Bolivia el problema está más vigente  que nunca.
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> En el Chaco boliviano,  que abarca los sureños  departamentos de Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz, desde hace varias décadas, cientos de  familias guaraníes que residen en esta región, viven bajo un sistema de servidumbre y  semiesclavitud basado en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo  familiar.
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> Estas personas,  pertenecientes a las  llamadas comunidades cautivas, realizan en haciendas trabajos  forzados por más de doce horas diarias, sin pago alguno o acceso a derechos básicos como la educación,  la sanidad, la libertad de movimiento y a la propiedad de la tierra.
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> La comunidad guaraní, la  tercera más numerosa de los pueblos indígenas de Bolivia, actualmente cuenta con  una población de 170 mil personas, de las cuales más de mil familias viven  empadronadas en situación de esclavitud por hacendados de las provincias Luis  Calvo y Hernando Siles, de Chuquisaca; Gran Chaco y O'Connor, de Tarija, y en la  cordillera en el Alto Parapetí, en Santa Cruz.
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> "Es una vergüenza que en la  Bolivia del siglo XXI siga existiendo la esclavitud", opina el Capitán Grande  del Consejo de Capitanes Guaraníes de Chuquisaca, Efraín Balderas, al lamentar  que todavía existan comunidades cautivas de su pueblo en al menos cinco  provincias de tres departamentos del país altiplánico  y que  en su conjunto abarcan a 15 municipios.
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> Balderas, alto y de tez  morena, es un líder indígena que hasta su adolescencia trabajó como peón en una  de las haciendas chuquisaqueñas bajo un régimen de explotación laboral. Pero que  tuvo la suerte de estudiar y conseguir a través de la educación esa libertad que  cientos de familias de su pueblo aún anhelan.
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> La situación de los  guaraníes en el sur de Bolivia es vista con preocupación por organismos  internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la  Organización de Estados Americanos (OEA) y Organizaciones No Gubernamentales  (ONG).
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> La  realidad
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> La cifra concreta del  número de guaraníes en el Chaco boliviano es diversa, y lo es más la de aquellos  que están en situación de esclavitud. Lo cierto es que, sin duda, sus vidas son muy precarias y las  relaciones laborales con los dueños de las haciendas en las que trabajan, aún en  contra de su voluntad, son poco claras ya que los pagos en su mayoría se hacen  en especie y no en dinero, con cuentas que se transmitían de generación en  generación.
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> Estos indígenas y sus  familias trabajan más de doce horas diarias sin recibir salario, sino  retribuciones irregulares en especie.
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> Rogelio Molina, empleado de  la hacienda Iguembito, ubicada en el municipio de Huacareta, en la provincia  Hernando Siles del departamento de Chuquisaca, cuenta  que  tiene "treinta y tres años" trabajando "para Federico Reynaga  (propietario), como mi padre trabajó para el padre del hacendado".
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> Con el tiempo el mundo de los niños es igual al de los adultos.        Pero lo más asombroso, es que muchos terratenientes se llevan a las niñas        a partir de 7 años a las ciudades y las hacen regresar a la propiedad con        hijos para que también trabajen para ellos, según denunció Justo Molina,        presidente del Consejo de Capitanes de Chuquisaca, quien defiende los        derechos de los guaraníes.  En este tiempo,  Rogelio comenzó ganando tres bolivianos (0,3 dólares) como vaquero o cuidador de  ganado vacuno. Para mantener a sus 13 hijos lograba una renta de 200 ó 150  bolivianos (cerca de 20 dólares al mes): "Me descontaba lo que sacábamos  arrocito, eso anotaba", dice, y recuerda que las labores domésticas realizadas  por su esposa en la hacienda nunca merecieron reconocimiento alguno. "Ni un  centavo, nunca le han pagado".
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> Los llamados "ajustes" son  el resultado de la suma en la que se consignan ítems como "adelantos" o  "pedidos" de víveres para comer, que por lo general arrojan cifras rojas para  los empleados guaraníes, por lo que terminan con deudas en lugar de  ganancias.
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> Y es que los términos  laborales que se conocen obedecen a "arreglos" por un pago jornal  incomprensiblemente saldado una vez al año. Situación que no sólo varía de  acuerdo con la hacienda, sino de acuerdo con condiciones de género y etarias:  las mujeres ganan la mitad que los hombres, y los niños y los ancianos la mayor  parte de las veces no ganan nada.
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> Fortunato Silva y Victoria  Méndez, padres de ocho hijos, por su parte reciben por sus faenas uno o dos  kilos de arroz en la hacienda de Crispín Pérez, también ubicada en  Huacareta.
