[R-P] RE: [redial_s_bolivar] El culto a Martí.

Alfredo M. A. Villafañe alfredovillafane en hotmail.com
Lun Ene 28 11:40:41 MST 2008



CULTIVO UNA ROSA BLANCA 
EN JULIO COMO EN ENERO
PARA EL AMIGO SINCERO 
QUE ME DA SU MANO FRANCA

MAS PARA EL CRUEL QUE ME ARRANCA
EL CORAZON CON QUE VIVO, 
CARDOS NI ORTIGAS CULTIVO...
CULTIVO UNA ROSA BLANCA


JOSE MARTI

Vaya como un homenaje a su memoria de quien fue amigo de mi bisabuelo
Nicolas Urbano de Villafañe, nacido en Santiago de Cuba.-
AV

> Date: Mon, 28 Jan 2008 15:20:18 -0300
> From: desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
> Subject: [R-P] [redial_s_bolivar] El culto a Martí.
> CC: reconquista-popular en lists.econ.utah.edu
> To: alfredovillafane en hotmail.com
>
> [Ayúdenos a financiar la lista, escriba a recpopmod en gmail.com.]
>
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
> El culto a Martí
>
> Eusebio Leal Spengler
> http://www.granma. cubaweb.cu/ 2008/01/28/ nacional/
> artic01.html
>
> Venerada por todo cubano que se precie de serlo, la
> figura de José Martí es recordada hoy —28 de enero— en
> el aniversario 155 de su natalicio.
>
> A lo largo del siglo, los historiadores y maestros de
> esta isla han cultivado con intensidad eso que, sin
> vergüenza ni sonrojo, podemos llamar «el culto a
> Martí». No mediaba en ello el deseo egoísta de llamar
> la atención hacia lo nuestro como algo diferente,
> único, pero lo cierto es que nuestro Apóstol tenía
> cualidades excepcionales dentro del grupo de hombres
> de pensamiento en el continente americano.
>
> Si intentáramos un breve recuento de esa pléyade de
> libertadores, repararíamos inmediatamente en José de
> San Martín (1778-1850). El prócer argentino termina su
> carrera política en lo que se ha llamado «el abrazo de
> Guayaquil». Justo allá, en la mitad del mundo, se
> percata de que Simón Bolívar (1783-1830) había llegado
> primero, no solo con su accionar militar y político,
> sino también con las ideas. Como escribe Martí en Tres
> Héroes: «Pero en el Perú estaba Bolívar, y San Martín
> le cede la gloria».
>
> Junto a las semblanzas de Bolívar y San Martín, ese
> precioso texto, publicado en el primer número de La
> Edad de Oro, incluye el panegírico del sacerdote
> mexicano Miguel Hidalgo (1753-1811), sobre quien el
> Maestro escribe: «Él les avisaba a los jefes españoles
> que si los vencía en la batalla que iba a darles los
> recibiría en su casa como amigos. ¡Eso es ser grande!
> Se atrevió a ser magnánimo, sin miedo a que lo
> abandonase la soldadesca, que quería que fuese cruel».
>
> ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu
> Apóstol!
> Fidel Castro. La Historia me absolverá
>
> Fueron apenas cuatro números de dicha revista que,
> transformada en un libro clásico, nos sobrecoge en su
> afán de transmitir al lector infantil la necesidad de
> cultivar los valores humanos: «El niño, desde que
> puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe
> padecer por todos los que no pueden vivir con
> honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados
> todos los hombres, y debe ser un hombre honrado».
>
> Las semblanzas martianas de los grandes hombres
> recuerdan aquellas magistralmente relatadas por el
> griego Plutarco en Vidas paralelas. Así, cuando Martí
> describe a fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), se
> lo imagina transfigurado y lívido para exaltarlo como
> símbolo de la clemencia y la compasión: «No se puede
> ver un lirio sin pensar en el Padre Las Casas, porque
> con la bondad se le fue poniendo de lirio el color, y
> dicen que era hermoso verlo escribir, con su túnica
> blanca, sentado en su sillón de tachuelas, peleando
> con la pluma de ave porque no escribía de prisa. Y
> otras veces se levantaba del sillón, como si le
> quemase: se apretaba las sienes con las dos manos,
> andaba a pasos grandes por la celda, y parecía como si
> tuviera un gran dolor. Era que estaba escribiendo, en
> su libro famoso de la Destrucción de las indias, los
> horrores que vio en las Américas cuando vino de España
> la gente a la conquista. Se le encendían los ojos, y
> se volvía a sentar, de codos en la mesa, con la cara
> llena de lágrimas. Así pasó la vida, defendiendo a los
> indios».
