[R-P] [A. Franzoia] El desarrollismo no es una opción disponible

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Jun 6 16:18:03 MDT 2008


[Hace unas semanas se produjo en esta lista un altercado debido a mi
supuesta perversidad en la atribución de un claro sesgo desarrollista
a ciertas posiciones levantadas por Federico Bernal. En este
altercado, mi objetor pasó de la acusación personal al desprecio por
el tema, o así me pareció, cuando comenzó afirmando que la mía era una
deformación de las ideas que él sostenía y/o diufundía y terminó
diciendo que en último análisis -si le entendí bien- no le importaban
las consecuencias últimas de no tomar en cuenta las cuestiones
teóricas. En cuanto a lo segundo no hay nada que nadie pueda hacer.
Pero en cuanto a lo primero sí se puede, por ejemplo, mostrar cómo
aparece el pensamiento desarrollista en el texto cuya crítica engendró
el enojoso altercado. Alberto Franzoia, en forma totalmente
independiente de estas pequeñeces, se tomó exactamente ése trabajo. Si
a alguien le interesa cuidar de no alentar ilusiones incumplibles en
las masas argentinas, le vendría bien leer las breves líneas que
dedicó al respecto.]

El desarrollismo no es una solución disponible.
(una respuesta a Federico Bernal)
Por  Alberto J. Franzoia

En el diario Página 12 se publicó a principios de mayo un artículo de
Federico Bernal que intenta dar respuesta desde el campo nacional al
conflicto que afecta a nuestra Patria. El artículo, según mi punto de
vista, se resiente por caer en viejos errores de cuño desarrollista. A
continuación transcribo los párrafos completos del artículo comentado
y mi respuesta a cada uno de ellos.

FB: «Marzo y abril del 2008 protagonizaron el primer choque del siglo
entre las dos opciones antagónicas que el capitalismo pone a
disposición de las naciones atrasadas en América latina:

1) modelo agroexportador, de regresiva distribución del ingreso y de
concentración de rentas diferenciales y riquezas naturales; o

2) modelo industrialista de alto valor agregado, científico y
tecnológicamente autónomo y avanzado, financieramente independiente,
inclusivo socialmente y latinoamericanista. En otras palabras, el
dilema es desarrollo o subdesarrollo, con las reservas que Celso
Furtado oportunamente señaló: entender al "subdesarrollo" como la
expresión de una atrofia en la normal evolución del capitalismo.

Las naciones denominadas "desarrolladas" también experimentaron
"choques de modelos", agudizados por la presencia de ciertas
condiciones objetivas que impulsaban al capitalismo a un estadio
superior. Por ejemplo, del mercantilismo al industrialismo. Países de
la Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, superaron sin mayores
conflictos su propio subdesarrollo y lo hicieron subordinando el
sector primario-exportador al sector industrial.»

AJF: El modelo de desarrollo industrial con importantes grado de
independencia con respecto al capital financiero internacional y con
gran inclusión social, como fueron por ejemplo el peronismo o el
varguismo durante los años cuarenta y primera mitad de los cincuenta,
se dio en un contexto capitalista muy distinto al actual, cuando los
países imperialistas aún no se habían repuesto de la segunda guerra
mundial (por lo tanto estaban aún retraídos en su control de mercados
externos) y con la presencia de burguesías nacionales en algunos
países del tercer mundo que aunque débiles tenían alguna posibilidad
de presentarse como socias del estado en ese intento de gestar un
capitalismo nacional.

Aún así, ni siquiera en esos tiempos el desarrollo capitalista del
mundo hasta entonces dependiente fue posible sin confrontación con los
socios locales de la dependencia, tanto con las oligarquías nativas
como con sectores burgueses que nunca creyeron realmente en un
desarrollo con independencia respecto a las burguesías centrales del
primer mundo.

De ninguna manera la contradicción principal ha pasado jamás por la
alternativa desarrollo-subdesarrollo tal como lo planteó el
desarrollismo de Frondizi hacia fines de la década del 50 (cuando la
asociación con el imperialismo resulta un componente fundamental en la
propuesta), ya que ambos términos no son causa de nada sino
consecuencia de otra contradicción que no aparece en la lógica teórica
de esta corriente: liberación o dependencia. Esos son los únicos
proyectos políticos que deben enfrentarse si es que se aspira al
verdadero desarrollo.

