[R-P] Rosas y la deuda externa

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Dom Ene 20 09:56:12 MST 2008


ROSAS y LA DEUDA EXTERNA
La Gazeta Federal
http://www.lagazeta.com.ar


Según el viejo lord economista John Maynard Keynes,
hablando en valores de su época no comparables con los
actuales,"...cuando una persona le debe mil libras
esterlinas a un banco y no le puede pagar, está en
problemas...pero cuando debe un millón y no paga, el que
está en problemas es el banquero".

La política del "no pago"

Autócrata , Rosas se ganó el odio de sus muchos de sus
contemporáneos y el desprestigio de la historia oficial;
sin embargo, en el manejo de la deuda Rosas mostró su
eficacia. Se negó a pagar a costa del hambre de los
argentinos. No atacó a los tenedores de bonos (o
“bonoleros”, como se los llamaba entonces); los usó para
presionar a Inglaterra y crear contradicciones en el
imperio. 

Juan Manuel de Rosas (encargado de las relaciones
exteriores de la Confederación Argentina) dijo en su
discurso al inaugurar las sesiones de la Legislatura en
1835:

“ El gobierno nunca olvida el pago de la deuda extranjera,
pero es manifiesto que al presente nada se puede hacer por
ella, y espera el tiempo del arreglo de la deuda interior
del país para hacerle seguir la misma suerte [a la deuda
extranjera], bien entendido que cualquier medida que se
tome tendrá por base el honor, la buena fe y la verdad de
las cosas”.

En el fondo, el caudillo estaba diciendo: “El país sólo
pagará lo que pueda.” ...“No pagaremos a costa del hambre
de los argentinos.”

Rosas - “un hombre de extraordinario carácter”, según
escribió Charles Darwin en su diario - no usaba discursos
inflamados ni bravatas, y en vez de agredir a los
acreedores, intentaba calmarlos; pero no les pagaba.

"Quien las hace las paga, y al son que me tocan bailo",
decía, y durante años, cantó la misma canción: “Queremos
pagar, pero no podemos”.

Aquella deuda tenía su origen en una decisión de Bernardino
Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez. En
1824, la Provincia de Buenos Aires había emitido títulos, y
contratado a la Baring Brothers para que los colocara en
Londres. Merced a esa operación, Buenos Aires había
recibido 560.000 libras (65.000 en efectivo y el resto en
“papeles”) para construir obras sanitarias e instalaciones
portuarias que no construyó, y se había endeudado por
1.000.000 de libras, dando en garantía las tierras, los
bienes y las rentas provinciales. (ver El Emprestito
Baring)

Rosas no declaró que la deuda fuera ilegítima. Le pareció
suficiente no pagarla, dilatar el pago, y usar la deudo
como arma a favor suyo.

En 1838, Rosas había aumentado 25 % los derechos de
importación, alegando que eso permitiría pagar la deuda. El
aumento (aplicable sólo para productos que hubieran sido
transbordados en Montevideo) perjudicaba a Francia, que
centralizaba operaciones rioplatenses en ese puerto. Como
represalia, la armada francesa invocando otras razones
bloqueó Buenos Aires y todo el litoral argentino del Río de
la Plata; Rosas entonces tenía otro motivo para el "no
pago".

Los tenedores de bonos (bondholders en Londres; “bonoleros”
en Buenos Aires) debían saber que, si antes el gobierno no
podía pagarles, ahora menos. Ellos tenían que entender
además, que la culpa de tal imposibilidad "era de Francia",
rival del Reino Unido.

Manuel Moreno fue designado por segunda vez embajador en
Londres; y allá fue con la orden que Rosas le dió el 21 de
noviembre: hacer lo imposible por congraciarse con los
“bonoleros”, decirles que los pagos se reanudaría apenas se
levantara el bloqueo francés, y hasta sugerirles que la
solución definitiva al problema de la deuda estaba en sus
manos. Lo que debían hacer era explorar "si en el gobierno
de Su Majestad habría disposición a una transacción
pecuniaria para cancelar la deuda pendiente del empréstito
con el reclamo respecto de la ocupación de las islas
Malvinas".

La propuesta era sencilla: la Corona le pagaba a los
“bonoleros” y la Argentina renunciaba a las Malvinas.

Muchos creen que, con esa sugerencia, Rosas manchó el
historial de reclamos argentinos, abierto cuando, en 1833,
el Reino Unido ocupó las islas. El británico John Lynch, un
estudioso de las relaciones anglo-argentinas, tiene otra
interpretación: cree que la de Rosas fue una hábil maniobra
dilatoria. El gobierno británico (razona Lynch) no tenía
por qué asumir la deuda de la Confederación Argentina con
sus acreedores privados. Además, la compensación ofrecida
era inaceptable: según la Corona, las Malvinas le
pertenecían. No sólo eso: las tenía en su poder, y la
Confederación no tenía posibilidad alguna de quitárselas
por la fuerza. 

