[R-P] 1 - Porqué nuestros economistas, en general, no nos sirven

Inti Alpert intialpert en yahoo.com.ar
Vie Jul 18 17:11:21 MDT 2008


Este material de antología no refiere específicamente a Economistas y hasta
tal vez sea menos relativo a ellos que a otros "profesionales", pero creo
que vale la pena su lectura cuando nos preguntamos porque es tan dificil
formular un proyecto nacional en serio, que tienda a articular los intereses
comunes de todas las clases y sectores nacionales.

Charla del Dr. Oscar Varsavsky en la U.C.V.
(Venezuela - Facultad de Ciencias)
Junio de 1968

Están ustedes empeñados en realizar una Renovación académica y han llegado a
la conclusión que, aun sin discutir a fondo cual es el papel de una Facultad
de Ciencias en un país subdesarrollado, hay una cosa segura: para desempeñar
bien su papel debe formar profesionales y científicos serios, responsables,
capaces de utilizar todos los instrumentos que la ciencia y la técnica ponen
a su disposición y de crear los que necesiten y aún no existan. Rechazar en
cambio el concepto de Facultad que se limita a otorgar títulos académicos
como recompensa a los alumnos que han tenido la habilidad o la paciencia de
aprobar sus exámenes

Esto les ha señalado claramente uno de los enemigos naturales de la
Renovación: el profesor anticuado, incapaz o desinteresado, que por
desgracia abunda en nuestras universidades, y que no cumple ni remotamente
con su misión formadora, porque no sabe o porque no le importa.

En toda acción es muy cómodo identificar al enemigo: la táctica, las
victorias, las derrotas, todo se hace más claro y fácil. Yo estoy de acuerdo
en que esos profesores 'fósiles' son un enemigo que hay que vencer, y ojalá
tengan pleno éxito en esa tarea. Pero quiero hablarles de otro enemigo no
tan fácilmente identificable, puesto que en ocasiones como ésta aparece
incluso como un aliado, pero que luego resulta más peligroso que el otro,
más eficiente en la tarea de impedir a la Universidad realizar su verdadera
misión.

Para esto sí es necesario discutir a fondo cuál es esa 'verdadera misión',
cuál es el papel de la Facultad de Ciencias, y como es aburrido hablar de
estos temas en términos abstractos, se me ocurre que una manera concreta de
referirme a esa misión y a ese enemigo es relatarles una experiencia
análoga: la de los que hicimos la gran Renovación de la Facultad de Ciencias
de Buenos Aires, a partir de 1955 y hasta que la policía entró a palos con
sus profesores y estudiantes, en julio del 66.

En esa Facultad tuvimos condiciones favorables para hacer la Renovación,
pues durante el peronismo casi todos los profesores jóvenes fuimos
expulsados por motivos políticos, de modo que cuando cayó Perón y todos los
cargos universitarios fueron declarados vacantes, se nos encargó a nosotros
controlar el nombramiento de todo el nuevo cuerpo de profesores.

Fue así que el primer enemigo -los profesores fósiles, que se habían quedado
en la Universidad peronista porque no hubieran conseguido trabajo en otra
parte- sufrió una fuerte derrota. Y mientras tratábamos de que esa derrota
se consolidara definitivamente, nos fuimos encontrando con el segundo
enemigo, llamado por los estudiantes "cientificismo". Tardamos años en
identificarlo, y ojalá nuestra experiencia sirva para que ustedes tarden
menos.

Y tampoco tuvimos allí un grave inconveniente que se observa en Venezuela,
en Chile y otros países sudamericanos: la participación directa de los
partidos políticos en la vida universitaria. Atención, no estoy hablando de
la política, que sí es elemento esencial en los planes de renovación, sino
de los partidos de todo color, cuyos viejos sectarismos e intereses creados
les hacen enemigos de toda renovación profunda aun apoyándola de palabra.
Son otros fósiles injertados en la Universidad.

El gran problema era la selección de los nuevos profesores, que
evidentemente iban a fijar el rumbo de la Universidad durante una generación
entera, aunque cono medida de precaución se decidió que todos los
nombramientos serían por 7 años, al cabo de los cuales se llamaría de nuevo
a concurso.

Pensando siempre en el primer enemigo, quisimos pues asegurarnos de que sólo
"buenos científicos" iban a ganar los concursos. Si se tomaba en cuenta cono
antecedente la antigüedad en la docencia o los títulos académicos habituales
en el país, se nos volvían a meter los fósiles. El criterio debía ser la
actividad científica, pero ¿cómo se mide? La unidad de medida propuesta fue
la de más prestigio en el hemisferio Norte: el "paper", el artículo
publicado en una revista extranjera, porque las nacionales no daban
suficiente garantía de calidad.

Todos aceptamos ese criterio. Poco a poco, sin embargo, algunos empezamos a
darnos cuenta de ciertas tristes realidades de la vida científica.
Encontramos que en algunos campos, como Biología, donde el nivel
internacional es muy desparejo, hay revistas extranjeras dispuestas a
publicar prácticamente cualquier cosa. Una mala descripción de un alga de la
Patagonia o cualquier otra trivialidad podía hacerse publicar en alguna
revista internacional, con tal de tener algún conocido en el cuerpo editor.

