[R-P] Indios truchos
Edgar Schmid
condornacional en yahoo.com.ar
Mie Ene 30 13:48:48 MST 2008
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ACCION POPULAR NACIONALISTA
San Martín - Rosas - Perón
EN TUCUMÁN NO HAY INDIOS, SÍ HAY MESTIZOS
por Ernesto Damián Sánchez Ance
En los últimos tiempos, en Tucumán, ha tomado gran
impulso una corriente pseudo indigenista que, apoyada
en la reforma de la Constitución de nuestra provincia,
ha dado lugar a la legitimación de comunidades
indígenas en distintos puntos de la misma.
Nuestra constitución reconoce la existencia de pueblos
indígenas. Pero esto, bajo ningún punto de vista,
significa que en nuestra provincia haya indios, ni
indígenas, ni aborígenes ni originarios, ni
preexistentes. En nuestra provincia sí hay mestizos
como resultado de la mixagenación indohispánica, pero
no hay indígenas, como se pretende hacernos creer como
si fuéramos estúpidos. Así, unos se hacen llamar
Diaguitas o Calchaquíes, otros Lules y un tercer grupo
Tonocotés, y usan seudónimos con los nombres de
antiguos caciques que pelearon contra los realistas en
los siglos XV y XVI, no faltando algún vivo que se
autodenomina “Titaquín”. Esto no es otra cosa que una
pueril deformación de la realidad, ya que en el caso
de que los herederos de estas etnias aún existan, no
es sino a través del mestizaje. Es mas… tienen muchos
de ellos más de criollos que de indios.
Así, vemos como en distintos medios de comunicación se
habla de comunidades “indígenas” como las de Amaicha,
Tafí, Lules, El Nogalito, El Mollar, Chaquivil, etc.
Esto no es otra cosa que una burda tomada de pelo.
Quines décadas atrás nada querían saber con que se los
denominara “indios”, hoy a sabiendas que esto puede
traerles amplísimos beneficios como obtener tierras o
bien dinero, incluso llegan a disfrazarse con vinchas
y hasta vestimentas que se pueden asemejar a las que
usaban los antiguos y verdaderos indígenas de la
región siglos atrás. Pero su fisonomía los delata. En
las fotos publicadas por EL PERIODICO de Tucumán el
sábado 5 de enero, quienes allí aparecen, evidencian
ser mestizos y en no pocos casos criollos. Al parecer
no saben estos ciudadanos argentinos que radican en
Tucumán, que para ser indígena no basta con tener la
piel oscura y el cabello “quiscudo” (3), sino que
además hay que ser herederos de un bagaje cultural del
que estos señores adolecen. Son muy diferentes de los
auténticos indígenas que encontramos en nuestras
hermanas repúblicas de Bolivia y Perú. Seguramente
estos señores tucumanos no hablan ni Lule, ni Kakán ni
Tonocoté. Tampoco el Quechua, ya que quienes hablan
este idioma en nuestra provincia son inmigrantes de
Bolivia y Perú muy poco preocupado la generalidad de
ellos en que los llamen indios, ya que se trata de
gente muy laboriosa que trabaja la tierra o que se
desenvuelve en sus profesiones, sin especular con la
obtención de beneficios que por su identidad étnica y
cultural el Estado les pudiera otorgar como
consecuencia de toda esta farsa.
La excusa de toda esta movida es que todos los
¿indígenas? tucumanos recuperen las tierras que el
blanco les usurpó. Quiero dejar aclarado que estoy en
contra de que a los argentinos (sean integrantes de
comunidades indígenas o simples campesinos pobres) las
empresas multinacionales les usurpen sus tierras (sean
estas grandes o pequeñas extensiones, fértiles o
improductivas). Soy un individuo que se opone a que
las empresas mineras destruyan el ecosistema,
afectando así a toda la población, en particular a los
campesinos; y también soy un convencido de que todas
las familias de Tucumán, sin distinción de color de
piel, debieran tener derecho a una parcela de tierra
productiva en la cual realizar sus sembradíos y criar
sus animales Pero bajo ninguna circunstancia se puede
tolerar esta aberración de recurrir a una falsa
identidad etnocultural a los efectos de recibir
tierras. En el supuesto de que a estas falsas
comunidades indígenas les otorguen terrenos, no me
extrañaría que estos fueran explotados comunalmente
unos pocos años, y que luego los parcelarían y
venderían, ya que se trata de mestizos acriollados que
no manejan el principio filosófico de que el hombre
pertenece a la tierra. Por el contrario. Muchos de
estos pretendidos indígenas no buscan otra cosa que la
de ser dueños de la tierra. Muchos de estos señores
que hoy dicen ser indígenas no tienen la menor idea de
lo que es un ayllu. Y si tienen idea de comunitarismo
no es por una cuestión filosófica ni ideológica ni de
herencia cultural, sino obligados por la coyuntura.
