[R-P] Tareas pendientes del Mercosur

Leonardo Cofré lcofre en hotmail.com
Lun Jun 2 02:00:46 MDT 2008


ECONOMIA > AVANCES Y OBSTACULOS EN EL PRINCIPAL PROYECTO DE VINCULACION 
REGIONAL
Tareas pendientes del Mercosur /*/*/pagina12

Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay junto al recientemente incorporado 
Venezuela constituyen el bloque más importante de América latina. 
Deficiencias en el proceso de institucionalización y necesidad de renovar 
estrategias de integración.
Producción: Tomás Lukin.
El déficit institucional

Por Alberto D. Cimadamore *
Una pregunta relevante frente al estancamiento del proceso de conformación 
del Mercado Común del Sur es la siguiente: ¿cuáles son los principales 
factores que han estimulado los avances en esquemas de integración regional 
(IR) profunda? Sin respuestas apropiadas, difícilmente se puedan adoptar las 
decisiones correctas para impulsar lo que ha sido reiteradamente definido 
como el principal instrumento de inserción internacional de los países del 
bloque.
La IR es un proceso voluntario de ampliación del espacio económico, social y 
político que genera normalmente un aumento en los niveles de 
interdependencia y conflicto entre los Estados miembros, demandando 
consecuentemente la generación de mecanismos eficientes para su solución.
Así entendida, la IR se muestra como una construcción social muy compleja y 
costosa, que se distingue de otros procesos internacionales (como los de 
cooperación regional, regionalismo) esencialmente distintos. La IR sería, 
entonces, un proceso de institucionalización de relaciones económicas, 
sociales y políticas que coexiste históricamente en un mismo espacio 
geográfico con estructuras preexistentes (Estados y mercados). Esta 
convivencia genera niveles de conflictividad relativamente altos, pues la 
tendencia expansiva de los mercados encuentra resistencia en los Estados, 
que lógicamente tienden a limitarla. Y es precisamente en este universo de 
la economía política donde la pregunta planteada al principio puede empezar 
a responderse. Existen otros factores que influyen en los avances de la IR 
luego de crisis y estancamientos, pero quisiera detenerme en la cuestión 
institucional, pues es particularmente significativa en el Mercosur.
El modelo de "baja institucionalización regional" (caracterizado por un 
diseño minimalista de órganos intergubernamentales, que evitan cualquier 
rasgo distintivo de supranacionalidad) funcionó relativamente bien en la 
primera etapa de liberalización del comercio. Sin embargo, difícilmente 
pueda avanzar hacia los objetivos propuestos de integración profunda 
(Mercado Común) con las herramientas institucionales actuales, puesto que 
tal empresa exige el concurso de agentes y estructuras que tomen a la región 
en su conjunto. Las instituciones existentes, tanto en su diseño como en su 
labor, privilegian comprensiblemente los intereses de las partes (Estados 
miembros) sobre el todo (el espacio ampliado).
La acumulación de conflictos que resultan del aumento de la interdependencia 
regional que pretende ser solucionada desde perspectivas estrictamente 
nacionales tiende a favorecer el estancamiento de la IR. En la medida que 
los mecanismos resolutorios de diferencias no tengan una potestad delegada 
por los Estados para hacer cumplir lo pactado por ellos mismos, resulta 
difícil visualizar el avance de la IR.
Cualquier persona puede hoy entrar en la página oficial del Mercosur 
(www.mercosur.int), ir a la sección de "solución de controversias" y evaluar 
la capacidad histórica del bloque en esta materia: desde su creación hasta 
el momento se registran 4 laudos del Tribunal Permanente de Revisión y 13 
laudos de los Tribunales Arbitrales Ad Hoc (Protocolos de Olivos y de 
Brasilia). Si este indicador numérico no resulta suficiente al lector, puede 
evaluar cualitativamente la relevancia de tales laudos vis-à-vis (i) los 
niveles de conflictividad que normalmente se registran en el bloque; y (ii) 
los grandes incumplimientos de los compromisos fundacionales que evidencian 
el estancamiento de la IR.
Al no poder cumplir en plazo y forma con los objetivos del Mercado Común 
(liberalizar los factores productivos, establecer una política comercial 
externa común, coordinar políticas macroeconómicas, sectoriales, armonizar 
legislaciones en áreas vinculadas a la IR) previstos por el Tratado de 
Asunción, quedó demostrada la incapacidad de las instituciones 
intergubernamentales para cumplir por sí mismas con sus funciones. Negar 
esta realidad significaría favorecer al statu quo e ignorar la evidencia 
empírica y teórica acumulada que sostiene que las instituciones regionales 
facilitan el avance de la IR, ya sea al reducir los costos de transacción 
del proceso o al facilitar la salida de las crisis y los estancamientos.
* Investigador del Conicet. Profesor titular de las Relaciones 
Internacionales, UBA.