En otro tipo de ciencias, como la Física, descubrimos gente que habiendo
aprendido en el exterior una técnica todavía no muy difundida en el mundo,
se hacía comprar el aparato correspondiente al volver al país y se ponía a
aplicar esa técnica a muchas sustancias diferentes. Hay miles de moléculas
que se pueden analizar por resonancia paramagnética, por ejemplo: cada una
de ellas puede producir un paper, cuyo valor puede ir desde infinito a cero,
o incluso ser negativo. La persona que había tenido la habilidad de
dedicarse a eso aparecía entonces con antecedentes mucho mejores que otras
de gran capacidad pero que sólo escribían un paper cuando tenían algo
decentemente original que decir.

Lo ridículo del caso es que allá igual que aquí, nosotros conocíamos
perfectamente a todos los que se presentaban a concurso, porque habían sido
colegas, compañeros, o alumnos nuestros, y podíamos decir de antemano sin
equivocarnos cuáles de ellos iban a ser útiles, quiénes iban a formar
escuela, quiénes iban a enseñar con interés, como verdaderos maestros,
quiénes se iban a preocupar por los problemas del país, sin descuidar por
ello el rigor científico. Y sabíamos por otra parte quiénes estaban
simplemente haciendo su carrera profesional en la ciencia y ponían todos sus
esfuerzos en cumplir con ese requisito formal del paper, eludiendo toda otra
actividad, incluso la enseñanza.

Es que hacer un paper no es tan difícil. El Physical Reviews publicó incluso
una vez un paper en broma dando recetas para hacer papers, e incluía una
especie de formulario que con sólo llenar los espacios en blanco se
convertía en un artículo sobre Electrodinámica Cuántica bastante parecido a
los que aparecían en esa época. Yo diría que cualquier graduado de esta
Facultad puede publicar en una revista extranjera sin mucho más esfuerzo
científico que el que hizo para graduarse, siempre que haya conseguido un
'padrino' extranjero que le haya dado un tema que tenga algo que ver con las
corrientes de moda. Eso se consigue yendo becado al exterior, y es muy fácil
equivocarse al asignar becas.


Esto ocurre porque la ciencia, por su gran prestigio, se ha convertido en
una profesión codiciada y en ella hay que hacer carrera de cierta manera, ya
estandarizada por normas internacionales. El éxito consiste en publicar
papers, asistir a congresos y simposios, recibir visitas de profesores
extranjeros, ser invitado a otras universidades como profesor visitante.
Esta carrera requiere una técnica y un cierto umbral de capacidad y
preparación. Pero la inteligencia no es un elemento decisivo, salvo en el
caso de genios, y este caso lo dejamos de lado porque sobre genios no hay
ninguna regla general que valga. Para el investigador común, el elemento
decisivo para adquirir 'status' en la carrera científica es un tipo de
habilidad muy similar al 'public relations'. Tal como en la competencia
comercial, a menos que lo que se venda sea muy, muy malo o muy, muy bueno,
es más importante saber vender que preocuparse por la calidad del producto
Esto puede parecer exagerado, y cuando yo publiqué mi primer paper, hace 25
años, me hubiera parecido una herejía, pero la experiencia me ha hecho
cambiar de opinión.

Por supuesto, no todos los que tienen éxito en esta carrera científica son
simples buscadores de prestigio, si no, la ciencia estaría estancada y no lo
está. Pero tampoco progresa tan maravillosamente como se dice: tengan en
cuenta que desde Aristóteles hasta Einstein hubo menos científicos en total
que los que hoy viven y publican papers, y sin embargo en los últimos
cuarenta años ninguna ciencia., salvo la Biología, produjo ideas, teorías o
descubrimientos geniales corno los que asociamos a los nombres de Darwin,
Einstein, Schrodinger, Cantor, Marx, Weber e incluso Freud. Los grandes
adelantos han sido técnicos, impublicables en revistas de 'ciencia pura':
computadores, bomba atómica, satélites, propaganda comercial.

No está claro que el actual diluvio de papers ayude mucho al progreso de la
ciencia, y por lo tanto no es válido en general el argumento de los que se
niegan a "perder tiempo" enseñando porque dicen que sus investigaciones son
más importantes. Eso puede ser cierto en un caso cada mil, no más.

El cientificismo es la actitud del que, por progresar en esta carrera
científica, olvida sus deberes sociales hacía su país y hacia los que saben
menos que él.
Pero este peligro no lo vimos al principio, y seguimos preocupados
exclusivamente con el otro, el de los fósiles, incapaces siquiera de ser
cientificistas. Así, otra medida de seguridad que tomamos fue la de incluir
científicos extranjeros en los jurados. Todavía no me explico cómo pudimos
cometer semejante error, y ojalá no se repita aquí.

