[R-P] [E. Lacolla] Cambalache
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Jul 17 13:26:45 MDT 2008
Cambalache
Por Enrique Lacolla
El acto en el Monumento de los Españoles mostró la convergencia contra
natura de elementos políticos que hasta aquí habían sido como el agua
y el aceite. Esto expresa una mezquindad política que, por desdicha,
no es exclusiva de la oposición.
La fractura de las huestes gubernamentales con motivo del tema de las
retenciones no debería ser evaluada como un revés por quienes desean
que el país se encolumne detrás de un proyecto nacional coherente y
provisto de motivaciones estratégicas. Al contrario, debería ser la
oportunidad de liberarlo de tanta morralla y de comenzar a establecer
las conexiones y los valores que son necesarios para conquistar el
futuro. Para esto es preciso hablar con franqueza, sin esos
circunloquios y eufemismos a que nos ha acostumbrado la era de lo
"políticamente correcto" a la que ingresó el país después de la
dictadura.
El acto del frente agrario realizado en el Monumento de los Españoles,
en Buenos Aires, fue revelador en más de un sentido. Como en el
"cambalache" mentado por Discépolo, allí se reunieron la Biblia y el
calefón. La Sociedad Rural, las Confederaciones Rurales Argentinas, la
Federación Agraria, Lilita Carrió, Chiche Duhalde, Patricia Bullrich,
José Manuel de la Sota, Ricardo López Murphy, Luis Barrionuevo, la
Sra. Pando y los supérstites de la ultraizquierda Vilma Ripoll,
Castells y otros de su laya que, como de costumbre, hacen de la
equivocación (o de la imbecilidad) un credo, se agruparon para
sostener un proyecto de país inmóvil, de inmoral concentración de la
riqueza, de cerrazón ideológica, de oscuras pulsiones racistas y de
oportunismo corto de miras.
¡Pero si en estos días se ha vuelto a descalificar al pueblo que apoya
al bando que defiende los derechos de exportación con una frase de
triste recuerdo! Esa frase –"en Plaza del Congreso va estar presente
el zoológico", proferida por Alfredo de Angeli- tiene una definida
connotación racista y, lo sepa o no quien la profirió, hace eco a otra
del diputado Ernesto Sanmartino quien, durante la primera presidencia
de Perón, se refirió a la masa de votantes que lo había puesto en la
presidencia el 24 de febrero de 1946, definiéndola como un "aluvión
zoológico".
Quizá correspondería enmendarle la plana al Sr. De Angeli diciendo que
de ese zoológico se han escapado los gorilas como él… Es probable que
no interpretase esta calificación como un insulto; después de todo,
"deben ser los gorilas, deben ser" fue una canción de moda allá por
los '50, y la frase fue recogida como un lema de batalla por quienes
pronto se convertirían en los "comandos civiles", de triste memoria.
La distorsión de la verdad, su desfiguración desvergonzada de parte de
muchos "comunicadores sociales" (vulgo, periodistas) que de hecho no
son otra cosa que escribas a sueldo de sus empresas, a su vez
expresivas de un conglomerado de intereses a los que les "preocupa el
país" –les preocupa mantenerlo como está, desde luego-, en estos días
está alcanzando niveles insoportables. Los columnistas de La Nación,
por ejemplo, han descubierto que la protesta de los ruralistas contra
los derechos de exportación está dando lugar a "una nueva visión de
país", y uno de ellos se extasía al descubrir que "nunca los porteños
han arropado a la gente del campo" como lo hacen hoy. Según el señor
Morales Solá, en sólo 120 días las torpezas del gobierno de Cristina
Fernández lograron borrar "una historia tan larga como la del país, la
de las divisiones y suspicacias entre la Capital y el Interior".
Quien dice esto se equivoca a sabiendas. Aquí no hay lucha por el
federalismo ni por una efectiva democracia. Lo que hay es la defensa
frenética de los privilegios de unos medianos propietarios
–ausentistas, muchos de ellos, pues arriendan sus campos a los pooles
de la siembra-, aliados a la Sociedad Rural y a los monopolios
transnacionales que detentan la mayor parte de una de las tierras más
feraces del mundo. Desde esa posición de privilegio, la siempre
presente oligarquía ha dirigido los destinos del país desde los
tiempos de la organización nacional, salvo breves intervalos. Y lo ha
hecho de acuerdo a criterios inmovilistas, que hacen del monopolio de
la renta diferencial agraria el núcleo de un poder desde el cual se
han opuesto siempre a cualquier transformación dinámica del país, que
promueva su industrialización e incorpore a la corriente de la
historia las enormes extensiones que están fuera de la pampa húmeda.
No es de sorprender que los sectores de la clase media porteña
alienados de la comprensión de la realidad del país profundo, educados
en la nefasta dicotomía entre civilización y barbarie y habitados por
el rechazo racista que subyace a esta concepción, respalden bobamente,
como lo han hecho en tantas otras ocasiones, a las operaciones
psicológicas que conspiran para mantener las cosas como están, incluso
a través del golpe de Estado.
Ahora bien, lo desesperante de todo esto es que, hoy por hoy, del otro
lado, no termina de percibirse una decisión firme de llevar adelante
la transformación anunciada. Por un lado, el Gobierno equivocó sus
políticas al no introducir oportunamente la discriminación entre los
distintos tipos de campo que se conocen en Argentina, y al descargar
el peso de las retenciones sobre los medianos productores sin atender
a los más importantes y despiadados beneficiarios del modelo sojero:
las multinacionales como Cargill y Monsanto. ¿Fue casual esto?
¿Responde a cierta complicidad implícita?
Por otro lado, el núcleo de la propaganda oficial en pro de las
retenciones es, como rezaba el cartel que presidía el escenario en la
Plaza de los Dos Congresos, "en defensa de la mesa de los argentinos".
Finalidad irreprochable, comprensible y defendible, pero inválida si
no se la acompaña con la decisión de transformar al país de arriba
abajo, redireccionando no sólo los excedentes de la producción agraria
sino los del sistema financiero, combatiendo de veras la evasión y
promoviendo una reforma impositiva de carácter progresivo que permita
invertir en el país, de acuerdo a un plan predispuesto que contemple
la potenciación educativa, el desarrollo tecnológico, las
comunicaciones y el sostén a las industrias de punta. Si no se hace
esto, se estarán quizá paliando los males mayores y suscitando un
progreso muy temperado, pero seguiremos atados en lo esencial al
monocultivo de commodities, sin capacidad de reacción propia en un
mundo en el cual la inestabilidad crece y el apetito por los recursos
naturales se está tornando en el impulsor de políticas agresivas en
gran escala y que en cualquier momento pueden rematar en un desastre
de magnitud global.
Un mundo interconectado
Hay que acostumbrarse a leer la realidad en la interacción de sus
múltiples facetas.
Es difícil, pero necesario: hay que ver las contradicciones que nos
rodean en su conexión con las que están desparramadas por el mundo.
Nada es ajeno a nada. La habilitación de la IV Flota de Estados Unidos
en aguas del Caribe es un dato inquietante que por supuesto no es el
fruto de la preocupación norteamericana por combatir el narcotráfico.
Incluso el observador más ingenuo sabe que apunta contra el
experimento venezolano de presidente Hugo Chávez. Pero lo que quizá no
percibe es que también responde a la posibilidad cierta de un desastre
mayor en el Medio Oriente, que podría hacer a Estados Unidos más
dependiente de los recursos petrolíferos no sólo de Venezuela sino
también de otros países latinoamericanos. ¿Es casual que la creación
de ese nuevo comando coincida con el descubrimiento de inmensos
yacimientos petrolíferos frente a la costa del Brasil? ¿Es mera
coincidencia que Gran Bretaña propulse en esos momentos la expansión
de su área antártica en detrimento de los derechos de Argentina y
Chile? La convicción de que una gran cuenca petrolífera austral se
extiende frente a Argentina y rodea a las Malvinas, ¿no puede tener
algo que ver con esta iniciativa? Y después dicen que la guerra por el
archipiélago fue tan solo la consecuencia de la ocurrencia de un
"dictador borracho".
El lavado de cerebro a que es sometido el público en Argentina tiene
en el conflicto agrario una expresión relevante. Mientras el país se
tensa en torno de una cuestión que afecta a un sector productivo que
sólo aporta el 5,3 por ciento del PBI y evade impuestos en gran
escala, se utiliza la expresión "dos modelos de país" para definir las
trincheras opuestas. Y bien, no hay tal. Tenemos un modelo mezquino,
rapaz, de vocación minoritaria, configurado mentalmente en dependencia
del exterior y subliminalmente racista; y otro de mejores
características, sin duda preocupado por el sostén de una Argentina
más independiente de cara al imperialismo y deseoso de una módica
redistribución del ingreso que consienta un avance lento hacia una
mayor armonía social, pero hasta ahora sin voluntad de promover una
ruptura y envuelto en una especie de pacifismo comodón que se
interpone como una cortina de humo entre el público y el contorno de
las cosas.
No se trata de pacifismo, sin embargo, sino de una especie de pereza
histórica poseída por la difusa convicción de que aquí todo termina
por arreglarse porque "Dios es argentino" y nos ha favorecido con una
riqueza inagotable que, una y otra vez, nos va sacar de apuros pues,
como decía Georges Clemenceau, este país está tan bien provisto que
los argentinos no pueden arruinarse aunque quieran hacerlo.
Revés en el Senado
Pasada –por el momento- la hora de los golpes militares, hemos entrado
a la era de la desestabilización institucional para la consecución del
golpe de Estado. Este no tiene por qué pasar por el derrocamiento de
la Presidenta, sino por su desgaste y puesta en sazón para un relevo
que recaería en uno de los equívocos "radicales K", el Sr. Julio
Cobos, vicepresidente de la República y presidente del Senado, quien
se encargó de desempatar la votación en torno de las retenciones
móviles a favor de los que se oponían a estas.
Cualesquiera sean sus límites y cualesquiera sean nuestras
divergencias en lo referido a su accionar, el gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner es, hoy por hoy, el único reparo que existe
frente a la reviviscencia de la oleada neoliberal que se advierte
detrás del tumulto agropecuario y de la ebullición del Barrio Norte,
simbólicamente desplegados entre la Sociedad Rural y la embajada
norteamericana. El rechazo del Senado a las retenciones móviles
demuestra que la base política sobre la que se asentaba este gobierno
se ha fracturado.
No era fatal que sucediera de este modo. Si en 2003 se hubiera
procedido con decisión en la enmienda de los costados enfermos del
país, y si tres años atrás se hubiera procedido a despejar los
bloqueos de los piqueteros "paquetes" de Gualeguaychú, que violaban de
manera flagrante el derecho internacional, en vez de alentarlos por
razones de un oportunismo electoral corto de miras, no habríamos
llegado a este nivel de licuación de los poderes del Estado.
Sin embargo, como decíamos al principio, esto no debe ser entendido
sólo como un revés. También puede proporcionar un nuevo punto de
partida, desde el cual se debe arrancar para frenar, primero, la
ofensiva de la derecha neoliberal y, segundo, derrotarla implementando
un modelo de desarrollo efectivo, que no se estacione en una
confortable espera. El progreso es movilización, confrontación y
cambio. Pero para impulsarlo es necesario tener un discurso propio,
una meta efectiva y una voluntad de hierro. Se ha retrocedido mucho,
pero todavía se está a tiempo.
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Néstor Gorojovsky
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