[R-P] Una respuesta a "El desarrollismo no es una solución disponible" ( FB)

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Lun Jun 9 10:27:36 MDT 2008


Cumpliendo el pedido de Federico, reenvio una respuesta al Sr. Alberto J. Franzoia. Aclaro que Federico me remitio este texto el sabado, pero estuve en Junin, gambeteano piquetes ruralistas, y me fui imposible enviarla antes.( si puedo, luego cuento como vi la cosa).

Respecto a la mordaz introduccion de Nestor en lo que a mi atañe, deliberadamente elijo pasarla por alto y no responder. Demasiados y poderosos enemigos tenemos del lado de enfrente como para desperdiciar energia en batallitas tontas.
 
Le ruego le haga llegar a Franzoia, tal el pedido de Bernal, su respuesta.

Rolo
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Es que Rolo, si bien lo leí por encima porque son las 2 am, sabrás que 
coincido en su planteo teórico de fondo, que no es más que el nuestro. Me 
nutrí de ese pensamiento y lo llevo en la sangre.
 
A continuación una respuesta a las apuradas. Te ruego se la hagas llegar y 
la envíes a quienes él, supongo, envió la suya. Acompañala por favor, de una sincero abrazo y agradecimiento por haberse tomado la molestia de debatir conmigo. Es sano, es bueno y de cara a la Asamblea de Córdoba es necesario.
 
El primer descargo que puedo hacer es el siguiente: no puedo desarrollar en un artículo de 3.800 caracteres la visión de la Izquierda Nacional como se merece y con tanto lujo de detalles como él tan fanáticamente hace. Además, un artículo (el mío) que como vos bien sabés fue mutilado por la gente de Cash, sobre todo en la mención al Ejército, entre otras cosas de tamaña importancia que ahora no recuerdo (de paso fijate si le podés enviar la versión completa). Franzoia pasó por alto mi mención del 
”subdesarrollo” como una atrofia del normal desarrollo del capitalismo. Esto sólo invalida el artículo como “desarrollista”.
 
En segundo lugar, prioricé focalizarme en la disyuntiva: industria-campo, 
porque sigo sosteniendo: en este momento el norte para el pueblo argentino 
no debe ser el socialismo, ni la lucha de clases, ni atacar al 
“desarrollismo”. Ni siquiera para los revolucionarios lectores de Página12: ”liberación o dependencia”. Sino que nuestra bandera, la consigna, debe ser hoy la industrialización desde y por el Estado, con justicia social y con el campo bien subordinado. Esto, por supuesto, se logra con un Frente Nacional, algo sobre lo que hago hincapié en la mayoría de mis escritos.
 
Conozco muy bien los vicios y errores desarrollistas (los analizo en mi 
primer libro desde el petróleo) y lo que desde la IN pensamos sobre el 
mismo. Franzoia se equivoca cuando afirma “El modelo de desarrollo industrial con importantes grado de independencia con respecto al capital financiero internacional y con gran inclusión social, como fueron por ejemplo el peronismo o el varguismo durante los años cuarenta y primera mitad de los cincuenta, se dio en un contexto capitalista muy distinto al actual, cuando los países imperialistas aún no se habían repuesto de la segunda guerra mundial (por lo tanto estaban aún retraídos en su control de mercados externos)”. Primero: si bien Vargas comenzó cuando el imperio había aflojado las cadenas con América latina, la industrialización del Brasil no puede restringirse al varguismo. La primera etapa de la denominada revolución industrial va desde 1930 a 1966. Segundo y tanto para Brasil como la Argentina, en la década del 50 emerge más potente que nunca el imperialismo norteamericano. Inclusive en 1948 comienza el bloqueo comercial
 norteamericano contra la Argentina y su desarrollo petrolero y que luego afectaría en el déficit comercial de la década del 50 ante la imposibilidad de ser autosuficientes en materia energética. Yo también estaba de acuerdo con esta hipótesis, pero estudios más modernos (inexistentes antes) me están haciendo cambiar de parecer.
  
