[R-P] La memoria deformante de Gustavo Caraballo

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Jun 7 09:40:28 MDT 2008


Gentileza de Guillermo Treboux

[Hace mucho tiempo ya que Gustavo Caraballo se ha colocado a la cabeza
de los "peronistas prooligárquicos". Sus recuerdos del período
1973-76, siempre sesgados para el lado de los intereses más podridos
de la Argentina de entonces (y de ahora) han alcanzado el súmum en la
pieza de sicofante que entregamos a continuación para deleitar a
nuestros suscriptores.

Caraballo pretende hacernos creer que Perón había estado en contra de
las retenciones, en el sentido que la oligarquía desea: que Perón
estaba en contra de usar las súper rentas agrarias en beneficio del
conjunto de la economía argentina; la verdad es que Perón había
eliminado las retenciones de Krieger Vasena -en un contexto impositivo
y aduanero diametralmente opuesto al actual, dígase de paso- PORQUE
PRETENDÍA IMPLANTAR UN IMPUESTO A LA RENTA NORMAL POTENCIAL DE LA
TIERRA.

Caraballo lo menciona pero, cuidadosamente, calla sobre el destino de
ese impuesto (el tacho de basura), sobre el papel que les cupo a los
peronistas "conservadores" en ese destino, y sobre la fatalidad que
implicó PARA TODO EL GOBIERNO PERONISTA DEL 73 esa victoria de los
"moderados" Maya y afines.

El día que el peronismo descartó la Ley Agraria propuesta por el Ing.
Horacio Giberti (bajo acusaciones de "comunismo") el destino del
gobierno quedó sellado. Era mucho más dura que las "retenciones". Y su
eliminación hizo inexorable la caída. Y todos lo estamos pagando hoy.
Todavía.

Claro, los Caraballo no.]

POLÍTICA AGROPECUARIA
En 1973 Perón eliminó las retenciones para el campo

El Acta de Compromiso se firmó el 6 de setiembre de 1973 establecía
una meta de 80 millones de toneladas de granos, el financiamiento del
Banco Nación para la siembra y el esfuerzo del Estado para ganar
nuevos mercados.

El 6 de setiembre de 1973, después de haberse firmado con las
entidades agrarias un "Acta de compromiso para el desarrollo de las
actividades agropecuarias, forestales y la pesca", el presidente Juan
Perón reunió a la Sociedad Rural, Coninagro, Carbap y Federación
Agraria y les dirigió un discurso magistral. Les dijo que en su
primera presidencia había dispuesto un traslado de ingresos del campo
a la industria, para permitir un desarrollo integrado.

Ahora llegaba la hora de complementar a todos los sectores en un
esfuerzo productivo, donde no se justificaban explotaciones ociosas.

Debíamos pasar de 50 millones de cabezas de ganado a 200 millones,
dijo. El Acta de Compromiso establecía una meta de 80 millones de
toneladas de granos, el financiamiento del Banco Nación para la
siembra y el esfuerzo del Estado para ganar nuevos mercados. El Estado
se comprometía a asegurar un marco estable para la década. No habría
retenciones al estilo de las creadas por Krieger Vasena.

El instrumento fiscal nuevo, que nunca llegó a sancionarse, era el
impuesto a la renta potencial de la tierra, que tendía a gravar las
explotaciones ineficientes, favoreciendo correlativamente a las
actividades productivas y tecnológicamente avanzadas. La cuestión de
la tenencia de la tierra no era soslayada, incorporando el fomento de
la colonización, dando estabilidad a los arrendatarios y creando el
arrendamiento forzoso de las tierras inexplotadas.