En realidad fue una maniobra política de Rosas intentando
que, si Inglaterra aceptaba la oferta de canje, quedase
demostrado que Inglaterra reconocía los derechos argentinos
sobre Malvinas. (Ver Rosas y Malvinas)

El Foreign Office ni quiso oír la oferta de canje. En
cambio, los “bonoleros” (agrupados en el Committee of
Buenos Aires Bondholders) lograron que la cancillería
británica intermediase en el conflicto franco-argentino.

Algo tuvo que ver Lord Palmerston en el acuerdo que, en
1840, dejó libre el puerto de Buenos Aires, permitió la
reanudación del comercio exterior, y creó las condiciones
para que, con los derechos de aduana, Rosas cumpliera su
promesa de reiniciar el pago de la deuda. Sin embargo,
ahora había que reparar los daños causados por el bloqueo.
Es lo que decía el gobierno a los “bonoleros”, que
empezaron a mostrar su impaciencia.

El "Committee" envió en 1842 a Frank de Pallacieu Falconnet
a Buenos Aires. Debía obtener la reanudación de los pagos
y, si chocaba con la negativa de Rosas, ejecutar la
garantía.

A su llegada, Falconnet fue recibido por el ministro de
Hacienda, Manuel Insiarte. Fue entonces cuando las Malvinas
aparecieron otra vez sobre la mesa. Insiarte argumentó ante
su visitante: “La Confederación Buenos Aires no puede hacer
pagos con destino a Inglaterra mientras no se la indemnice
por el desapoderamiento de las islas”. Le sugirió entonces
un esfuerzo común: el comité de tenedores de bonos debía
avalar una gestión, que Moreno haría en Londres, para
compensar créditos entre ambos países. Si el Reino Unido
aceptaba, los “bonoleros” cobrarían 100% de sus créditos.

Como era de esperar, el Foreign Office volvió a negarse.

En 1844, Rosas - que ya presentía una intervención del
Reino Unido en el Plata - trató de poner a los ahorristas
británicos de su lado. Llegó, entonces, a un acuerdo con
Falconnet: la Confederación volvería a pagar los intereses
de la deuda, con una quita de 80 por ciento. No obstante el
descuento, los ahorristas, temerosos a esa altura de no
cobrar jamás, celebraron el acuerdo.

Al año siguiente, el puerto de Buenos Aires volvió a quedar
bloqueado, ahora por el Reino Unido y Francia. La deuda
nada tenía que ver; Las potencias europeas querían abrir
los ríos interiores, demoler las barreras aduaneras y
entrar con sus productos a estos mercados.

Rosas volvió a declarar el “no pago”, y les hizo saber a
los tenedores de bonos que el acuerdo de 1844 recobraría
vigencia, si el bloqueo se levantaba. En Londres, el Times,
vocero de los pequeños ahorristas con bonos de Buenos
Aires, se convirtió en crítico pertinaz del bloqueo.

El Reino Unido lo levantó en 1849 y Francia en 1850. Rosas,
entonces, volvió a pagar intereses (con la quita de 80 por
ciento) y seguía haciéndolo en 1852, cuando se produjo su
caída de Rosas en Caseros.

Criado en una estancia bonaerense, Rosas parecía carecer de
todo refinamiento. No obstante, sabía cuándo pialar y
cuándo retener el lazo.

Además, había aprendido, en la lucha contra el indio, que
el enemigo nunca es uno solo. Que tiene muchas tribus, y
que hay contradicciones aun en el interior de cada tribu.
Se había ejercitado en el arte de fomentar las
contradicciones ajenas. Había aprendido, también, que allí
donde la sagacidad no da fruto, menos lo dan las bravatas. 

Con la administración del "no pago", una combinación de
paciencia y astucia le permitió lograr, en la práctica,
quitas y esperas que ningún gobierno habría soñado.

Alberdi, que en principio fue uno de sus críticos, lo vio
en el exilio y escribió en 1857: “Tiene la fácil y suelta
expresión del hombre acostumbrado a ver desde lo alto del
mundo. Y sin embargo no es fanfarrón, ni arrogante...habla
con moderación de sus adversarios”.


   
  Roberto Bardini 
  http://bambupress.wordpress.com/




      ____________________________________________________________________________________
¡Capacidad ilimitada de almacenamiento en tu correo!
No te preocupes más por el espacio de tu cuenta con Correo Yahoo!:                      
http://correo.yahoo.com.mx/



Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular