[R-P] Ruralismo: Cuatro notas imprescindibles, y una con muy buen humor

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Jun 3 07:09:07 MDT 2008


Gentileza de Alicia Ester

[Los ruralistas agroexportadores retratados en cuatro flashes. Todos
buenos, pero recomiendo "Suponete" a quien desee cambiar la cara de
bragueta]


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¿Se viene el derechaje?









En ese entonces, el país tenía el PBI per cápita más alto de la
región, doblando al de Cuba, que seguía en prosperidad,

dato que está en la base del mito de que la Argentina era, en aquel
momento y luego nunca más, una nación desarrollada: algo tan absurdo
como afirmar que la Venezuela saudita de los '70 –con un PBI per
cápita que duplicaba el de Francia– o los Emiratos Arabes actuales
–con un ingreso por persona superior al de Alemania y Francia– son
países desarrollados.



Pero no importa: confundir desarrollo económico con buenos términos de
intercambio es la esencia del mito agroexportador de la Argentina
dorada.

Lo notable es que también el Gobierno parece creer que la incidencia
social y mediática de la protesta rural podrá transformarse en
potencia política arrolladora, al menos a juzgar por su insistencia en
descrubrir debajo de cualquier baldosa nuevas uniones democráticas o
reediciones pos-modernas de viejas dicotomías del estilo
peronismo-oligarquía.

Una mirada más fría debería no desmentir pero sí matizar estas percepciones.



Los números de la economía evidencian que, en realidad, la Argentina
es un país menos agropecuario de lo que habitualmente se piensa.

Como demuestra el informe elaborado por Javier Rodríguez para el Cenda
("El sector agropecuario en el producto y el empleo"), el campo genera
sólo el 6 por ciento del PBI y emplea un porcentaje reducido de la
mano de obra: 11,4 por ciento de la población económicamente activa
incluyendo a los trabajadores de las industrias alimentarias.

Si la importancia global del campo como actor económico debe ser
relativizada, más aún su capacidad de construcción política,
condicionada por una heterogeneidad estructural imposible de
disimular:



lo que se autodefine como "el campo" es un amasijo contradictorio en
el que unos 200 mil agricultores familiares de bajísima productividad
conviven con los productores pequeños y medianos de la Pampa Húmeda,
los nuevos pools de siembra (los Grobo, con 150 mil hectáreas, lideran
el ranking) y empresas como Cresud (395.429 hectáreas según datos de
Eduardo Azcuy Ameghino).

En estas condiciones, parece difícil que los productores agropecuarios
puedan convertirse en –digámoslo de la vieja forma– una fracción de
clase capaz de subordinar y poner en función de sus intereses al resto
del poder económico, que es lo que parecen pretender algunos y
sospechar otros.



La cautelosa posición de la Unión Industrial Argentina y la Cámara de
Comercio, que el viernes pasado se negaron a sumarse orgánicamente al
paro convocado por la Federación Agraria, demuestra la voluntad de no
involucrarse a fondo en una pulseada que les resulta básicamente
ajena.



En otros términos, ¿por qué Techint, con su plantilla de 35 mil
empleados repartida en cinco continentes y su liderazgo mundial en la
producción de tubos de acero, debería alinearse con los capitanes de
la soja?

Si se quita la mirada de la Argentina –o mejor aún: de la Pampa
Húmeda– para observar lo que sucede alrededor, es fácil descubrir que
en ningún país de América latina la oposición está liderada por un
solo sector económico.



En Ecuador, la rica oligarquía de Guayaquil, que controla el monopolio
del banano y el camarón y tiene intereses en la industria petrolera,
no ha logrado construir, pese a todos los esfuerzos, un polo opositor
a Rafael Correa.



En Venezuela, la oposición a Chávez no está controlada por los grandes
importadores ni por el sector financiero sino por nuevos partidos
políticos, los estudiantes y los medios de comunicación.



Lo más parecido a un sector económico concentrado transformado en
alternativa política es el Comité pro Santa Cruz, dominado por los
productores sojeros, los empresarios del gas y los capitalistas del
Oriente boliviano, pero el hecho de que incluso ellos hayan tenido que
disfrazar su oposición al Gobierno con los ropajes de la autonomía
debería demostrar que no es tan fácil pasar del poder económico a la
alternativa política.



En todos los casos, la oposición está conformada por coaliciones
inestables, precarias y muchas veces contradictorias.

