[R-P] [CUPV] Hora de relevos

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Dom Ene 13 12:56:11 MST 2008


Hora de relevos
 
Dada la gravedad de la crisis con Venezuela, crecen
los interrogantes sobre si el Canciller y el embajador
en Caracas son los gallos para enfrentar lo que se
viene. 

01/12/2008 -1341 

Cuando el presidente Álvaro Uribe nombró a Fernando
Araújo ministro de Relaciones Exteriores, en febrero
del año pasado, muchas personas la calificaron como
una jugada maestra. En primer lugar, redujo el impacto
de la salida de María Consuelo Araújo, quien a pesar
de que era una muy buena funcionaria, se vio obligada
a renunciar a la Cancillería por los problemas
judiciales de su papá y su hermano. Segundo, y no
menos significativo, se decía que no había alguien más
representativo para defender la seguridad democrática
que Fernando Araújo, quien un mes antes se había
fugado de las garras de las Farc. Y tercero, por su
misma condición de héroe de los colombianos, era casi
un imposible criticarlo. Incluso quedaron mal los
pocos que se atrevieron a recordar el escándalo de
Chambacú cuando era ministro de Desarrollo en el
gobierno de Andrés Pastrana. No parecía apropiado
atacar a un hombre que había sufrido seis años de
secuestro. 

Hubo algunos que cuestionaron si no era una
irresponsabilidad darle las riendas de la política
exterior del país a una persona que había tenido una
experiencia tan única y devastadora y que había estado
desconectada tanto tiempo del mundo. Muchos
consideraban que era demasiado pronto el nombramiento
por el normal traumatismo y el ajuste que deben
afrontar las víctimas de ese flagelo.

La designación de Fernando Marín como embajador de
Colombia en Venezuela a finales de 2006 tuvo mucho
menos eco. Este empresario de Santander había sido
también el representante del país en Malasia en 2002 y
2003. Al presentar credenciales ante el presidente
Hugo Chávez, en abril pasado, Marín dejó claro su
énfasis comercial: dijo que su prioridad sería
trabajar conjuntamente en áreas como construcción,
energía y agricultura. Dada la tranquilidad por la que
atravesaban las relaciones entre Bogotá y Caracas y el
hecho de que su predecesor, Enrique Vargas Ramírez,
había mantenido un perfil muy bajo, el nombramiento de
Marín logró pasar inadvertido. No así el de Araújo. 


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Por rango, el Canciller es el más importante ministro
del gabinete; después del Presidente, es la voz
cantante y sonante de Colombia en el exterior. Sus
palabras siempre son recibidas como la posición
oficial del gobierno ante la comunidad internacional.
Y punto. Incluso es inusual que un jefe de Estado
desautorice en público a su ministro de Relaciones
Exteriores, por la señal equívoca que podría dar a
otros países. Que Araújo hubiera sufrido esta
indignidad a las pocas semanas de asumir el cargo,
cuando el presidente Uribe lo regañó por haber
comentado en Washington que los guerrilleros de las
Farc que lo tenían retenido simpatizaban con Chávez,
fue interpretado en ese momento como el resultado de
su inexperiencia y de la costumbre poco diplomática
del primer mandatario de rectificar a sus subalternos
en vivo y en directo. 

Pero lo que sí es insólito es que un consejero
presidencial sea quien desautorice a un Canciller ante
el mundo, como ocurrió esta semana. El alto
comisionado Luis Carlos Restrepo salió a aclarar unas
declaraciones que había dado Araújo el domingo pasado
sobre la comitiva internacional que iba a acompañar la
liberación de los rehenes a finales del año pasado. 

