[R-P] Editorial de Jorge Rulli del 1 de junio de 2008

JUAN CRUZ gauchocruz en argentina.com
Lun Jun 2 09:36:07 MDT 2008


otra vez, para ver el bosque y no sólo el árbol, y también el futuro.
ya se pueden escuchar... "Rulli viéndose el ombligo" ,"Rulli contra la izquierda",
"la paranoia de Rulli" (de Raúl Scalabrini Ortiz se decía que era paranoico...), 
Rulli dice cosas evidentes, Rulli está resentido... etc., etc.
en fin, a alguien le interesará, ultimamente se consigue en 
http://www.pensamientonacional.com.ar/documentos/rulli/

EDITORIAL DEL DOMINGO 1 DE JUNIO DE 2008
Por: Jorge Rulli

Esta crisis del campo que vivimos es como un final de fiesta, ese momento terminal 
de las reuniones, el día amaneciendo en los gallos que despiertan y las lamparitas 
compitiendo sin esperanzas con la claridad que llega.  
Ese momento, en que unos se han ido, otros se han dormido y cuando los borrachos 
se empecinan en continuar con la fiesta, y entre eructos y divagues etílicos se van a 
las manos torpemente, mientras la luz del sol quiebra la magia de la noche y expone 
con impiadosa crudeza la pobreza y el cansancio. Millones somos los que sufrimos 
desde afuera del escenario, una competencia de banderas  intercambiadas, que ya 
no definen bandos ni razones, los que vemos con sorpresa y asco el uso de recursos 
retóricos y hasta el recuerdo de luchas pasadas y de muertos ilustres a los que se 
apela tan sólo porque toda munición es válida si se la usa contra el otro. Millones de 
argentinos somos, los que acumulamos un largo cansancio frente a la improvisación 
y el oportunismo, muchos los que hacemos zapping y tratamos de cambiar de canal 
tan solo para encontrarnos con otra versión de las mismas rencillas por el poder y de 
la misma fatal ausencia de sentido de patria y de conciencia del rol del Estado. 
Recordamos perfectamente qué pensaban y qué decían de nosotros, algunos de 
estos fervorosos defensores del Gobierno, hace tan sólo algunos años atrás, cuando 
les tratábamos de explicar el modelo de la soja, justamente a ellos, hoy los más 
agresivos, entonces los más indiferentes, a ellos que en ese momento mantenían a 
sus bases clientelares gracias a las retenciones y además les daban cursos de 
cocina con soja, para que cambiaran los hábitos alimentarios y aprovecharan esos 
porotos mágicos que, nos iban a sacar supuestamente, del hambre y la pobreza. 
Ahora los vemos predicando en la TV contra los sojeros y  repitiendo muchas de 
nuestras razones de entonces, pero, lamentablemente han transcurrido ocho o más 
años desde que perdimos lamentablemente nuestro tiempo y nuestras energías 
tratando de que la CTA reconociera la realidad de la Republiqueta sojera. Ahora, no 
podemos dejar de pensar que si esa izquierda progresista y piquetera, se apropia 
hoy de nuestros viejos documentos, es sencillamente, porque a aquellas amenazas 
se le superponen hoy otras amenazas, y porque como los teros en los campos, ellos 
en la dimensión de la historia, anuncian lo que pasó para adormecer nuestra 
conciencia acerca de lo que todavía estaría por suceder. 
No son demasiado diferentes a ellos algunos intelectuales, que hoy y luego de haber 
callado religiosamente durante más de diez años, cegados a los impactos y a los 
muertos innumerables por contaminación con agrotóxicos, se apresuran a sacar 
documentos para denunciar los ataques que desde la sojización amenazan a la 
democracia, y una vez más nos recuerdan los méritos de haber depurado la Corte 
Suprema, haber impulsado una activa política de derechos humanos del pasado y 
haber permitido el libre juego de las expresiones sociales de protesta, sin mayores 
gestos represivos. Lo anecdótico les atrapa la atención irremediablemente y no son 
capaces de comprender que el complejo proceso de globalización nos impone sus 
reglas impiadosamente, y que las nuevas dependencias son equivalentes a aquellas 
otras que hombres como Scalabrini Ortiz supieron desentrañar en el siglo pasado. 
Hace pocos días se cumplieron cincuenta años de la muerte del maestro, el autor 
inolvidable de “El Hombre que está solo y espera” y también, de “Política Británica en 
el Río de la Plata”. Dos libros que ningún argentino que se precie, debería 
desconocer. En el entierro de Scalabrini, Arturo Jauretche dijo emocionado. “Él nos 
enseñó a pasar del antiimperialismo retórico al antiimperialismo práctico”. Hoy, por lo 
contrario, ni siquiera tienen consenso entre esos intelectuales, las teorías 
antiglobales y aún menos la lucha práctica contra las Corporaciones que, como 
gigantescos vampiros, se alimentan de nuestras energías y de nuestros patrimonios. 
Es que a diferencia del imperialismo, la globalización se acompaña de la 
universalización de valores y de una mirada que le es propia y que nos impone, la 
globalización implica modos de pensar y de vivir el mundo, un mundo  reordenado 
ahora por las nuevas pautas del consumo, pautas que  lo transforman todo en 