Desafíos para la integración

Por Julio C. Gambina *
Con la reciente elección en Paraguay se cierra el ciclo de las 
administraciones que originaron el Mercosur en plena coincidencia con las 
políticas hegemónicas inspiradas en el Consenso de Washington. El lenguaje 
político en la región es ahora crítico a las premisas de los noventa, aunque 
muy poco se haya avanzado en desarmar la institucionalidad neoliberal. Un 
dato no menor es la incorporación de Venezuela en el bloque, aunque resta 
todavía el consentimiento parlamentario de Brasil y Paraguay. La alusión a 
las continuidades estructurales remite al mantenimiento de la 
flexibilización laboral como forma de relacionar a trabajadores con sus 
patronales. También a que las privatizaciones no se detienen y la iniciativa 
privada mantiene su hegemonía a la hora de explicitar el rumbo económico. En 
materia de inserción internacional la agenda sigue dominada por el programa 
de liberalización que se discute en la OMC, en las cumbres de presidentes 
con Europa, o con Estados Unidos.
Es quizás el momento para pensar estrategias de renovación en materia de 
integración regional, lo que supone resolver asuntos pendientes como la 
plena incorporación venezolana y la profundización de los vínculos 
económicos, culturales y sociales con los países asociados (Bolivia, Chile, 
Colombia, Ecuador y Perú) y con aquellos que mantienen relaciones especiales 
(Cuba o México). Es una dimensión mayor al límite sudamericano. Es un marco 
que permitiría romper los límites que impiden el funcionamiento efectivo de 
iniciativas conjuntas, como el Banco del Sur, y otros proyectos financieros, 
productivos, culturales a sustentar en materia energética, alimentaria o 
comunicacional, cuando la región es demandada por el capital transnacional 
para una nueva ronda de apertura y liberalización. Es lo que queda de la 
reciente cumbre entre la Unión Europea y el Mercosur en Lima, y lo que 
explica el estancamiento de las negociaciones de la Ronda de Doha en la OMC 
con la persistencia de los subsidios a las producciones o exportaciones de 
los países centrales.
Los gobiernos del capitalismo desarrollado pretenden imponer las demandas de 
sus empresas transnacionales para invertir en recursos naturales y 
biodiversidad aprovechando fuerza de trabajo calificada y con bajos costos. 
Es la reiteración de un papel dependiente asignado en la división 
internacional del trabajo, donde más allá de los precios de los commodities 
exportados por América latina, la decisión se asume en el centro del 
capitalismo mundial. A pocos meses de conmemorar doscientos años de gestas 
emancipadoras de los pueblos en nuestra América, el desafío pasa por 
reorientar el rumbo de la integración. Se debe privilegiar el cumplimiento 
de necesidades insatisfechas de un continente que expresa los mayores 
indicadores de desigualdad. No puede haber cohesión social, reclamada en la 
cumbre peruana con los niveles de inequidad en la distribución del ingreso y 
la riqueza presentes en la región.
A fines de junio dejará Argentina la presidencia pro tempore del Mercosur y 
se abrirá una nueva etapa con la renovación presidencial paraguaya 
mencionada. No existiría ahora obstaculización para pensar en términos 
alternativos audaces para terminar con la lógica mercantilista originaria 
del bloque surgido en 1991. Es la posibilidad de habilitar un diálogo para 
encarar iniciativas conjuntas que reviertan el programa de apertura y 
liberalización sustentado en los noventa, con antecedentes en el Plan Cóndor 
y la represión terrorista de Estado en los setenta. El ciclo económico de 
crecimiento puede ser la oportunidad para el cambio de rumbo, especialmente 
cuando resulta previsible la crisis de Estados Unidos se descargue sobre el 
resto del mundo, modificando las tendencias de expansión económica 
recientes.
Son varios los cambios operados en el Mercosur desde su implementación, 
siendo el más importante el cambio de clima político a comienzos del siglo 
XXI, a partir de procesos sociales que alimentaron resistencias múltiples a 
las políticas neoliberales. La exigencia de la hora es avanzar en ese camino 
para radicalizar las transformaciones sociales necesarias. Caso contrario 
puede resultar la restauración del programa originario convergente con el 
programa y la demanda de las transnacionales.
* Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universida 
Nacional de Rosario.


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