[R-P] JORGE E. SPILIMBERGO: EL SOCIALISMO EN LA ARGENTINA //

Roberto Vera robertoverasigloxxi en yahoo.com.ar
Sab Jul 19 10:53:34 MDT 2008


       JORGE ENEA SPILIMBERGO: “EL SOCIALISMO EN LA ARGENTINA” 
Trascribimos aquí una parte del prólogo de El Socialismo en la Argentina (2º edic., junio 1969) de Jorge Enea Spilimbergo, uno de los fundadores del Socialismo de la Izquierda Nacional. El libro expone la historia del socialismo en la Argentina (“del socialismo cipayo a la Izquierda Nacional”) y esclarece sobre el papel que debe asumir un verdadero partido socialista revolucionario en nuestro país. 

                                             Prólogo (Primera entrega)  

   La necesidad de construir un partido obrero revolucionario en la Argentina ha inspirado estos trabajos. Si la lucha de clase se detuviera en los umbrales del pensamiento sobraría la crítica política, y la misma construcción del partido estaría fuera de lugar. Los oprimidos obrarían espontáneamente y hasta el fin según sus intereses, generalizarían en forma inmediata la experiencia de las nuevas situaciones y desplegarían siempre el máximo de sus fuerzas. 
   Pero la gravitación de las clases explotadoras, su monopolio de la propaganda y la cultura, les permite imponer su propia ideología como ideología general de la sociedad. De este modo, el pensamiento de los oprimidos se impregna de la ideología de sus opresores, hasta convertir muchas veces la misma protesta en un instrumento más de dominación.
   Cuando Engels dice que el proletariado anticipa sus victorias políticas con triunfos en el campo ideológico, no atribuye al verbo un poder mágico creador. Muestra el vínculo entre la difícil conquista de un pensamiento revolucionario y las posibilidades prácticas de las clases oprimidas. «Sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria.» 
   El centro neurálgico de esa teoría y esa acción es la vanguardia militante de la clase trabajadora, organizada en partido revolucionario.  Excluidas de las fuentes culturales y de la centralización del poder, la clase explotada debe crear su propia centralización apelando a sus luchadores más enérgicos y esclarecidos y atrayendo a los mejores elementos de las otras clases.
   Esa vanguardia no se crea al margen de la lucha ni de las experiencias colectivas; pero su consolidación permite a los oprimidos elevarse desde el nivel táctico y las soluciones inmediatas dentro del sistema, al nivel estratégico, socialista-revolucionario, que es el de la batalla global contra el sistema. 
   A fin de impedirlo, los explotadores despliegan, no sólo sus fuerzas intimidatorias y represivas, sino también los variados recursos de su influencia ideológica. El socialismo cipayo proclama la formación  del «partido obrero», y lo pone al servicio de la Unión Democrática, el prejuicio y la provocación antiperonista. El nacionalismo burgués proclama la justicia social, el obrerismo y hasta la necesidad de una interpretación...“marxista”, y los pone al servicio de lo nacional, mezcla infusa y difusa que permite todas las variantes, menos la decisiva. 
   En este volumen hacemos la crítica del socialismo cipayo  y documentamos aspectos de la lucha que llevará a fundar el Partido Socialista de la Izquierda Nacional. Indicamos a continuación, brevemente, el contenido de sus cinco secciones. 
   La Primera Parte reproduce nuestro “Juan B. Justo y el socialismo cipayo” (Coyoacán, 1960). La tarea de fundar un partido obrero fue planteada por Justo ya en la década de 1890. Contra el partido de Justo se levanta, un cuarto de siglo después, la escisión “internacionalista”, que da origen al Partido Comunista. No obstante sus discordias, ambas fuerzas coincidieron en el antiyrigoyenismo, el frente popular, la Unión Democrática y el apoyo a la “revolución libertadora». Una nueva escisión —el Socialismo Obrero de los años 30— se desintegra o cae en el stalinismo, a pesar de su empuje inicial. Diversos grupos “trotskistas” o de izquierda “independiente”  que denuncian el reformismo de la vieja izquierda, no logran evadirse sin embargo de la sectarización antiperonista con que la oligarquía hipnotizó durante años a nuestras clases medias. De este modo, generaciones enteras de jóvenes militantes que quisieron luchar
 sinceramente por la revolución y el socialismo se vieron atrapados por el sistema oligárquico, y convertidas en opositoras “de izquierda” al socialismo y la revolución.
   Nuestro interés por Justo no es histórico ni biográfico. Queremos saber por qué sus «enemigos» terminaban recorriendo la misma órbita del maestro.
   La respuesta es que los críticos eludieron el núcleo mismo del problema —la cuestión nacional— al rebelarse. Bajo nuevas formas, las tendencias centrales del juanbejustismo se regeneran en ellos. El fenómeno se explica socialmente por la influencia ideológica de la oligarquía sobre sectores populares entonces dispuestos a integrarse al sistema de la semicolonia agropecuaria. 
   La crisis del 30 empieza a resquebrajar las condiciones materiales que permitieron a la oligarquía librecambista asociar un sector popular en el litoral argentino. Pero así como ciertas especies sobreviven, modificadas, a un cambio drástico del clima, las tradiciones ideológicas no se esfuman sin más cuando desaparecen las causas que las engendraron.
   Por eso, sin hacer explícito el núcleo aberrante del juanbejustismo y mostrar cómo se oculta en todas las variantes del izquierdismo cipayo, no podríamos abordar sobre bases sólidas la lucha por el partido revolucionario. Así lo han comprobado a sus expensas los socialistas de vanguardia y los escindidos comunistas del 63. 
   Constantemente, a impulso y bajo el disfraz de un «sentido común» impregnado de evidencia  que esconde el contrabando ideológico de las clases enemigas, nos desviaríamos hacia la órbita en que se degradó la vieja izquierda, o saldríamos disparados hacia soluciones oportunistas, por desechar el bulto —junto con la tergiversación del marxismo— la doctrina misma, y también la lucha por construir el partido revolucionario.    

                                                                                               Jorge Enea Spilimbergo
                    Junio de 1969
                                        
  


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