[R-P] [CUPV] Se reduce la supervisión pública sobre los grandes bancos españoles

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Ene 14 15:19:59 MST 2008


Se reduce la supervisión pública sobre los grandes
bancos españoles
Si es que nunca aprenderemos... 

Alberto Montero Soler
Rebelión

Resulta cuando menos curioso en un momento de crisis
financiera como el actual encontrarse en la prensa con
noticias como ésta: “Ocho entidades controlarán el
riesgo por sí mismas”. 

En efecto, el Banco de España va a conceder
autorización a ocho entidades financieras españolas
para que fijen sus propias normas de control del
riesgo y establezcan, en función de ellas, el
porcentaje de capital a mantener inmovilizado en
proporción al crédito concedido. Ése es,
sintéticamente, el contenido de la noticia.

Pero, ¿qué significa esto y qué implicaciones tiene?
Básicamente quiere decir que el Banco de España, que
ya se había visto privado de gran parte de sus
funciones tras la cesión de la política monetaria al
Banco Central Europeo con la entrada en circulación
del euro, ahora, graciosamente, se deshace también de
otra de ellas que es fundamental para prevenir que
tengan lugar crisis como la estadounidense: la
regulación y control del sistema financiero o, al
menos, de parte de el mismo.

La implicación es evidente: se acabó la supervisión
del Banco de España sobre ese ámbito tan delicado del
negocio financiero y para esas instituciones. ¿Cómo se
le puede ocurrir a alguien pensar que puede ser
oportuno obligar a los bancos a tener inmovilizada una
parte de sus reservas de forma preventiva por si
aconteciera una crisis? Con los tiempos que corren, lo
preventivo es un epíteto que en el ámbito financiero
suena a anatema y sólo es de aplicación para las
guerras. A los banqueros, por el contrario y frente a
los “Estados canallas”, siempre se les atribuye la
presunción de inocencia y la buena gestión de sus
negocios, de los que cuidan con ese celo que nuestro
Código Civil atribuye al buen padre de familia.
Presunción que se mantiene hasta que estallan las
crisis y, de repente, todo el mundo se pregunta cómo
es posible que el buen padre de familia se dejara
tentar por el afán de lucro y el espíritu avaricioso
del que se nutre el capitalismo; como si estos fueran
comportamientos que son ajenos a los pequeños y
grandes banqueros del mundo.

De nada sirve que las crisis financieras de los
últimos años nos muestren que éstas tienen
mayoritariamente su origen en la falta o insuficiencia
de regulación pública y/o en las argucias de los
agentes del sector por escapar a las normas que
imponen los reguladores cuando tratan de controlar más
allá de lo que a aquéllos les parece razonable. 

De nada sirve que la crisis de Enron o Worldcom en
Estados Unidos pusiera de manifiesto la connivencia en
la que se desenvuelven las relaciones entre empresas
auditadas y empresas auditoras (en aquel caso, la
prestigiosa Arthur Andersen) cuando de tapar agujeros
financieros se trata.

Y de nada sirve tampoco pensar que el grado de control
debería ser más elevado sobre las entidades con mayor
volumen de negocio porque una crisis en cualquiera de
ellas generaría un efecto contagio sobre el resto
difícilmente controlable y, por lo tanto, de
consecuencias más graves que si aconteciera en una
entidad menor. 

En definitiva, que la regulación pública de una
actividad tan delicada como el negocio bancario nos
parezca razonable, a la luz de la experiencia
histórica reciente, resulta no ser un argumento de
peso que deba ser considerado cuando se trata de
establecer normas que velen por el interés general en
materia financiera. 

Por el contrario, sí que parece la política apropiada
favorecer que los dueños del negocio se regulen a sí
mismos obviando que, por definición, la banca gana más
dinero cuanto más lo mueve de manera que toda
regulación que le obligue a mantener preventivamente
una parte de su capital en forma de reservas tiene un
coste que no es del agrado de los banqueros y que, en
la medida de lo posible, tratarán siempre de burlar.

En ese sentido, con esta bula concedida por el Banco
de España, que debería ser el garante del interés
público en esta materia, se les deja el campo libre a
los grandes bancos y cajas de este país para que se
autorregulen. Si se me permite el símil, algo
semejante al pastor que deja el cuidado del rebaño de
ovejas a cargo del lobo. Luego, que nadie se extrañe
si alguna aparece muerta.

Eso sí, llegado el caso, ya verán como no faltan
recursos públicos que inyectar en el sistema para
evitar su colapso bajo la excusa de que lo que se
trata de proteger son nuestros ahorros y, de paso, que
la banca nunca pierda.

Alberto Montero Soler (amontero en uma.es) es profesor de
Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y
miembro de la Fundación CEPS. Puedes ver otros
escritos suyos en su blog “La otra economía”.



"En la distancia más lejana, aquella de mis pensamientos, te alojo por instantes. Susurros amorales me hablan al oido: los niños tremendos de mis sentidos. Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano. Eres deseo puro latente en mi mente. Cabalgata al sur sin montura ni ataduras… La mezcla de la dulzura y la pasión, es la combinación letal para los amantes que nunca se amarán, de hacerlo, de sólo pensarlo, huyo, escapo…" 



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