[R-P] ANTES ERA - El Fin de la Historia - AHORA ES " Un Estado débil perjudica la libertad de la gente "
Ezequiel Beer
ebeer en telecentro.com.ar
Jue Jun 5 14:35:35 MDT 2008
ANTES ERA - el Fin del Estado - El Fin de la Historia - El Fin de la
Ideologia - Descentralizacion - Regionalizacion - y otros " versos " ...
AHORA ES " Un Estado débil perjudica la libertad de la gente "
Que falta de coherencia politico/intelectual .....
Cuanta Razon Don Jauretche ...
La historia muestra que se desarrollan mejor los países cuyos gobiernos
centrales son lo suficientemente fuertes para obligar a las elites locales a
obedecer las normas.
Por: Francis Fukuyama
Fuente: POLITOLOGO, UNIV.JOHNS HOPKINS
El fiasco del relevo de la antorcha olímpica ha centrado la atención en la
situación de los derechos humanos en China. ¿Cuál es el origen de los abusos
contra los derechos humanos en ese país hoy? Muchos suponen que el problema
es que China sigue siendo una dictadura comunista y que los abusos se
producen porque un Estado fuerte y centralizado no tiene en cuenta los
derechos de sus ciudadanos.
En lo que hace a Tíbet y la persecución del movimiento religioso Falun Gong,
podría ser cierto. Pero el problema más amplio de la China actual surge del
hecho de que el Estado central chino en ciertos aspectos es demasiado débil
para defender los derechos de su pueblo. Hoy, la gran mayoría de los abusos
contra los derechos de los ciudadanos chinos comunes --campesinos a los que
les arrebatan las tierras sin una justa compensación, obreros obligados a
trabajar en condiciones de explotación o aldeanos envenenados por depósitos
ilegales de contaminantes-- se produce en un nivel muy inferior al del
gobierno de Beijing.
El peculiar camino de China hacia la modernización después de 1978 fue
impulsado por las así llamadas "sociedades municipales y aldeanas" (TVE,
según sus siglas en inglés), organismos de los gobiernos locales a los que
se les daba libertad para crear empresas e ingresar en la naciente economía
de mercado. Las TVE tuvieron un enorme éxito y actualmente muchas se han
vuelto extraordinariamente ricas y poderosas. En las sociedades con
desarrolladores y compañías privados, son ellas las responsables de crear
condiciones de trabajo semejantes a los "talleres satánicos" de la primera
Inglaterra industrial.
Según la opinión general, al gobierno central le gustaría tomar medidas
enérgicas con estos organismos de los gobiernos locales pero se ve
imposibilitado de hacerlo. Por un lado, carece de la capacidad de llevarlo a
cabo y, por otro, depende de los gobiernos locales y el sector privado para
producir empleo e ingresos.
El Partido Comunista Chino se da cuenta de que está montando un tigre. Todos
los años hay varios miles de incidentes violentos de protesta social, cada
uno contenido y reprimido por las autoridades estatales, las que, sin
embargo, parecen no poder llegar a la raíz de los disturbios. Los
estadounidenses tradicionalmente desconfían de los gobiernos centrales
fuertes y son partidarios de un federalismo que distribuya facultades a los
gobiernos estaduales y locales. La lógica de querer acercar el gobierno al
pueblo es sólida, pero a menudo olvidamos que la tiranía puede ser impuesta
tanto por las oligarquías locales como por las centralizadas.
En la historia del mundo de habla inglesa, la verdadera cuna de la libertad
no es la capacidad de las autoridades locales de limitar al gobierno central
sino más bien un equilibrio de poder entre las autoridades locales y un
gobierno central fuerte. En su libro El derecho antiguo y la costumbre, el
jurista británico del siglo XIX Sir Henry Sumner Maine hace notar
precisamente este hecho en un magnífico ensayo titulado "Francia e
Inglaterra". Señala que el reclamo más frecuente registrado en vísperas de
la Revolución Francesa (al que también se refiere Tocqueville en El Antiguo
Régimen y la Revolución Francesa) eran las quejas de los campesinos por las
violaciones de sus derechos de propiedad por las cortes señoriales. Según
Maine, el Poder Judicial en Francia estaba descentralizado y bajo el control
de la aristocracia local. En cambio, desde los tiempos de la conquista
normanda, la monarquía inglesa había logrado establecer un sistema de
justicia fuerte, uniforme y centralizado. Eran las Cortes del Rey las que
protegían a los grupos no privilegiados de las depredaciones de la
aristocracia local.
La incapacidad de la monarquía francesa para imponer restricciones similares
a las elites locales fue una de las razones por las que los campesinos que
saquearon las mansiones de los nobles durante la Revolución fueron derecho a
la sala que contenía los títulos de propiedad que, para ellos, les habían
sido robados en el curso de las generaciones anteriores. En Inglaterra, la
legitimidad de los derechos de propiedad existentes gozaba de una aceptación
mucho más amplia.
La debilidad del Estado puede perjudicar la causa de la libertad. Las
aristocracias polaca y húngara pudieron imponer documentos equivalentes a la
Carta Magna a sus monarcas; los gobiernos centrales de esos países, a
diferencia del inglés, siguieron siendo demasiado débiles en las
generaciones siguientes para proteger al campesinado de los señores locales,
para no hablar de proteger a sus países de las invasiones externas. Lo mismo
ocurrió en los Estados Unidos. Los "derechos de los estados" y el
federalismo eran el estandarte bajo el cual las elites locales del sur
podían oprimir a los afroamericanos, tanto antes como después de la Guerra
Civil.
La libertad estadounidense es producto de un gobierno descentralizado
equilibrado por un fuerte Estado central, uno que, de ser necesario, es
capaz de enviar a la Guardia Nacional a Little Rock para proteger el derecho
de los niños negros de ir a la escuela.
Es difícil saber cuándo surgirá la libertad en China en el siglo XXI o si
alguna vez lo hará. Este podría ser el primer país en el que el reclamo de
un gobierno responsable se vea impulsado fundamentalmente por la
preocupación por la contaminación del medio ambiente. Pero esto llegará
recién cuando la demanda popular de alguna forma de responsabilidad hacia el
pueblo de parte de los gobiernos y las empresas locales se vea respaldada
por un gobierno central lo suficientemente fuerte para obligar a las elites
locales a obedecer las normas del país.
Copyright Clarín y Tribune Media Services, 2008. Traducción de Elisa
Carnelli.
http://www.clarin.com/diario/2008/06/05/opinion/o-01687321.htm
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