[R-P] España - La sumisión de la Universidad pública - Por Miquel Caminal es Catedrático de Cs Política en la Facultad de Cs Económicas de la Universidad de Barcelona.

Ezequiel Beer ebeer en telecentro.com.ar
Dom Jun 1 20:18:28 MDT 2008


España
La sumisión de la Universidad pública

Miquel Caminal
www.sinpermiso.info

01/06/08

 Hace años se tomó la acertada decisión de reformar la administración 
universitaria y de poner un gerente al frente de ella. Más adelante, con la 
idea de introducir la supuesta eficacia de la gestión empresarial en la 
Universidad pública, se produjo un proceso de transformación del gobierno de 
la Universidad. El rector relegó a su equipo de gobierno y concedió excesivo 
poder al gerente. Luego vino el rector gerente y ahora ya sólo queda un 
paso: el gerente rector. Las universidades públicas se han sometido al gota 
a gota de su privatización encubierta. Se abrieron al mundo empresarial para 
ampliar sus fuentes de financiación y han terminado adaptándose a los 
intereses de éste.
Un símbolo de este matrimonio entre Universidad y empresa es, por ejemplo, 
el documento de identidad del personal de la Universidad de Barcelona, que 
puede ser al mismo tiempo una tarjeta de crédito vinculada a una importante 
entidad financiera catalana. El sector privado no se pregunta qué puede 
hacer por la Universidad pública, sino qué puede sacar de ella.
Las funciones básicas de la Universidad, que son la docencia y la 
investigación, también han entrado en un proceso de mercantilización. Se 
trata de ofrecer sin más lo que pide el mercado. ¿Que el mercado no quiere 
historiadores?, pues se prescinde de las correspondientes enseñanzas o 
investigaciones. ¿Que un desproporcionado número de jóvenes estudiantes 
sueñan con ser empresarios?, pues se ofrecen todos los grados y masters que 
satisfagan esta demanda.
En la Universidad de hoy hay tal cantidad de grupos de investigación, 
institutos, observatorios y otras instancias para el conocimiento y la 
investigación que, si uno sólo mira la superficie, queda impresionado. ¡Qué 
gran Universidad tenemos! Pero no está nada claro que la cantidad sea 
sinónimo de calidad. Todo va a peso en la evaluación de las universidades 
públicas: cuántos artículos en publicaciones de impacto, cuántas horas de 
clase, cuántas estancias en el extranjero, cuántos créditos de gestión, 
etcétera.
Lo difícil o imposible es saber qué hay detrás de la cantidad. Todo es 
imagen y publicidad, empezando por la política de información de las 
universidades. El objetivo es vender el producto abusando de palabras como 
excelencia y competitividad. Pero en esta Universidad de la excelencia se 
publica demasiado y se lee muy poco, se gestiona hasta el aburrimiento y no 
se piensa sobre lo que se hace.
La paradoja mayor es que una Universidad tan mercantilizada e 
individualista, donde cada uno es el mejor investigador del mundo y no tiene 
tiempo para leer una sola línea de lo que hace su vecino, es una Universidad 
que ha llegado a tal nivel de burocratización, que ha conseguido ridiculizar 
la supuesta eficacia de la implantación de la gestión empresarial.
Nunca han habido tantos burócratas, tanto reglamentismo en las universidades 
públicas. Y cuanto más grandes son, mayor es el disparate burocrático. La 
Universidad de Barcelona tiene ya una colección, llamada Normatives i 
Documents, que pretende poner orden en el desorden con normas y más normas. 
Al final se tiene una sensación de ahogo y, a la vez, la seguridad de que 
tanto normativismo es una forma de evadir la solución real de los problemas 
planteados. Lo cierto es que la tranquilidad y el silencio que necesita el 
profesor quedan distorsionados por tanto ruido administrativo.
No debe sorprender este doble proceso de privatización y burocratización de 
las universidades públicas. Forma parte y es reflejo de lo que sucede en la 
sociedad. El neoliberalismo ha llegado a todos los rincones y ha conseguido 
poner precio a la cultura. Los autores, como los libros, valen si venden. 
Cuando este principio gobierna el saber universitario, es el principio del 
fin de la Universidad.
La Universidad concebida mercantilmente no atiende a la calidad científica, 
sólo le preocupa que los estudiantes consigan el título en el tiempo 
previsto. Una vez más el criterio cuantitativo se ha impuesto al 
cualitativo. No saldrán mejores profesionales devaluando los métodos de 
enseñanza y con expedientes académicos calificados al alza con el objetivo 
(fallido) de ser más competitivos en el mercado. Rafael Argullol ya denunció 
con brillantez esta manera de ejercer la docencia low cost en un reciente 
artículo publicado en esta sección (EL PAÍS, 3 de mayo).
Es necesario un cambio de rumbo en la política universitaria que corrija el 
deterioro de las universidades públicas. A los 25 años de aprobada aquella 
buena Ley de Reforma Universitaria (1983), se hace imprescindible una 
reflexión entre los universitarios sobre el estado actual de las 
universidades. La errática política sobre universidades e investigación de 
los últimos gobiernos del Partido Popular y del PSOE, y también el mal 
gobierno de la Generalitat de Cataluña en esta materia, agravan el problema 
y hacen más urgente la toma de conciencia por parte de la comunidad 
universitaria. Hay tiempo para rectificar, pero no mucho. Los universitarios 
deben reunirse en congreso y deliberar sobre el futuro de la Universidad, 
una Universidad pública e independiente de toda presión empresarial, 
política o ideológica; una Universidad capaz de ejercer la crítica, de 
mantener un alto nivel en la investigación y de garantizar la calidad de uno 
de los fines más importantes de la sociedad: la educación.


Miquel Caminal es catedrático de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias 
Económicas de la Universidad de Barcelona


Fuente: El País (Cataluña), 21 de mayo de 2008. 





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