[R-P] México EL PETROLEO - EL GRAN INDICADOR

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Vie Ene 18 06:19:30 MST 2008


PETRÓLEO
  Depende de un proyecto de Nación
  por ideasypalabras en prodigy.net.mx*
  Resumen: la petrolera mexicana Pemex
se ve acorralada por el estrangulamiento
financiero y la pérdida de reservas.
La ofensiva de la derecha oficialista apunta
a recortar su acción y abrir el paso a las
petroleras privadas. Se juega no solo la disputa
izquierda-derecha sino el proyecto mismo de Nación.
EL PETROLEO - EL GRAN INDICADOR

Si hay un indicador que hoy puede resumir las diferencias más sustantivas 
entre derecha e izquierda en materia de política económica —y también 
exterior, así como en la idea misma de país—, ése es el petróleo. Desde 1938 
y por más de cuatro decenios, la izquierda dentro y fuera del gobierno pudo 
sostener una política petrolera nacionalista; pero a raíz de la crisis 
económica de 1982 se abrió un período de indefinición que ya se ha 
prolongado por un cuarto de siglo. Todo indica que se aproxima el momento de 
una redefinición. En el Congreso ya se anunció que las fuerzas de la derecha 
están decididas a llevar a cabo su reforma energética este año (Reforma, 1 
de enero). ¿Podrá una izquierda minoritaria y dividida neutralizar la 
ofensiva de una derecha que ahora actúa desde el poder y apoyada por 
poderosos intereses económicos nacionales e internacionales?

EL PROYECTO PRIVATIZADOR.

Al finalizar 2007, el periódico “La Jornada” publicó una serie de artículos 
relacionados con el proyecto de reforma petrolera del gobierno de Felipe 
Calderón y una parte del PRI. En realidad, poco de lo ahí expuesto es nuevo 
pero resume bien lo esencial de una ruta que desde hace tiempo han impulsado 
círculos petroleros y económicos internacionales y que, en general, ha sido 
aceptada y adoptada por quienes hoy controlan el poder político nacional y 
por sus valedores de la élite económica. Desde la perspectiva de las cifras, 
Pemex es hoy una empresa en quiebra, pues sus pasivos son mayores que sus 
activos. Y esto a pesar de que la mezcla mexicana de exportación ronda en 
los ochenta dólares por barril.

Esa quiebra es el punto de partida de la derecha para exigir la intervención 
del capital privado en la industria que fue símbolo del nacionalismo 
revolucionario. Y es que los varios problemas de la mayor paraestatal 
mexicana son muy reales y de difícil solución. La presión privatizadora 
destaca los altos costos de producción, que a su vez son producto de una 
combinación de ineptitud administrativa y una corrupción omnipresente a la 
que no le ha hecho ninguna mella el supuesto advenimiento de la democracia 
política en 2000; en este tema, como en tantos otros, PRI y PAN han 
resultado iguales.

Además, la falta de inversión hace que Pemex no tenga la capacidad de 
refinación que el país requiere y por ello se importa gasolina en cantidades 
crecientes. Para colmo, la principal fuente de crudo —Cantarell— está 
disminuyendo su producción de manera alarmante y no se han hecho las 
inversiones necesarias para explorar y explotar nuevos yacimientos. Hoy por 
hoy, Pemex no tiene capacidad para operar en las aguas profundas donde, se 
sabe, están los depósitos del futuro. Así las cosas, las reservas actuales 
de hidrocarburos apenas alcanzan para poco más de nueve años. La lista de 
desastres que sirven de razón a los promotores de un cambio en las reglas 
del juego petrolero a favor de la privatización se puede alargar.

Desde esta perspectiva, para México no hay más salida que abrir la actividad 
petrolera al gran capital nacional e internacional —ya se menciona a la 
empresa angloholandesa “Royal Dutch Shell” y a las estatales de Noruega y de 
Brasil: “Statoil” y “Petrobras”, respectivamente—, para inyectar con 
carácter de urgente recursos, tecnología y eficiencia administrativa a la 
explotación del petróleo mexicano. De lograrse lo anterior, según esta 
visión, el resultado sería una industria regida por las leyes del mercado 
global, lo que aseguraría mayor producción, refinación y un golpe demoledor 
a su arraigada corrupción e ineficacia.

En esta etapa inicial, la derecha no pide que Pemex mismo desaparezca, 
simplemente que empiece a perder importancia relativa. La justificación 
central de este esquema asegura que el consumidor —interno y externo— sería 
el principal beneficiado y los únicos perjudicados serían los que deben 
serlo: un sindicato abusivo, una administración que no vale lo que se le 
paga y unos contratistas con apoyos políticos que ganan millones a costa de 
esquilmar a Pemex.

LA IZQUIERDA.