Volviendo al nudo de la crítica de Franzoia, qué iba a escribir a escasas semanas del 11 de marzo? Que si el nacionalismo no quiebra sus propias barreras y trasciende hacia el socialismo estamos fritos?? Que la lucha de clases…?? Que: abajo el Estado burgués…? Que no somos subdesarrollados sino semicolonia…??? No es el momento. 
 
Además cuando escribo, y desde que tengo la suerte de 
hacerlo con cierta frecuencia y que mis trabajos sean finalmente publicados, me propuse contar un poquito de nuestra visión en cada uno de los artículos y no todo en todos. Hay que leer como un libro, uniendo lo dicho con lo nuevo que se dice.
 
Finalmente y por sobre todas las cosas, no apunto a convencer a los 
Franzoia, sino a los parias, a los confundidos, los sin sentido común. 
Humildes aportes, creo, espero, para ayudarlos a abrir los ojos y muy de 
poco, pa´ no despantar. Es como haber hablado del nefasto “plan” de entrega de tierras en la Argentina (verdadero problema generatriz) habiendo reivindicado a Roca y la campaña del desierto, algo muy nuestro, por cierto.
 
No. Tranquilos! Un cachito hoy, otro mañana. Al principio sin cegarlos para que vayan reflexionando la cuestión desde el sentido común, y 
progresivamente, desde el sentido nacional. Porque cuando haya que moverse 
rápido, cuando haya que salir a la calle, a la Plaza, ¿cómo convencer al 
“ejército de reserva” necesario para armar y consolidar el bendito Frente 
Nacional? Si uno se pone exquisito en la teoría, entonces agranda las 
diferencias con los K y cultiva más incertidumbre, más dudas que otra cosa. 
Se va entrando en la de Lozano, Pino y compáñía, porque seguro que ni el 
Colo, ni Blas, ni Guerbe en la Rosada harían lo que los pingüinos. Tampoco 
lo tenemos a Chávez, ni a Perón. Tenemos a los K que ya bastante poco por no decir nada mencionan en público al general. Mucho menos tenemos el PSUV en el poder (bastantes quilombos tienen con el socialismo del século XXI) sino al nefasto PJ.
 
Y frente a una emergencia, no quiero que la gente lo piense dos o tres 
veces, o hasta inclusive retire su apoyo porque no blandimos el socialismo, ni se verifica la lucha de clases (que ya se está verificando y que ahora sí pienso escribir sobre eso, aunque unas semanas atrás era un hecho aún difuso). A la colonización pedagógica se la ataca de a poco, desde Primer Grado. Así, primero apunto a que se nos sumen pronto y segundo y  ESTRATÉGICO: que los respalden a ELLOS (a esa presidenta, a su limitado, espontáneo, torpe y tímido proceder), no a NOSOTROS, no a la IN. Tengo que escribir para concitar el apoyo a CK (a veces sacando conejos de la galera).
 
En definitiva, nadie habló de socialismo, ni de lucha de clase en el 43, ni en el 45. Ni para los triunfos de Yrigoyen, ni la segunda victoria de Perón. Ni tampoco el Plan Moreno-Belgrano, ni los Magnasco, Bialet Massé o las más lúcidas horas de Pellegrini. Ni Jauretche, ni Scalabrini lo hacían. Y hoy los reivindican más a ellos que al Colorado, cuando debería ser al revés.
 
Acá falta industria y justicia social (a ver, primer objetivo ante la 
ausencia de una clase media industrial: que la gente sepa, vincule y 
entienda que sin industria no habrá justicia social, ni paz, ni verdadera 
democracia. Esto sólo se puede hacer enseñándoles el ejemplo de las naciones ”desarrolladas”, y no con el propio porque entran a tallar pasiones, ideologías y colonización cultural, y entonces cagamos).
 
Industria, frente por el desarrollo y Estado: lo peor que se le puede hacer a la Sociedad Rural. La Australia industrialista de 1920 decía desde el poder “Fabrique australiano, compre australiano”; la Sociedad Rural nos 
imponía “comprar a quien nos compra”.
 
