[R-P] [Franzoia] Una respuesta a la izquierda despistada
juan maría escobar
escobar45 en infovia.com.ar
Mie Jul 2 19:01:59 MDT 2008
Una respuesta a los grupos de la izquierda argentina despistada
Por Alberto J. Franzoia
(A continuación de esta respuesta se publica el artículo completo de
Castillo publicadoen Página 12 y que fuera remitido a RP por el compañero
Roberto Vera bajo el título : LA "IZQUIERDA" DE LA OLIGARQUIA, OPINA SOBRE
LAS RETENCIONES)
Después de leer el artículo producido por el colega Christian Castillo
("Campos" que no son los nuestros), uno no puedo menos que sorprenderse
acerca de los dislates que pueden engendrar lecturas vinculadas al
materialismo histórico, cuando se carece de una brújula para orientar el
contenido de las mismas hacia una aplicación concreta en nuestra
especificidad latinoamericana. Por mi historia vinculada a la Izquierda
Nacional, suelo recurrir en estos casos frecuentes de despistes al propio
Marx y sus discípulos para descifrar el error de quienes terminan
convirtiéndose siempre, y a contrapelo de su voluntarismo, en la izquierda
del bloque oligárquico-imperialista. Una advertencia necesaria es que ésta
no es una repuesta al análisis de cuestiones puntuales citadas por
Castillo, sí lo es al marco teórico-político abstracto y poco dialéctico que
suele utilizar esa izquierda que el autor expresa, ya que dicho marco
general es el que indefectiblemente los ha conducido a ubicarse en la
trinchera equivocada.
Lo que dice con prosa nueva Castillo no es más que la repetición hasta el
hartazgo, de lo que viene sosteniendo esa izquierda despistada cada vez que
los bloques históricos concretos que están en condiciones de formarse en
América Latina se expresan. Cualquiera que tenga una vaga noción acerca de
las diferencias existentes entre los países capitalistas dominantes y los
dominados, podrá imaginar que recurrir a esquemas teóricos similares a los
europeos (o de cualquier nación constituida en imperialista por el alto
desarrollo de su capitalismo nacional) para analizar nuestra realidad
política, sólo puede conducir a la mayor esterilidad práctica posible. ¿Cómo
podría un profesional de la ciencia social y militante de esa izquierda,
como Castillo, producir aportes concretos al cambio revolucionario en un
país dominado históricamente por la oligarquía y el imperialismo si
considera que aquí, donde la nación aún no ha sido posible, la contradicción
principal se manifiesta entre capitalistas y anticapitalistas? En una
nación dominante, con un capitalismo por lo tanto plenamente desarrollado,
efectivamente la lucha es contra el capitalismo. Ahora, allí donde existe un
bloque histórico oligárquico-imperialista (como en la mayoría de los países
de nuestra América Latina), que justamente ha impedido a lo largo de nuestra
historia la constitución de la nación, la primera lucha es definitivamente
nacional y popular. Por lo tanto, en ella participan capitalistas
nacionales y socialistas. Que profundizar dicha lucha para el triunfo total
de la Nación requiera comenzar a recorrer en un momento determinado un
camino socialista, de ninguna manera invalida lo primero. Pero una regla de
la dialéctica materialista fundada por Marx y Engels, y continuada por
Lenin, Gramsci, Trotsky o Mao, aconseja analizar las contradicciones a
partir de contextos específicos. Eso es lo que diferencia una teoría
general, y por lo tanto abstracta de la historia, de una teoría regional
para la acción revolucionaria concreta.
Siguiendo la lógica que nos propone Castillo, mucho más formal que
dialéctica, Marx al abordar la guerra civil en EE.UU no tendría que haber
apoyado ni al Norte ni al Sur, ya que era una guerra entre capitalistas.
Pero Marx, que era mucho más concreto que Castillo sabía diferenciar el
nivel de las contradicciones, por lo que apoyó al capitalismo del Norte (que
desde luego se basaba en la producción y apropiación de plusvalía) ya que
expresaba el progreso histórico para EE.UU. Porque su capitalismo al ser
nacional era el único que podía, en ese momento concreto de la historia,
gestar el desarrollo sostenido de las fuerzas productivas ante el carácter
reaccionario del capitalismo dependiente (de Inglaterra) de los sureños. ¿Y
que hubiera aconsejado León Trotsky cuando una democracia civilizada y un
dictadura semicolonial o bárbara objetivamente se enfrentan si se hubiese
guiado por la prosa de Castillo y de sus maestros? ¿No fue Trotsky el que
sostuvo que cualquier revolucionario del mundo debe ponerse del lado de la
dictadura semicolonial? ¿O acaso para hacerlo le pedía al dictador que se
enfrentaba objetivamente con el imperialismo civilizado certificado de
pertenencia al socialismo? Sinceramente uno esta tentado con frecuencia a
creer en no pocas ocasiones que muchos admiradores de Marx y Trotsky no los
leyeron, o sólo los conocen por fragmentos muy limitados de su gran
producción teórica, o se leyeron todo pero no entendieron casi nada.