mercancía y donde reinan las reglas de los mercados internacionales y las nuevas 
idolatrías a las ciencias empresariales y a las tecnologías de punta. 
No importan los discursos que tanto atraen la atención de esos mandarines de la 
cultura libresca. La cooptación de las poblaciones a las nuevas dependencias 
necesita peroratas de izquierda, en especial de una izquierda capaz de reemplazar a 
las antiguas burguesías nacionales en el gran proyecto de consumar en la periferia 
del mundo, un capitalismo urbano e industrial, dependiente del nuevo orden global y 
sin el universo de derechos sociales y laborales por los que tanto se luchó en épocas 
anteriores. Poco importan entonces los innumerables discursos contra la sojización. 
El Estado ha devenido en un mero instrumento de administración o de gestión de las 
políticas que le proponen las empresas. Una ausencia notable de políticas agrarias 
por parte del Estado y de sucesivos gobiernos, no ha impedido sin embargo desde 
un principio, un formidable compromiso estatal, para con la Biotecnología y para con 
el modelo de sojización. 
El Estado aprobó la Soja RR con apresuramiento y alevosía en el año 96, sin siquiera 
cumplimentar sus propias reglas, que lo obligaban a esperar el dictamen del 
SENASA. El Estado comprometió desde un principio toda su capacidad científica, 
léase INTA, CONICET, SAGPyA, etc. en fortalecer y asegurar la producción de Soja RR 
y de Maíz BT. Toda la infraestructura de caminos, rutas, puentes y hasta los 
ferrocarriles recuperados, fue desde un principio puesta al servicio del complejo 
sojero aceitero. La construcción y el mantenimiento de la HIDROVIA Paraguay Paraná, 
es pagada por todo el pueblo argentino, para que Cargill y sus socios importen soja 
desde el Pantanal brasileño, desde Bolivia y Paraguay, para poder satisfacer la 
capacidad de molturación de sus molinos aceiteros, o las Corporaciones, la exporten 
desde los diecisiete enormes puertos privados de magnitud marítima, que en las 
orillas del Paraná se han levantado con desprecio y absoluta impunidad respecto a 
toda norma ambiental y a todo derecho de las poblaciones preexistentes en esos 
mismos lugares. La exportación de aceites y biocombustibles están promocionadas 
por Ley de la Nación, y además, subsidiadas por mecanismos y artilugios permitidos 
por el Senado de la República, en un caso extraordinario de sensibilidad y generosa 
preocupación de nuestras dirigencias por los automóviles europeos. 
El Capitalismo globalizado genera cadenas de valor con eslabones, que se apropian 
groseramente de la renta producida. La maquila mejicana, los sistemas textiles en 
los llamados tigres asiáticos, gran parte de la industria en la Europa del Este, etc. En 
ninguna de esas cadenas de superexplotación obrera, observa con agudeza el 
ingeniero Enrique Martínez del INTI en un reciente documento, la característica es el 
conflicto al interior de la cadena, y ello, pese a la terrible explotación que las 
caracteriza. Las corporaciones habrían organizado las relaciones de explotación de 
tal manera, que las víctimas del sistema no solo podrían considerarlas como una 
cierta mejora en sus vidas anteriores, sino que, sobretodo, esas condiciones 
inhumanas del trabajo se les imponen como situaciones ahora inexorables. Los 
bosques de palma africana, el salmón enjaulado en Chile, la producción de flores en 
otros puntos de América, la implantación de bosques para pasta de papel, la minería 
por cianurización y las carpas en el Lago Victoria en África, serían ejemplos similares 
de superexplotación del factor humano o de modelos extractivos de los recursos 
naturales. Todos ellos son ejemplos siempre impiadosos y que apuntan al 
agotamiento de los ecosistemas. Los cinturones hortícola bolivianos de las grandes 
ciudades argentinas y la industria textil informal alimentada con inmigrantes 
peruanos y bolivianos en talleres clandestinos, participa absolutamente de estos 
modelos de maquilla a los que nos referimos. 
El actual modelo de agricultura industrial de la Argentina, asimismo, no difiere 
demasiado de aquellas maquilas o de los sistemas de plantación de palma. Tiene, 
en todo caso, diferencias cuantitativas que lo harían parecer diferente, así como 
también, protagonistas de las cadenas productivas que ganan mucho dinero y que se 
resisten a  que el Estado se quede con una parte sustancial de sus ganancias. El 
modelo de la soja, consiste en un negocio global de producción de commodities de 
muy alta renta y de firme permanencia en el tiempo, con crecientes demandas por 
parte de los importadores, debido a que la reconfiguración del mundo por parte de las 
Corporaciones, conduce a una creciente descampesinización en los países a que se 
destinan  las exportaciones, con renovadas masas de consumidores urbanos y una 
demanda, también creciente, por parte de las cadenas agroalimentarias  y de la 
bioindustria, o sea de la producción masiva de carnes en encierro. 