Esto no significa, desde luego, que los productores rurales no puedan
capitalizar parte del apoyo que han generado e incluso formar una
fuerza política o una corriente dentro de alguna de las ya existentes.



Consultada por sus planes, la diputada Alarcón se entusiasmó con el
ejemplo del Country Party australiano.

Fundado en 1992 de la unión de pequeños productores del interior,
muchos de los cuales recibieron tierras como retribución por su
participación en la Primera Guerra Mundial, el Partido del Campo se
rebautizó luego Partido Nacional y creció en base a un programa que
defiende el librecambio, los valores de la Australia profunda y el
antiambientalismo. Llegó al gobierno varias veces, siempre como socio
menor del Partido Liberal, y se mantiene como el referente más eficaz
del conservadurismo australiano.

El nonato partido del campo argentino podría, tal vez, constituir una
nueva fuerza de espíritu pampeano o proveer cierta presencia en los
pueblos del interior a líderes opositores como Elisa Carrió o Mauricio
Macri.



En ese caso, ocupará un lugar no muy diferente al que en el pasado
ocuparon las corrientes más conservadoras del radicalismo, que hunden
sus raíces en el antipersonalismo contrayrigoyenista de principios de
siglo, o incluso fuerzas de raigambre provincial como el Partido
Demócrata Progresista de Santa Fe.



Si lo consigue, el partido del campo logrará revertir los resultados
electorales del 2007, cuando los ricos pueblos sojeros se inclinaron
asombrosamente por una candidata presidencial peronista, anomalía sólo
explicable por la híper-rentabilidad conseguida a pesar de las
retenciones.

Tal vez así logre hacerse un lugar: un futuro posible, pero demasiado
pequeño para tanta alharaca.

Página/12


http://www.galeon.com/elortiba/*****************************************************************************************

Desde el Movimiento de Mujeres Agropecuarias pidieron a los ruralistas
"terminar con el conflicto"


Lucy de Cornelis, fundadora de la organización, aseguró que hay que
pensar en "el bien de los que menos tienen" y lanzó críticas a sus
compañeras de causa que están protestando en las rutas. "No tienen
memoria", señaló tras recordar que "hoy estamos mejor porque el
Gobierno hizo muchas cosas".

Lucy Abram de Cornelis (62 años) salió a pelear en 1995 contra el
remate de su campo en Winifreda, un pueblo ubicado a 48 kilómetros de
Santa Rosa.

Meses después, la lucha se nacionalizó y fueron un desafío para el
presidente Carlos Menem, quien poco antes había obtenido la reelección
con casi el 48% de los votos.

La táctica era simple, pero efectiva: aparecían en los remates, se
juntaban y cuando el martillero pedía ofertas cantaban el Himno
nacional. Así pararon centenares de remates y obligaron a políticas de
refinanciación.

"Cuando nosotros le pusimos al movimiento la palabra 'lucha' nos
decían guerrilleras. Y la Sociedad Rural de Crotto nos valló el predio
y nos echaron", recuerda en diálogo con el diario Clarín.

También recuerda que en 2002, a la salida de la convertibilidad, había
44.000 productores endeudados. "Hoy son unos 4 mil y pico", afirma.

Sobre el conflicto con ciertos sectores del agro, sostiene que en la
ruta "veo que hay señoras con sombreros y botas muy elegantes. Nos
decían 'ahí llegan las locas' cuando íbamos a la Rural. Y apoyaban el
modelo que vendió los teléfonos, el petróleo, las Juntas de Granos y
Carne. No dijeron nada. Hay que tener memoria."

Opina que los productores tienen derecho a una 4x4. "Pero el resto
tiene derecho a tener una casa, auto y educación para los hijos. Hoy
estamos mejor. Se olvidaron del pasado", concluye.

http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&dis=1&sec=1&idPub=106718&id=231145&idnota=231145

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Suponete



Ahora, suponete que un día el gobierno decide devaluar la moneda.

En el gobierno piensan que si se devalúa la moneda se favorece a la
producción porque se achican los costos nacionales en relación al
precio internacional. A mí me re conviene porque puedo empezar a ganar
más plata por cada peso invertido y así puedo competir con los
consoladores taiwaneses.



Para devaluar la moneda la sociedad entera tiene que pagar el costo:
luego de una devaluación los sueldos de toda la gente valen menos que
antes, aunque en números sea lo mismo, pueden comprar muchas menos
cosas.

