[R-P] Ser Favio
Boletín Bambú
bambuprensa en yahoo.com.mx
Mar Ene 8 20:05:06 MST 2008
Ser Favio
El director de Nazareno Cruz y el lobo se encuentra en
pleno proceso de escritura de un guón y trabaja en la nueva
versión de El romance de Aniceto y la Francisca. En este
diálogo revela aspectos íntimos de su vida y, con cruda
sinceridad , habla de los años difíciles de la infancia y
la adolecencia, la relación con sus padres, los personajes
y las anécdotas de la cárcel, la afanosa búsqueda de una
espiritualidad satisfactoria, el sexo, las mujeres, el
peronismo y la muerte
Aquel río nunca trae agua. Salvo cuando trae agua. Entonces
es como un latigazo de mar que viene a morderle la espalda
al verano. No es literatura, el verano lo sabe. Haber
nacido, él y yo, tan cerca de ese río, en el Luján de Cuyo,
hace que esto no sea ni entrevista, ni reportaje, ni nada
semejante. Adiós al venerado distanciamiento. Con Leonardo
somos amigos porque aprendimos a respirar en el mismo
sitio, nos crió el mismo aire, vadeamos la misma tos
convulsa que se curaba, justamente, con bocanadas de ese
río que nunca trae agua.
Vamos, alumbraremos los misterios más menudos del vivir.
Ser Favio, ¿en qué consiste?
Ahí está, siempre con su silueta de peso wélter. El bastón
compensa su cadera afligida. Su matrimonio con Carola anda
por las cuatro décadas, pero él vive solo, en un pequeño
departamento de la calle Pasteur. Solo y acompañadísimo: el
living contiene su mesa de trabajo y en las paredes abundan
fotos de seres muy queridos, lejanos. Fotos con pulso,
ellas regirán el azar de esta conversación.
-Mirame en esa, yo con tiradores. Tendría 16. ¿Te acordás
del dique Cipolleti de Luján? Ahí estoy, con el Negro
Cacerola, el Cacho Tamis y Bordón, el que me prestaba la
bicicleta. Son lo más dulce que tuve en mi vida. Cómo los
amo.
-Qué presente el Cacerola.
-Siempre me acompañan en los insomnios. Me voy a ellos
porque me ponen contento. Nunca pude despegar. Ni quise
Fijate en esa otra foto: cinco caritas mías, a los 4 años,
con jopito Alcanzame la de al lado. No, esa no, la del
marco plateado ¿Ves? Ese soy yo. Acordate, cuando pibito yo
estuve en el Hogar El Alba, porque mi vieja vino un par de
años a Buenos Aires. Un día nos llevaron para la filmación
de Cuando en el cielo pasen lista , con Narciso Ibáñez
Menta. En el final, un montón de pibitos cantábamos.
Pasaron los años y ubiqué la película y saqué esta fotito.
Se ve que alguien me indicó que me pusiera triste, y yo
puse esos ojos Es mundial. Adoro ese instante.
-Decime, ¿esa que está ahí es tu abuela vasca navarra?
-Mi sabia abuela navarra, Pilar Garcés, hablaba con dichos:
'Mientras más te agachas, más se te ve el culo'. Ahora me
acuerdo: a mi abuelita la frecuentaba la comadre Felisa,
altísima y con marido cortito. Mi abuelo, un hijo de puta,
cuando Felisa se lo presentó, le preguntó: '¿Y su otra
mitad?' El criollo no le habló nunca más. Venía con la
Felisa y se sentaba a tomar mate. Enculado, por años, solo
decía 'Buenas'. Mi abuelo, Ibrahim Olivera Riquelme. Dios
mío con el viejo.
-Esa foto, ¿la del casorio de tus viejos?
-¿Viste qué bonitos mi mamá y mi papá? Yo era muy pequeñito
cuando se separaron y por eso fui al Patronato de Menores.
Mi papá tenía 16 cuando llegó de Siria y fue a Tupungato.
Intentaron que trabajara en una tiendita pero era muy
atorrante. Murió a los 33. Una úlcera perforada, lo
operaron, sintió sed y se tomó el agua de un florerito.
Adiós. Una vez fui a su casa y estaba con cafishios . Era
fiolo mi viejo, vivía con tres mujeres. Yo no me daba
cuenta de nada. Y si huyó con tres minas, feliz de él. Qué
querés que te diga, amo la poligamia
-Flor de facha tenía.
-Belleza de tipo, yo me quedaba mirándolo, hablaba con
acento árabe, los fiolos le decían ¡El Maharajá!... Yo de
chiquito me piantaba del Patronato y caía en canapor
huevadas, raterío. Je, Rodolfo, vos tuviste la suerte de
nunca caer en cana. O la desdicha.
-No pierdo la esperanza.
-Te dibujo la cárcel. Suponete, este es el patio. Acá hay
un cuarto con rejas, para varones, y enfrente, otro para
prostitutas y todo eso. En el medio, lindo patio... Cuando
caí ahí yo tenía 14, y a los pendejitos nos ponían con las
minas. Era lindo, hacíamos ranchadas, mate cocido Una vez
ingresó un fiolo , era gitano y jugaba al truco con mi
papá. Entra y le cuentan: 'Che, ¿sabés quién está? ¡El hijo
del Maharajá!' Me dicen: 'Turquito, asomate a la reja'. Y
el fiolo grita: 'Miralo, es el hijo del Maharajá de
Capustala!' Cuando me largaron me dio algo de guita.
