[R-P] Las clases medias en términos políticos son un fiasco, tontas, banales

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Dom Ene 13 21:52:58 MST 2008


Este mensaje lo recibí en diciembre del 2006 de la
lista "Tribuna Boliviana"

Pat
**************************
Las clases medias, siempre, en cualquier lugar del
mundo, en términos políticos son un fiasco, tontas,
banales.

Se mueven entre dos polos contradictorios,
antitéticos: no son propietarias de gran cosa, de
medios de producción concretamente. Y tampoco están en
una situación de todo desposeimiento como las clases
más  humildes, campesinos u obreros industriales.
Realmente están en el medio del huracán de la lucha de
clases. Estar en el medio es lo que las torna,
justamente, un producto indefinido: demasiado pobres
para sentirse aristócratas, demasiado ricos para
sentirse pueblo, para sentirse plebe. Su lugar social
es casi imposible: un poco de cada cosa, pero sin ser
nada en definitiva.

Lugar trágico, incómodo, patéticamente conmovedor.
¿Qué son realmente las clases medias? Son un poco de
cada cosa, y por tanto no son nada definido. No pueden
dejar de trabajar más de dos meses seguido, pues si no
mueren de hambre; pero jamás permitirían que se les
diga "trabajadores" o se les ponga en el mismo saco
con "la chusma". Pero. ¿por qué?

Profesionales, comerciantes, empleados de servicios,
cuadros medios en las empresas. la gama es amplia, y
por supuesto llena de matices. La pertenencia a las
clases medias no se da tanto por una cuestión de
ingresos sino de posición ideológica. Se definen, ante
todo, por su conciencia de clase -o, mejor dicho aún,
por su falta de conciencia de clase-.

Un propietario de medios de producción -industrial o
terrateniente- (o de capital financiero, acorde a los
tiempos del capitalismo dominante de este comienzo de
siglo) tiene mucho que perder ante una transformación
social: sus propiedades nada menos. Y un trabajador
asalariado -o un subocupado o precarizado, para
decirlo también acorde a los tiempos del capitalismo
dominante de este comienzo de siglo, figura cada vez
más extendida en nuestra aldea global- sigue sin "nada
que perder más que sus cadenas", como dijera el
Manifiesto Comunista en 1848.

¿Qué pierden las clases medias? Sin dudas, nada; al
contrario: también se benefician con un cambio social
general. Pero es tal su terror ante la perspectiva de
sentirse pobres, de perder lo poco que atesoran (una
casa, algún vehículo, un mediano ingreso, la esperanza
de un futuro más próspero para sus hijos), que ese
terror ante el "comunismo" termina siendo tragicómico.
La idea de expropiación con que se mueven, aunque
provoque risa, es algo real en su cosmovisión
cotidiana. Y definitivamente les provoca horrores.

¿De dónde les viene esta "locura" política, esta falta
de comprensión tan irracional en estos sectores
sociales? Justamente de su particular anclaje social:
soñando ser lo que no son, aspirando fantasiosamente
un mundo de riqueza que, en lo real, les está vedado,
se espantan de perder lo que tienen, logrado sin dudas
con grandes esfuerzos. El fantasma que persigue por
siempre a las clases medias es la caída social, la
pobreza, pasar a ser aquello de lo que escapan
eternamente. Muy aleccionador es al respecto lo que en
momentos de lo peor de la crisis que golpeó a
Argentina en estos últimos años, podía verse en
carteles en más de alguna "villa miseria" 
(barrios marginales de las grandes ciudades). Rezaba
ahí, no sin una dosis de sarcasmo por parte de los
eternamente desposeídos que veían empobrecerse más y
más a toda la sociedad argentina, y habitantes
históricos de estos tugurios: "bienvenida clase
media".

