[R-P] El mito del hombre común
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Jul 1 08:14:27 MDT 2008
Gentileza de Alicia Ester y la Nak&Pop
El problema no son los leones, sino los dueños del circo. Y a esos los
conocemos.
UN ROSTRO EN LA MULTITUD. (EL MITO DEL HOMBRE COMÚN).
Escrito por Marcelo O´Connor
SALTA, SÁBADO 28 DE JUNIO DE 2008.-
SEMANARIO "REDACCIÓN".-
UN ROSTRO EN LA MULTITUD.
Por Marcelo O´Connor.-
Elia Kazan (1909 – 2003) fue un importante director de cine. En su
haber tiene grandes películas como "Al este del paraíso", "Un tranvía
llamado deseo", "¡Viva Zapata!", "Nido de ratas" o "Baby Doll". Como
cuando el macartismo se quebró delatando a sus viejos camaradas, la
izquierda lo desprecia. A su vez, el pensamiento de derecha no lo
acepta por el contenido socialmente crítico de su obra.
En 1957 realizó "Un rostro en la multitud" ("A face in the crowd"),
sobre cómo la televisión fabrica e inventa a un artista del montón
hasta convertirlo en un ídolo popular y, de la misma manera, lo
sepulta en el olvido.
Curiosamente, el actor real, protagonista de ese solo film, corrió una
suerte similar al de la historia.
Poco más o menos, con la imprecisión de la memoria de algo visto (y no
vuelto a ver) hace cincuenta años, ese es el tema. Que esa trama no es
una pura ficción, se demuestra en la realidad que hoy padecemos.
Cuando deviene una crisis profunda, nuestros medios masivos de
comunicación, que son todos conservadores, inventan un personaje.
El mito del hombre común.
Un "analfabeto político" como los califica Bertold Brecht, que se
jacta de no entender ni importarle la política, menester reservado a
deshonestos.
Los analfabetos del idioma se avergüenzan de ello; el analfabeto
político, en cambio, está orgulloso de su falla, considerada una
virtud. El sólo es sensato, honesto y trabajador.
¿Por qué hace esto la derecha? Porque aquí no tiene (nunca tuvo) un
partido político: están en todos y le basta con los sectores
económicos.
Y porque los referentes con los que puede contar (Carrió o Macri), son
nulidades lamentables, incapaces de capitalizar nada.
Cuando el tema de la seguridad preocupó seriamente a la población,
inventaron a Blumberg.
La televisión y los diarios le dieron un espacio inusual. Había
sufrido en carne propia, como tantos otros, la violencia delictiva.
Su dolor, real, lo protegía de las críticas y nadie se animaba a
reprobarlo.
Juntó muchedumbres y armó todo un movimiento.
Hasta que, convencido de la importancia que le habían dado, despertó a
la ambición política.
Ahí descubrieron que no era ingeniero, le apagaron súbitamente los
reflectores y su rostro volvió a la multitud.
Ahora, con la llamada crisis del campo, una nueva estrella brilla en
el firmamento: Alfredo De Angelis.
Durante cien días las cámaras de la televisión registraron sus
incendiarios discursos, llenos de lugares comunes y modismos camperos.
Personaje ideal: poco instruido, campechano, gringo, presunto
chacarero que se levanta al alba a matear y arar.
Si la realidad es otra, no importa.
Si hablaba la Presidenta o un ministro, la cámara simultáneamente
registraba sus gestos desaprobatorios o risas sardónicas.
Si alguien lo refuta, él es sólo "un gringo chacarero" y no entiende
"esas cosas de doctores". Es decir, se hace "el michi".
El destino de estos figurones es el del marido de la degollada, cuento
que ya he contado.
Resulta que una mujer es degollada, crimen que conmueve a la
población. Los diarios, la televisión, las radios, entrevistan
repetidamente al marido de la víctima, quien expone su dolor y
conjetura sobre la posible autoría del hecho. Deslumbrado por su
súbita popularidad, se acostumbra a ella. Todo el mundo lo reconoce,
saliendo de la vida gris que tenía.
Como ya es figura conocida, opina sobre cualquier tema del momento.
Pasa el tiempo y un día alguien interrumpe preguntando quién es.
–"¡Soy el marido de la degollada!", exclama ufano. –"¿Qué
degollada?".
No es de extrañar que todos estos personajes sean proto fascistas, que
partiendo de un tema o problema único, específico, generalicen con
cuestionamientos globales y antipolíticos.
Ellos, Dios los libre, nada que ver tienen que ver con la política.
Pero a partir de lo sectorial (el campo, la seguridad u otras
imprecisiones), opinan sobre derecho, federalismo, representatividad,
legitimidad constitucional, formas de gobierno, economía, política
exterior e interior y la mar en coche.
En realidad, los Blumberg o De Angelis son marionetas.
Estrellas fugaces que, desesperados por no perder exposición, son
capaces de terminar "bailando por un sueño", como el matrimonio
Castells.
Si es que les dan las tabas (por contagio me estoy volviendo gauchesco).
El problema no son los leones, sino los dueños del circo. Y a esos
los conocemos. Hay que ser muy ingenuo o analfabeto político, para
creer que los diarios (y la televisión) serios, son serios.- MOC/
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Néstor Gorojovsky
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