Los herederos del cardenismo parten de otros supuestos históricos e 
ideológicos para insistir en mantener el petróleo y su industrialización 
como asunto exclusivo del sector público. En términos históricos, señalan 
cuán pequeño fue el beneficio que dejó a México el petróleo en manos de las 
empresas extranjeras desde que éstas hicieron acto de presencia al final del 
Porfiriato, hasta que fueron expropiadas en 1938. En cuanto al tema de la 
privatización como antídoto a la corrupción, no es necesario recurrir a los 
orígenes de la “Standard Oil”, se puede dar el salto temporal hasta toparse 
con el caso de la empresa “Enron” en Estados Unidos, el ejemplo actual más 
conocido de que la corrupción en las grandes empresas privadas en el ramo 
energético puede ser tan feroz y desastrosa como la que más. Por otro lado, 
la existencia de la ya mencionada “Statoil” de Noruega es una muestra clara 
de que la empresa petrolera pública puede ser tan eficiente y transparente 
como la mejor.

Otro argumento central es que, en un país con pocas fuentes de energía, la 
explotación del petróleo —un recurso natural no renovable— no se debe dejar 
a merced de la oferta y la demanda del mercado mundial —una arena donde 
inevitablemente México es actor marginal—, sino que debe ligarse al proyecto 
nacional. Por su parte, este proyecto debe tener al petróleo —un recurso 
estratégico— como un puntal. Por lo que se refiere al elemento ideológico, 
casi moral, la izquierda sostiene que la renta de un recurso natural 
corresponde al conjunto de la nación y que ese patrimonio se debe siempre 
maximizar en función no sólo de un tipo de desarrollo económico equitativo 
—imperativo al que es ajena la lógica del mercado—, sino también de un 
futuro en donde los hidrocarburos ya se hayan agotado y sea necesaria una 
fuente alternativa de energía.

Desde luego que la izquierda reconoce la situación crítica de Pemex, pero su 
respuesta es que el gobierno federal deje de depender de los recursos 
petroleros para financiar el 40% de su gasto corriente, que se lleve a cabo 
una verdadera reforma fiscal, que se deje a Pemex usar sus enormes ganancias 
para saldar su igualmente enorme deuda y reinvertir para mantener su 
viabilidad económica. Finalmente, está el elemento nacionalista. Un país 
relativamente débil, vecino de la nación más poderosa del planeta, necesita 
mantener el control que con tanto esfuerzo logró en el pasado sobre su 
recurso estratégico más importante si quiere seguir teniendo sentido como 
país soberano.

EL PRIMER INTENTO.

Según lo hasta ahora dicho, el punto de partida del cambio en la política 
petrolera que propone la derecha sería permitir el capital privado en 
refinerías, oleoductos y, sobre todo, la firma de “contratos riesgo” con 
empresas extranjeras para la exploración y explotación de nuevos 
yacimientos. Este no es un enfoque nuevo, ya se intentó en el pasado, en los 
años 1940 y 1950, pero finalmente no prosperó porque la herencia cardenista 
era aún muy fuerte. Una vez concluida la II Guerra Mundial, Estados Unidos 
presionó para ligar los préstamos que México solicitó al “Eximbank” a una 
modificación de la legislación mexicana para lograr el reingreso del capital 
externo a la industria petrolera. Lo mismo hizo la “Shell” cuando negoció 
con Miguel Alemán su indemnización por lo expropiado en 1938 (aceptaría no 
recibir ningún pago a cambio de su retorno a México). La presión fue tal, 
que México terminó por suscribir entonces varios ´contratos riesgo´ con 
empresas norteamericanas, pero ninguna de ellas importante. Por eso, en 
cuanto fue factible, el primer Reyes Heroles al frente de Pemex los 
rescindió. Era aún difícil hacer a un lado la sombra de Lázaro Cárdenas.

EL MOMENTO DE LA VERDAD

A raíz de la gran crisis de 1982, la presión para privatizar la industria 
petrolera retornó. El triunfo del neoliberalismo aunado al incremento en los 
precios del crudo y la necesidad norteamericana de contar con fuentes 
cercanas y seguras de petróleo crearon el escenario en el que nos 
encontramos hoy. La posición de la derecha dura es aprovechar la crisis de 
Pemex para introducir cambios en la constitución misma, aunque la moderada 
se conformaría con cambios en las leyes reglamentarias. Y todo enmarcado por 
el nacionalismo agresivo de nuestro poderosísimo vecino del norte, factor 
que hoy impone el tono y el sentido del proceso político internacional.

En suma, del resultado de la lucha en torno al petróleo va a depender no 
sólo de la naturaleza de la relación derecha-izquierda, sino también la del 
proyecto nacional e incluso la de la idea misma de nación.

*Publicado por Diario de Yucatán: http://www.yucatan.com.mx. Enero 2008.

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