Igualmente la sociedad decide hacer ese esfuerzo porque sirve para
reactivar la producción y generar trabajo para todos.

El gobierno, en su decisión de favorecer a la producción, me
refinancia mi deuda con el banco, me da una tasa de interés muy barata
y yo puedo quedarme con mi fábrica. Además, para mantener el precio de
la moneda devaluada sale a comprar dólares todo el tiempo, miles de
millones de dólares para que los consoladores argentinos sean
competitivos.



Encima, como yo para hacer consoladores necesito goma y la goma es un
derivado del petróleo y como el petróleo tiene precio internacional y
está en dólares y cada vez más caro, el gobierno me rebaja el costo de
la goma, subsidiándola.



Tanto la plata para pagar mi deuda con el banco, como la plata para
mantener alto el dólar, como la plata para financiarme la goma, sale
de las arcas nacionales, del Estado.

Es así que, entonces, todos los argentinos ayudan a pagar mis deudas y
a financiarme los costos de mi producción.

En fin, ahora yo tengo mi fábrica con una rentabilidad bárbara de 35
por ciento por cada peso que invierto.

Encima, se reactivaron todas las fábricas del país, creció el trabajo
y los salarios.

Ya van 5 años seguidos en que la situación mejora cada día.

Mi actividad está tan subvencionada que prácticamente no tengo riesgo
empresario, es decir, tengo que hacer fuerza para que me vaya mal.

¿Y entonces qué pasa? Pasa que de golpe en China hay una revolución
sexual. Todas las chinas se revelan, se cansan de que los chinitos no
se pongan las pilas en la catrera y salen como locas a comprar
consoladores de goma.

Miles de millones de chinas -desesperadas- haciendo cola para comprar
artefactos que satisfagan sus necesidades.

En China, el gobierno declara la Emergencia Sexual y saca una Ley de
Seguridad Consolante: abre las fronteras, sin impuestos, para todos
los consoladores del mundo que quieran entrar en la China.

El precio internacional de los consoladores se dispara, un consolador
sale dos, tres, hasta cuatro veces lo que salía antes.

A mí me viene al pelo.

Suponete que, de pronto y por una cuestión ajena, por cada peso
invertido puedo sacar hasta dos pesos con treinta centavos, ¡una
rentabilidad del 130 por ciento!

De golpe, hacer consoladores no sólo es una actividad que me permite
vivir bien, ahora me permite hacerme millonario.

Y eso que sigo siendo un "pequeño productor de consoladores", que no
es lo mismo que "productor de pequeños consoladores".

Así y todo estoy ganando, suponete, 40.000 pesos por mes. Chocho.

¿Pero qué pasa? Como hacer consoladores es tan rentable, muchos de los
que hacen fideos, remeras, lapiceras, latas de comida, remedios o
galletitas se vuelcan masivamente a la industria del consolador porque
todos quieren hacer mucha plata, obviamente.



Como consecuencia, en Argentina pasan tres cosas:

1. Todos los consoladores se venden al exterior, dejando a los
consumidores de consoladores argentinos sin el producto o al mismo
precio que se paga afuera (carísimo). Como nuestros sueldos están
devaluados y están devaluados para que se puedan fabricar un montón de
cosas, esta consecuencia es absolutamente injusta ya que hacemos el
sacrificio para que se puedan fabricar consoladores pero nos quedamos
sin la capacidad adquisitiva para poder comprarlos.


2. Como consecuencia de que muchas fábricas se cambian al rubro de los
consoladores de goma, se dejan de fabricar muchas cosas y al haber
menos cantidad de esas cosas, aumentan de precio, con lo cual nuestros
sueldos pierden poder adquisitivo con respecto a todos los productos.


3. Además, como es tan rentable hacer consoladores, mi fábrica aumenta
de precio.

Antes valía 100.000 pesos, ahora vale 500.000 pesos. Entonces yo ahora
ya ni siquiera trabajo.



Directamente me conviene alquilar mi fábrica a otro que la trabaje
mientras yo me rasco el higo todo el día. Vienen fondos de inversión,
pooles de sientra y empiezan a alquilar fábricas en todo el país y las
dedican a la producción de consoladores.

El gobierno, entonces, tiene que hacer algo. Porque la gente lo votó
por haber reactivado la economía pero siempre y cuando los sueldos
alcancen para vivir, lo cual es lógico.

