[R-P] [E. Lacolla] El mundo (capitalista) en crisis

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Ene 24 05:03:50 MST 2008


[Gentileza del autor. Publicado hoy en "La Voz del Interior"]

Perspectivas
El mundo en crisis
Por ENRIQUE LACOLLA

El capitalismo está pasando por su peor crisis desde la finalización
de la segunda guerra mundial. ¿Qué nos espera?

¿Catástrofe o sobresalto? El derrumbe de las bolsas en el mundo entero
está avivando los peores fantasmas de la crisis de 1929. No se puede
incurrir en profecías en este campo, toda vez que el sistema
capitalista es elástico y, en los países centrales, por lo general ha
sabido administrar sus periódicos desastres. Pero la irracionalidad
del sistema en que el mundo está inmerso se pone, una vez más y con
características muy graves, en evidencia.

No se puede fundar la economía global en el principio de la
especulación, en el incremento desaforado del crédito y en la creación
de una burbuja de capitales sin salida productiva. En algún momento el
globo se pincha. Estados Unidos, patrón del sistema y amo indiscutido
del mundo tras la implosión de la URSS, puso en práctica sin
limitaciones y a escala global las teorías de Milton Friedman y su
escuela: privatizaciones, desrregulación gubernamental y recorte en el
gasto social, como expediente para maximizar las ganancias de las
empresas y activar al máximo las plazas financieras, cosa que habría
de promover un "efecto derrame" que mantendría a la economía en
permanente movimiento. Pero el derrame se produjo en un solo sentido,
hiperinflando las fortunas ya consolidadas en el centro desarrollado y
entre sus socios coloniales, y sembrando miseria y pavor en el resto
del mundo, mientras comprometía asimismo las fundaciones del Estado de
Bienestar que había aplacado las contradicciones de clase en el seno
de los países ricos después del segundo conflicto mundial.

El expediente para mantener el estado de cosas ideado por los "Chicago
boys" fue y sigue siendo la guerra. Primero fue la "doctrina del
choque", como la llama Naomi Klein, por la que pasamos, por ejemplo,
los países de América latina y que usó la exterminación de una
izquierda pasaderamente boba como pretexto para barrer las
resistencias populares e imponer las reformas de la sociedad de
mercado.

Cuando los límites de este sistema opresivo se hicieron evidentes y la
necesidad de adelantarse a los riesgos que plantea una geopolítica
global connotada por la emergencia de nuevos centros de poder y por
una presunta disminución de las reservas energéticas, la guerra una
vez más, no ya encubierta ni indirecta, sino abierta y protagonizada
por los marines, los barcos y la fuerza aérea de Estados Unidos, fue
el expediente al que se apeló para mantener la estructura. No otra
cosa es "la guerra infinita contra el terrorismo", ese enemigo
proteico e indiscernible que tiene la invalorable facultad de ser
inaprensible y se hace por lo tanto útil para mantener la atención
fija en un falso problema, a la vez que suministra un artilugio ideal
para seguir invirtiendo sumas desaforadas en armamento y reforzando,
por lo tanto, el carácter parasitario del gasto.

El efecto damero
Este término hizo fortuna en la fraseología militar norteamericana,
pues indicaba que un país podía contagiar de comunismo a otro, y que
por lo tanto había que extirpar esa mala semilla allí donde se
manifestase, aunque fuera a 14.000 kilómetros o más de las costas de
Estados Unidos.

El argumento era una falacia, pero conserva toda su eficacia si se
quiere describir la actual situación económica. El efecto contagio que
está teniendo el hundimiento del mercado inmobiliario en Estados
Unidos es innegable y alcanza a todo el mundo.

La confianza, ya débil, en la solidez de la economía estadounidense se
resquebraja en todas partes. La baja en la capacidad de consumo de una
población norteamericana híperendeudada, puede, por ejemplo, retraer
las exportaciones de China hacia ese país y hacer entrar en crisis a
la más poderosa de las economías emergentes. Y una retracción china
afectaría sus importaciones. ¿Qué efecto podría tener en Argentina,
que cuenta con las exportaciones de soja a ese país como la principal
fuente de recursos que sostiene la recuperación económica?

Una vez más, el viejo tema de la necesidad de operar una razonable
desconexión del mercado mundial, de diversificar nuestra producción,
de industrializarnos y de fusionarnos con nuestros socios del Mercosur
y de América latina en general, vuelve a la superficie. Sin embargo
nadie entre nuestros políticos, hasta ahora, ha tenido las agallas
suficientes para encarar las reformas de fondo que son necesarias para
mantener el país en funcionamiento en el caso, nada improbable, de que
se agrave la crisis global. Nadie se anima a hablar de una reforma
progresiva en materia de impuestos, y nadie diseña un plan de
operaciones que devuelva a la nación el perfil industrialista y
autosuficiente (en el marco de una regionalización de la economía),
que son necesarios. ¿Seguiremos improvisando? ¿Y hasta cuándo?


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