Pero sin dudas que con esto se persigue fines muchos
más profundos. El objetivo de todo esto es crear aun
más división entre los argentinos. No conformes con
haber dividido a la Nación hispanoamericana en más de
veinte repúblicas dominadas por intereses exógenos; no
contentos aún con habernos fragmentado religiosa y
políticamente; y no satisfechos con haber hecho de la
Argentina una Babilonia de endeble identidad, hoy
vienen a dividirnos legalmente entre indios y no
indios. Con esto se proponen seguir fragmentándonos
para que nuestro país sea devorado por oscuros
intereses que desde la Batalla de Caseros esquilman a
los argentinos. Y para ello usan a muchos
connacionales capacitados en las universidades de un
estado occidental como el nuestro quienes, viendo la
posibilidad de hacer negocios con todo esto, se
encolumnan por detrás de estas falsas comunidades
indígenas. Se trata de asociaciones de abogados,
periodistas, gente de la cultura (entre ellos hombres
de barbas tan espesas como las de Cortez y Pizarro) y
hasta empresarios que han visto en esta situación una
posibilidad de obtener réditos. Es más…cuando por los
medios de comunicación hablan ciertos referentes de
pueblos indígenas del país y de las comunidades
“indígenas” de Tucumán, queda claro que tienen un
nivel de formación, en algunos casos, propio de
universitarios de la cultura occidental, y los
escuchamos hablar del Capitalismo, del Comunismo, de
la sociedad de consumo, etc, con una solvencia propia
de egresados universitarios que nada tienen que ver
con Wiltipoko, Juan Calchaquí, Chelemín, Qhanamikhoq,
y todos aquellos que enfrentaron al español en los
primeros siglos de la conquista. (Recomiendo entrar a:
http://www.youtube.com/watch?v=_HHihf-kCVo).
La insensatez de estos personajes llega a situaciones
que a quienes alguna idea tienen sobre estos temas los
hace “agarrarse” la cabeza. Sobran los ejemplos. He
aquí algunos de ellos:
1º. Cada “comunidad” indígena de Tucumán está dirigida
por un “cacique” electo por los supuestos indios.
Pregúntome como pueden ser tan incoherentes de elegir
a sus caciques, cuando todo el mundo sabe que al
cacicazgo o curacazgo no se llegaba a través de las
urnas ni de plebiscitos ni de consensos, sino que se
lo heredaba. Dicho en otras palabras: los auténticos
pueblos indígenas no eran democráticos, sino que se
regían por el linaje, y ningún indio podía ser cacique
si no tenía la sangre de la familia que gobernaba. Las
prácticas democráticas están totalmente reñidas con la
auténtica cultura indígena. Cuando los integrantes de
una supuesta tribu o comunidad indígena eligen a sus
caciques, estamos hablando de un pueblo que ha dejado
de lado la idiosincrasia indígena como resultado de su
inocultable e irreversible occidentalización.
2º. Varias veces se ha comentado que ciertos
“caciques” tramitan becas para que los niños de sus
comunidades puedan seguir sus estudios en
establecimientos secundarios y hasta universitarios.
Grave contradicción. Eso debiera considerarse una
contaminación cultural para las futuras generaciones
de supuestos indígenas tucumanos, toda vez que
ingresarían a un sistema educativo como el de los
países occidentales, que prepara al ciudadano para
competir, alejándolo de prácticas comunitarias como el
Ayni y la Mink’a. Así, esos pretendidos caciques solo
han de lograr el vaciamiento y la destrucción del
escaso legado cultural indígena de sus bases con el
fin de seguir occidentalizándolos, lo que se traduce
en transformarlos en seres individualistas que solo se
preocupan por el bienestar suyo y de su familia, mas
no en el de la comunidad a la que pertenecen.
Recordemos además que en el pasado Incaico, solo
accedían a la educación los miembros de la nobleza. No
así los Hatun runa o plebeyos integrantes de la base
social.
3º. La pretendida Comunidad Indígena de Quilmes
reclama que el Estado le “restituya” ese apetecible
atractivo turístico que lleva por nombre “Ruinas de
Quilmes”, y que ellos marketineramente, han empezado a
llamar “Ciudad Sagrada”. El hecho de que esta gente
viva a poca distancia de este yacimiento arqueológico
tan importante económicamente hablando, no significa
que ellos tengan derecho a explotarlo. Primero porque
es muy poco probable que esta gente descienda de los
auténticos indios quilmes, por más pruebas de ADN que
quieran esgrimir, y por más cédulas reales que los
“indígenas” del Valle de Amaicha puedan presentar.