A partir de esa situación tan particular de ser y no
ser, de ser pobres disfrazados de ricos, de ser pobres
con saco y corbata, de no querer sentirse asalariados
-racismo mediante-, su concepción política está
igualmente disociada. Si bien es cierto que las clases
medias tienen bastante acceso a la educación y
comparativamente están mucho más preparadas que los
sectores más humildes (esto es válido en cualquier
país del mundo), no menos cierto es también que su
conciencia política es raquítica, mucho más que la de
los obreros o los campesinos, los indígenas o los
desocupados.

Los grandes pensadores, políticos, analistas sociales
y cuadros intelectuales que trazan las políticas de
las naciones, en general provienen de las clases
medias; los sectores menos favorecidos no tienen
acceso a educación superior y están, por tanto, muy
lejos de esos niveles de decisión. Y los magnates no
se dedican sino a gozar de las rentas; para atender
los asuntos de Estado o manejar las empresas, para eso
están los gerentes (presidentes incluidos) que, en
general, son de extracción clasemediera. Así
considerado, podría decirse que las capas medias
conocen mucho del tema político. Pero eso es una
ilusión: los profesionales preparados en la materia
política son de clase media, pero todo el sector, como
colectivo, tiene un muy bajo o casi nulo pensamiento
político-ideológico. Su vida política queda subsumida
por el eterno pago de la tarjeta de crédito; y es en
eso, prácticamente, como se va el esfuerzo de toda una
vida en estos sectores: gastar mucho, o mostrar que se
gasta mucho, y después ver cómo se cubren las deudas.
Pensar que se puede retroceder en la escala social y
terminar en una "villa miseria" merece el suicidio. Y
es desde las clases medias de donde surge el prejuicio
respecto a que la política es "sucia", que es "mejor
no meterse en política" y que los problemas sociales
se deben a los políticos profesionales, eternamente
corruptos, omitiendo así la lucha de clases como causa
final.

Así, a partir de esas circunstancias, las clases
medias son el campo más fértil para que los grandes
poderes manipulen su conciencia y las transformen,
además de consumidores pasivos, en perfectos estúpidos
en términos políticos. Las pasadas décadas de Guerra
Fría y la furiosa campaña anticomunista que barrió el
planeta hicieron bien su trabajo: no hay sectores más
reaccionarios que las clases medias.

Para demostrarlo de un modo patético, ahí está el caso
de Venezuela.

¿Quién es la verdadera oposición a la revolución
bolivariana, a ese proceso de transformación en marcha
que está devolviendo las esperanzas a todo el campo
popular, en Venezuela, en Latinoamérica y en el mundo
todo? La oligarquía vernácula, y más aún: el
establishment de Estados Unidos, que considera a todos
los países de la región como sus colonias naturales y
que tiene en Venezuela su gran reserva petrolera. Ahí
está la verdadera oposición; los candidatos opositores
que van a las próximas elecciones el 3 de diciembre no
son sino marionetas de la política de Washington.
¿Pero con qué enfrentan estos verdaderos factores de
poder al proceso bolivariano? Con la movilización de
la clase media.

Azuzando los fantasmas del comunismo ateo que se come
a los niños y pone a vivir a la fuerza una familia en
la sala de cada hogar clasemediero, estos sectores
repiten lo que ha pasado en todo proceso popular
(pensemos en Chile con Allende, por ejemplo, o la
manipulación de las recientes "revoluciones" en
Georgia o en Ucrania, por nombrar sólo algunos casos):
las clases medias son visceralmente manipuladas y
puestas siempre en la perspectiva más 
reaccionaria y conservadora posible. A partir de sus
temores irracionales a perder lo poco que tienen, se
transforman en blanco perfecto para desarrollar
sentimientos antipopulares, mezquinos, individualistas