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> En Chuquisaca, donde hay  más casos de guaraníes esclavizados, asombrosamente se reproduce una situación  que se creía desaparecida. Y es que hay reportes de que los trabajadores reciben  latigazos si no cumplen con su tarea. Si bien esto no es generalizado, existen  casos documentados con vídeos que sí ocurren.
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> Algunos "cautivos",  incluso, duermen en galpones y no pueden salir de la hacienda. "Los patrones  prohiben que las familias que viven en sus haciendas se comuniquen con  organismos y les coartan la educación o las condiciones sanitarias mínimas",  denunció Justo Molina, presidente del Consejo de Capitanes de Chuquisaca , quien  denunció la "violación de los derechos humanos" que viven numerosas personas de  su comunidad y explicó que el 90 por ciento de esta población es  analfabeta.
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> Precisamente, el  analfabetismo es la principal causa del sometimiento de los hacendados sobre los  indígenas guaraníes, ya que, al no saber leer ni escribir, no sólo están  impedidos de acceder al conocimiento e información sobre sus derechos, sino que  tampoco pueden ejercer ningún control sobre sus cuentas y libros de deudas que  son llevados por los patrones.
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> Al analfabetismo se suma el  desconocimiento de sus derechos que les asiste y no les permite deliberar con el  patrón sus condiciones laborales, ni ninguna otra situación que les afecte.
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> Las condiciones precarias  de trabajo y —por consiguiente— de vida de familias guaraníes sometidas a una  situación laboral signada históricamente por el abuso y por la marca de la  servidumbre y el patronazgo, que las ha hecho cautivas en su propia tierra, son  prácticas aún vivas en el Chaco boliviano, como si el tiempo, y la modernidad,  nunca hubiera pasado por esas tierras.
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> Esclavos desde la  infancia
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> La esclavitud en el Chaco  también se extiende a los niños. Las niñas comienzan como domésticas en las  haciendas y luego se quedan como cocineras, mientras que los varones inician  como mozos de mano, es decir, realizan mandados menores para los hacendados y  luego, de grandes, trabajan la tierra. En la mayoría de los casos, no reciben  pagos por sus trabajos.
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> La "crianza" de los niños  implica el inicio temprano de la faena en las haciendas, como Virginia Parare,  hija de trabajadores de la propiedad Iguembito, en Chuquisaca, quien comenzó de  niña como doméstica y a los 15 años se volvió cocinera.
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> Un ejemplo más evidente es  el de Rosi Silva, empleada de la hacienda Voyguazú, de Juan Ortiz; ella y su  hermano menor fueron "cedidos al patrón": "Mi mamá nos ha entregado a los dos,  mi hermano se ha quedado con el patrón y tiene 12 años". Al ser consultada sobre  si desean salir de la hacienda comento, con un aire de desesperanza, que "él  también –al igual que ella– quiere salir pero no lo dejan, él quiere  estudiar".
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> Y es que la escuela está  prohibida para estos infantes, así como salir de las haciendas.
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> La situación jurídica de  los niños y menores de edad es incierta, pues muchos se encuentran sujetos a los  patrones mediante inciertos nexos de padrinazgo.
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> En muchos casos, los  guaraníes se dirigen al hacendado como "papi" o "mami", y muchos de ellos, según  estudios ejecutados por el despacho de Justicia, llevan el apellido de los  patrones.
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> "Yo les he criado, su papá  y mamá han muerto, y se han quedado con nosotros", explica Humberto López,  propietario de la hacienda El Vilcar, quien aseguroo que ésa es la razón de que  tenga una familia de guaraníes a su servicio.
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> Las relaciones de  servidumbre se difuminan con las relaciones de parentesco: "Ya me he  acostumbrado a ellos (a los patrones) como papá, como mamá, como abuelitos",  comentó Eriberta Montes. "Aquí nomás me quedaré con los abuelitos hasta que se  mueran", añadió resignada la guaraní que creció en la hacienda y que ahora tiene  seis hijos, que tal vez sean otro eslabón más que perpetúe el trabajo de su  madre y sus abuelos.
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> Sin embargo, la amabilidad del  trato entre empleador y empleado tiene límites concretos, cuando se ve el lugar  donde Eriberta y sus pequeños duermen: en un patio trasero de la hacienda donde  los cueros de oveja les sirven de camas.
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> Con el tiempo el mundo de  los niños es igual al de los adultos. Pero lo más asombroso, es que muchos  terratenientes se llevan a las niñas a partir de 7 años a las ciudades y las  hacen regresar a la propiedad con hijos para que también trabajen para ellos,  según denunció Justo Molina.
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> Naimi Núñez



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Néstor Gorojovsky
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