No hay desarrollo sin una política de liberación, y esta no es
completa por otra parte si además de ser nacional no es social (ya que
necesita de un fuerte apoyo social o, lo que es lo mismo, de una
relación de fuerzas muy favorable).

El marcado sesgo desarrollista que imprime Bernal a su planteo sobre
la confrontación de modelos presenta todas las dificultades no
resueltas por esta teoría en los años 50 y 60, más el de que ahora nos
encontramos en el siglo XXI, es decir durante la etapa del capitalismo
más globalizada que hemos conocido, o lo que es lo mismo, en su etapa
más imperialista.

FB: «En la Argentina —como en el resto de los países
latinoamericanos—, el "choque de modelos" si bien se verificó en otras
oportunidades, no logró imponer la marcha definitiva hacia el
desarrollo. Se podrá coincidir o no si el gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner representa un modelo industrialista y
socialmente justo o si hace todo lo que debería para volcar
progresivamente la balanza a favor del interés nacional. Pero en lo
que no puede haber dudas es en el aglutinamiento de las fuerzas del
subdesarrollo. Un frente que integrado por el oligopolio mediático,
las transnacionales afectadas por la política de captación estatal de
las rentas diferenciales, los grandes terratenientes, las clases
acomodadas, amplios sectores de la clase media, la derecha partidaria
y la izquierda portuaria, convergen en el pensamiento y en la acción:
el país debe quedar inmovilizado en el tiempo.

La escalada y el nivel de virulencia del "frente por el subdesarrollo"
tiene razón de ser. Vislumbra, como en otras épocas, la presencia de
condiciones objetivas para abandonar el subdesarrollo. Esto es:
transitar de un capitalismo primario-exportador a uno verdaderamente
industrial. El camino es con crecimientos sostenidos del PBI de tasas
del 8 por ciento anual, elevadas reservas que rondan los 50.000
millones de dólares, recuperación pública de las rentas diferenciales
para el petróleo (60 por ciento de la renta total), el gas natural
(100 por ciento de retención a las exportaciones), la minería (5 a 10
por ciento, según el mineral) y la agricultura (rangos variables). El
"inmovilismo agrarista" observa y padece, asimismo, la aparición de un
Estado progresivamente  protagonista como planificador, contralor,
inversor y empresario.

El "inmovilismo agrarista" quiere mantener al país sumido en el
subdesarrollo. La respuesta es política (no económica y mucho menos
técnica) y pasa por industrializar. Efectivamente, una revolución
industrial es la consigna política que requiere el nuevo modelo de
país para quebrar definitivamente el orden neoliberal. Una revolución
industrial que vaya debilitando al gran poder terrateniente, a todas y
cada una de las transnacionales que supeditan la seguridad jurídica
del ciudadano a los dividendos de sus accionistas. Una revolución
industrial comandada desde y por el Estado que junto al sector privado
permita en el corto plazo mudar la relación de fuerzas sociales,
compensado el atraso de la clase media cuya reacción ideológica,
política y grado de colonización es inversamente proporcional a la
industrialización del país.»

AJF: Bernal nos dice que para salir del subdesarrollo y ante
condiciones objetivas favorables es necesario adoptar decisiones
políticas, no técnicas. Coincido plenamente con dicho planteo. Sin
embargo, a renglón seguido agrega que la consigna política es
entonces: revolución industrial. Ahora bien, si por otra parte
sostiene que el "inmovilismo agrario quiere mantener sumido en el
subdesarrollo al país" y por lo tanto está en contra de dicha
revolución, no se entiende como se hará la misma sin resolver el
conflicto de clases con la oligarquía, que es a su vez el eslabón
necesario que nos vincula con el imperialismo de las burguesías
centrales, cuyo interés en nuestro desarrollo es nulo.

