[R-P] Archivo Baraibar... Groussac, Borges, Moyano, Clarín y un pequeño miserable

Inti Alpert intialpert en yahoo.com.ar
Mar Jul 8 05:48:00 MDT 2008


Groussac, Borges, Moyano, Clarín y un pequeño miserable

Por Julio Fernández Baraibar

Este es el modo como los monopolios mediáticos -convertidos, también en 
Argentina, en el eje articulador de la oposición golpista, falsamente 
democrática y oligárquica, igual que en Venezuela- intentan defender el 
autoritario, despótico ejercicio de su libertad de empresa.  Seguramente los 
lectores latinoamericanos requieran de una breve explicación.

Quién es Hugo Moyano

Hugo Moyano es el secretario general de la Confederación General del Trabajo 
(CGT), un poco gordo, negro -como se dice en mi país- de ascendencia 
indígena, fiero, para los parámetros de belleza de la revista Gente o Para 
Ti, como pisar mierda descalzo, habla como millones de argentinos, con 
errores de prosodia, desdibujando las "eses" finales -nosotros decimos 
comiéndose las eses, pero como la expresión es anfibológica la he evitado-. 
Ha sido el más duro y consecuente opositor al menemismo, cuando muchos de 
sus compañeros eran cooptados por la corrupción neoliberal. Ha logrado que, 
no solo los conductores de camiones, sino todo el personal que trabaja 
alrededor de un camión -esto es los recolectores de basura, los cargadores 
de camiones en las transportadoras de bebidas, los descargadores de los 
supermercados- es decir, los sectores menos especializados y por lo tanto 
peor pagados de la clase trabajadora argentina- hayan obtenido convenios que 
han logrado elevar la dignidad de estos trabajadores y sus familias al nivel 
de un maestro o un empleado de banco.

Moyano y la CGT son unos de los dos soportes decisivos del gobierno de 
Cristina Fernández. Constituyen la base proletaria, asalariada, de un 
gobierno débil en muchos aspectos, pero que ha intentado en los últimos 
siete años -incluyendo la gestión de su marido- cambiar el rumbo neoliberal, 
proimperialista y prooligárquico de la Argentina.

Hugo Moyano en la Biblioteca Nacional

Este gobierno, lanzado a una lucha sin cuartel con el sistema mediático, 
lleva a Moyano a la Biblioteca Nacional -una especie de templo laico del 
iluminismo oligárquico, donde los espectros de Paul Groussac y de Jorge Luis 
Borges, con su mezcla de cinismo y desprecio por las razas de humilde color, 
aún asustan a los lectores trasnochadores- para discutir la sanción de una 
nueva Ley de Radiodifusión, que reemplace a la vigente, dictada por la 
dictadura de Videla.

Y he aquí, en toda su restallante infamia, clasista y reaccionaria, la 
crónica de uno de los paniaguados y alquilones con que Clarín pretende 
expresar a la clase media argentina, en su edición de hoy sábado 10 de mayo 
de 2008.

Lo primero que intenta resaltar es el carácter patibulario del público que 
siguió a Moyano. Para ello titula:

"Rodeado de una barra de camioneros, el jefe de la CGT habó en la Biblioteca 
Nacional"

Días atrás, en la Feria Nacional del Libro había dado una conferencia el 
periodista norteamericano Tom Wolfe, frente a un entusiasta público 
integrado en su mayoría por muchachas de mediana edad, que celebraban con 
los ojos en blanco las ocurrencias del ambiguo personaje. A nadie se le 
ocurrió titular "Barra de entusiastas solteronas dio marco a la conferencia 
de un escritor extranjero", por ejemplo.

¿Que pretende el jefe de redacción de Clarín, con ese título?

¿Que la primera visita del negro Moyano como expositor a la Biblioteca 
Nacional fuese acompañada de un coro de doncellas que, en blancas togas, le 
arrojase pétalos de rosa a su paso?

El hombre, siguiendo al Martín Fierro, debe haber pensado "yo soy toro en mi 
rodeo y torazo en rodeo ajeno" y, para sentirse más seguro, se hizo 
acompañar por sus iguales: fornidos recolectores de basura a razón de 3.500 
kilos por noche, choferes de gigantescos camiones de 150.000 dólares, 
conocedores de todos los comedores que hay entre Buenos Aires y La Quiaca, o 
entre Río Gallegos y San Pablo, con su infaltable toalla en el cuello y su 
voluminoso abdomen asomando bajo los pliegues de la camisa desabrochada.

Y este hecho, democrático, plebeyo, popular, Clarín pretende convertirlo -en 
actitud de señora gorda lectora de Andrés Oppenheimer- en un baldón a la 
sacralidad del recinto. La Prensa y La Nación ya lo hicieron durante y 
después del peronismo. También lo había hecho el periódico Propósitos, del 
partido comunista en 1945.

Clarín ha logrado entrar en tan poco honroso Salón de la Fama.

El verdugo como víctima de decapitado

La segunda maniobra del monopolio es ponerse en el papel de víctima, actitud 
esta que los venezolanos conocen muy bien.

Este multimillonario monopolio, que factura diariamente millones de dólares, 
se siente amenazado por "una campaña de agresiones" consistente en que 
"militantes camioneros repartían ayer en la sala calcomanías con las 
leyendas 'Clarín miente' y 'TN-Todo Negativo'". Las tiernas y sensibles 
almas de doña Ernestina, sospechosa de cambiar la identidad de sus hijos 
adoptivos durante el videlato, y de Pagliaro, cuyo dedo índice debe tener el 
tamaño del obelisco como producto del ejercicio de contar los billetes de 
dólares ganados en los últimos treinta años, sienten que su dictadura es 
amenazada por unas leyendas distribuidas en la Biblioteca Nacional por un 
grupo de recolectores de basura.

Su mera enunciación revela la infamia del Clarín y la lacayuna obediencia 
del plumífero que firma el artículo.

Frente a este arrastrado Marcelo Helgfot se alza, ejemplar y admirable, la 
renuncia de Claudio Díaz a las mieles y seguridades de la esclavitud que 
ofrece Clarín a sus paniaguados.

Caracas, 10 de mayo de 2008 




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