[R-P] [CUPV] La crisis de los deudores

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mie Ene 16 15:47:41 MST 2008


La crisis de los deudores 
MANUEL E. YEPE

El nuevo sueño americano, según los neoconservadores
de los Estados Unidos, parecía hecho realidad. El
dinero perdería su valor. Lo que importa sería el
crédito. "Casa propia sin depósito alguno"; "Compre su
automóvil y sus utensilios domésticos ahora, y
páguelos en cinco años". 

Pronóstico incierto para la crisis inmobiliaria en
Estados Unidos.

Ciertamente esta orientación trajo para muchos en la
clase media estadounidense una fabulosa era de grandes
residencias, lujosos automóviles, vacaciones
ostentosas y muchas otras manifestaciones de riqueza
que eran en realidad pompas de ilusiones insostenibles
llamadas a colapsar. 

La hecatombe tuvo su manifestación inicial en los
retrasos para la amortización de sus préstamos de gran
número de deudores menores, que los habían recibido de
manera casi milagrosa, dado que sus prestaciones
sobrepasaban con creces sus ingresos, no obstante los
pobres avales crediticios que pudieron exhibir. Pero
el asunto ya se ha hecho sentir a nivel de Wall
Street. 

Y, ¿cómo se llegó a esta situación?, se pregunta el
laureado periodista investigador de temas económicos
Dee Hon en las páginas de la revista The Tyee, de
Vancouver, Canadá: "¿Cómo es posible que Estados
Unidos se haya convertido en una nación adicta a las
deudas, empujada hasta y más allá de la bancarrota? Su
tasa de ahorro anda por debajo de cero. Las
bancarrotas personales han alcanzado cifras récord. La
deuda total de los estadounidenses promedia más de 160
000 dólares por cada hombre, mujer y niño. Solo con
China, la deuda es de casi un billón de dólares. La
deuda con Japón y otros países también es enorme".

Según la investigación de Dee Hon, la historia tiene
un origen laboral en las décadas que siguieron a la II
Guerra Mundial. El crecimiento económico era entonces
fuerte y había poderosos sindicatos industriales que
convirtieron los sueños de la clase media en algo
alcanzable por ciudadanos de la clase trabajadora. Los
obreros compraron casas y automóviles en tal cantidad
que dieron lugar a los modernos suburbios actuales.
Pero la prosperidad para los asalariados alcanzó su
cima a inicios de los 70. Entonces, las grandes
corporaciones, por miedo al aumento de la competencia
extranjera, empezaron a violar un contrato social
implícito que tenían con los obreros. Comenzaron a
reducir costos mediante el uso de mano de obra barata
extranjera para provocar con ello una disminución de
los jornales.

De acuerdo con investigaciones de Dee Hon, aunque
cayeron los salarios, el consumo tuvo un crecimiento
sin precedentes. Comprar se convirtió en un deber
patriótico que distinguía a los ciudadanos de los
Estados Unidos de sus "enemigos comunistas" en la
Guerra Fría. 

En los 80, la creciente pérdida del temor a las deudas
por los compradores y la ansiedad de estos por
consumir mercancías se conjugaron con la desregulación
de los préstamos dispuesta por el presidente Ronald
Reagan. El crédito no solo se hizo fácil, sino que
comenzó a ser fuertemente promovido. 

Las deudas contraídas por la población a través de las
tarjetas de crédito llegaron a 880 000 millones, tres
veces las de 1988, luego del ajuste por inflación.
Eran todas buenas noticias para el sector corporativo,
que ganaba dinero de los préstamos que concedía a los
consumidores y se beneficiaba de sus gastos. Además,
salarios menores significan costos menores y ganancias
mayores. Estos factores contribuyeron a que el mercado
de valores iniciara un florecimiento récord a inicios
de los años 80 que se ha mantenido imbatible casi
hasta hoy.

Tales condiciones crearon vastas riquezas para una
categoría particular de individuos: los que controlan
lo que se conoce como la renta económica, que es algo
así como el ingreso "ganado" por la simple propiedad
de un bien. Algunas formas de renta económica incluyen
dividendos por acciones, o ganancias de capital por la
venta de acciones o propiedades. La alquimia de esta
renta reside en que no se necesita esfuerzo alguno
para producir dinero, asevera Dee Hon.

Los gobiernos, por su parte, estimulan a los
inversionistas, o sea, a la clase rentista. En las
naciones industrializadas, la renta económica, en su
forma de ganancias de capital, eroga tasas impositivas
menores que las que pagan los ingresos devengados en
prácticamente todas las actividades productivas o de
servicios. Esta realidad llevó a una explosión de la
industria de las finanzas, que actualmente maneja 10
billones de dólares ajenos y es 700 veces mayor que en
1970. 

De modo que los préstamos baratos estimularon a
millones de estadounidenses a contraer más deudas,
comprar casas y elevar el valor de estas a cifras sin
precedentes. Los altos precios de los inmuebles
llevaron a los bancos a prestar liberalmente dinero
contra el valor de esas viviendas, lo que a su vez
impulsó a los propietarios a pedir más dinero para
agregar más valor a ellas.

Y es así como, a juicio de Dee Hon, se llegó a esta
crisis de las deudas hipotecarias en Estados Unidos
que nadie se atreve aún a pronosticar a dónde irá a
parar. 




"En la distancia más lejana, aquella de mis pensamientos, te alojo por instantes. Susurros amorales me hablan al oido: los niños tremendos de mis sentidos. Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano. Eres deseo puro latente en mi mente. Cabalgata al sur sin montura ni ataduras… La mezcla de la dulzura y la pasión, es la combinación letal para los amantes que nunca se amarán, de hacerlo, de sólo pensarlo, huyo, escapo…" 



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