Segundo, porque como con lujos de detalles lo
demuestra Alfredo Turbay en su libro “Quilmes, la
Fortaleza-Templo del Valle Calchaquí”, lo que hoy se
conoce como Ruinas de Quilmes, se trata de un
yacimiento incaico y no de ninguna antigua tribu del
valle. Y tercero, porque si a la comunidad “indígena”
de Quilmes se le llegara a otorgar la concesión de
este yacimiento, esto provocaría las mas disparatadas
e ilógicas ideas, como que los vecinos de la Casa
Histórica de la Independencia pretendan ser ellos los
concesionarios de esta reliquia histórica. O lo que es
peor: que las asociaciones españolas exijan ser
concesionarias de todas las construcciones coloniales
que en nuestro país son explotadas turísticamente.
4º. Existe una denominada comunidad indígena que aduce
descender de los antiguos indios Lules. En caso de que
los lules sean sus auténticos antepasados, no tendrían
derecho a reclamar territorio alguno, toda vez que
esta nación ya extinguida era nómade, como lo dice
Lizondo Borda en su “Tucumán Indígena”.
5º. Las comunidades “indígenas” de nuestra provincia
se amparan en las constituciones nacional y
provincial. Otra contradicción, toda vez que ellos
mismos sostienen que el Estado Argentino realizó un
cruel genocidio indígena en la Patagonia. Recurren
entonces a la constitución de un estado que no pocos
indigenistas consideran enemigo (por mas que se cuiden
de decirlo explícitamente y en público) ya que
prácticamente aniquiló a sus “hermanos”. Es mas…no
pocos indigenistas sostienen que su bandera no es la
de Belgrano, sino la wiphala o la “mapuche”.
6º. El Periódico nos informa que en una comunidad
“indígena”, asumió una ¿cacica? Se trata de una
ciudadana argentina llamada Nora Sequeiro. Otra
contradicción, toda vez que en los verdaderos pueblos
indígenas, para ser cacique, no solo había que
heredarlo, sino también ser varón. La asunción de una
“cacica” es atentar contra lo que, si se me permite,
podría dar en llamar el orden natural de los pueblos
originarios.
7º. No faltan los “indígenas” mas “visionarios” en
materia de comercio, que sostienen que los artesanos y
quienes hacen serigrafía en remeras debieran ceder un
porcentaje de las ganancias obtenidas por la
comercialización de sus productos a las comunidades
“indígenas”, ya que los “ancestros” de estas son los
creadores de los motivos iconográficos a los que los
artesanos recurren para realizar sus obras.
Es común escuchar a estos dirigentes “indígenas”
acusar a España de todas las desgracias de nuestro
continente. Ello es instalar una dialéctica
anacrónica, ya que a la Argentina no la destrozaron ni
Diego de Villaroel ni Diego de Rojas ni Fernando Mate
de Luna. A nuestro país lo destruyó y lo vendió el
Liberalismo, ya sea a través de gobiernos de facto o
de la Partidocracia. ¿Porqué no dicen los señores
comuneros que la reforma de la Constitución, que a sus
comunidades las legitima, fue aprobada por la mayoría
de los convencionales del partido que hace morir por
desnutrición a los niños tucumanos de los estratos mas
bajos, tal como sucedió en el 2002 bajo el gobierno
del “justicialista” Julio Miranda?. Dicho sea de paso,
nuestro actual gobernador durante buena parte de esa
gestión fue su Ministro de Economía.
Como admirador, mas no descendiente, de la
civilización qheshwa-aymara a la que nuestra región de
una u otra forma perteneció, creo que las culturas
indígenas como la tawantinsuyana tienen mucho para
aportar al nuestro, un país a más no poder corrompido
por una dirigencia política moldeada por una formación
centrífuga. De hecho, considero que entre los aportes
mas notables de esos pueblos prehispánicos podrían
estar la ejecución de los gobernantes que caigan en
actos de corrupción, (como sucedió en Ilave
(Departamento Puno, Perú), cuando la comunidad
ajustició al corrupto alcalde Ciriaco Vargas en 2004),
un sistema redistributivo que permita erradicar el
flagelo de la desnutrición, el cuidado del medio
ambiente, la lucha contra la sexualidad contra natura
y toda una concepción filosófica que nuestros
aspirantes a indios en su mayoría desconocen.
No hay que confiarse de estos personajes. Son gente
que se sirve de instituciones de triste fama entre los
argentinos, como lo hace la Comunidad “Indígena” de
Quilmes, que en 2002 recibió cierta financiación del
¡¡¡Banco Mundial!!! tal como informa EL PERIODICO en
su edición del día Sábado 12 de Enero, en su página 6.