El Canciller colombiano dijo que esa delegación estaba
"conformada por personas que no conocen la situación
colombiana ni a las Farc. Llegaron con un discurso
cargado contra el gobierno y muy favorable a las Farc.
El resultado de esta gestión fue malo". Agregó que el
gobierno no aceptaría más misiones humanitarias a
menos que fueran convocadas por Bogotá. Con sus
palabras, logró ofender al ex presidente y primer
cónyuge de Argentina, Néstor Kirchner; y a los
gobiernos de Ecuador, Brasil, Venezuela, Bolivia, Cuba
y Francia, que habían enviado un delegado cada uno.
Todos reaccionaron indignados y pidieron
explicaciones. Argentina manifestó su "asombro y
sorpresa" y que era contradictorio con lo dicho por
Uribe a las delegaciones el 31 de diciembre. Una
fuente de la Cancillería argentina le comentó a la
prensa local que Araújo representaba la línea
intransigente del gobierno en el tema del intercambio
humanitario.

Por su parte, el asesor especial para Asuntos
Internacionales de la Presidencia brasileña, Marco
Aurelio García, dijo que "no corresponde a las
posiciones del presidente (Álvaro) Uribe. Creo que
falta entendimiento dentro del gobierno colombiano".
Frente a este pequeño tsunami político, Uribe le pidió
al comisionado Restrepo corregir el camino y calmar
las aguas. Lo logró, pero a un costo altísimo para la
credibilidad del Ministro ante sus pares en el
concierto latinoamericano, en momentos en que Colombia
necesitará adelantar una ofensiva diplomática por toda
la región para contrastar a Chávez. También ha sido
evidente en estos días que su relación con su homólogo
venezolano, Nicolás Maduro, nunca cuajó: el mismo
Canciller colombiano se quejaba hace unas semanas de
que Maduro no le devolvía las llamadas.

De igual forma, hay indicios de que la relaciones
entre Araújo y la embajadora de Colombia ante la Casa
Blanca, Carolina Barco, tampoco fluyen, después de la
controversia sobre las labores que ejercía el hijo del
Canciller en Washington y el despido de la consejera
de prensa por parte del ministro. Dado el papel
esencial que podría jugar Estados Unidos en la disputa
con los venezolanos, esta falta de comunicación entre
dos funcionarios clave no es exactamente un generador
de confianza y preocupa en momentos críticos para la
aprobación del TLC.

Durante su tiempo en la Cancillería, Araújo ha
demostrado ser un hombre inteligente y trabajador y se
adaptó mejor de lo que esperaban algunos. Su
nombramiento tenía una sola dimensión: ser el símbolo
de las atrocidades de las Farc y transmitirle al mundo
entero su extraordinaria experiencia. Esa función ya
se cumplió a cabalidad. 

Sin embargo, dados la gravedad de la crisis con
Venezuela y los episodios que han ocurrido los últimos
meses, hay que preguntarse si es la persona más
indicada para esta delicada coyuntura.

Igual ocurre con el representante en Caracas, el
embajador Fernando Marín. Su discreción y posiblemente
falta de experiencia diplomática lo han hecho
invisible ante la opinión pública en estos momentos,
cuando el país entero tiene sus ojos puestos en el
vecino país. En las circunstancias actuales, ese cargo
es de calibre ministerial o hasta de ex presidente. En
la diplomacia, la representatividad de la persona es
tan importante como su gestión. 

En los difíciles días que vienen por delante, Colombia
necesita al frente de la diplomacia con Venezuela
personas con amplia experiencia y peso propio. Hay
cargos en el Estado que permiten un largo período de
transición para los nuevos ocupantes; la cancillería y
la embajada en Venezuela no son precisamente dos de
ellos. 



"En la distancia más lejana, aquella de mis pensamientos, te alojo por instantes. Susurros amorales me hablan al oido: los niños tremendos de mis sentidos. Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano. Eres deseo puro latente en mi mente. Cabalgata al sur sin montura ni ataduras… La mezcla de la dulzura y la pasión, es la combinación letal para los amantes que nunca se amarán, de hacerlo, de sólo pensarlo, huyo, escapo…" 



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