Esta es una cuestión claramente política que el desarrollismo jamás ha
resuelto. En realidad parece que caemos una vez más en la trampa que
supone que el desarrollo industrial es el que terminará subordinando
el campo (oligarquía agraria e inversiones imperialistas tan
especulativas y parasitarias como las de ésta) al proyecto de la
burguesía nacional. Pero si es eso lo que se sostiene, y no hay ningún
párrafo del artículo que exprese lo contrario, lo que Bernal propone
no deja de ser una supuesta solución técnica, ya que eso y no otra
cosa es un revolución industrial como propuesta "política" para un
país subdesarrollado, que no asume con claridad cuál es el enemigo y
como se resuelve en términos ideológico-políticos la contradicción de
clases que obstruye dicha revolución.

Y este intento por escaparle a la contradicción principal que
Argentina padece desde hace décadas, aunque con las variantes lógicas
de cada coyuntura, no hace más que perpetuar una frustración nacional
y popular.

FB: «La historia muestra que sin Estado ni industrialización, sin
autonomía científica ni tecnológica, sin unidad política, el tránsito
hacia una democracia moderna, inclusiva e igualitaria es y será
inconcebible. En este sentido, resulta perentorio que el Estado
empresario emerja una vez más en todos y cada uno de los sectores y
rubros estratégicos de la economía, la ciencia y la tecnología. En
suma, un "frente por el desarrollo", que por supuesto incorpore al
sector agropecuario de pequeños y medianos productores. La renta
agraria es en esta etapa de despegue la propulsora de la
capitalización del país y la explosión de sus fuerzas productivas. Una
renta que es a la Argentina democrática lo que los hidrocarburos son a
la democracia venezolana. Ellos recuperaron la petrolera Pdvsa;
nosotros recreemos un IAPI adaptado al siglo XXI.»

AJF: Acuerdo nuevamente en el espíritu transformador que se manifiesta
en el artículo de Bernal, pero no es menos cierto que la solución se
asemeja bastante a una linda expresión de deseos. El estado
industrializador no deja de ser un estado que expresa a una clase o a
una alianza de clases, ya que no hay estado socialmente neutro o que
exprese el bien común de clases antagónicas. En un país
subdesarrollado por el imperialismo y sus socios internos no es
concebible por lo tanto un estado revolucionario que no se manifiesta
como el producto de una alianza social.

Independientemente de que según mi perspectiva teórica y política esa
alianza debe ser conducida por los trabajadores para que la revolución
industrial sea llevada hasta las últimas consecuencias, hay otra
cuestión nada menor que no aborda con claridad Bernal: ¿cómo se
enfrenta a los enemigos de dicha alianza para que no frustren una vez
más el objetivo transformador?

Porque si nos limitamos a decir que el Estado debe impulsar una
revolución industrial, con lo cual acordamos, y agregamos que hay que
reflotar el IAPI, con lo cual también acordamos, pero no decimos que
la oligarquía y la burguesía de lo países imperialistas enfrentarán
dicha política, estamos obviando un aspecto central del problema:
¿será realmente posible que todas estas clases y sectores sociales
sigan "conviviendo" indefinidamente en nuestra Patria?

¿O acaso Perón no cayó en 1955 a pesar de haber impulsado un estado
industrializador? ¿No será que medidas como el IAPI son plenamente
reivindicables sólo si se las formula como los primeros pasos de un
proceso que políticamente debe avanzar hasta poner en manos de los
trabajadores y sus aliados los resortes fundamentales economía? ¿No
será que la oligarquía (con su núcleo duro y fracciones) así como el
imperialismo deben finalmente perder la base material que les ha
permitido seguir operando, tanto cultural como políticamente aún
durante lo gobiernos populares hasta llevarlos al colapso? ¿Y no será,
finalmente, que soñar con un capitalismo nacional con justicia social
es hoy una quimera, que debe ser superada por el socialismo
latinoamericano del siglo XXI ya que es el único camino disponible
para resolver la verdadera contradicción, cuyos términos precisos son:
liberación o dependencia? Esto es para mí poner el caballo delante del
carro y no detrás.

La Plata, 3 de junio de 2008

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


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