El problema seria entonces que el Estado, ha comprometido desde hace más de 
veinte años todos sus recursos en el respaldo a un modelo de monocultivos que hoy 
se subleva en los caminos porque le resulta más fácil disputar con el Gobierno que 
con las Corporaciones granarias que son, en definitiva, por lejos, las que se llevan la 
parte del león de las ganancias. Lamentablemente, el Gobierno acepta el reto 
cómodo de pelearle a los más débiles de la cadena, mientras continúa 
promocionando la producción de Biocombustibles como un insospechado destino 
argentino, y les propone a los rebeldes una Junta nacional de granos conformada 
directamente por las cuatro grandes corporaciones adueñadas de nuestras 
exportaciones. Tenemos, entonces, derecho a preguntarnos si acaso estos 
remezones de la crisis del campo, no son sino el preludio de que entramos en una 
fase superior del sistema de la soja, con la llegada masiva de fondos de inversión y 
con predominio definitivo de la industria aceitera y de producción de biocombustibles. 
En estos editoriales hemos expuesto en varias oportunidades y con crudeza, algunas 
imágenes actuales de la vida del chacarero y hombre de campo devenido sojero. Su 
traslado domiciliario a la ciudad de referencia, sus nuevos hábitos de vida, que 
incluyen restaurantes finos, departamentos para los chicos en las ciudades donde 
continuarán los estudios, viajes periódicos a Europa para visitar los pueblos de 
origen, vehículos de lujo y ostentación de una vida que no habrían jamás imaginado 
sus ancestros. Es lógico que se resistan a perder ese modo de vida fácil que en 
general, se basa en el arrendamiento a los pooles de siembra de las tierras que 
heredaron de sus antepasados gringos. Les cuesta comprender que el sistema de 
sojización no es estático, y que está en marcha  un proceso de incorporación de 
capitales globales que elevará irremediablemente las escalas de producción y que 
dejará a muchísimos de ellos fuera del tablero. No importa que sus campos valgan 
entre diez y quince mil dólares la hectárea, probablemente no sabrían que hacer fuera 
de sus pueblos, aún siendo millonarios en dólares, sino vivir de rentas o sobrevivir 
añorando las épocas en que eran cabeza de ratón en sus comunidades. 
Si la dirigencia política permitió la instalación de estos modelos globalizados, si los 
intelectuales se negaron durante años a reconocer a la Republiqueta sojera, si los 
dirigentes de izquierda fueron ciegos a los nuevos modelos de la dependencia y nos 
convocaron tan solo en torno a las consecuencias sociales urbanas del modelo, sin 
advertir nunca sus causas, hoy deberían hacer un esfuerzo para abarcar el conjunto y 
tener miradas comprensivas sobre los diversos actores, empujados como en una 
tragedia a un enfrentamiento en que los verdaderos usufructuarios no se nombran, 
no se visualizan y continúan apropiándose de la riqueza que el Estado cómplice les 
asegura. 
En esta situación de crisis profunda, los argentinos se replantean con angustia esa 
antigua escisión del pensamiento argentino que oponía el campo a la ciudad y que 
hoy ha conducido a que los sojeros lideren una protesta generalizada que abarca a 
muchos otros productores que sin ser sojeros, tienen reivindicaciones justas para las 
cuales nunca hubo oídos en los despachos oficiales. La demanda por comprender la 
crisis se ha generalizado, en especial en los jóvenes. Ya no son suficientes para 
ellos, los discursos de los implicados, el común ya ha advertido que son como las 
trifulcas de borrachos en el final de la fiesta y que las palabras no expresan la 
realidad sino que son tan sólo instrumentos funcionales a los intereses que pujan 
por el poder de decidir, sobre las rentas del modelo sojero. Solo los intelectuales 
parecieran continuar creyendo en los discursos, el Pueblo aprende rápidamente que 
de esta encrucijada no podremos salir sin un Proyecto Nacional y una fuerte 
intervención del estado en el manejo del comercio exterior, la nacionalización de los 
puertos y la recuperación de las ganancias extraordinarias con que  hoy se quedan 
las empresas aceiteras  y los exportadores. En este sentido, y  siguiendo las 
alternativas de la lucha tal como hace el multimedio Clarín, que nos va informando en 
cada etapa cómo la pelota o sea la iniciativa, pasa de un bando a otro, como si la 
tragedia argentina de ser avanzada global de nuevos colonialismos fuera un partido 
de Boca River,  queremos decir que en verdad la pelota, ha estado siempre en el 
campo del Gobierno y que somos cada vez más los que aguardamos que cumpla 
con su razón de ser y haga del Estado un instrumento fiable para asegurar tanto los 
derechos de la población a los alimentos, como el orden con diálogos y 
participación,  y muy especialmente la soberanía nacional.
http://horizontesurblog.blogspot.com                   www.grr.org.ar






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