>
> Un indio sabio era Benito Juárez (1806-1872),
> continuador de los ideales del Padre Hidalgo. Siendo
> presidente de México, debió peregrinar a bordo de una
> caravana para evitar caer en manos de las huestes
> francesas. De sus múltiples frases célebres,
> recordamos el último de los postulados del Manifiesto
> a la Nación, del 15 de julio de 1867, con motivo del
> triunfo de la República sobre el invasor extranjero:
> «Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de
> todos. Entre los individuos, como entre las naciones,
> el respeto al derecho ajeno es la paz».
>
> Cada uno de los próceres reconocidos tiene su título
> propio: El Libertador (Bolívar), el Benemérito de las
> Américas (Juárez), el Protector de los Pueblos
> Libres... Con este último sobrenombre pasó a la
> historia el uruguayo José Gervasio Artigas
> (1764-1850). La marcha que realizara en 1812 desde el
> sur hasta el norte, conocida como el «Éxodo del pueblo
> oriental», es solo comparable a la del pueblo hebreo
> guiado por Moisés.
>
> De esta forma, llegamos hasta el propio José Martí...
> Cuando hablo sobre él, me refiero al hombre, porque
> siempre le veré así. Gran error sería empezar a reunir
> oro y a tallar cornucopias para, una vez más, con una
> aureola de santo colocarle en el altar. Sus virtudes
> serían entonces inimitables.
>
> «Era grande y vario su talento», escribió Enrique
> Collazo, quien durante un tiempo no le quiso mucho. Y
> es que Martí asombraba. Durante la primera juventud
> había alcanzado un dominio sorprendente de la realidad
> mundial: viajaba por los clásicos del pensamiento
> desde Grecia y Roma hasta hurgar en los pueblos más
> antiguos, cultos y ancestrales de los países del
> Oriente. Tenía el don de expresarse en la lengua
> materna y en otras. Es decir, habló y se preparó para
> interpretar los idiomas determinantes en el mundo de
> su tiempo.
>
> El conocimiento del alemán le permitió sostener un
> diálogo con el capitán del «Nordland» y tocar el
> corazón de aquel duro marino germano... Lo revela la
> página escrita ante las costas orientales de Cuba en
> el diario De Cabo Haitiano a Dos Ríos, correspondiente
> a la noche del 11 de abril de 1895: «Salimos a las 11.
> Pasamos rozando a Maisí, y vemos la farola. Yo en el
> puente. A las 7 y media, oscuridad. Movimiento a
> bordo. Capitán conmovido. Bajan el bote...»
>
> Al dominar varios idiomas, también pudo hablar con el
> francés que él y los cubanos de su tiempo consideraron
> el genio supremo de los derechos civiles: Víctor Hugo.
> Le impresiona sobremanera el poderoso cronista de los
> acontecimientos acaecidos en la Francia posterior a la
> gran revolución de 1789 y su eco en 1848.
>
> Martí resumiría, en sí, el espíritu y la obra de
> aquellos cubanos como el presbítero José Agustín
> Caballero, José Antonio Saco, Domingo del Monte... y
> el Padre Varela, cuyos restos reposan en el cenotafio
> de mármol en el Aula Magna de la Universidad de La
> Habana, fundada hace exactamente 280 años.
>
> Cuba ha sido pródiga en mujeres y hombres de talento,
> dotados del don de la elocuencia. Un país donde la
> palabra viva ha tenido un significado preponderante,
> esencial e insustituible. Podemos editar centenares de
> libros y periódicos, pero es necesaria la palabra para
> llegar al corazón del pueblo cubano. Pero además de
> ser orador y un lector insaciable, Martí era un
> artista, que, además, sabía reconocer el talento de
> los otros.
>
> Quiso colocar en su sitio a Gertrudis Gómez de
> Avellaneda, a quien la vorágine del nacimiento de la
> nación había sorprendido lejos de Cuba. Reconoció los
> méritos del soneto lírico Al partir, escrito por esa
> poeta camagüeyana en el instante doloroso de su
> partida, y que niños y niñas debieran recitar en las
> escuelas.
