[R-P] Retrospectiva de Rainer Werner Fassbinder
Patricia
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Jue Ene 24 23:25:36 MST 2008
Un verdadero lujo del verano porteño: la Cinemateca
Argentina y el Instituto Goethe comenzarán mañana en
el Complejo Teatral de Buenos Aires una retrospectiva
completísima de la obra de Rainer Werner Fassbinder.
Y el prólogo es como para recluirse en la sala
Leopoldo Lugones (Corrientes 1530, entradas a 7 y 4
pesos), porque todas las funciones -entre mañana y el
lunes- estarán dedicadas a repasar, en versión
remasterizada, los 13 episodios más epílogo (920
minutos) de la miniserie para la TV alemana Berlin
Alexanderplatz , a 27 años de su estreno, en copias
digitales restauradas por la Fundación Fassbinder. El
ciclo, que se extenderá hasta marzo, recuperará además
26 de sus largometrajes.
Fassbinder era un artista solitario, con alma de perro
callejero. Más allá de rodearse siempre de amigos, con
los que compartía el dinero que ganaba sin pensarlo
dos veces, de tener amantes de todos los sexos, de
esquivar el cansancio físico a fuerza de cigarrillos o
de drogas, el autor de clásicos como El asado de
Satán, Sólo quiero que me amen, La angustia corroe el
alma y El matrimonio de María Braun , entre una
treintena de títulos para cine y TV, siempre vivió
atenazado por el abandono que sufrió cuando cumplió 6
años. Murió joven, a los 37 años, en 1982,
precisamente por una sobredosis de cocaína. "Soy mi
propio padre", decía con una mueca melancólica, de
dolor marcado a fuego en la memoria.
Fue hijo de un padre ausente, un médico prestigioso
que nunca asumió el rol paterno, y de una madre que no
lo deseaba. Siempre soñó con alcanzar la categoría que
ellos no le dieron a través de personajes que
desvestía con crueldad delante de su cámara, seres
torturados, retratados en encuadres cerrados,
atrapados en espejos que están revelando su verdadera
imagen y patética imagen reflejada en la pantalla.
Criaturas separadas de la felicidad por vidrios
esmerilados, veladas por cortinas que miran
desesperanzadas la vida de los otros, custodiadas por
la oscuridad, apenas alumbradas por rayos de luz que
se filtran, de a líneas, por las ventanas, como en el
cine noir.
Fassbinder ejerció intensamente su oficio, atrapado en
una telaraña de confusión. Muy agresivo con los
actores durante los rodajes -pero en especial con las
mujeres con las que compartió sus días-, cuentan que
incluso llegó a prostituirse por las calles de Berlín
antes de convertirse en artista respetado.
Ecléctico, su mirada remite al "teatro de la crueldad"
de Artaud y estéticamente a los clásicos del
expresionismo y a los melodramas del cine
estadounidense de la posguerra, en especial los de
Douglas Sirk, otro alemán que, según pensaba, "hizo
que me diera cuenta de que es posible contar historias
de una forma que normalmente haría que el público las
considerara inverosímiles". Se trata de historias de
gente común que sufre dramas existenciales.
El alma de la serpiente
Berlin Alexanderplatz es un clásico de la literatura
alemana de la preguerra. Lo escribió Alfred Döblin y
ya había sido llevado al cine en caliente, por Phil
Jutzi, en 1931. En palabras del mismo Fassbinder, es
la historia del ex camionero Franz Biberkopf
-interpretado por Günter Lamprecht-, que sale de la
cárcel luego de cumplir una condena por haber
asesinado a su ex amante, quien se había prostituido
para ayudarlo económicamente. Al principio se siente
como pez fuera del agua, pero tras una nueva relación
espera salir adelante. Sin embargo, fracasa ofreciendo
prendedores para corbatas, libros de erotismo barato
como si fuesen de educación sexual y pasquines nazis,
una decisión que lo enfrenta a sus amigos comunistas.
La última posibilidad reside en vender algo que todos
consuman: cordones para zapatos. Después de una
traición, conocerá a Reinhold, un gángster de poca
monta que lo fascina, al que ayuda a sacarse de encima
a las mujeres que él mismo seduce y conquista.
Compartirán delitos menores y Franz, por culpa de
Reinhold, sufrirá un terrible accidente que le costará
el brazo derecho. Tras ese percance, conocerá a otra
mujer que terminará trabajando para él y hasta serán
felices, pero la vuelta de Reinhold acabará con la
dicha. Para Franz, lo que resta es tragedia.
Obsesivo, enamorado de aquel relato de Döblin, pero
más todavía de su protagonista -con el que llegó a
identificarse por completo-, el cineasta se propuso
construir una obra maestra. Dicen que antes de
comenzar el rodaje pensó que era necesario ver todos
sus largometrajes para hacer algo diferente. Cuentan
que un día se sentó frente a un televisor y los
cassettes fueron desfilando uno tras otro hasta que
cayó rendido. La tarea no fue sencilla. Mientras el
presupuesto de sus obras oscilaba entre los 700.000 y
cuando requerían recrear viejas épocas los 2 millones
de marcos, Berlin Alexanderplatz consumiría 13.
Escribió Fassbinder -en un artículo titulado "Las
películas te abren la cabeza" - que Berlin
Alexanderplatz "me ayudó a reconocer esta exigencia
respecto del arte, a formularla y, sobre todo, a
ponerla en práctica en mi propio trabajo. Había
encontrado una obra que no sólo era una ayuda para
vivir, sino también una ayuda a elaborar lo teórico
sin ser teórica, que obliga a actitudes morales sin
ser moral, a aceptar lo banal como esencial, como
sagrado, sin ser banal ni sagrado, sin pretender ser
una exposición sobre lo esencial y sin ser, pese a
todo, cruel, lo que no es habitual en obras de esta
envergadura".
La superproducción reunió, además, a tres de las
actrices preferidas del cineasta: Hanna Schygulla,
Barbara Sukowa y Brigitte Mira.
El martes próximo, por su parte, también en la
Lugones, comenzará el gran ciclo de largometrajes,
subdividido en seis programas que reflejan algunos de
sus intereses temáticos y estéticos, a lo largo de
trece años. El primero está dedicado al Antitheater,
conformado por Katzelmacher (1969), Dioses de la peste
(1970), Reclutas en Ingolstadt (1971), El asado de
Satán (1976) y Las amargas lágrimas de Petra von Kant
(1972), que remite a sus primeros años como cineasta.
Se trata de ejercicios reglados por las directivas del
colectivo de actores conocido como Antitheater, según
sus propias palabras una "corriente teatral
provocadora, anticonvencional y revolucionaria".
Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION
Para agendar
Berlin Alexanderplatz , con Günter Lamprecht, Barbara
Sukowa y otros
Sala Leopoldo Lugones Corrientes 1530, Mañana, a las
14.30, capítulos I a III; a las 19.30, IV a VI; pasado
mañana, a las 14.40, VII a IX y a las 19.30 X a XIII;
el lunes, a las 18. y 21, XIII y epílogo (en DVD).
"En la distancia más lejana, aquella de mis pensamientos, te alojo por instantes. Susurros amorales me hablan al oido: los niños tremendos de mis sentidos. Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano. Eres deseo puro latente en mi mente. Cabalgata al sur sin montura ni ataduras… La mezcla de la dulzura y la pasión, es la combinación letal para los amantes que nunca se amarán, de hacerlo, de sólo pensarlo, huyo, escapo…"
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