Los científicos extranjeros son capaces -si están bien elegidos- de juzgar
entre un paper "moderno" y uno anticuado, y siempre votaron en contra de los
fósiles. Pero cuando se trataba de elegir entre dos candidatos
científicamente aceptables, usaban sus propias normas, válidas en sus
propios países, y optaban por el que había publicado un poco más, o se
ocupaba de un tema más de moda, sin tomar en cuenta dos cuestiones
esenciales: que en Sudamérica es tanto o más importante formar las nuevas
Generaciones de científicos que hacer investigación ya, y que la
investigación que se haga debe servir al país a corto o mediano plazo. Esos
criterios ideológicos, estos juicios de valor, no eran compartidos por los
jurados extranjeros, y muchas veces nos obligaron a nombrar profesor a un
cientificista dejando de lado a jóvenes también capaces de investigar, pero
más conscientes de sus deberes sociales.

El resultado práctico de nuestros esfuerzos fue que "triunfamos", digámoslo
entre comillas (muchas personas siguen creyendo lo mismo; yo no). En la
mayoría de los casos, los fósiles fueron derrotados y en muy poco tiempo la
Facultad de Ciencias de Buenos Aires fue considerada un ejemplo de ciencia
moderna en Sudamérica; se multiplicó el número de papers producidos,
nuestros alumnos hacían siempre un brillante papel en las universidades
extranjeras a donde iban becados y cuando llegaba un profesor visitante
siempre nos encontraba al día en todos los temas de moda.

Lo que conseguimos fue estimular el cientificismo, lanzar a los jóvenes a
esa olimpíada que es la ciencia según los criterios del Hemisferio Norte,
donde hay que estar compitiendo constantemente contra los demás científicos,
que más que colegas son rivales. Y como esa competencia continua no es el
estado ideal para poder pensar con tranquilidad, con profundidad, no es
extraño que ninguno de los muchos papers publicados por nuestros
investigadores desde 1955 haya hecho adelantar notablemente ninguna rama de
la ciencia. Si no se hubieran escrito, la diferencia no se notaría.

A cambio de ese ínfimo aporte a la ciencia universal, encontramos que estos
cientificistas no atendían a los alumnos, o peor, implantaban un criterio
aristocrático en la Facultad: elegían algunos buenos alumnos porque los
necesitaban como asistentes para su trabajo, y se dedicaban exclusivamente a
ellos. Los demás eran considerados de casta inferior y debían arreglarse
como pudieran.

Poco a poco la Facultad se fue transformando en una sucursal de las
universidades del Hemisferio Norte. En nuestros laboratorios trabajaba gente
joven, muy capaz, becada al Hemisferio Norte apenas graduados, que habían
recibido allí un tema de trabajo, y ahora de regreso en el país seguían con
ese tema porque era lo único que sabían bien y lo único que les permitía
seguir publicando; eran muy jóvenes, no tenían una experiencia amplia y no
querían desperdiciar esa capacidad tan específica que habían adquirido. Se
mantenían en contacto mucho más estrecho con las universidades del exterior
que con las nuestras: todos sus canales de información estaban conectados
hacía afuera. Y desgraciadamente dimos el ejemplo a las demás universidades
e institutos científicos del país y llegamos a extremos escandalosos: una
escuela de Física y un instituto de investigaciones sociológicas ubicados en
los Andes patagónicos, una hermosa zona de turismo aislada del resto del
país, pero adonde los profesores extranjeros iban encantados durante sus
vacaciones de verano porque podían combinar ciencia con esquí. Algo de eso
tienen ustedes aquí en el IVIC, pero lo peor no es el presente, sino el
futuro.

Lo que obtuvimos, pues, fue una alienación, un extrañamiento de todos esos
jóvenes que habíamos preparado con tanto cuidado, luchando durante anos para
conseguirles fondos, para crear el Consejo de investigaciones Científicas y
Técnicas que dio y da becas, subsidios, complementos de sueldo... con un
criterio aún más cientificista que el nuestro. Toda esa gente, aun
quedándose en el país, cortaba sus lazos con él y se vinculaba cada vez más
al extranjero. Algunos terminaban yéndose al Hemisferio Norte
definitivamente, pero ese no era el problema más grave. Más problema eran
los que se quedaban pero se ocupaban sólo de temas que interesaban a los
Estados Unidos o a Europa. Cuestiones de ciencia aplicada que interesaran al
país no se investigaban. Problemas de ciencia pura que pusieran tener alguna
ramificación beneficiosa para el país, no se veían. Que pudieran ser un
aporte significativo para la ciencia universal, no aparecieron.
En cambio teníamos una especie de colonización científica; todos nuestros
criterios, nuestras medidas de prestigio, los valores e ideales de nuestros
muchachos más inteligentes, estaban dados por patrones exteriores, aceptados
sin análisis, por puro seguidismo e imitación.

Por supuesto nosotros siempre hablábamos de los problemas nacionales, del
papel de la Facultad frente al país, y hasta creamos comisiones que trataban
de estimular en cada Departamento las investigaciones aplicadas. Pero no
pasaban de buenas intenciones y nosotros mismos no estábamos convencidos del
todo ni veíamos muy claro qué era lo que se podía hacer.