Del escrito producido por Castillo se infiere sin dificultad que no ha
descubierto aún, desde su formación marxista abstracta, que los bloque
objetivamente enfrentados en Argentina, una vez más en este 2008, son el de
las fuerzas locales y extranjeras vinculadas a la dominación y explotación
de países como el nuestro y el de las fuerzas que (aún con sus debilidades y
recientes derrotas) manifiestan un intención de reconstruir el bloque
nacional-popular. No caben dudas de las debilidades y contradicciones están
presentasen su seno, y menos aún que en dicho bloque existan personajes de
dudoso y poco confiable pasado. Pero: ¿quiénes están del otro lado? No se
trata de apoyar lo menos malo, se trata de analizar la relación real de
fuerzas (cosa que deberían hacer cualquier lector asiduo de Gramsci) y
evaluar con la mayor objetividad que posibles desenlaces existen y cuáles
potenciarían o en su defecto inhibirían el avance de las fuerzas populares.
Eso es ser un revolucionario concreto y no un expositor de metafóricas
abstracciones para tribunas poco pobladas.
Basta una breve recorrida por nuestra historia real para confirmar dónde
estaba el marxismo abstracto (y por lo tanto efectivamente antimarxista) en
nuestra Patria en 1930, 1945, 1955, 1973 e inclusive en 1976. Porque es
evidente que una vez más Marx, Trotsky y Gramsci son aplicados en ocasiones
de tal manera, que el efecto conseguido es exactamente contrario no sólo al
fin perseguido por la izquierda despistada de turno, sino inclusive en
dirección contraria a la que recorrían con su práctica los clásicos del
marxismo a los que se pretende expresar. Marx apoyó al Norte en la Guerra de
Secesión de EE.UU., mientras Trotsky se manifestaba favorable en caso de
guerra, y ante una opción de hierro, a las dictaduras semicoloniales o
bárbaras y no a las democracias civilizadas e imperialistas. Castillo nos
dice, sin embargo, que en el enfrentamiento concreto del gobierno de
Cristina Fernández con la Sociedad Rural y los capitales transnacionales
invertidos en el agro, hay que alinearse en un tercera posición (????). Vaya
forma de resolver dialécticamente la contradicción. Claro que Castillo nos
podría señalar que esa es una falsa contradicción principal porque los que
se enfrentan son todos capitalistas. Pues bien, para ser rigurosos en
historia hay que ser concretos, y para ello basta con preguntarse: ¿si en
1955 había un enfrentamiento entre capitalistas, por qué causa los
trabajadores lucharon durante 18 años para que regresara al poder el
representante de uno de los bandos ("de explotadores") en pugna?
Hay preguntas que merecen respuestas más serias que las generadas por esta
izquierda despistada: ¿cuando la relación de fuerzas para el socialismo no
es todavía la adecuada, da todo igual para los trabajadores? Me resisto por
lo tanto a creer en el rigor teórico de estas simplificaciones maniqueas que
sólo pueden promover derrotas reiteradas a modo de farsa histórica. Quizás
por eso resulta tan necesario para un socialista de América Latina
comprender, si realmente desea ser revolucionario, que la única izquierda
posible para cambiar nuestra sociedad se desarrollará en el seno del bloque
nacional y popular. Porque sólo allí, resolviendo contradicciones
concretas, trabajando junto al sujeto social del cambio, será posible
gestar y consolidar la lucha por el socialismo.
La Plata, julio de 2008
"Campos" que no son los nuestros
Por Christian Castillo *
El envío al Congreso del proyecto de retenciones móviles no es un "avance
democrático", como pretenden tanto las patronales ruralistas como el
gobierno nacional, sino simplemente un nuevo escenario en donde dos sectores
igualmente capitalistas dirimirán el destino de los recursos obtenidos por
las exportaciones agrarias. Nada bueno de estas negociaciones pueden esperar
los trabajadores y el pueblo. Allí no se discute siquiera la anulación de la
ley 22.248 sancionada por Videla, Martínez de Hoz y Harguindeguy, que
permite la superexplotación del peón rural. Tampoco la expropiación de los
4000 grandes propietarios que sumados poseen ochenta y cuatro millones de
hectáreas (sí, leyó bien, 84.000.000), la mitad de las tierras utilizables
para agricultura y ganadería que existen en el país. Y, menos que menos, la
nacionalización de los puertos y el monopolio del comercio exterior, que
permitiría utilizar para satisfacer las necesidades
populares las ganancias multimillonarias de los oligopolios exportadores
como Cargill, Bunge o Dreyfus.
