[R-P] Vicepresidente: El cargo más insignificante

juan maría escobar escobar45 en infovia.com.ar
Sab Jul 19 15:45:28 MDT 2008


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Crónicas norteamericanas
"El cargo más insignificante"

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Por Mario Diament


MIAMI.- Si por alguna razón la administración de George W. Bush será 
recordada, más allá del 11 de Septiembre, la inundación de Nueva Orleáns y 
la guerra de Irak, será por haber tenido el vicepresidente más poderoso de 
la historia norteamericana.
A lo largo de dos mandatos, la mano de Dick Cheney ha estado detrás de las 
decisiones políticas más importantes y su influencia se ha dejado sentir 
vigorosamente desde el Pentágono, hasta el Departamento de Estado y el 
Departamento de Justicia.
La emergencia del vicepresidente como una figura política de peso resulta 
aún más inusual, si se toma en cuenta que la función fue diseñada como un 
híbrido que sólo cobraba vida en caso de muerte del titular del Ejecutivo. 
Tanto es así que John Adams, el primer vicepresidente de Estados Unidos, 
frustrado por su falta de poder, lo definió como "el cargo más 
insignificante jamás concebido por el hombre".
Adviértase que en la Constitución norteamericana, tanto como en la 
argentina, el vicepresidente es el único funcionario electo que sirve tanto 
en el poder Ejecutivo como en el Legislativo.
Pero esta dualidad, que normalmente debería haber aumentado la influencia de 
su ocupante, en los hechos terminaba por diluirla.
Originalmente, la idea de un vicepresidente se les ocurrió a los redactores 
de la Constitución norteamericana como una manera de limitar la autoridad 
del presidente. Los delegados a la Asamblea Constitucional temían claramente 
que la concentración de poder en manos del Presidente se pareciera demasiado 
a la potestad del rey de Inglaterra y debatieron durante varios días 
fórmulas para limitarlo.
El tema de la sucesión les importaba menos, porque, eventualmente, ésta 
podía recaer sobre un miembro del Senado o de la Corte Suprema. Pero les 
preocupaba la posibilidad de que el representante de un Estado en particular 
asumiera la presidencia sin ser electo o que miembros de un cuerpo legal 
como la Corte Suprema se vieran obligados a tomar decisiones de Estado.
Cuando finalmente acordaron incorporar el cargo de vicepresidente, estaban 
tan agotados que no hicieron un gran esfuerzo por definir con precisión sus 
funciones.
Así es como durante muchos años, los vicepresidentes no fueron otra cosa que 
figuras decorativas, actores suplentes a la espera de que el titular se 
ausentara por enfermedad. Lyndon Johnson, uno de los nueve vicepresidentes 
llamados para ocupar la primera magistratura en toda la historia 
norteamericana, describió así su sensación: "Toda vez que estoy en presencia 
de John Kennedy me siento como un cuervo volando por sobre sus hombros".
La confusión fue aún mayor, porque en un comienzo y hasta 1804, cuando se 
sancionó la Enmienda XXII, los miembros del Colegio Electoral sólo votaban 
para elegir al presidente. El vicepresidente era el candidato que salía 
segundo en el sufragio. Esto posibilitaba la situación en que el presidente 
fuera de un partido y el vice, de otro.
Formalmente, las funciones del vicepresidente consisten en reemplazar al 
presidente en caso de muerte o renuncia y presidir el Senado. En su carácter 
de presidente del Senado, el vicepresidente es quien define el voto en caso 
de empate y certifica los votos del Colegio Electoral.
Cuando George W. Bush asumió la presidencia, el Senado se hallaba dividido 
50-50 y fue el voto de Dick Cheney el que permitió a los republicanos 
controlar la Cámara. La situación persistió hasta junio, cuando el senador 
republicano Jim Jeffords se declaró independiente y anunció que daría su 
voto a los demócratas.
Básicamente, el poder del vicepresidente era el que el presidente decidía 
otorgarle. Generalmente, éste era igual a cero. Fue Walter Mondale 
(1977-1981) quien logró modificar la función del vicepresidente porque Jimmy 
Carter lo instaló en la Casa Blanca, le permitió acceso ilimitado y le 
asignó tareas que elevaron su función .
Dick Cheney fue aún más allá y se convirtió en la eminencia detrás de la 
presidencia de Bush. Ni John McCain ni Barack Obama han anunciado aún quién 
completará su fórmula presidencial. Es posible que la visión del poder 
acumulado por Dick Cheney los vuelva más cautelosos.
O, tal vez, algún reciente acontecimiento en un distante país del Sur los 
alerte sobre del fin de la era de los vicepresidentes sumisos.

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