Sin embargo, había algunos síntomas significativos. Empezamos a obtener
apoyos inesperados e indeseados. Al comienzo, en el año 55, éramos todos
considerados comunistas por la embajada norteamericana, pero esa actitud fue
cambiando y nos encontramos recibiendo apoyo de las fundaciones -Ford,
Rockefeller, Carnegie, todas- la National Academy of Science, el National
Institute for Health; hasta recibimos un subsidio de la Fuerza Aérea
norteamericana para hacer un estudio meteorológico. A algunos de nosotros
esto nos obligó a pensar qué era lo que estaba sucediendo, por qué tanto
interés, tanta amistad con nosotros de golpe. Y llegamos a la conclusión de
que estábamos haciendo un buen negocio para ellos: que nuestra producción
científica era tan parecida a la de ellos que les convenía apoyarnos.

Cuando nuestros radioquímicos completaron una serie de tablas con
propiedades de los radioisótopos, no hicieron una obra científica
original -no formularon ninguna idea nueva- pero hicieron un trabajo de
rutina delicada, muy útil para la ciencia del Norte y recibieron por ello
muchas palmadas de agradecimiento. Como ese hay otros muchos ejemplos, pero
tal vez el máximo beneficio que el Hemisferio Norte saca de este apoyo al
cientificismo es que nos hace depender culturalmente de ellos. Si los
universitarios, la gente de la cual salen los cuadros dirigentes del país,
se acostumbran a aceptar el liderazgo científico, y por lo tanto tecnológico
del Norte, les será mucho más difícil rebelarse contra la dependencia
económica y política. De ahí el interés de muchas entidades del Norte en
apoyar nuestros esfuerzos en pro de la modernización de la enseñanza, y en
contra de los profesores fósiles y los métodos anticuados, y eso se está
viendo también aquí.

No quiero dejar pasar esta oportunidad sin recordarles que no es sólo en la
Facultad de Ciencias que se nota este apoyo extranjero. Todo el programa de
reforma de la educación venezolana que está haciendo Eduplan, está bajo el
"asesoramiento" de una universidad norteamericana, con dinero proporcionado
por la Fundación Ford. Recuerden también que acaba de inaugurarse el
Instituto de Enseñanza Superior de Administración IESA, fundado por empresas
privadas -la Creole y otras- con el auxilio técnico de cinco universidades
norteamericanas y apoyo financiero de la Ford, para impartir una enseñanza
moderna y eficiente, con las últimas técnicas de 'management', uso de
computadoras, racionalización de oficinas, etc. Este Instituto competirá
ventajosamente con otro análogo que tiene el gobierno, a pesar de que éste
también está tratando de modernizarse, y entonces el probable resultado es
que en el futuro, los cargos de responsabilidad en la administración pública
y privada serán ocupados por graduados del IESA, muy eficientes, pero con
una mentalidad formada según los valores y hábitos norteamericanos. Es
innecesario explicar los alcances políticos que pueden tener estos dos
ejemplos.

Lo mismo estaba sucediendo en Brasil, cuyo gobierno puso también la
educación en manos de varias instituciones norteamericanas. Pero, como
habrán leído en las noticias de estos días, los estudiantes brasileños,
después de un año de mantenerse indiferentes al problema, reaccionaron con
bastante violencia, y parece que el gobierno dio marcha atrás. Claro que los
brasileños siempre han sido bastante nacionalistas, y saben que si un país
es algo diferente de los demás es porque tiene una cultura propia, es decir
hábitos de vivir, de pensar, de trabajar, tradiciones y valores propios. Esa
cultura se forma en gran parte a través de la educación, y por eso la
educación es lo último que puede entregarse a otro país, cualquiera que sea.
Si en nuestra vida cotidiana, en nuestra ciencia y nuestro arte imitamos a
los EE.UU., es inútil que tengamos un ejército propio y elecciones
presidenciales: seremos igual una colonia, y con menos probabilidades de
liberarnos que hace 150 años, porque estaremos satisfechos con nuestra
manera de vivir. El colonialismo cultural es como un lavado de cerebro: más
limpio y más eficaz que la violencia física.

Si un país sudamericano quiere ser realmente libre, Y no un estado libre
asociado, tiene que tener su propia política educativa, dirigida mal o bien
por sus ciudadanos. Si son inteligentes tendrán grandes éxitos y serán
admirados por el resto del mundo; si no, serán al menos lo que ellos han
querido ser.

Quiero aclarar a todo esto que los asesores extranjeros que están
colonizándonos, son en general excelentes personas y realmente desean lo
mejor para Sudamérica. Claro que 'lo mejor' a la manera que lo entienden
ellos, y en eso se parecen mucho a los misioneros que iban a las islas del
Pacífico a salvar las almas de aquellos pobres paganos condenados al
infierno. Los asesores vienen muchas veces con la intención de salvarnos del
subdesarrollo, y esa intención se la agradecemos, pero los rechazamos porque
para ellos desarrollarse es ser igual a ellos, sobre todo culturalmente. Por
eso en especial propugnan y financian métodos de educación masiva,
televisión educativa, enseñanza a computadoras, todos esos métodos que les
permiten enlatar clases y conferencias en los EE.UU. y mandarlos aquí para
que todos aprendamos las mismas cosas, de la misma manera, con el mismo
énfasis.