La gente aceptó pagar el costo de la deuda de los sectores
productivos, pero a cambio de poder trabajar y comer, como mínimo y,
por ahí, en el mejor de los casos, progresar.

Y lo que hace el gobierno es ponerme retenciones móviles a la
exportación de consoladores, con lo cual, ahora mi rentabilidad vuelve
a ser del 30 por ciento.

Cuando aumenta mucho el precio del consolador, aumentan las
retenciones; cuando baja el precio del consolador, baja la retención.



Yo siempre gano lo mismo, o sea, mucho: 30 por ciento anual, que es
seis veces más que lo que gana una fábrica de consoladores en
cualquier lugar del mundo.

Suponete que, entonces, yo soy un tipo muy irracional y egoísta.
Suponete que además no tengo memoria, no me acuerdo de lo mal que me
iba antes y me olvido, además, de los esfuerzos que hizo toda la
sociedad para que a mí me vaya bien.



De golpe me junto con todos los productores de consoladores y me pongo
a armar un gran quilombo. Corto las rutas y no permito el paso de
ningún otro producto.

Genero desabastecimiento, suben los precios, la gente pierde aún más
poder adquisitivo, etc.

Para justificarme, me dedico junto a mis compañeros fabricantes de
consoladores a diseñar un discurso que me exculpe de mis acciones
antipopulares y desestabilizadoras: "Consoladores=Patria", "Paja o
Muerte", "Todos somos Consoladores", "No al Aborto, Sí al Consolador",
"Con los Consoladores estábamos mejor", "K tirame la goma".

La oposición y los medios me apoyan, aunque lo hagan solamente porque
están en contra del gobierno y se aprovechan de la situación.

Suponete que a mí no me importa y me aprovecho también de ese apoyo.

El gobierno no me reprime, es sumamente racional al respecto del
manejo del conflicto, entonces yo me aprovecho de esa situación y
radicalizo mi protesta.



Los medios y la clase alta, que siempre habían condenado los cortes y
el uso de la fuerza en la protesta, ahora lo apoyan, con lo cual todo
me sale redondo.

Hasta acá la historia es igual a la del campo.

Pero suponete que en vez de pasar lo mismo que pasa con el campo, en
el conflicto de los consoladores pase otra cosa.



Suponete que de golpe, el gobierno dice: "Bueno, tenés razón. Te voy a
sacar las retenciones móviles."

Yo me pongo re contento, hago un acto en Rosario y salto de alegría
por haber ganado la batalla junto a todos mis amigos de la Sociedad
Consoladora Argentina, el Pro y la Carrió que apoya cuanto consolador
se le cruza.

Gané la batalla.

Al otro día, el gobierno dice: "Te saqué las retenciones, pero también
se las saqué al petróleo y además dejé de comprar dólares para
mantener el tipo de cambio y, además, ¿sabés qué?, voy a dejar de
financiarte tus deudas con el banco y voy a liberar las paritarias
para que los trabajadores exijan los sueldos que quieran y voy a dejar
de hacer rutas para transportar consoladores y voy a mandar esa guita
para hacer hoteles de alojamiento populares y además voy a lanzar un
montón de medidas para fiscalizar a la producción de consoladores
porque ese sector es el que más evade impuestos en nuestro país."

Entonces, aumenta la goma en dólares.

Y el costo del trabajo aumenta a valores europeos.

Y encima tengo más presión fiscal y se me va un 33 por ciento de la
ganancia que antes no pagaba porque me hacia el dolobu.



Para colmo, se revalúa la moneda porque ya el gobierno no sale a
comprar dólares, con lo cual la diferencia que hacía antes en el
mercado internacional se achica.

Ahora no tengo retenciones y, aunque sigo ganando plata, gano
inclusive menos que cuando tenía retenciones.

Un día se acaba la fiesta sexual en China. Las minitas vuelven todas
al lecho masculino porque los chinitos se pusieron a estudiar tantra
como locos y ahora pueden mantener una erección durante 48 horas
seguidas.

El sexo adquiere la calidad de "Actividad Protegida por la República
Popular China". Por efecto de la transnacionalización de la cultura
oriental, se abren escuelas de tantra en todo el mundo. Los
consoladores pasan de moda. El pene, viejo y peludo nomás, vuelve a
ser el mejor amigo entre las chinitas de todo el mundo. Los hombres
readquieren su seguridad, pues se habían visto reemplazados por
simples pedazos de goma.