En la República Bolivariana de Venezuela desde hace
unos años se vienen dando sustantivas mejoras en las
condiciones de vida de la población, de toda la
población, desde los más humildes a las capas medias:
todos, sin distinción, tienen acceso a mejores
servicios. Y las clases medias, aunque no lo digan en
voz alta, tienen un período de florecimiento económico
como nunca: ya van trece trimestres ininterrumpidos de
crecimiento sostenido. 
Nunca antes en la historia del país se vendieron
tantos automóviles como en este año: 320.000 unidades
(no entraremos a considerar la absurda estupidez en
juego en ese consumo depredador). Y son los sectores
medios los principales beneficiarios de esta bonanza.
¿Pero cómo es posible que justamente esos sectores
constituyan la base -que no pasa del 30% de la
población total, aclaremos- de toda la estrategia
antirrevolucionaria, sea democrática (para estas
elecciones), sea golpista (como en el 2002)? No hay 
otra explicación posible que por su torpeza, por su
más supina ignorancia política y su falta total de
compromiso ideológico. Así como a los pueblos
indígenas se les asustó -y se les sigue asustando- con
la religión católica, a las clases medias se les
aterroriza con el fantasma del "castrocomunismo" (¿?)
feroz, que les quitará los hijos y los mandará a algún
campo de trabajos forzados. Lo patético no es que hoy,
siglo XXI, crean en fantasmas y aparecidos, en
leyendas del "hombre sin cabeza" o de la "llorona" que
aparece en los montes. Lo patético es que crean estos
cuentos políticos preparados por medios de
comunicación que aplican la más avanzada tecnología de
punta para presentarlos, y los repitan, y se movilicen
en su nombre, y salgan a la calle para parar "el
comunismo que se viene".
Patético es, igualmente, que muchos de los que repiten
esas cosas tienen títulos universitarios, maestrías y
doctorados.

Que un aristócrata sea falto de solidaridad,
reaccionario, conservador, si bien no es justificable,
es comprensible: cuida a muerte sus
privilegios de clase. Las clases medias no pueden -ni
quieren- sentirse trabajadoras, asalariadas, uno más
como cualquier habitante de un barrio popular. Pero
¿qué otra cosa son sino compañeros de ruta de los
humildes?
¿Por qué, entonces, esa falta de solidaridad de clase,
de empatía con los más excluidos que vemos tan
extendidamente en las capas medias en todos los
países? (Pusimos Venezuela como ejemplo, pero el
fenómeno se repite en todo el mundo).

A veces puede llegar a ser un peligro más grande para
un proceso revolucionario justamente esa tozudez
política de las clases medias que la misma oligarquía.
Con esta última está clara su ubicación. Con las
clases medias se necesita un trabajo político
especialmente cuidadoso, paciente, arduo: se trata de
acercarlos al pueblo, no de separarlos. No son los
enemigos naturales del pobrerío, aunque a veces
jueguen ese papel. Viendo la experiencia venezolana
ello es palmariamente claro. Pero también es
igualmente claro -y da mucha tristeza- constatar que
los sectores medios son los más manipulables, los más
supersticiosos y afectos al pensamiento
mágico-animista en lo que concierne al ámbito
político. Quizá el trabajo de una revolución
socialista -entre tantos, no el principal, pero sí
importante 
también- sea ayudar a clarificar tanta estupidez
mediática que llevan en sus cabezas los sectores
medios. Está claro que el progreso humano es más,
muchísimo más, infinitamente muchísimo más que tener
un automóvil, un teléfono celular o una tarjeta de
crédito.


"En la distancia más lejana, aquella de mis pensamientos, te alojo por instantes. Susurros amorales me hablan al oido: los niños tremendos de mis sentidos. Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano. Eres deseo puro latente en mi mente. Cabalgata al sur sin montura ni ataduras… La mezcla de la dulzura y la pasión, es la combinación letal para los amantes que nunca se amarán, de hacerlo, de sólo pensarlo, huyo, escapo…" 



      Yahoo! Encuentros.

Ahora encontrar pareja es mucho más fácil, probá el nuevo Yahoo! Encuentros http://yahoo.cupidovirtual.com/servlet/NewRegistration




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular