[R-P] El tren descontrolado del mundo ( Kenneth Rogoff )
Ezequiel Beer
ebeer en telecentro.com.ar
Dom Jul 13 10:11:32 MDT 2008
El tren descontrolado del mundo
KENNETH ROGOFF
El País
Madrid, 13/07/2008
La economía mundial es un tren descontrolado que empieza a frenar, pero no
con suficiente rapidez. Eso es lo que nos grita el extraordinario aumento de
precios del petróleo, los metales y los alimentos al que estamos asistiendo.
La espectacular e histórica prosperidad económica mundial de los últimos
seis años está a punto de estrellarse contra una pared. Por desgracia,
nadie, desde luego no en Asia o en Estados Unidos, parece estar por la labor
de hacer de tripas corazón y ayudar a idear el necesario repliegue
coordinado hacia un crecimiento sostenido por debajo de la tendencia, lo
cual es necesario para que nuevos suministros y alternativas de materias
primas puedan ponerse a la altura de la demanda.
Sin embargo, los gobiernos se empeñan en estirar unos auges insostenibles,
impulsando aún más los precios de las materias primas y aumentando el riesgo
de que se produzca uno de esos caos financieros y económicos que sólo se
viven una vez. Todo esto no tiene por qué acabar de manera horrible, pero
los políticos de la mayoría de las regiones del mundo tienen que empezar a
pisar con fuerza los frenos, no el acelerador.
No miren hacia Estados Unidos en busca de liderazgo en un año de elecciones
presidenciales. Por el contrario, el Gobierno estadounidense ha estado
entregando cheques de devoluciones fiscales para que los estadounidenses
compren hasta la extenuación, y ahora el Congreso habla de seguir.
No miren tampoco hacia los nuevos mercados. Desesperados por mantener el
tirón político y económico, casi todos han tomado una serie de medidas para
evitar que sus economías sufran de lleno el golpe de las fuertes subidas de
precio de los productos básicos. A consecuencia de ello, estos precios están
consumiendo los colchones fiscales en lugar de reducir la demanda.
Me desconcierta que tantos expertos económicos parezcan pensar que la
solución es que todos los gobiernos, ricos y pobres, repartan más cheques y
subvenciones para que siga la expansión económica. La política keynesiana de
estímulos podría contribuir a aliviar un poco a algún país que actúe por su
cuenta. Pero si todos los países intentan estimular el consumo al mismo
tiempo, no funcionará.
Un aumento general de la demanda mundial se traducirá sencillamente en una
subida de precios de las materias primas, y tendrá poco efecto útil para el
consumo. ¿No es esto evidente? Sí, sigue habiendo crisis financiera en
Estados Unidos, pero cebar la inflación es un modo increíblemente injusto e
ineficaz de enfrentarse a ella.
Algunos gobernadores de bancos centrales nos dicen que no nos preocupemos,
porque serán mucho más disciplinados que los bancos centrales de la década
de 1970, cuando el mundo afrontó una subida de precios similar de los
productos básicos. Pero esta vez es distinto. El problema de las materias
primas nos ha pillado por sorpresa, a pesar de las notables reformas
institucionales de la política macroeconómica en todo el mundo.
La afluencia histórica de nuevos participantes en la población activa
mundial, todos los cuales aspiran a los niveles de consumo occidentales,
está llevando el crecimiento mundial más allá del marcador de seguridad del
velocímetro. En consecuencia, la limitación de los recursos naturales que
antes esperábamos que terminara hacia mediados del actual siglo XXI nos está
golpeando ahora.
Espere un segundo, dirán ustedes. ¿Por qué no pueden nuestras economías de
mercado tan maravillosamente flexibles capear el temporal? ¿No harán los
precios elevados que las personas limiten el consumo y busquen nuevas
fuentes de suministro?
Sí, y eso es lo que acabó ocurriendo con los suministros de energía en la
década de los años ochenta del pasado siglo. Pero el proceso lleva tiempo,
y, debido al peso creciente en el consumo mundial de unas economías de
mercado emergentes relativamente inflexibles, el ajuste probablemente
llevará más tiempo que hace unas décadas.
Por diversas razones, la mayoría relacionadas con la intervención estatal,
no se puede decir que muchas economías de mercado emergentes tengan una
demanda de recursos flexible, de modo que los picos de los precios no están
teniendo consecuencias especialmente apreciables sobre la demanda.
Los gobernadores de bancos centrales que nos dicen que no nos preocupemos
por la inflación señalan la relativa estabilidad de los salarios. Por lo
general las expansiones empiezan a paralizarse cuando la mano de obra se
vuelve demasiado escasa y demasiado cara. Pero la actual expansión se sale
de lo normal porque, debido a circunstancias únicas (en la época moderna),
las restricciones del trabajo no son el problema. Por el contrario, la
población activa real del planeta sigue aumentando.
No, esta vez, los recursos de materias primas son la principal restricción,
y no un problema secundario, como en el pasado. Por eso los precios de estas
mercancías seguirán subiendo hasta que el crecimiento mundial se ralentice
durante el tiempo suficiente como para que nuevas ofertas y nuevas opciones
de ahorro se pongan a la altura de la demanda.
Esta economía mundial convertida en tren descontrolado tiene todos los visos
de una gigantesca crisis -financiera, política y económica- en ciernes.
¿Encontrarán los políticos un modo de alcanzar la coordinación internacional
necesaria? Hay que empezar por hacer un diagnóstico correcto. El mundo en su
totalidad debe endurecer su política monetaria y fiscal. Es hora de pisar el
freno de este tren descontrolado, antes de que sea demasiado tarde. -
.
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular