[R-P] Degradacion de la Democracia = Vaciamiento Ideologico/Intelectual de los Partidos ) ERGO necesitamos POLITICOS
Ezequiel Beer
ebeer en telecentro.com.ar
Lun Jun 2 01:00:23 MDT 2008
PAGINA 12 - 02.06.2008
ENTREVISTA CON ALFREDO PUCCIARELLI, DOCTOR EN FILOSOFIA
"No hay propuestas detrás de la puja"
En el conflicto agrario se manifiesta "una histórica disputa por la
renta" -sostiene Pucciarelli- que, sin confrontar modelos productivos ni
proyectos políticos, incorpora nuevos elementos, como el enfrentamiento
"entre un conglomerado de clases y el Estado".
Por Javier Lorca
"El Gobierno y el campo juegan a polarizar. Al polarizar sin politizar, lo
que hacen es manipular", dice Alfredo Pucciarelli, doctor en Filosofía,
profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) e investigador
del Conicet. Dedicado hace años a investigar y analizar la sociedad
argentina, Pucciarelli sostiene en esta entrevista que el conflicto rural
introduce nuevos elementos en "una histórica disputa por la renta" en la
Argentina, pero sin llegar a explicitar modelos opuestos de país, es decir,
sin darle contenido político a la pugna.
-El conflicto agrario, ¿expresa un enfrentamiento entre proyectos
sociopolíticos y productivos antagónicos o una mera disputa coyuntural por
rentas extraordinarias?
-En la esencia del enfrentamiento hay una forma contemporánea de restablecer
una histórica disputa por la renta, una puja que en su momento fue la base
de la organización sociopolítica de la Argentina. Pero ahora tiene una
característica nueva: nunca antes esta disputa por la renta se dio entre un
conglomerado de clases y el Estado. En general, la disputa enfrentaba a
clases sociales del mismo sector o de sectores opuestos. Que "el campo"
plantee una alternativa de uso y distribución de la renta in toto,
incluyendo desde campesinos pequeños hasta grandes propietarios, y aun a
rentistas financieros... esto es realmente novedoso. Pero no expresa una
contraposición de modelos de país, sino dos visiones de cómo la renta
excedente debe ser distribuida.
-¿Pero eso no implica modelos diferentes?
-Podría evocar modelos distintos, pero en ninguno de los sectores de la
confrontación hay una propuesta explícita de qué hay detrás de la puja por
la renta. Como la pugna política está vacía, lo que hay es una disputa por
ver quién derrota a quién en torno de las retenciones. En el caso del
Gobierno, la pobreza conceptual con que está manejando el conflicto es
patética. La envergadura del conflicto social requiere un tratamiento más
sofisticado y sutil. Después de haber propuesto durante años que la base de
la organización social es la apropiación individual de los beneficios
privados, la idea de la apropiación de la renta por parte del Estado
requiere un tratamiento previo. Si durante décadas el Estado dice que el
modelo consiste en acumular individualmente, en ser lo más extractivo
posible y hacer de la competencia el principio de la organización social, y
de golpe, ese mismo Estado, sin decir "agua va", plantea que se va a
apropiar de la renta para redistribuirla, sin decir a quién ni dentro de qué
modelo... la cuestión está muy mal planteada. Por eso no se expresan
modelos, sino dos visiones groseras. En el caso del Gobierno, por lo dicho.
En el caso "del campo", la visión es grosera porque no puede ser de otro
modo. La reivindicación que unifica a los distintos sectores agrarios no es
más que la defensa de la renta diferencial. ¿Quién se queda con la renta
diferencial? Nosotros. ¿Por qué? Vaya uno a saber. Eso no lo discuten.
Ahora, el Gobierno tampoco discute para qué necesita esa renta. Detrás de
ambas propuestas hay una alta cuota de insinceridad que impide tratar el
conflicto como una confrontación de modelos de sociedad. Ninguno de los
contendientes genera discursos relativamente complejos que permitan entender
el grado de virulencia que se está viviendo. El Gobierno y "el campo" juegan
a polarizar. Al polarizar sin politizar, lo que hacen es manipular.
-¿Cómo se produce la irrupción de un nuevo sujeto como "el campo"?
-En el sector agrario hay dos fenómenos claves. Uno es la desaparición de
los chacareros pobres. Otro es que los que sobrevivieron están en
condiciones de obtener un nivel de rentas que los coloca mucho más cerca de
la clase media que de la pobreza: es trabajo familiar altamente remunerado,
sin capacidad de acumulación, pero con muy buen pasar. De ahí para arriba
viene toda una escala que combina trabajo familiar con trabajo asalariado,
con inversión de capital, y se va incrementando la capacidad de acumulación.
Todo esto se potencia con la renta extraordinaria, que genera arrendatarios
en la cúpula y arrendadores en la base. Se invierte la relación. El
arrendador de la base es un campesino, o un trabajador familiar, o un
pequeño o mediano productor muy próspero en este momento. Como muestra la
historia, lo que empuja el protagonismo social y la defensa de
reivindicaciones propias es la prosperidad, y no la pobreza. Hoy hay
chacareros más acomodados que tienen cada vez más para perder y, a la vez,
más para ganar. También tienen más instrumentos para la lucha social. En los
últimos años, los productores se tuvieron que adaptar a que desaparecieran
las juntas de granos, que eran un modo colectivo de resguardarlos y de que
el Estado se hiciera cargo de su estabilidad económica. "Ahora que me las
estoy arreglando solo, me dicen que tengo que cederles mi renta", piensan
hoy. Tenemos una nueva situación económica y una nueva manera de ver la
cuestión, producto de la desaparición del Estado como ente protector de los
puntos más débiles de la cadena productiva. Esto es lo novedoso que muestra
el conflicto.