Al haber volcado sus esfuerzos en hacer la vida de sus compañeras más
placenteras, abandonando el egoísmo sexual que los caracterizaba, la
humanidad entera se encamina hacia una época más feliz.

Suponete que en Argentina ahora nos tapan los consoladores. No nos
sirven para nada. Encima perdimos la capacidad de producir cualquier
otra cosa. No nos tecnificamos, no nos modernizamos, no diversificamos
nuestra producción, en fin, se nos pasó el tren.

Ahora mi actividad no tiene ni renta extraordinaria ni el apoyo del
estado. Suponete que tengo miles de cajas llenas de penes de goma y
que me los tengo que meter en el culo.

Fuente: www.undiaperonista.blogspot.com

http://www.galeon.com/elortiba/

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Por Claudio Scaletta
La burguesía agroexportadora

Agro- Capacidad de movilización y daño social y político



Se presentan como víctimas, pero saben que la rentabilidad a futuro
del campo será fabulosa.

El sector no busca los diálogos reclamados, sino eliminar las retenciones.

En el actual contexto en el que parte de la sociedad intenta ver la
situación campo-Gobierno como si sólo se tratase de una disputa entre
dos actores tercos no dispuestos a ceder en sus posiciones, conviene
abandonar el clima ficticio de supuesta zozobra anímica de la
población que difunden algunos medios de comunicación para regresar al
análisis económico, lo que es lo mismo que decir a la evaluación de
las condiciones materiales del conflicto.



En este mismo suplemento se analiza el dato ya conocido de que en el
país más de 3 millones de personas pasan hambre. Y continúan
pasándola, en parte, por las mismas condiciones extraordinarias que
benefician al campo, los altos precios de los alimentos.




Extrañamente, la agenda pública sigue marcada desde hace casi tres
meses por los reclamos de los sectores más acomodados de la sociedad,
quienes se dicen dispuestos "a llegar hasta las últimas consecuencias"
para evitar ceder una porción de la mayor rentabilidad que les viene
de afuera.



Sectores que pueden permitirse el lujo de permanecer ociosos durante
meses a la vera de los caminos, mientras sus empleados trabajan en los
campos, aportando su cuota al desabastecimiento y consecuente aumento
de precios, situación que finalmente los beneficiará en la puja
distributiva.



Sus productos se venderán más caros, renta que obtendrán a costa de
los sectores asalariados y que se repartirán con el capital comercial.

Y todo ello en un marco en el que se presentan como víctimas de la
situación, como mártires de un gobierno que busca apropiarse del fruto
de su trabajo.



La capacidad de movilización y de daño social y político desplegada
por la burguesía agroexportadora y sus clases auxiliares desde el 11
de marzo logró mucho más de lo que ella misma imaginaba al comienzo:
poner al Gobierno a la defensiva.

Pueden agregarse todos los elementos de agotamiento de estilos
políticos que se quiera, pero lo que el campo discute no es política,
sino dinero.



Aunque tras el aglutinamiento de la parte controlable del heterogéneo
universo denominado peronismo, el Gobierno trató de mostrarse en una
posición de fuerza, repitiendo que no es contraparte de ningún sector,
dato que debería ser obvio, finalmente concedió "unilateralmente" al
campo compensaciones y relajamientos tributarios varios.



Previsiblemente, si se sigue la secuencia de los últimos meses,
completamente inmerso en su micromundo exaltado en Rosario, los
dirigentes agrarios rechazaron las concesiones.



El sector no busca los diálogos reclamados, tampoco el funcionamiento
virtuoso del mercado de futuros; no es cuestión de política
agropecuaria ni de exportaciones de carne o precios de la leche, el
punto es solamente que se dé marcha atrás con las decisiones de marzo,
arrimar todo lo posible al precio externo pleno en el más prometedor
de los escenarios internacionales.



La burguesía agroexportadora sabe, como todos los que miran de reojo o
con la lupa la economía mundial, que se vienen largos tiempos de altos
precios.

La rentabilidad a futuro será fabulosa.



No permitirán que ningún mecanismo tributario interfiera. Más allá de
transitorias mayorías populares en las urnas, siempre gobernaron.
Después de todo son los forjadores de la patria y los políticos
populistas no les quitarán lo que les pertenece por derecho natural.

http://www.frentetransversal.com.ar/spip/article4019.html
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(Ilan Pappe. (Historiador israelí)
Mientras luchan por separado, son vencidos juntos.(Tácito)

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