>
> Y ante la incomprensión de muchos de sus
> contemporáneos por la figura de José María Heredia,
> nos dice que supo sembrar en nuestra alma la pasión
> patria y el amor infinito a la solitaria y peregrina
> estrella de Cuba. De vida breve, murió el «Cantor del
> Niágara» en México, donde no solo se le recuerda como
> hombre de letras e insigne poeta, sino también como
> legislador del Estado, juez de la Corte, fundador del
> Colegio Superior Universitario.
>
> No nos asombra que Martí, quien también apenas vivió
> unos pocos años en su Patria, incomprendido y desolado
> refiriera —aludiéndose así mismo— que los padres de
> Heredia habían alentado la vocación del joven por la
> poesía, mientras que a otros los colmaron de regaños.
>
> ¡Cuántas veces le habrán halado la oreja en el patio
> de la casa! Cuánto le habrán dolido a Martí en el
> corazón aquellas tantas veces repetidas palabras en
> las cartas de su madre admirable: «mientras tú no
> puedas alejarte de todo lo que sea política y
> periodismo, no tendrás un día de tranquilidad (...)» o
> «yo creo, hijo, que mientras tú no sueltes los papeles
> de los periódicos, tu suerte no variará (...)».
>
> Pero tales cosas debió soportarlas desde el amor que
> siempre profesó a sus buenos y generosos progenitores,
> quienes le amaban infinitamente.
>
> Fechada en Montecristi, el 25 de marzo de 1895, a doña
> Leonor estuvo dirigida esta misiva, la mayor que ha
> inspirado el amor filial:
>
> «Madre mía:
>
> »Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje,
> estoy pensando en Ud. Yo sin cesar pienso en Ud., Ud.
> se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de
> mi vida; y ¿por qué nací de Ud. con una vida que ama
> el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un
> hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va
> siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el
> recuerdo de mi madre (...)»
>
> Él sabía lo que significaría ese viaje. Son evidentes
> ciertas intuiciones que percibimos en sus cartas y
> documentos, así como su infinita preocupación sobre lo
> que iba a encontrar aquí, luego del comienzo de la
> lucha, dado que el país estaba en ebullición. Tenía un
> tiempo limitado para hacer su aporte fundamental: si
> salía bien, se coronaría toda una vida.
>
> Aborda Martí el drama fundamental del proceso
> revolucionario cubano, y enfrenta con franqueza,
> grandeza moral y humildad de espíritu aquella disputa
> pueril que lo amenaza. No entra a la historia con un
> dedo levantado, lo cual es pecado mortal para los que
> no han vivido un determinado momento. Pone en su lugar
> a Céspedes y a Agramonte, y los abraza para siempre,
> pero no vacila en elogiar la Asamblea Constituyente de
> Guáimaro y de considerarla el nacimiento de la utopía
> democrática del pueblo cubano. Y cuando decimos
> utopía, nos referimos a un proyecto grandioso. ¡Pobre
> del que no la tenga!
>
> Los patriotas debieron optar entre una Cuba próspera,
> rica en apariencias, o una empobrecida, pero que
> alcanzase el privilegio extraordinario de la libertad.
> Martí creyó que el pueblo cubano estaba preparado para
> alcanzarla y sostenerla. La vida lo ha demostrado.
>
> Hay una escuela de miserables y pequeños corifeos de
> la antigua Cuba que dicen que esta nación, con
> ilusiones y sueños superiores a sus posibilidades, es
> inviable. Ellos han sido privados de la virilidad de
> nacimiento y perdieron lo más importante para vivir en
> las circunstancias difíciles en que la naturaleza, el
> destino o la providencia divina... situaron a este
> pueblo en el centro del Mediterráneo americano.
>
> Hay que entender que Martí no era una mansa paloma, ni
> andaba desvanecido por las esquinas, oliendo flores...
> Era de ideas fijas, obsesivo en lo que debía buscar,
> persistente. .. Sufría decepciones porque quería
> conquistar espíritus y todo el mundo no es
> conquistable.
>
> Amando la belleza, renunció a ella... Queriendo los
> libros hermosos —y no los más baratos, que se deshojan
> tras dejar el conocimiento en el corazón y la
> memoria—, solamente pudo tener aquellos cuyas páginas
> llenó de notas escritas apresuradas en los márgenes...
