[R-P] ALBERTO GUERBEROF ( Pedro Godoy )

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Mie Jul 2 09:37:22 MDT 2008


ALBERTO GUERBEROF

 

En el amargo, desconcertante y luminoso tiempo que vivimos hay hombres faros. Son los que encienden antorchas para iluminar el sendero, invitan a la hueste a conservar la fe en el triunfo, se baten en la vanguardia o capitanean el repliegue. Ante la victoria estudian como administrarla y en la derrota son impermeables al desaliento. De esa estirpe de conductores es el maestro Alberto quien siempre tuvo –igual que Ramos- particular afecto para con la IN de Chile aglutinada en el CEDECH. Lo evoco en Caracas con motivo del II centenario del natalicio de Bolívar o en La Paz durante el simposio que contribuyera a organizar la hoy anulada    fracción nacional del PSOE. Obvio, en la Argentina y no sólo en Capital Federal, sino en diversas ciudades donde el PSIN y el FIP organizan torneos.

Octavio Paz define a la muerte como la “siempre esperada inesperada”. Sabemos que la parca es inexorable, pero la esquivamos recurriendo a una saludable amnesia. Así –aunque sabíamos que el Dr. Guerberof estaba con su salud erosionada- no esperábamos su deceso. La noticia nos cae como balde de agua fría en frígido invierno. Es lo inesperado a que alude el ilustre mexicano. Es lo que no imaginamos ni queremos que ocurra y en esta esfera ningún espacio posee eso que se denomina “materialismo dialéctico”. Es la sensación que estar menos acompañado en esta guerra en que se empeña nuestro “pequeño ejército loco”. La metralla no alcanza a un miliciano improvisado, sino a un intachable y corajudo jefe. 

Lo vemos –desde acá- con su pecho roto y como su sangre condecora la guerrera que enarbolan los compañeros como pabellón de combate. No se puede, sino acudir al imaginario peninsular para expresar que Guerberof –curtido en su batallar de sanmartiniano socialista- saldrá de nuevo, adscrito a las patriadas de hoy y de mañana, al combate igual que Rodrigo Díaz de Vivar aun estando  difunto. Un soldado muere dos veces. Una cuando lo alcanza el fuego enemigo y otra cuando lo lapida el olvido. Formulemos votos para que no ocurra este segundo deceso. Mientras tanto aquí, sus cofrades mapochinos, apretamos los puños y desde el corazón suben a los labios aquellos versos de una  canción de guerra: “Yo tenía un camarada, como él no habrá otro igual”. 


Prof. Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos CEDECH
cedechdirector en gmail.com       



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