Del mismo modo, están muy vinculados con el poder
político, al extremo que, en 1994 el pretendido
cacique quilmeño Francisco Solano Chaile, participó de
la Comisión Redactora en la reforma de la Constitución
Nacional.
Estoy convencido que, si los gobiernos liberales no
hubieran generado en un país rico como el nuestro
desnutrición infantil, precariedad laboral,
desocupación, analfabetismo y otros flagelos, a nadie
se le hubiera ocurrido inventarse una identidad
indígena, y hoy nadie en nuestra provincia andaría
haciendo flamear wiphalas en la Plaza Independencia,
ni en festivales como los que el chanta de León Gieco
dio en Amaicha del Valle en Enero de 2006. Las
wiphalas, señores indigenistas, sin dudas que son muy
bonitas y llamativas, pero que en Tucumán su uso no
tiene más sentido que el estrictamente estético.
Tendrán sobradas razones para hacerlas flamear los
auténticos indígenas de Ecuador, Bolivia, Perú y,
siendo un poco generoso, hasta los de la Puna jujeña,
pero no los falsos indios de nuestro Tucumán, tierra
que no es ni indígena ni española, sino mestiza e
indohispana (4).
Con todo esto, el ciudadano común, tiene todo el
derecho del mundo a suponer que todo este auge de
falso indigenismo, persigue un objetivo muy
peligroso: la creación de microestados en lugares
estratégicos geopolíticamente hablando y muy ricos en
materia de turismo y recursos naturales. Esto se
lograría mediante el apoyo económico que el
Imperialismo Internacional del Dinero daría a grupos
de sachaindígenas (5) apoyados y asesorados por
elementos de raza blanca al servicio de intereses
foráneos.
San Miguel de Tucumán, 23 de Enero de 2008
(1) El día 19 de Enero de 2008, El Periódico de
Tucumán, publicó una nota de Ernesto Damián Sánchez
Ance con este título. La misma, por una cuestión de
espacio no pudo ser publicada íntegramente, siendo la
base de este artículo al que el autor ha agregado
datos que le dan más profundidad y contundencia.
(2) TITAQUIN: voz que, se supone, tiene origen Kakán
y que significaría “Cacique”. No se puede aseverar que
esta sea la traducción exacta, ya que el Kakán es un
idioma que se extinguió siglos atrás, al igual que la
nación que lo hablaba: los diaguitas, que en caso de
sobrevivir es mediante el mestizaje. Además, ni
siquiera se dispone de un glosario de idioma Kakán.
(3) QUISCUDO: término de limitado uso en el Noroeste
Argentino. Es principalmente empleado entre la gente
mayor y de zonas rurales. Se origina este término en
la voz quechua K’ISKA (espina, en Castellano). En la
región NOA, se califica de “quiscudo” a todo aquel
individuo cuyo cabello es grueso y por lo general
negro, como resultado de su descendencia indígena.
(4) El término indohispánico generó que en ciertas
oportunidades el autor de este artículo sea criticado
de querer imponer esta categorización poco común y
antipática tanto para hispanistas como para
indigenistas. Sin embargo, el autor considera que no
existe término más exacto y apropiado para referirse a
la identidad cultural surgida como resultado del
contacto entre indígenas y españoles, y que forma lo
más genuino de la cultura de nuestro continente. Así
también, cuando habla de Hispanoamérica se refiere al
conjunto de países que han sido colonizados por
España, estado que impuso el Castellano y el
Catolicismo. La cultura hispanoamericana, sobre todo
en ámbitos rurales y en los estratos sociales mas
bajos, tiene la inocultable impronta de los pueblos
indígenas, generándose así una riquísima identidad
cultural como resultado de esta mixtura.
(5) SACHA: prefijo que en el Castellano popular del
Noroeste argentino se emplea para calificar a aquellas
personas que quieren dar la imagen de dominar tal o
cual tema, cuando en realidad no están correctamente
capacitados para desenvolverse en el área que dicen
conocer. Ejemplos: sachamédico: persona que sin tener
estudios muy adelantados en Medicina, intenta
impresionar a quienes lo rodean, pero llegado el
momento de curar a un enfermo que presente cierta
complejidad, difícilmente su intervención sea garantía
de éxito; sachaperiodista: persona con conocimientos
en Comunicación Social, pero que no tiene la idoneidad
ni los estudios suficientes para desarrollarse como
periodista, limitándose a realizar notas sin un
contenido muy profundo, o entrevistando a gente de
poca relevancia. El término sachaindígenas es empleado
por el autor de la nota para dar a entender al lector
que quienes se hacen llamar indígenas en Tucumán no
son tan indios como estos pretenden hacer creer debido
a su acentuado mestizaje que en muchos casos los
convierte en criollos.
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