> Amando a las mujeres —como ellas deben amar a los
> hombres: con pasión—, y siendo él mismo un gran
> amador, debió renunciar dolorosamente y casarse con la
> novia etérea y distante... Por eso, el anillo de
> hierro, con el nombre de Cuba, es el símbolo de su
> extraño y excepcional matrimonio.
>
> Se equivocan los que tratan de irrumpir en su vida
> privada. Para comprender la intensidad de esta
> tragedia bastaría hojear el Cuaderno de bodas. Para
> mí, después de haberlo leído, la mujer que le arrancó
> el alma fue aquella junto a la cual no pudo permanecer
> definitivamente. A ella escribió el poema «Carmen»:
>
> El infeliz que la manera ignore
>
> De alzarse bien y caminar con brío,
>
> De una virgen celeste se enamore
>
> Y arda en su pecho el esplendor del mío.
>
> Beso, trabajo, entre sus brazos sueño
>
> Su hogar alzado por mi mano; envidio
>
> Su fuerza a Dios, y, vivo en él, desdeño
>
> El torpe amor de Tíbulo y de Ovidio.
>
> Es tan bella mi Carmen, es tan bella,
>
> Que si el cielo la atmósfera vacía
>
> Dejase de su luz, dice una estrella
>
> Que en el alma de Carmen la hallaría.
>
> Y se acerca lo humano a lo divino
>
> Con semejanza tal cuando me besa,
>
> Que en brazos de un espacio me reclino
>
> Que en los confines de otro mundo cesa...
>
> Años después, la viuda pondría el hijo al cuidado del
> General en Jefe, Máximo Gómez. El joven no fue ni un
> miserable ni un cobarde, y aquellos que lo han acusado
> de tal, han ofendido gravemente a Martí, ultrajando la
> memoria de Ismaelillo e introduciéndose en una vida
> que no les pertenece.
>
> Es difícil también hablar del padre de Martí, de don
> Mariano. Cuántas veces en las barriadas de La Habana
> Vieja, sus amigos le habrán dicho: «¿Por qué no estás
> con nosotros? Tú, que tienes experiencia militar, que
> has sido sargento y artillero, que estuviste en las
> fortalezas de La Habana, que te desempeñas como
> celador¼ ¿Por qué no eres voluntario?
>
> ¿Por qué no te alistas en los batallones de don Julián
> de Zulueta o de don Ramón Herrera? Pero don Mariano no
> perteneció al cuerpo de voluntarios. Prefirió la
> pobreza, la humildad de la existencia precaria.
>
> Martí piensa en él, rememorando la conversación
> sostenida en un sitio solitario del hogar. Por eso,
> está seguro de que al padre no le extrañaría verle
> luchar por su patria. Y lo quiso con locura y con
> ternura, tanto como a sus hermanas, a pesar de
> quebrantos o incomprensiones.
>
> Libros como Ese sol del mundo moral de Cintio Vitier,
> esencial para el conocimiento de la obra martiana y de
> la génesis de la Revolución; Destinatario: José Martí,
> las cartas reunidas con paciencia y amor por Luis
> García Pascual, nos permiten acercarnos al Martí
> Hombre, el mismo que perfiló en su obra homónima
> Gonzalo de Quesada y Miranda.
>
> Este último contribuyó a la exégesis martiana que
> —desde diferentes perspectivas— abordaron Emilio Roig
> de Leuchsenring, Juan Marinello, Jorge Mañach, Pedro
> Henríquez Ureña, Ezequiel Martínez Estrada, Rafael
> Esténger¼ por citar algunos nombres, a los que se
> unirían después Cintio Vitier, Fina García Marruz,
> Rafael Cepeda, Hortensia Pichardo y Roberto Fernández
> Retamar, entre otros.
>
> El legado infinito de Martí yace en su copiosa
> correspondencia, en su oratoria, en su obra
> periodística, en su labor como conspirador
> revolucionario. .. Todo ello revela su capacidad para
> convencer, para persuadir, para unir..., sobreviviendo
> a las flechas envenenadas de los envidiosos y
> mediocres, porque hay quienes admiran, pero con rabia.
>
>
> Él logró hacer un periódico de un sinnúmero de
> periódicos; un partido, de otras tantas facciones y
> banderas; una voz, de incontables voces... para
> convertirse en el líder indiscutible de la nación
> cubana. De ahí que un obrero y un maestro de los
> pobres le llamasen Apóstol; se lo decían con la misma
> humildad y reconocimiento con que —años atrás— otros
> habían identificado a El Libertador.
