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Vie Jul 11 19:42:27 MDT 2008


QUIEREN NUESTROS RECURSOS...
POR LAS BUENAS O POR LAS MALAS
Por el General JUAN DOMINGO PERON
Conversaba con uno de los dirigentes diplomáticos 
que actuaron en el Congreso de Estocolmo, que se 
reunió para la defensa ecológica de la Tierra; 
porque el hombre ha comenzado a pensar que está 
despilfarrando los medios naturales que no son 
infinitos, desgraciadamente, y que un día va a 
llegar en que se va a quedar sin tierra, sin agua 
y sin aire, y entonces sé que la va a pasar 
canuta, como dicen los gallegos. Indudablemente, 
este proceso el hombre ha comenzado a verlo. Y yo 
conversaba con ese señor, un hombre de gran 
ilustración, de gran capacidad y sobre todo de grandes conocimientos. Le
preguntaba qué sacaron en limpio de esa reunión, 
y me contestó: "Extraordinario. En primer lugar, 
allá no se habló de los países, se habló de la 
Tierra. Segundo, nos dimos cuenta de que el mundo 
marcha hacia la universalización o hacia la 
hecatombe: segunda enseñanza. Y tercera, nos 
dimos cuenta de lo estúpidos que han sido los 
hombres que durante siglos han muerto por 
millones, defendiendo unas fronteras que solo estaban en su imaginación".
Frente a este imperativo de la evolución, 
nosotros debemos pensar que quizás antes del año 
2000, en que se doblará la actual población de la 
Tierra y disminuirá a la mitad la materia prima 
disponible para seguir viviendo, se va a tener 
que producir, indefectiblemente, la integración 
universal. Es decir que los hombres deberán 
ponerse de acuerdo en la defensa total de la 
Tierra y su utilización como hermanos y no como enemigos unos de otros.
Además de eso, será necesario llegar a la 
solución del problema de la superpoblación. En la
Tierra ya ha habido superpoblación; eso se ha 
producido en algunas regiones, ya que obedece no 
sólo al número de habitantes, sino a la 
desproporción entre el número de habitantes y los medios de subsistencia.
Las soluciones han sido siempre de dos 
naturalezas: una es la supresión biológica, es 
decir, matar gente, de lo cual se encargan la 
guerra, las pestes y el hambre, que es la 
enfermedad que más mata en la Tierra. La otra 
solución es el reordenamiento geopolítico, que 
permite una mayor producción y una mejor 
distribución de los medios de subsistencia.
Si el hombre, en lo que resta hasta el año 2000 y 
comienzo del siglo XXI, no ha resuelto el
problema por la vía geopolítica, produciendo más 
y distribuyendo con mayor justicia lo que el 
hombre necesita para subsistir, no quedará otro 
remedio que lanzar en masa la bomba atómica, que 
también puede ser una solución si la insensatez 
de los hombres no ha utilizado el camino 
constructivo y se han decidido por el destructivo.
Compañeros: estas son cosas tan claras que no es 
necesario ser científico ni estar muy bien
informado para comprenderlas. Basta oírlas y 
conocerlas. Son cosas evidentes, como es evidente 
la verdad que habla sin artificios.
Si ése es el problema, la universalización de la 
Tierra será el mejor camino para la solución
geopolítica. Es decir, para resolver el problema 
con una mejor producción, mejor organizada y 
mejor distribuida, tanto de la comida como de la 
materia prima, que van a ser las dos necesidades 
prioritarias en ese futuro ya casi inmediato.
Si eso ha de hacerse, no se hará por sí solo, 
porque estas cosas solas no se pueden realizar. 
Tendrán que ser realizadas por las grandes 
fuerzas que orientan y manejan la transformación de la humanidad.
En este momento serían: el imperialismo yanqui, o 
el imperialismo soviético, o un tercer mundo. Si 
esa integración universal la realizara cualquiera 
de los imperialismos, la haría para su provecho, 
y no en provecho de los demás. Solamente la 
conformación de un tercer mundo podría ser una 
garantía para que la humanidad pudiese disfrutar 
de un mundo mejor en el futuro. Pero para eso, 
ese tercer mundo tiene que organizarse y fortalecerse.
Hace ya casi treinta años, nosotros, desde aquí, 
lanzamos la famosa tercera posición, que entonces 
cayó aparentemente en el vacío, porque había 
terminado la guerra mundial y no estaba el horno 
para bollos. Se rieron de nosotros. Pero han 
pasado veintisiete años desde entonces, y hoy las 
tres cuartas partes del mundo pujan por estar en ese tercer mundo.
