[R-P] [CUPV] Los escenarios pos FARC

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Jul 14 11:27:14 MDT 2008


Los escenarios pos FARC

Raúl Zibechi

ALAI AMLATINA, 11/07/2008, Montevideo.- En el primer semestre de 2008 se 
ha producido un fuerte viraje político, que le permite a las derechas, 
locales y globales, y a las multinacionales, recuperar posiciones y 
retomar la ofensiva. El viraje no se circunscribe a Colombia, aunque tiene 
allí su epicentro mayor, sino que se extiende a países como Argentina, 
Bolivia y Perú, pero en lo esencial afecta a toda la región.

En Colombia, si alguna vez hubo algún equilibrio estratégico entre las 
FARC y las fuerzas armadas, en los últimos meses se ha quebrado a favor 
del Estado. La guerrilla perdió toda posibilidad de negociar un acuerdo 
humanitario en condiciones favorables, no puede mantener ofensivas 
militares ni políticas, sufre un agudo descrédito entre la población y ya 
no cuenta con aliados significativos en la región ni en el mundo. Aún así, 
lo más probable es que las FARC sigan adelante, con menguada capacidad de 
iniciativa y con la probable fragmentación entre sus mandos y frentes, 
como lo sugiere el desenlace de la liberación de los 15 secuestrados.

La estrategia delineada por el Comando Sur y el Pentágono, y plasmada en 
el Plan Colombia II, no contempla ni la derrota definitiva ni la 
negociación con la guerrilla. Eliminar a las FARC del escenario sería un 
pésimo negocio para la estrategia imperial de desestabilización y 
recolonización de la región andina, a la que Fidel Castro definió como 
“paz romana”. Ese proyecto no puede llevarse a cabo sin guerra, directa o 
indirecta, o sea sin la desestabilización permanente como forma de 
reconfiguración territorial y política de la estratégica región que 
incluye el arco que va de Venezuela a Bolivia y Paraguay, pasando por 
Colombia, Ecuador y Perú.

Por un lado, se trata de despejar la región andina para facilitar el 
negocio multinacional actual (minería a cielo abierto, hidrocarburos, 
biodiversidad, monocultivos para agrocombustibles) que supone tanto la 
apropiación de los bienes comunes como el desplazamiento de las 
poblaciones que aún sobreviven en esos espacios. No estamos ante un 
capitalismo, digamos, “normal”, el que fue capaz en su momento de 
establecer alianzas y pactos que dieron vida al Estado benefactor, en base 
a la triple alianza entre Estado, empresarios nacionales y sindicatos. Se 
trata de un modelo financiero-especulativo y de acumulación por 
desposesión, que sustituye las negoaciones por las guerras y la extracción 
de plusvalor por la apropiación de la naturaleza. O sea, un capitalismo de 
guerra para tiempos de decadencia imperial.

Este sistema asume la forma de capitalismo criminal o mafioso en países 
como Colombia, porque no sólo es funcional a la guerra y al robo, sino que 
ellas forman su núcleo central, su principal modo de acumulación. Eso 
explica la alianza estrecha entre empresas privadas de guerra, que cuentan 
en ese país con 2 a 3 mil mercenarios apodados ahora “contratistas”, con 
un Estado paramilitar como el que encabeza Alvaro Uribe, asentado en la 
alianza con paramilitares y narcotraficantes. En Colombia, a ese orden de 
cosas le han hecho frente tres fuerzas: la guerrilla, la izquierda del 
Polo Democrático y los movimientos sociales. La primera cree que puede 
vencer con las armas o negociar con ese nuevo poder. El Polo desestima el 
papel de Washington y de las multinacionales, como diseñadores y 
usufructuarios del Estado paramilitar mafioso, y sobreestima por lo tanto 
los márgenes democráticos. Los movimientos, por su parte, tienen grandes 
dificultades para superar la escala local y sectorial y no están en 
condiciones, por ahora, de erigirse en actores alternativos.

El Plan Colombia II fue el encargado de diseñar ese Estado militarista y 
en este momento busca afianzarlo. Ahora que las FARC no representan riesgo 
mayor para ese proyecto, aparece con claridad el objetivo de largo plazo 
trazado. Lejos de abrir espacios para la negociación, como desea la 
izquierda, el mensaje de los últimos meses indica un solo camino: ni la 
paz ni la rendición les garantiza la vida a los guerrilleros. O combaten y 
resisten o les espera el exterminio, como sucedió a fines de la década de 
1980. Se trata de golpear sus núcleos territoriales para desplazarlos 
hacia las zonas fronterizas con Venezuela y Ecuador, donde el Plan 
Colombia II aspira a convertirlos en instrumento de la desestabilización 
regional.

Por eso Venezuela y Hugo Chávez adoptaron la estrategia de reducir la 
tensión con el gobierno de Uribe. No se trata de una cuestión ideológica, 
como pretenden algunos analistas. Ese debate vale para las mesas de café o 
los despachos académicos, pero tiene escasa utilidad cuando se trata de la 
sobrevivencia de proyectos de cambio social. Si se consolida el proyecto 
imperial, toda la región sufrirá con la polarización, de ahí la urgencia 
por desmontar los conflictos, tanto en Colombia como en Argentina y 
Bolivia.

Un eventual triunfo de Barack Obama tampoco modificará las cosas. Puede 
atemperar los rasgos más autoritarios del uribismo, lo que explica el 
nerviosismo del gobierno de Bogotá y su solícita alianza con el candidato 
republicano. Lo cierto es que los planes del Comando Sur no dependen del 
inquilino de la Casa Blanca, y que estos apuntan a promover una acción 
integral en la región que la convierta en una zona estable y un baluarte 
inexpugnable para mantener la hegemonía estadounidense a escala global. En 
suma, las elites imperiales aspiran usar la fuerza de las armas para 
revertir su decadencia, que pasa por la recolonización de América Latina. 
En un período como el actual, sólo la movilización popular y las vías 
políticas pueden contribuir a debilitar la ofensiva que viene del Norte.

- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la 
Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios grupos 
sociales.


"Por los contornos más profundos se me desatan las mareas. Lloro, menstrúo, ansío. Por los gestos más correctos se me anuncian deseos. Se me revela el amor de nuevo y no sé qué hacer con él. Me desangro... pedacitos de mi misma. Roja, quebrada. Desparramada. Afuera la vida pasa como una ciruela a veces gorda, jugosa y amarilla. A veces seca, arrugada, coagulada. Mientras es la procesión la que sigue por dentro y no pasa. No pasa."



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