El socialismo y la liberación de la patria pueden esperar. Las 
inconveniencias del “desarrollismo”, pueden esperar. La clave: ¿cómo armar, cómo aglutinar y qué consignas usar para armar el gran Frente hoy? Ellos levantan el inmovilismo agrario, el subdesarrollo (como la atrofia del capitalismo, insisto), el GORILISMO y así arman su frente. Nosotros todo lo contrario, pero a tono con eso, porque ellos no cierran filas diciendo ser los representantes de una Argentina granero del mundo (no lo dicen, verdaderamente). Pero si hasta al episcopado cobarde y antinacional de hoy se le puede entrar recordándole sus orígenes patriotas e industrialistas, cuando los suyos le fundían los cañones a San Martín. Fijarse como el cura Olmedo habla de pobreza, se carga al gobierno y se olvida de las razones del espeluznante atraso de Jujuy: falta de desarrollo, señores, falta de capital (como decía el Colorado)!!!!!!!
 
El socialismo en el atraso es la socialización de la miseria. Y alzar estas banderas, justas, nuestras (aunque hoy fuera de lugar, de tiempo y 
divorciada de nuestras condiciones subjetivas), sólo para contentar a los 
muy versados es un gran error que no pienso cometer. Quizás por haberse 
empeñado en mostrar (y querer ilustrar siempre) tanta erudición hayamos 
fracasado desde la IN como movimiento aglutinador de masas.
 
FB

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El desarrollismo no es una solución disponible.
(una respuesta a Federico Bernal)
Por  Alberto J. Franzoia
 
En el diario Página 12 se publicó a principios de mayo un artículo de
Federico Bernal que intenta dar respuesta desde el campo nacional al
conflicto que afecta a nuestra Patria. El artículo, según mi punto de
vista, se resiente por caer en viejos errores de cuño desarrollista. A
continuación transcribo los párrafos completos del artículo comentado
y mi respuesta a cada uno de ellos.
 
FB: «Marzo y abril del 2008 protagonizaron el primer choque del siglo
entre las dos opciones antagónicas que el capitalismo pone a
disposición de las naciones atrasadas en América latina:
 
1)	modelo agroexportador, de regresiva distribución del ingreso y de
concentración de rentas diferenciales y riquezas naturales; o
2)	modelo industrialista de alto valor agregado, científico y
tecnológicamente autónomo y avanzado, financieramente independiente,
inclusivo socialmente y latinoamericanista. En otras palabras, el
dilema es desarrollo o subdesarrollo, con las reservas que Celso
Furtado oportunamente señaló: entender al “subdesarrollo” como la
expresión de una atrofia en la normal evolución del capitalismo.
 
Las naciones denominadas “desarrolladas” también experimentaron
”choques de modelos”, agudizados por la presencia de ciertas
condiciones objetivas que impulsaban al capitalismo a un estadio
superior. Por ejemplo, del mercantilismo al industrialismo. Países de
la Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, superaron sin mayores
conflictos su propio subdesarrollo y lo hicieron subordinando el
sector primario-exportador al sector industrial.»
 
AJF: El modelo de desarrollo industrial con importantes grado de
independencia con respecto al capital financiero internacional y con
gran inclusión social, como fueron por ejemplo el peronismo o el
varguismo durante los años cuarenta y primera mitad de los cincuenta,
se dio en un contexto capitalista muy distinto al actual, cuando los
países imperialistas aún no se habían repuesto de la segunda guerra
mundial (por lo tanto estaban aún retraídos en su control de mercados
externos) y con la presencia de burguesías nacionales en algunos
países del tercer mundo que aunque débiles tenían alguna posibilidad
de presentarse como socias del estado en ese intento de gestar un
capitalismo nacional.
 
Aún así, ni siquiera en esos tiempos el desarrollo capitalista del
mundo hasta entonces dependiente fue posible sin confrontación con los
socios locales de la dependencia, tanto con las oligarquías nativas
como con sectores burgueses que nunca creyeron realmente en un
desarrollo con independencia respecto a las burguesías centrales del
primer mundo.
 
