[R-P] Lacolla EN TORNO DE LAS CALIFICACIONES DEL TERRORISMO

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Vie Ene 18 05:55:10 MST 2008


EN TORNO DE LAS CALIFICACIONES DEL TERRORISMO

Por Enrique Lacolla



Convengamos en que el tema es delicado. Y no faltan quienes se desgarran las 
vestiduras ante él. La reciente reclamación de presidente de Venezuela, Hugo 
Chávez, en el sentido de que se excluya de la categorización de 
organizaciones terroristas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia 
(FARC) y al Ejército Nacional de Liberación (ELN), de ese mismo país, ha 
causado escándalo en no poca gente.

Ahora bien, la tendencia impuesta por el sistema dominante en los medios de 
comunicación en torno de la calificación de los diversos movimientos que 
pululan por el mundo y que por diversas razones insurgen contra distintos 
tipos de autoridades constituidas, es despareja y discurre por los carriles 
del doble estándar.

Según el Departamento de Estado de Washington y las cancillerías u 
organismos mediáticos que son dóciles a sus sugerencias, organizaciones 
terroristas son todas aquellas que se oponen a los intereses de los Estados 
Unidos por la vía de las armas, mientras que idénticos movimientos que 
realizan procedimientos similares pero que responden, transitoria o 
permanentemente, a los parámetros que convienen a esos intereses, suelen ser 
denominados “luchadores por la libertad”.

El apelativo terrorista incluso puede ser endilgado a una organización antes 
celebrada, como fueron los mujaidines y los talibanes cuando combatían a la 
ocupación soviética y a sus seguidores locales en Afganistán. Sin embargo, 
cuando volvieron su hostilidad contra Estados Unidos, de “luchadores por la 
libertad” pasaron a ser relapsos, terroristas y bandidos, quintaesencia de 
un atraso cultural del cual, sin embargo, sus antiguos tutores habían hecho 
buen uso.

La combinación de la palabra terrorista con narcotraficante también es un 
expediente que goza de buena fortuna cuando se trata de caracterizar todavía 
más negativamente a esos movimientos cuya ideología en muchos casos es 
fumosa o que en otros se refiere a credos y estilos de vida 
fundamentalistas, repulsivos para la mentalidad moderna.

La figura del narcoterrorista, por ejemplo, es sin embargo también aplicable 
a algunos socios del Imperio, que se financian con los réditos de ese 
comercio, como es el caso de los paramilitares colombianos o de ciertas 
tribus del Asia central.

La comisión de actos de terror en los choques entre poderes constituidos (no 
siempre legalmente) y los que no lo son, ingresan por otra parte en una zona 
semántica de difícil precisión: ¿por qué el individuo que se hace volar en 
medio de una muchedumbre que por una razón cualquiera ha designado como 
blanco, es calificado como terrorista, y por qué los gobiernos que ordenan 
bombardeos contra  áreas llenas de no combatientes o imponen bloqueos y 
embargos que matan de muerte lenta a cientos de miles o millones de personas 
ajenas al conflicto no lo son? ¿Y por qué los pasdaran, que son la élite de 
las unidades de choque de un ejército iraní que no ha invadido ningún 
territorio extranjero, es designada como terrorista, mientras que los 
marines que cometen brutalidades en países situados a diez mil kilómetros de 
su tierra, gozan de la consideración de los expertos en temas militares? 
¿Que la Guardia Revolucionaria abastece a Hizballah o Hamas?  ¿Y qué otra 
cosa hace Estados Unidos con las fuerzas que los enfrentan?

Todo esto sería divertido si no fuese trágico. Es notorio que, en las 
guerras irregulares, cada uno de los contendientes apela a los recursos de 
que dispone para hacerla: si Hamas contase con aviones y tanques para luchar 
contra los israelíes probablemente no apelaría a los kamikazes...







Los auténticos terroristas
Pero todo esto se refiere a movimientos que exponen algún tipo de 
insurgencia propiamente dicha. Las auténticas actividades terroristas se 
desenvuelven más bien en la sombra, en células laxamente manipuladas por 
algún poder –político, empresarial, militar– cuyo origen nunca puede ser 
claramente determinado, aunque su proveniencia pueda inducirse de los 
réditos que las acciones terroristas reportan a sus oscuros e imprecisos 
mandantes. La colusión de Al Qaeda –que parece ser por otra parte un 
movimiento polifacético de imprecisa dirección, cuyas células disponen de 
total autonomía– con los poderes imperantes en el mundo externo es 
indemostrable, pero la coincidencia oportunista de muchas de sus atrocidades 
con las exigencias objetivas del sistema de poder global no pueden dejar de 
llamar la atención... El ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono fueron 
la chispa que desencadenó la ofensiva norteamericana en el Medio Oriente y 
el Asia central, por ejemplo. Y no hablemos de su papel en el fomento de la 
guerra civil en Irak, que ha culminado en una virtual partición del país.

Volviendo a Colombia

Volviendo al tema colombiano, la petición del presidente Chávez me parece 
que está lejos de ser infundada. La práctica de los secuestros de parte de 
las FARC y del ELN es sin duda repugnante, pero del lado extraoficial del 
bando gubernamental, del lado de las fuerzas paramilitares que realizan la 
tarea sucia para el ejército y que además se ocupan de defender, con 
procedimientos a veces atroces, los intereses de la casta latifundista 
colombiana, los pecados cometidos no son menores.

Pero el centro del interés respecto de la futura evolución de los 
acontecimientos en Colombia deberá tomar en cuenta la compleja situación 
social en la cual se funda la presencia de guerrilla y la turbulenta 
historia de ese país. Calificada por una historia de sometimiento campesino 
y por feroces enfrentamientos bipartidistas.



16/01/08

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