El ingeniero Orlando D'Adamo, secretario de Programación Económica,
que era ingeniero agrónomo, hizo importar las primeras semillas de
soja para promover su producción. Treinta y cinco años después, la
soja se ha extendido por las tierras argentinas, generando una enorme
rentabilidad. Hoy Cuba ha hecho un convenio con Brasil para sembrar en
la isla 50.000 ha de soja. Un programa incorporado al Plan Trienal de
1973, elaborado por la Facultad de Agricultura y Veterinaria,
propiciaba la extensión de la frontera agropecuaria para desplazar la
ganadería de las regiones más aptas para el cultivo. Toda la política
apuntaba pues a favorecer la producción.

Tras la caída de Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y su ministro
Jorge Remes derogaron la Ley de Convertibilidad, que se caía a pedazos
por el desastre que había ocasionado en las actividades económicas. Se
establecieron entonces retenciones sobre las rentas agropecuarias y
petroleras que eran justificables por cuanto el cambio del 1 a 1 por
el 1 a 3 (llegó a 4) implicaba una gran traslación de ingresos al
sector exportador que debía compensarse. La mayor parte del país,
incluyendo a Néstor Kirchner y Roberto Lavagna, que luego continuaron
la normalización de la actividad económica tras la crisis, rechazaban
entonces o no osaban afrontar el problema cambiario. Pero estas
medidas de emergencia, las retenciones, se institucionalizaron por la
incapacidad del propio Estado para reformular la ley impositiva, pues
era más fácil recaudar el impuesto en cabeza de pocos exportadores que
lograr una equidad fiscal más adecuada.

Muchas provincias mantenían y mantienen en valores ínfimos la renta
territorial (que llega a entre 1 y 2% sobre valores actualizados en
Estados Unidos) y ni siquiera ejecutan a los morosos.

Facilismo

En lugar de aplicar el principio distribucionista «de cada cual según
su capacidad, a cada cual según su necesidad», que implicaba gravar
progresivamente a las grandes rentas y patrimonios, no sólo de una
actividad -el campo- sino de todas las grandes rentas, como la
financiera, la de los contratistas del Estado, etc. que se
coparticipan, se prefirió el facilismo de las retenciones. Por
ejemplo, la extraordinaria valorización de la tierra no genera para el
que la vende un impuesto a las ganancias de capital, como no la hubo
para todos los que vendieron las empresas argentinas a partir de los
90.

Por ello, las retenciones son básicamente un recurso del Estado para
financiar el enorme crecimiento del gasto público y las subvenciones
económicas durante el último año. Pero cuidado con los límites. El
famoso juez Marshall, que posibilitó la aplicación del impuesto
federal en los Estados Unidos, advirtió que debía usarse prudentemente
por «a power to tax involves a power to destroy». ¿No estamos ya
orillando el borde de la destrucción? ¿O es que la falta de sensatez
del Estado obligará a nuestra Corte a establecer los límites?

También es solamente declamativo decir que las retenciones son para
mejorar la distribución del ingreso. Los planes de infraestructura
contemplan inversiones faraónicas, como el «tren bala», y el fomento
de complejos como los de Puerto Madero,en lugar de construcciones de
vivienda popular, como preveía el Plan Trienal. La prolongada disputa
con el campo ha llevado al encarecimiento de la canasta familiar y a
suspensiones laborales, como en el sector de maquinaria rural, los
frigoríficos y en empresas agroalimentarias y servicios del interior,
todo lo cual importa un proceso regresivo en la mejor distribución del
ingreso que se venía experimentando desde hace 7 años. En lugar de
promover el crecimiento armónico, como señalaba Perón, se está
alentando un enfrentamiento sin sentido donde participan por igual los
ruralistas que cortan rutas, los piqueteros que hacen escraches, a los
que se sumarán los sectores afectados, como los camioneros. Perón,
rechazando la violencia, dijo en el discurso del Plan Trienal que «la
historia nos ha enseñado que París no se construyó en un día y que en
cambio Pompeya fue destruida en horas».

Por: Gustavo Caraballo (*)

(*) Ex secretario de la presidencia de Juan Perón (1973-1974).

Publicado en Ambito Financiero


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Néstor Gorojovsky
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