Son métodos de aprendizaje muy eficientes. Seguro que vamos a adquirir
muchos más bits de información mucho más rápido que con estos anticuados
métodos nuestros, pero, ¿cuál es el contenido de esa información? Esa
información se refiere a los temas que les interesan a ellos, por supuesto.
En un pensum de Física sudamericano, la teoría general de la relatividad y
los métodos de detectar neutrinos no deben ocupar el mismo número de horas
que en el Norte, y en la escuela primaria y secundaria los ejemplos son más
delicados pero mucho más peligrosos.

En resumen, la independencia cultural debe ser nuestra objetivo permanente,
en todos los campos de la cultura, desde las series de TV hasta la ciencia
pura.

Esto es bastante fácil de comprender en ciertas ciencias: es evidente que
las investigaciones sociológicas no tienen que estar dirigidas por gente de
otro país que puede tener malas intenciones, como en el famoso Proyecto
Camelot. Y si las tienen buenas, saben menos que nosotros qué temas
interesan e incluso qué métodos conviene aplicar. Pero para las ciencias que
se estudian en esta Facultad, la cosa no está tan clara y debemos analizarla
aunque sea superficialmente, porque el otro camino, el de la imitación, el
seguidismo a eso que se llama sin mucho derecho "ciencia universal", ese si
está perfectamente claro y es sencillo de seguir. En realidad, uno de los
motivos que hace tan atrayente el cientificismo es que es muy fácil: no hay
que pensar en cuestiones realmente difíciles por sus muchas implicaciones. A
uno lo envían recién graduado a una universidad extranjera y allí su jefe le
dice qué artículos tiene que leer, qué aparatos tiene que manejar, qué
técnicas tiene que usar y qué resultados tiene que tratar de obtener. Si
trabaja con perseverancia, consultando cuando se le presenta alguna
dificultad, se graduará sin duda de "científico", y volverá a su país a
tratar de seguir haciendo lo mismo que aprendió o algo muy relacionado con
eso.
Sí ustedes se ponen a pensar qué podríamos hacer en vez de eso, se van a dar
cuenta de que es muy difícil elegir temas y métodos. Es lo más difícil de
toda investigación, y tanto más difícil cuanto más quiere uno liberarse de
los caminos trillados. Para algunos esta dificultad es un aliciente. Otros
prefieren no liberarse porque no sabrían qué hacer con esa libertad.

Evidentemente no estoy hablando de tomar medidas extremistas, no se trata de
rechazar la ciencia de moda por el hecho de que no nos sea inmediatamente
útil, o sea extranjera. Se trata de enterarse de todo, pero profundizar sólo
en lo que nos interesa por motivos nacionales. Se nos dice que la ciencia
debe interesarnos, porque la ciencia está formada por verdades, y lo que es
verdad en Nueva York también es verdad en Caracas. Esto hay que aclararlo.

Lo que ocurre es que la verdad no es la única dimensión que cuenta: hay
verdades que son triviales, hay verdades que son tontas, hay verdades que no
interesan a nadie. "Una frase significa algo sí y sólo sí puede ser
declarada verdadera o falsa", afirma una escuela filosófica muy en boga
entre los científicos norteamericanos. Yo no creo eso: hay otra dimensión
del significado que no puede ignorarse la importancia. Es cierto que un
teorema demostrado en cualquier parte del mundo es válido en todas las
demás, pero a lo mejor a nadie le importa. Eso me ha pasado a mí con muchos
teoremas que yo he demostrado. Son verdaderos pero creo que el tiempo que
gasté en demostrarlos lo pude haber aprovechado mejor. No significan nada.

Para eso hay una respuesta habitual: "no se sabe nunca; tal vez dentro de
diez años ese teorema va a ser la piedra fundamental de una teoría más
importante que la relatividad o la evolución". Bueno, sí, como posibilidad
lógica no se puede descartar, pero ¿cuál es su probabilidad? Porque si es
muy cercana a cero no vale la pena molestarse. Además, seamos realistas: si
un teorema que yo descubro hoy y que nadie lee ni le importa, dentro de diez
años resulta importante, es seguro que el científico que lo necesite para su
teoría lo va a redescubrir por su cuenta, y recién mucho después algún
historiador de la ciencia dirá "ya diez años antes un señor allá en
Sudamérica había demostrado ese mismo teorema". No tiene mucha importancia
eso para la ciencia universal. Ese valor potencial que tiene cualquier
descubrimiento científico es el que tendría un ladrillo arrojado en
cualquier lugar del país, si a alguno se le ocurriera construir allí una
casa, por casualidad. Es posible, pero no se puede organizar una sociedad,
ni la ciencia de un país con ese tipo de criterio. Hay que planificar las
cosas. No todas las investigaciones tienen la misma prioridad; ellas no
pueden elegirse al azar ni por criterios ajenos.

Esta no es una posición aceptada por todos los científicos: al contrario,
contradice algunas de las bellas frases acerca de la Ciencia con que nos
educan desde niños. En particular parece -sólo parece- contradecir la
"libertad de investigación".