De ninguna manera la contradicción principal ha pasado jamás por la
alternativa desarrollo-subdesarrollo tal como lo planteó el
desarrollismo de Frondizi hacia fines de la década del 50 (cuando la
asociación con el imperialismo resulta un componente fundamental en la
propuesta), ya que ambos términos no son causa de nada sino
consecuencia de otra contradicción que no aparece en la lógica teórica
de esta corriente: liberación o dependencia. Esos son los únicos
proyectos políticos que deben enfrentarse si es que se aspira al
verdadero desarrollo.
 
No hay desarrollo sin una política de liberación, y esta no es
completa por otra parte si además de ser nacional no es social (ya que
necesita de un fuerte apoyo social o, lo que es lo mismo, de una
relación de fuerzas muy favorable).
 
El marcado sesgo desarrollista que imprime Bernal a su planteo sobre
la confrontación de modelos presenta todas las dificultades no
resueltas por esta teoría en los años 50 y 60, más el de que ahora nos
encontramos en el siglo XXI, es decir durante la etapa del capitalismo
más globalizada que hemos conocido, o lo que es lo mismo, en su etapa
más imperialista.
 
FB: «En la Argentina —como en el resto de los países
latinoamericanos—, el “choque de modelos” si bien se verificó en otras
oportunidades, no logró imponer la marcha definitiva hacia el
desarrollo. Se podrá coincidir o no si el gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner representa un modelo industrialista y
socialmente justo o si hace todo lo que debería para volcar
progresivamente la balanza a favor del interés nacional. Pero en lo
que no puede haber dudas es en el aglutinamiento de las fuerzas del
subdesarrollo. Un frente que integrado por el oligopolio mediático,
las transnacionales afectadas por la política de captación estatal de
las rentas diferenciales, los grandes terratenientes, las clases
acomodadas, amplios sectores de la clase media, la derecha partidaria
y la izquierda portuaria, convergen en el pensamiento y en la acción:
el país debe quedar inmovilizado en el tiempo.
 
La escalada y el nivel de virulencia del “frente por el subdesarrollo”
tiene razón de ser. Vislumbra, como en otras épocas, la presencia de
condiciones objetivas para abandonar el subdesarrollo. Esto es:
transitar de un capitalismo primario-exportador a uno verdaderamente
industrial. El camino es con crecimientos sostenidos del PBI de tasas
del 8 por ciento anual, elevadas reservas que rondan los 50.000
millones de dólares, recuperación pública de las rentas diferenciales
para el petróleo (60 por ciento de la renta total), el gas natural
(100 por ciento de retención a las exportaciones), la minería (5 a 10
por ciento, según el mineral) y la agricultura (rangos variables). El
”inmovilismo agrarista” observa y padece, asimismo, la aparición de un
Estado progresivamente  protagonista como planificador, contralor,
inversor y empresario.
 
El “inmovilismo agrarista” quiere mantener al país sumido en el
subdesarrollo. La respuesta es política (no económica y mucho menos
técnica) y pasa por industrializar. Efectivamente, una revolución
industrial es la consigna política que requiere el nuevo modelo de
país para quebrar definitivamente el orden neoliberal. Una revolución
industrial que vaya debilitando al gran poder terrateniente, a todas y
cada una de las transnacionales que supeditan la seguridad jurídica
del ciudadano a los dividendos de sus accionistas. Una revolución
industrial comandada desde y por el Estado que junto al sector privado
permita en el corto plazo mudar la relación de fuerzas sociales,
compensado el atraso de la clase media cuya reacción ideológica,
política y grado de colonización es inversamente proporcional a la
industrialización del país.»
 
AJF: Bernal nos dice que para salir del subdesarrollo y ante
condiciones objetivas favorables es necesario adoptar decisiones
políticas, no técnicas. Coincido plenamente con dicho planteo. Sin
embargo, a renglón seguido agrega que la consigna política es
entonces: revolución industrial. Ahora bien, si por otra parte
sostiene que el “inmovilismo agrario quiere mantener sumido en el
subdesarrollo al país” y por lo tanto está en contra de dicha
revolución, no se entiende como se hará la misma sin resolver el
conflicto de clases con la oligarquía, que es a su vez el eslabón
necesario que nos vincula con el imperialismo de las burguesías
centrales, cuyo interés en nuestro desarrollo es nulo.
 