La belicosidad expresada en estos más de cien días por los ruralistas va más
allá de la disputa por unos puntos más o menos de retenciones. Si bien éstas
dan cuenta tan sólo de un 13 por ciento de la recaudación total -que
mayoritariamente proviene de impuestos al consumo como el IVA, es decir, del
bolsillo obrero y popular- y el porcentaje de lo producido por el campo en
el conjunto del PBI es relativamente menor, la dinámica ascendente de las
exportaciones del sector en los últimos años ha potenciado la fuerza
relativa de la gran burguesía agraria, resultado que también se explica por
el proceso de "reprimarización" vivido en la década de los '90 y no
modificado en lo sustancial en estos años. Esta fracción capitalista quiere
lograr no sólo mantener (y si fuese posible aumentar) la alta rentabilidad
obtenida en los últimos años, sino ganar un lugar de mayor predominio al
interior de la clase burguesa, cuando el esquema
económico que rige desde la devaluación empieza a mostrar sus debilidades, y
esto en el marco de desarrollo de una crisis capitalista internacional con
futuro incierto. Lamentablemente, una parte de la izquierda le ha hecho de
comparsa a este sector, mostrando una pérdida completa de rumbo.
El Gobierno, por su parte, no impulsó las retenciones móviles para defender
el bolsillo de los trabajadores o para impedir la continuidad de las
tendencias al monocultivo sojero. Recurrió a este mecanismo como una fuente
de recursos para "redistribuir" a favor esencialmente de los grandes
industriales exportadores y otros grupos de capitalistas aliados al Gobierno
(los beneficiarios de las "argentinizaciones"), así como para el pago de
deuda externa. El propio decreto sancionado el 9 de junio por el Gobierno,
que plantea que el dinero obtenido en concepto de retenciones a la soja por
arriba del 35 por ciento se destinará para la construcción de hospitales,
escuelas y caminos, es toda una confesión de que el resto de lo recaudado no
se utiliza para resolver las penurias y necesidades del pueblo, sino para
pagar la deuda externa y seguir subsidiando a los grandes capitalistas, ¿o
acaso durante los cinco años que van de gobierno de los
Kirchner no se continuó desarrollando la concentración de la producción
agraria, proceso que, entre otras cuestiones, implicó la expulsión de miles
de familias -algunos dicen que llegarían a 300.000 en la última década- de
campesinos (gran parte de ellos pertenecientes a los pueblos originarios)
que sembraban alimentos y criaban animales para autoconsumo? Al contrario de
lo que afirman los intelectuales que apoyan al Gobierno (que con el
argumento de enfrentar a una "nueva derecha" son, en realidad, predicadores
de lo que Gramsci denominaba un nuevo conformismo), los Kirchner vienen
apelando a la retórica "nacional y popular" de la "distribución del ingreso"
para hacer pasar un programa reaccionario. En estos años, mientras los
capitalistas recuperaron fuertemente sus ganancias, el salario obrero apenas
llegó a los niveles ya bajos del 2001. Las luchas de los trabajadores que,
enfrentando despidos y provocaciones patronales,
salieron del control de las direcciones burocráticas aliadas al Gobierno
terminaron con fuertes represiones y trabajadores procesados, como ocurrió
este verano en el Casino Flotante (del empresario kirchnerista Cristóbal
López) o en la textil Mafissa, donde los obreros fueron desalojados en un
operativo con más de 700 policías. Ahora, con el lema de "queremos volver a
recuperar la normalidad institucional", el Gobierno utiliza el antipopular
lockout empresario y el desabastecimiento para impugnar todo método de lucha
extraparlamentaria y el recurso a la acción directa, ya sea que tengan
objetivos reaccionarios, como ocurre con las patronales agrarias, o que sean
utilizados por los trabajadores y sectores populares por sus legítimas
demandas: "Nada se arregla con cortes de ruta" es el nuevo discurso oficial.
Los que se llegaron a presentar como herederos de la rebelión del 2001
quieren restaurar ahora el principio según el cual no
habría que haber reclamado en las calles que se vayan De la Rúa y Cavallo, y
sólo se podía esperar a las próximas elecciones para reemplazarlos.
Los "campos" que están enfrentados no son los nuestros. Frente a la disputa
entre dos sectores de "los de arriba" es preciso insistir en la importancia
de mantener una posición independiente de ambos bloques capitalistas: "Ni
con el Gobierno ni con las entidades patronales 'del campo'", como dice la
declaración que suscribimos alrededor de 500 intelectuales, docentes
universitarios y trabajadores de la cultura. Como ha mostrado toda la
experiencia política reciente, la apuesta a los "males menores" sólo ha
servido para abrir la puerta a "males mayores". Para que el deterioro de un
gobierno (que nuevamente ha mostrado la completa imposibilidad de la
"burguesía nacional" para sacar al país del atraso y la dependencia) no sea
aprovechado por otras variantes de la clase dominante, no hay otra salida
que poner todas las energías en el desarrollo de una alternativa propia de
la clase trabajadora. Manos a la obra.
* Dirigente Nacional del PTS. Sociólogo, docente de la UBA y la UNLP.
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