Cuando un científico está tan convencido de la importancia de su tema que no
hay manera de convencerlo de que tiene prioridad baja, hay que dejarlo,
incluso hay que ayudarlo un poco. Porque esa convicción aumenta la
probabilidad de que el tema sirva para algo. Pero esos casos son muy raros.
Piensen, aquellos de ustedes que ya están embarcados en la carrera
científica, si en algún momento han tenido la convicción de que "tengo que
estudiar físico-química o reviento". No es verdad. uno elige su especialidad
llevado en buena parte por las circunstancias: una beca, un buen profesor,
un amigo, la familia. Y si las circunstancias le hubieran hecho estudiar
bioquímica estaría igualmente satisfecho.

Sin embargo hay que tener en cuenta que cuando una persona ya está entrenada
en una rama de la ciencia, cuando ha invertido unos cuantos años de su vida
en aprender una especialidad, es muy difícil pedirle que se dedique a otra
cosa de más prioridad. Si se le insiste mucho lo que hará es irse. Lo que
estoy diciendo se dirige a la gente que tiene que elegir su carrera, y a los
que tienen que decidir cómo se va a planificar la ciencia del país de aquí
en adelante, es decir, con qué criterios se van a repartir los limitados
fondos de que se dispone para investigar.

En esta lucha por la independencia cultural se puede caer, es cierto, en
extremos ridículos o heroicos. Así, el líder negro Fannon rechaza no
solamente la colonización política y económica sino también la cultural, y
dice: no queremos la ciencia de los blancos, no queremos la literatura de
los blancos; todo lo que han hecho desde Aristóteles hasta ahora pueden
guardárselo y vamos a ver qué hacemos nosotros en cambio. Eso realmente es
valiente, pero yo no creo que pueda ser. No puede ser por un motivo
sencillo, la ciencia "blanca" produjo una fuerza física que es irrebatible:
si Africa renuncia a toda la ciencia blanca, en particular renuncia a las
armas. Y no veo entonces cómo se van a proteger de la colonización.

Ese es un hecho incontrovertible; hay una parte de la ciencia que hay que
aceptar aunque sea en defensa propia. Si los guerrilleros vietnamitas no
estuvieran dispuestos a aprender la tecnología de la bazooka sería peor para
ellos. Y esa tecnología lleva implícita una ciencia básica que hay que
aprender.

Tampoco vamos a rechazar una teoría simplemente porque viene del Hemisferio
Norte, como Hitler quería rechazar la relatividad porque la había inventado
un judío. Lo que afirmamos es que no hay que irse al otro extremo: aceptar
cualquier cosa simplemente porque viene del Hemisferio Norte. Independencia
cultural significa dos cosas: obligación de crear, y derecho a elegir. De lo
que se hace en el Norte vamos a elegir lo que nos parezca conveniente; vamos
a tomarnos esa gran responsabilidad. Y vamos a tratar de crear lo que falta.

Podremos equivocarnos, como se equivocaron en Rusia al apoyar al genetista
Lyssenko contra las teorías "occidentales", pero por lo menos intentaron una
nueva vía. Tal vez Lyssenko era demasiado pirata y ese error pudo haberse
evitado. Pero no importa; un error así es menos grave que aceptar a pies
juntillas todo lo que viene del Norte, cono hacemos nosotros. Prefiero el
otro tipo de pecado.

Elegir en vez de aceptar no es fácil. Crear, mucho menos. La Ciencia parece
a primera vista un cuerpo tan completo y perfecto que uno se descorazona
fácilmente ante la tarea de innovar. Sin embargo, todos están de acuerdo en
que dentro de un siglo la ciencia habrá descubierto campos, teorías y
métodos totalmente nuevos. Eso significa que la ciencia de hoy no está
cubriendo todos los campos posibles. Hay un horizonte inmenso de nuevas
posibilidades.

Es verdad que la mayoría de estas novedades futuras no podrían aparecer hoy,
de pronto. Necesitan que transcurra el tiempo para que se hacen ciertos
descubrimientos empíricos, se inventen ciertos materiales y aparatos, etc.
Pero en muchos otros casos, el hecho de que se descubran hoy o dentro de
cien años depende principalmente del interés de los investigadores. Incluso
hay fenómenos sociales, biológicos, geológicos, que si no se investigan hoy
no se podrán investigar ya nunca porque habrán desaparecido.

En la Facultad de Ciencias, el deseo de crear, de ser originales, tropieza
con dificultades cada vez mayores a medida que se trata de una ciencia más
básica. Para un biólogo, encontrar temas que no sean sugeridos por el último
grito de la biología molecular no es muy difícil, dado el carácter local de
muchos fenómenos biológicos interesantes. Lo mismo pasa con los geólogos
(que deberían estar en esta Facultad). Hace poco leí que un estudio del río
Caroní sirvió para modificar una serie de conceptos hidrogeológicos. Ese
estudio lo dirigió un norteamericano ¿Por qué no un venezolano? Es un tema
tan interesante que pesó el nivel de revista técnica y alcanzó el de
divulgación. Como éste, sin duda hay muchos otros temas empíricos que
conducen rápidamente a cuestiones teóricas novedosas.

Pero si pasamos a la Química, la Física o la Matemática, la cosa es más
difícil, aún si el único criterio fuera la originalidad, que no lo es.
Evidentemente los átomos son los mismos en todas partes, parece difícil
encontrarles carácter local., y en efecto, una teoría de las partículas
elementales venezolanas sonaría bastante ridícula, y una teoría venezolana
de las partículas elementales suena bastante difícil porque sería correr una
carrera con el Hemisferio Norte en un tema que inventaron ellos, al cual
aplican enormes recursos y donde nos llevan una gran ventaja inicial. Es
justamente lo que se quiere evitar.