>
> Cuba ha tenido muchos héroes a lo largo de la
> historia. Cinco están presos en Estados Unidos, y su
> austeridad, así como la elocuencia y el rigor de sus
> alegatos, se constituyen en documento político con que
> se nutre el acervo de este nuevo siglo que comienza
> para los revolucionarios del mundo.
>
> Pero Cuba tiene un solo Apóstol. Aquí no hay doce, ni
> cuatro ni seis; hay uno. Porque él no vivió en
> francachelas ni en disipaciones, sino con la sobriedad
> de los apóstoles. Porque tenía ese carisma que, según
> los griegos, era capaz de encender un fuego
> inextinguible en los corazones y en la conciencia de
> los demás.
>
> Si hubo un regreso a la guerra en 1895 fue por él,
> porque logró pasar por encima de las diferencias, de
> las pequeñeces, y —aun— sobre las irreconciliables
> barreras que se habían levantado entre los más grandes
> y entrañables compañeros, luego de ocurrir la
> dispersión sin alcanzar la victoria.
>
> Al llegar a Cuba encontró la amarga realidad que
> aparece retratada en el Diario durante la conversación
> nocturna sostenida en el campamento, pues, en el
> ejército que debían fundar, no se habían enraizado ni
> acatado del todo las necesarias jerarquías. Aquella
> noche se percató, con amargura, de dicha situación, y
> trató de apaciguar y de poner las cosas en su lugar.
>
> A su muerte, a la que asistió como a nupcias
> indispensables, acude con el dolor y el sentimiento de
> que los compañeros pudiesen considerar que ese no era
> su lugar. El destino lo colocó en el camino: ante un
> barranco, el cañón del río... Cuando contemplamos la
> llanura en que se consumió su calvario, parados en la
> orilla y ante el tropel de las aguas crecidas de mayo,
> imaginamos el vado...
>
> Mi verso crecerá: bajo la yerba, / yo también creceré
> (...), dijo una vez. Y creció el verso porque la
> poesía no era solamente la rima mecánica, sino el
> soplo vital que la anima y la inspiración que la
> promueve.
>
> Es por eso que, al pensar en las cuartillas y
> cuadernos dejados por él en manos de Gonzalo de
> Quesada y Aróstegui, pidiéndole que depurase lo que
> pudiese ser hojarasca de aquello que tenía mérito
> real, me esté yo refiriendo a su poesía que alienta y
> sostiene, que levanta y da coraje, que hace mirar al
> futuro, que nos obliga a dejar a un lado todo lo que
> nos aparta... y nos coloca allí donde el deber nos
> llama.
>
> Cuando un agnóstico me pregunta: « ¿Es que Martí habló
> o profetizó de todo?» Le digo que desconocen la
> integridad e inmensidad de su obra moral. Y cuando
> hacemos de lo histórico una reducción mecánica,
> omitimos el logro principal, el mayor, el más
> relevante de la Revolución cubana: su obra moral.
>
> Como ha afirmado Cintio Vitier, Martí no ha dejado ni
> un solo cabo suelto en la historia de Cuba. Trató de
> dar solución a grandes enigmas y complejidades de su
> tiempo y del futuro. Su pensamiento nos ha llevado a
> perseguir como ideal la unidad continental, proyecto
> que se mantiene latente en nuestros días.
>
> El pensamiento martiano es el sustento de la profecía
> y del triunfo de la Revolución cubana. Si nosotros
> estamos hoy aquí es porque Fidel, con su generosidad y
> sentido abarcador, se dio cuenta de que el Apóstol
> encarnaba el sentido intelectual y el valor ético de
> la cultura y nación cubanas.
>
> Esa es la fuerza salvadora, de ahí que en el alma de
> los cubanos encuentre cobijo ese culto legítimo a un
> hombre que no solo fue de su tiempo, sino de todos los
> tiempos; no solo de Cuba, sino del mundo entero: José
> Martí.
>
>
>
> "En la distancia más lejana, aquella de mis pensamientos, te alojo por instantes. Susurros amorales me hablan al oido: los niños tremendos de mis sentidos. Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano. Eres deseo puro latente en mi mente. Cabalgata al sur sin montura ni ataduras… La mezcla de la dulzura y la pasión, es la combinación letal para los amantes que nunca se amarán, de hacerlo, de sólo pensarlo, huyo, escapo…"
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