[R-P] ¿La vuelta de la política? Por el Colectivo Situaciones * Grupo de pensamiento e investigación militante: www.situaciones.org

Ezequiel Beer ebeer en telecentro.com.ar
Vie Jun 6 11:01:49 MDT 2008


Por el Colectivo Situaciones *

¿La vuelta de la política?

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En las últimas semanas hemos asistido a una coyuntura conflictiva entre 
diversos actores. Como parte de este activismo han circulado una serie de 
análisis y posicionamientos sobre la situación actual anunciando, en muchos 
casos, una "vuelta de la política". Nosotros, en cambio, percibimos una 
impasse, a partir del atascamiento de las dos dinámicas más novedosas que 
pusieron en crisis la legitimidad del neoliberalismo puro y duro. Nos 
referimos, por un lado, a las nuevas experiencias colectivas surgidas en 
torno de los movimientos sociales (desde fines de los '90 al estallido del 
2001) y, por otro (a partir del 2003), a la tentativa del gobierno nacional 
de interpretar algunos de los núcleos instalados por estos movimientos.
Estamos entonces ante el debilitamiento de la compleja variedad de 
interrogantes sociales que formularon las luchas, tanto en su irrupción como 
en sus repliegues y persistencias: en torno del trabajo asalariado, la 
autogestión, la recuperación de fábricas, la representación política, las 
formas de deliberación y decisión, los modos de vida en la ciudad, la 
comunicación, la soberanía alimentaria y la lucha contra la impunidad y la 
represión. Paralelamente enfrentamos la crisis del modo en que el Gobierno 
reconoció estas preguntas -si bien en términos reparatorios: es decir, bajo 
la forma de demandas a compensar-, al tiempo que subsisten, en muchos 
aspectos, los mismos actores y dinámicas del largo período de la 
introducción y difusión del neoliberalismo.
El efecto más visible de esta impasse es que la participación callejera, el 
recurso a la asamblea y el cuestionamiento a la mediación política hoy no 
vienen de parte de quienes pugnan por crear modos de reapropiación de los 
bienes comunes, sino de quienes defienden (por acción u omisión) la captura 
privada de la renta global. Y que en esta coyuntura intervienen directamente 
en la definición de una nueva gobernabilidad pensada menos como la disputa 
del aparato del Estado y más como el gobierno de los procesos concretos (ya 
sea a través del control de los circuitos económicos como de la gestión de 
las subjetividades).
En el fondo está en juego el modo mismo de plantear la cuestión democrática, 
más allá de los términos economicistas (que hacen del aumento del consumo el 
único indicador de su contenido), pero también de su reducción 
institucionalista. Todas estas variantes excluyen la perspectiva de la 
reapropiación social de lo común surgida de la agenda de los movimientos a 
nivel regional.
Constatamos así la paradoja de una "vuelta de la política" junto a una 
despolitización de lo social: en el mismo momento en que se evocan 
referentes éticos de las luchas transformadoras como parte de un movimiento 
mayor de legitimación estatal, se devalúan los diagnósticos que estas 
experiencias pueden ofrecer como perspectiva de comprensión de la "situación 
actual".
En estas semanas vimos aparecer públicamente la cuestión de la soberanía 
alimentaria que los movimientos campesinos vienen desarrollando desde hace 
años, lo que da cuenta de la existencia de un acumulado de saberes y 
experiencias como virtualidad posible de ser convocada y aprovechada. Pero, 
al mismo tiempo, se advierte la dificultad de traducir estas iniciativas en 
políticas concretas.
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Ya es un lugar común destacar que América del Sur vive una suerte de 
anomalía en relación con el contexto reaccionario de muchos de los gobiernos 
de otros continentes. Pero esta singularidad suele adjudicarse más al signo 
de los gobiernos que al proceso abierto por los nuevos sujetos sociales. De 
allí que toca a los gobiernos de la región evitar toda tendencia al cierre 
sobre sí mismos, olvidando las redes comunitarias que son el origen de su 
legitimidad, el principal recurso de recomposición de lo social, y fuente de 
nuevas posibilidades.
La sobreactuación de la "vuelta del Estado" como sinónimo de la vuelta de la 
política transformadora conlleva una renegación de la experiencia de los 
movimientos y se muestra completamente insuficiente a la hora de comprender 
y enfrentar los fenómenos de degradación actual de lo social. La verdad de 
esta "vuelta" del Estado ha quedado a la vista: un gesto que se presenta 
como voluntad redistributiva abre un conflicto que pone en tela de juicio la 
propia autoridad estatal.
3
El escenario, el lenguaje y los modos expresivos involucrados en este drama 
significan tanto o más que las palabras pronunciadas. Por eso resulta vital 
señalar la comodidad política que supone aceptar el monopolio mediático de 
la producción de enunciados, cuestionando sólo sus contenidos ideológicos. 
La democratización social no puede limitarse a la dimensión del consumo ni 
se construye con gestos e intervenciones completamente afines a la 
racionalidad del espectáculo.
El límite más evidente que constatamos en el escenario actual es 
precisamente la inexistencia de un cauce para la movilización y el 
pensamiento que no sea el que dispensan los grupos encuadrados en la 
política de gobierno, o el que está siendo articulado por las redes de una 
nueva derecha pretendidamente pos-ideológica.
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No hay sitio para la nostalgia. Nuestra imagen de la recomposición de lo 
social no puede quedar "fijada" a las formas que cobraron visibilidad 
durante diciembre de 2001. Del mismo modo que los discursos y estilos de los 
movimientos revolucionarios de los años setenta no deberían inhibir el 
surgimiento de nuevas maneras de comprender lo político.
Entonces: ¿cómo atravesar un momento de impasse sin recurrir a falsas (y 
fáciles) polarizaciones ni a imágenes nostálgicas? ¿Cómo discernir en este 
estado de suspensión la disposición silenciosa del pensamiento y las luchas 
como signos de politicidad?
El movimiento de reapropiación de lo común existe en las prácticas 
colectivas de enunciación capaces de retomar, de una manera nueva, las 
preguntas referidas al trabajo (y a la explotación social: precarización y 
condición salarial), la gestión urbana (ghetificación y privatización) y la 
representación política (en base a la gestión de los miedos y las angustias 
productoras de nuevas jerarquías). Estos interrogantes se traman hoy en la 
coexistencia problemática de una retórica pro-estatal y una persistente 
normatividad neoliberal capaz de reglar los procesos productivos (mundo 
laboral, usufructo de los recursos naturales, privatización de los espacios 
públicos). En el reverso de esta trama se constituye el territorio 
conflictivo de elaboración (efectiva y potencial) de nuevos sujetos 
políticos.

* Grupo de pensamiento e investigación militante: www.situaciones.org

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-105541-2008-06-06.html 





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