Sin embargo, los átomos de azufre pueden estudiarse en general o en su
relación con el petróleo venezolano. Este es un problema empírico que lleva
inmediatamente a cuestiones teóricas fundamentales. Y tampoco es imposible
hacer teorías en las que en el Norte no se ha pensado: en esta misma
Facultad, el profesor Alsina, un sudamericano, completó su interpretación
del electromagnetismo y otros conceptos físicos a través de la relatividad
especial, un estudio original y de calidad.

Se puede estudiar la teoría de líquidos en vez de la de sólidos como todo el
mundo, o dentro de los sólidos la física del suelo en vez de los
semiconductores o los cristales. Toda la teoría de los fenómenos
irreversibles está muy atrasada. No se sabe nada de posibles memorias
orgánicas para computadoras: hay allí un campo abierto para equipos de
ingenieros, biólogos, químicos y físicos.
 Ya ven que es posible plantear ternas que no están de moda, si es eso lo
que uno se propone.

 Pero la originalidad no puede ser el único criterio. Eso corresponde a la
ideología de que la ciencia es un juego y que el científico puede elegir el
tema que le divierta más, porque su recompensa es el placer que experimenta
al dedicarse a ese juego. Esa ideología se lava las manos de los problemas
sociales y por eso debemos rechazarla.

Intentemos por lo menos una respuesta tentativa a este problema de hacer
ciencia autónoma pero con un contenido social.

Yo creo que lo que tiene que hacer un país subdesarrollado es integrar la
actividad científica alrededor de algunos grandes problemas del país. Y la
Facultad de Ciencias tiene que orientar su enseñanza para que eso sea
posible. Afirmo que con ese método de trabajo se conseguirá que la
Universidad contribuya mejor al desarrollo del país y que no se haga
seguidismo científico.

Para aclarar, tomemos como ejemplo un proyecto que se planteó en esta misma
Facultad sin mayor éxito. Es el estudio general de la región de los Llanos.
Que eso es útil, muy útil, al país es evidente, pero además puede dar origen
a descubrimientos empíricos, teóricos y metodológicos de tanto interés como
los de cualquier otra parte del mundo.

La idea es que al plantear un estudio tan amplio es forzoso trabajar en
equipo multidisciplinario. Se debe conseguir una integración no sólo de
ecólogos, zoólogos y botánicos, edafólogos y micólogos, sino también de
físicos y químicos, porque el suelo debe ser analizado desde ese punto de
vista, y de matemáticos, porque toda esa información debe poder manipularse
de una manera eficiente y rigurosa, es decir con métodos matemáticos. Y por
supuesto tiene que haber economistas y sociólogos: sería absurdo estudiar
toda la vida de los Llanos menos la humana; hay que estudiar cómo es la
gente que vive allí, cuáles son sus necesidades, y qué representa esa región
para los objetivos nacionales de Venezuela.

Estoy seguro de que cuando los campesinos del Llano empiecen a plantear sus
problemas acerca de por qué tal planta crece peor aquí que allá, los
fisiólogos vegetales encontrarían cien temas de interés, y como no estarán
estudiando ejemplares de invernadero deberán llamar en su auxilio a los que
estudian las propiedades del suelo, las características de las inundaciones,
los enemigos naturales, etc., etc. Esta interacción de disciplinas, que
exige a su vez discusión, crítica y estímulo constante entre los
investigadores y permite que ideas comunes en una rama de la ciencia se
propaguen de manera natural a las otras, es una garantía de éxito.

Les recuerdo además una característica propia de la ciencia del norte, y es
que allí es muy raro el trabajo en equipo, justamente porque la filosofía de
la vida en Estados Unidos requiere una alta competitividad individual. Cada
científico tiene que firmar él su paper, porque si no ha publicado tantos
por año pierde su contrato en la Universidad a favor de otro que publicó
más. Hay una resistencia muy grande a hacer un trabajo en el que haya cierta
dosis de, digamos, generosidad colectiva con respecto a las ideas y a los
papers. Es muy difícil plantear allá un trabajo grande, cuyos resultados
pueden tardar 3, 4 ó más años en aparecer, y cuando aparezcan estarán
firmados por muchas personas. Eso no sirve para hacer carrera científica en
Estados Unidos, y no se hace salvo cuando no hay más remedio: cuando hay
guerra, en las industrias de defensa, en la industria espacial. Allí sí;
cuando hay que hacer la bomba atómica se reúnen todos los cráneos necesarios
y se hace. Pero no es lo usual; ellos no están preparados ideológicamente
para trabajar en equipo. Yo no sé si nosotros lo estamos, pero es un camino
promisorio y deberíamos probarlo.

Pero hasta ahora no ha habido confianza suficiente en las propias fuerzas.
Así un Magnífico estudio interdisciplinario, el plan de desarrollo de Ciudad
Cuyana y su zona de influencia, fue encargado a un grupo de expertos
extranjeros. Y los resultados no fueron muy brillantes, por cierto.
Seguramente un equipo venezolano no lo hubiera hecho peor.