-¿Cómo se vinculan las particulares características de la controversia con
lo que usted describe en sus estudios como el "ciclo involutivo" o el
proceso de "degradación de la democracia"?
-En la historia de nuestro país, la dinámica de la confrontación política de
las clases sociales ha tenido una característica muy marcada: los sectores
populares utilizan su mayoría para construir un poder político alternativo
al poder socioeconómico concentrado. La voluntad de las mayorías se expresa
en gobiernos populares que plantean reivindicaciones redistributivas,
simbólicas y materiales. Por lo tanto, un aspecto central de la
confrontación entre los sectores populares y las clases altas y medias altas
se da alrededor del rol del Estado. Cuando la democracia funciona, antes o
después aparece un movimiento popular que plantea reivindicaciones
redistributivas. Como las clases altas y medias altas no tienen capacidad de
generar un proyecto político que dispute la supremacía electoral, entonces
juegan a la ingobernabilidad. Esto es histórico: comienza con el desgaste,
sigue con la desorganización y termina con el golpe militar. De ahí viene el
fantasma que hoy le ronda a mucha gente, incluso a muchos intelectuales
cuando hablan de...
-De un "clima destituyente".
-Claro, pero hoy hay una enorme diferencia: acá no va a haber golpe militar.
Acá tenemos un conflicto social con características relacionadas con una
democracia degradada. Las clases medias y altas, los sectores concentrados
del capital, la gente que salió con las cacerolas en Recoleta, ahora sabe
dos cosas. Que electoralmente nunca van a poder desorganizar a tal nivel a
los sectores populares como para que no puedan buscar un camino alternativo,
aunque sea tan precario como el kirchnerismo. Y, por lo tanto, que la tarea
primordial para ellos es desgastar para impedir que el Estado gestione una
redistribución que, del lado del Gobierno, funciona más como un eslogan que
como una política real. Es una forma muy efectiva por el nuevo tipo de
democracia que tenemos, donde hay un actor central en la degradación
político-institucional: los medios de comunicación, dominados por los mismos
poderes concentrados de la sociedad. Los medios generan un sentido común
social que, como bien ha señalado Nicolás Casullo, opera sobre la cultura
política. Son las ideas que ahora están apoyando los reclamos de no
redistribuir la renta, es la visión antipolítica, pro empresaria,
antiestatal, que se ha logrado construir como consenso general. Por otro
lado, la degradación de la democracia hace que los partidos políticos no
tengan prácticamente nada que hacer en todo esto y que no haya ningún
espacio donde discutir seriamente el modelo nacional, la relación entre el
agro y la industria, por qué el agro tiene que pasar renta diferencial a la
industria, y por qué la industria tiene que generar alternativas productivas
que justifiquen esa transferencia de renta.
-Si el rol de los partidos se diluyó, ¿por qué Kirchner busca apoyarse en el
PJ?
-Más allá de lo que se plantee Kirchner, el PJ es como una conjunción de
fantasmas del pasado, que vuelve ahora a escena pero sin capacidad de
construir consensos. Este es otro aspecto de la degradación de la
democracia: el vaciamiento de la política. Hoy la política se efectúa sin
proyectos y, como decíamos, ocultando las verdaderas intenciones. Kirchner
opta por el PJ por la gobernabilidad. La cuestión que enfrenta cualquier
elenco ejecutivo que pretende gobernar sin seguir a pies juntillas el
dictado de los grandes poderes es siempre construir un poder político
institucional. El Estado en Argentina ha sufrido tal proceso de
descomposición que lo primero que se planteó Kirchner al asumir fue
construir la autoridad estatal. Ahora bien, el apoyo que brinda una compulsa
electoral es absolutamente insuficiente para reconstruir el Estado. El
mandato popular, aunque sea masivo, es débil. Terminado el día de la
elección, queda el elenco gobernante por un lado y la sociedad por el otro,
sin nada en el medio. Si no hay la construcción de un poder desde la
posición del Gobierno, no se puede gobernar. El primer proyecto de Kirchner
fue la transversalidad, construir un poder político que fagocitara a lo
mejor de los partidos tradicionales y arrinconara al resto. Pero ese
proyecto resultó condicionado por la necesidad de gobernar día a día. Es un
problema de tiempos: cuando, por la dinámica cotidiana, la circunstancia se
come al mediano plazo, los proyectos de construcción alternativos se
disuelven. En ese sentido, hay un punto de quiebre en la elección de 2005:
cuando Kirchner derrota al duhaldismo, el aparato del PJ le dice "acá
estamos nosotros, somos tu partido" y él se decidió por un aparato que le
garantizaba la gobernabilidad y ganar elecciones. Ahora, la normalización
del partido significa darle una nueva forma a la alianza que ya había
constituido. La pregunta es si ese aparato partidario pensado para contener
la conflictividad social y, a su vez, proyectar políticas electorales, sirve
para gestar un polo popular de apoyo a una política de redistribución de la
riqueza y modificación de las relaciones de poder. Para decirlo en términos
piadosos, creo que ése es un viejo anhelo que se fue quedando en el camino.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-105293-2008-06-02.html
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