Esta es una cuestión claramente política que el desarrollismo jamás ha
resuelto. En realidad parece que caemos una vez más en la trampa que
supone que el desarrollo industrial es el que terminará subordinando
el campo (oligarquía agraria e inversiones imperialistas tan
especulativas y parasitarias como las de ésta) al proyecto de la
burguesía nacional. Pero si es eso lo que se sostiene, y no hay ningún
párrafo del artículo que exprese lo contrario, lo que Bernal propone
no deja de ser una supuesta solución técnica, ya que eso y no otra
cosa es un revolución industrial como propuesta “política” para un
país subdesarrollado, que no asume con claridad cuál es el enemigo y
como se resuelve en términos ideológico-políticos la contradicción de
clases que obstruye dicha revolución.
 
Y este intento por escaparle a la contradicción principal que
Argentina padece desde hace décadas, aunque con las variantes lógicas
de cada coyuntura, no hace más que perpetuar una frustración nacional
y popular.
 
FB: «La historia muestra que sin Estado ni industrialización, sin
autonomía científica ni tecnológica, sin unidad política, el tránsito
hacia una democracia moderna, inclusiva e igualitaria es y será
inconcebible. En este sentido, resulta perentorio que el Estado
empresario emerja una vez más en todos y cada uno de los sectores y
rubros estratégicos de la economía, la ciencia y la tecnología. En
suma, un “frente por el desarrollo”, que por supuesto incorpore al
sector agropecuario de pequeños y medianos productores. La renta
agraria es en esta etapa de despegue la propulsora de la
capitalización del país y la explosión de sus fuerzas productivas. Una
renta que es a la Argentina democrática lo que los hidrocarburos son a
la democracia venezolana. Ellos recuperaron la petrolera Pdvsa;
nosotros recreemos un IAPI adaptado al siglo XXI.»
 
AJF: Acuerdo nuevamente en el espíritu transformador que se manifiesta
en el artículo de Bernal, pero no es menos cierto que la solución se
asemeja bastante a una linda expresión de deseos. El estado
industrializador no deja de ser un estado que expresa a una clase o a
una alianza de clases, ya que no hay estado socialmente neutro o que
exprese el bien común de clases antagónicas. En un país
subdesarrollado por el imperialismo y sus socios internos no es
concebible por lo tanto un estado revolucionario que no se manifiesta
como el producto de una alianza social.
 
Independientemente de que según mi perspectiva teórica y política esa
alianza debe ser conducida por los trabajadores para que la revolución
industrial sea llevada hasta las últimas consecuencias, hay otra
cuestión nada menor que no aborda con claridad Bernal: ¿cómo se
enfrenta a los enemigos de dicha alianza para que no frustren una vez
más el objetivo transformador?
 
Porque si nos limitamos a decir que el Estado debe impulsar una
revolución industrial, con lo cual acordamos, y agregamos que hay que
reflotar el IAPI, con lo cual también acordamos, pero no decimos que
la oligarquía y la burguesía de lo países imperialistas enfrentarán
dicha política, estamos obviando un aspecto central del problema:
¿será realmente posible que todas estas clases y sectores sociales
sigan “conviviendo” indefinidamente en nuestra Patria?
 
¿O acaso Perón no cayó en 1955 a pesar de haber impulsado un estado
industrializador? ¿No será que medidas como el IAPI son plenamente
reivindicables sólo si se las formula como los primeros pasos de un
proceso que políticamente debe avanzar hasta poner en manos de los
trabajadores y sus aliados los resortes fundamentales economía? ¿No
será que la oligarquía (con su núcleo duro y fracciones) así como el
imperialismo deben finalmente perder la base material que les ha
permitido seguir operando, tanto cultural como políticamente aún
durante lo gobiernos populares hasta llevarlos al colapso? ¿Y no será,
finalmente, que soñar con un capitalismo nacional con justicia social
es hoy una quimera, que debe ser superada por el socialismo
latinoamericano del siglo XXI ya que es el único camino disponible
para resolver la verdadera contradicción, cuyos términos precisos son:
liberación o dependencia? Esto es para mí poner el caballo delante del
carro y no detrás.
 
La Plata, 3 de junio de 2008



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