Esto nos indica otro ejemplo, el más importante de los que se me ocurren. Es
el estudio de la estrategia de desarrollo que más conviene al país.
Partiendo de la situación actual objetiva, y de ciertas metas generales como
eliminar la pobreza, la dependencia económica y cultural, etc., se debe
investigar cómo efectuar ese cambio, pero analizando todos sus aspectos: con
qué recursos naturales y humanos se cuenta, qué fuerzas internas o externas
se oponen al cambio, qué instituciones se necesitan, qué fábricas son
indispensables, cómo pueden continuar funcionando si hay un bloqueo
comercial, etc., etc. Este es un problema que parece pertenecer a las
ciencias sociales, pero si se plantea en todo su real tamaño requiere la
colaboración esencial de las ciencias básicas, desde la discusión de las
recursos naturales y los procesos tecnológicos de producción hasta los
métodos matemáticos y estadísticos de analizar la enorme cantidad de
factores que intervienen en el proceso simultáneamente.

E insisto en que aunque estos grandes proyectos parecen ser ciencia
aplicada, en la realidad darán origen a muchos problemas de ciencia pura, y
de manera funcional: no problemas teóricos cualesquiera, sino sugeridos por
la necesidad de contestar a las preguntas planteadas en el proyecto y que la
ciencia actual no alcanza a responder. En Venezuela tenemos varios ejemplos
concretos de esto. Así, en el estudio de sistemas socio-económicos mediante
modelos matemáticos complejos que se hace en el Cendes y en el Departamento
de Computación de esta Facultad, notamos la necesidad de ciertas
herramientas matemáticas que la ciencia del Hemisferio Norte no se ha
preocupado por desarrollar. Ellos publican muchos teoremas de Topología, de
Análisis Funcional, de Algebra Homológica, pero no nos sirven. Nos harían
falta otro tipo de teoremas aún no descubiertos. No es que queramos ser
originales; es una necesidad que apareció naturalmente en el curso de
nuestro trabajo, y que nos hace desear una mayor integración con los
matemáticos 'puros' de esta Universidad.

 Este ejemplo es interesante porque se refiere a la ciencia considerada más
universal entre todas, y donde parece más difícil que una investigación
'aplicada' pueda originar problemas teóricos novedosos. ¿No es lógico pensar
que los matemáticos sudamericanos podrían contribuir más eficazmente al
desarrollo de esta ciencia interesándose por estos problemas en vez de
seguir a la cola de los temas de moda? La famosa ciencia universal puede
ganar muchos más de unas pocas ideas frescas, motivadas por problemas reales
nuestros, que de nuestra incorporación pasiva a la gran competencia
atlético-científica del Hemisferio Norte.

Pero ¿como se hace para lograr una renovación académica en esta dirección;
para que los hábitos de investigación se orienten hacia estos grandes
proyectos interdisciplinarios? Esto no se consigue en un día ni con un
decreto del Consejo Directivo. Hay muchos pequeños y grandes ajustes que
hacer en todas las actividades de la Facultad lo antes posible. Veamos
algunos, propuestos por el Profesor Domingo, y que yo comparto totalmente.

1.- Aumentar la interacción profesor-alumno en ambas direcciones: reducir la
importancia de las clases magistrales ante aulas repletas y aumentar la
enseñanza en grupos pequeños, pasando rápidamente a seminarios, y luego a
grupos de trabajo antes de graduarse. Utilizar medios mecánicos y
electrónicos para enseñar el material que puede aprenderse rutinariamente,
de memoria, pero sólo para ese material. El uso exagerado de televisión
educativa y enseñanza programada es un peligro mortal para la independencia
de nuestros países.

2.- Modificar el régimen de calificaciones de modo que premie no sólo el
conocimiento individual sino la capacidad de trabajo en equipo, de
colaboración, la dedicación a transmitir conocimientos y la imaginación
creadora.

3.- Los mismos criterios pero con mayor énfasis aún, deben usarse para la
selección de becarios al exterior. No debe becarse a nadie que no está
formando parte de un grupo de trabajo y no sepa lo que va a hacer a su
regreso. El pedido de beca debe ser aprobado por el grupo de trabajo.

 4.- Modificaciones del pensum para introducir temas que vinculen la ciencia
con la sociedad. En Particular debe darse una descripción del país con sus
problemas actuales y previsibles, con un criterio muy concreto y dinámico.

5.- La tesis de grado debe hacerse preferentemente colaborando como
asistente en un equipo que ya está funcionando interdisciplinariamente.

6.- Estimular reuniones de profesores de distintas Escuelas y de distintas
Facultades para sugerir vinculaciones de cada materia y de cada
investigación con otras disciplinas.

7.- Utilizar los criterios enunciados en 2.- para los ascensos, subsidios y
años sabáticos a profesores.

8.- Dar mayor responsabilidad en la enseñanza a los asistentes e
instructores.

Tal vez estas normas ayuden a luchar exitosamente contra los fósiles y los
cientificistas al mismo tiempo, y los universitarios puedan por sentir que
están cumpliendo con su país y con la ciencia. 




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