Estos son, compañeros, los grandes problemas. Los 
pequeños problemas políticos en los cuales hemos 
estado empeñados hasta ahora los argentinos, 
frente a estas acechanzas del futuro inmediato 
¿qué importancia pueden tener? Son asuntos 
pequeños y gallináceos, diríamos así, que andan a 
ras del suelo. Es necesario pensar ya en grande, 
para el mundo, dentro del cual nosotros 
realizaremos nuestro destino o sucumbiremos en la 
misma adversidad en que sucumban los demás.
Hoy es necesario pensar de otra manera. Ya no se 
puede pensar con la pequeñez de los tiempos en 
que todos querían disfrutar y ninguno quería 
comprometer su destino ni su felicidad futura 
para asociarla a la de los demás. Hoy eso es 
indispensable, porque en un mundo que no se 
realice, no habrá país que pueda hacerlo, y 
dentro de esos países que no se realicen, no 
habrá individuos que puedan lograrlo.
Trabajar hoy por la felicidad del hermano vecino 
es trabajar también por la felicidad de todos los demás.
Pienso yo que ése es el camino de nuestra 
revolución. Si nosotros entendemos eso, no habrá 
otra revolución que pueda estar sobre los 
objetivos de la que nosotros defendemos, 
integrándonos en el continente latinoamericano, 
que es el último que va quedando por integrarse. 
Todos los demás lo han hecho. Europa se ha 
integrado ya casi en una asociación confederativa 
política para defenderse de las acechanzas de ese 
futuro, que ellos ven con una tremenda claridad. 
Se está integrando Asia, como se está integrando 
África. Y nosotros vamos resultando el último orejón del tarro.
Ése es el empeño que debemos poner, en eso 
estamos. En 1948 realizamos un tratado de 
complementación económica en Chile, buscando 
crear la comunidad económica latinoamericana, que 
pusiera en paralelo nuestros intereses y uniera 
nuestros países. Tuvimos mucho éxito 
inicialmente; casi todos los países 
latinoamericanos, excepto los cipayos conocidos, 
se unieron y adhirieron a ese tratado de complementación económica.
Fíjense que lo hicimos en 1948, y en esto los 
apresurados fuimos nosotros, porque Europa lo 
hace después, en 1958, en el Tratado de Roma, 
diez años después que nosotros. Y ahora nosotros 
estamos veinte años más atrás que ellos.
Indudablemente, nosotros caímos bajo la férula 
del imperialismo yanqui, que no permitió a estos 
países unirse, y que ha estado luchando siempre 
por separarlos y enfrentarlos entre sí, a fin de que esa unidad no se produzca.
¿Por qué lo han hecho? Muy simplemente, porque 
ellos se están quedando sin materias primas y 
están queriendo conservar como países satélites a 
aquellos que tengan las grandes reservas de 
comida y materias primas para esa superpoblación 
que está ya a 25 ó 30 años de distancia. Ellos 
querrán que después nosotros trabajemos para 
darles a ellos de comer y para darles nuestra 
materia prima. ¿Por qué? Porque los países 
superdesarrollados son los pobres del futuro, y 
los países infradesarrollados serán los ricos del 
futuro, que tendrán la materia prima y la comida suficiente.
Ahora bien, ésa es nuestra esperanza, pero 
también es nuestro peligro, porque la historia 
prueba que cuando los grandes y los fuertes han 
necesitado ambas cosas, salieron a buscarlas 
donde estén, por las buenas o por las malas.
Por eso dije yo, hace ya veinticinco años, que el 
año 2000 nos encontrará unidos o dominados, y 
cada día que pasa se comprueba más esto.
Hace pocos días, en Medio Oriente amenazaron a 
Estados Unidos con cerrarle el grifo del 
petróleo. El petróleo que produce Medio Oriente 
es el 80 % del petróleo del mundo, de manera que 
si ellos cierran la canilla, la industria 
norteamericana, que está toda montada sobre 
energía basada en petróleo, tendrá un sacudón muy fuerte.
¿Cómo contestó Estados Unidos? El Senado de 
Estados Unidos contestó que si eso hacían los 
árabes, Estados Unidos ocuparía el Medio Oriente. 
Eso lo van a hacer; pero no sólo con los árabes: 
¡lo van a hacer también con nosotros el día en que necesiten y no tengan!
(Discurso pronunciado por el Teniente General 
Perón en la Confederación General del Trabajo el 30 de Julio de 1973)

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