-¿Alguna frase de tu viejo te sigue sonando?
-Ninguna. Nebulosa. Ya grande, fui a buscar su tumba en el
cementerio de Las Heras. Pregunté por Jorge Jury Atrach.
...l era Atrach, cuando llegó a la Argentina se puso
Jury... Bueno, un cuidador me dijo: 'No, m hijo, después de
cinco años van al foso común, olvidate'. El único pariente
en el entierro fue mi abuelo. Hasta dijo un discurso: 'Fue
un sinvergüenza, pero lindo y bueno'. Qué otra cosa pudo
haber dicho de mi papá. Siempre uno es lindo a los 33.
-A tus 32, asegurabas que te morías a los 33.
-La edad de Cristo, de mi viejo, de Evita. Yo estaba
convencido. Y con lo del tórax casi me voy a la mierda.
¿Querés que te diga la verdad, loco? La muerte me tiene sin
cuidado.
-No te creo.
-Te lo juro. La veo como una hermana que ya va a venir Solo
le temo a la humillación de la decrepitud. No pido ni un
minuto más ni un minuto menos, que venga. Me creerías si me
hubieras visto asistir a mis cirugías, inclusive a mi
enfermedad. Eso sí, con dignidad quiero irme.
-Omitiendo féretro y soldadura y zaranda.
-Sí, sí, nada de eso. Hablé con mi abogado para evitar el
manoseo. Tengo algo de musulmán: todo rapidito y chau y que
se dejen de joder con coronas y aplausos. Respeto para mi
cuerpo. Ternura quiero. Bah, no sé por qué hablamos de
esto.
-Somos argentinos, Chiquito. Nos deleita el tema... Hubo
otro tiempo en que me jurabas: 'De los 40 no paso'. Me
hacés acordar a Indra Devi. Me recalcó que estaba escrito
que iba a morir a los 98. Cumplió 100, la volví a
entrevistar y ahí me dijo muerta, pero de risa: 'No soy
mujer de palabra'.
-Yo también soy falluto Me han puesto anestesia total, y no
hay nada más parecido a la muerte. Imaginate, te serruchan
los huesos, te abren las tripas y cuando te despertás decís
¿a qué hora me operan? No te enterás de nada. Eso es la
muerte.
-También tuviste una época fascinado con una religión hindú
en la que a los 71 dejás de comer. Solo agua, agua, adiós y
al paraíso sin aplausos y sin peaje. A casi dos años de tus
71, ¿qué me contursi?
-Nooo, ya nada que ver. Uno se tiene que ir cuando Dios lo
ordena, si no, es un insulto. Loco, meta preguntarme, ¿y
vos qué?
-Leonardo, yo vivo puteando. Por la muerte, por el tiempo.
Y porque nos afanan, ¿te fijaste?, los años últimamente
duran cinco meses. Desesperante.
-Así vas a perder, eh. En esto no hay trinchera. Tenés que
hacer todo lo que puedas mientras tengas aliento. Yo en
este cuartucho ¡tengo un mundo fabuloso! Música, libros,
fotitos. Encerradito miro y leo y vuelo. Para mí viajar es
una pérdida. Yo no quiero salir, la paso bárbaro conmigo.
Siempre estás solo, me dicen. No, boludo, estoy conmigo.
-Te fuiste con la mirada a esa foto de adolescente. Y
apretás el ceño.
-Será que me devuelve ciertos miedos.
-Siguen tus pesadillas de hace años.
-Recurrentes. Tengo metido en los huesos el miedo a que me
humille la pobreza. Sueño con eso. Que me quedo sin plata y
estoy lejos.. Que vuelvo a mi casa y no puedo entrar porque
la vendieron... Sueño con mi mamá, vamos a comprar ropa y
no tenemos ni para volver. ¡Angustiante, loco!... Subo a un
tren, soy un pibe de 20, no tengo para el boleto y me hago
el simpático para que no me agredan... Esto soñé anoche.
Será porque estuve haciendo perfiles de un guión...
-¿De qué guión?
-No, nada Yo siempre tuve un gran pudor para tener miedo.
Obviamente que lo he tenido; sería un pelotudo si no. Pero
en ciertos casos el miedo se vuelve humillante, entonces te
hacés el simpático. En la realidad y en las pesadillas me
pasa eso, hermanito. Trato de escapar, las piernas no me
responden, cámara lenta, ah ah ah, querés ir más rápido y
no podés, huevón. Lo peor, no sabés de qué mierda te
escapás.
-Otro viejo miedo tuyo era ser abandonado.
-Un miedo real. Me dicen: 'Che, qué minas has tenido ' Ay,
si supieran uno se dice: Esta hoy me quiere, pero se me va
en cualquier momento Bueno, eso era hace años, ahora ya no.
Sabés, se debería tener una llavecita cuando se es joven.
Que te apague los deseos.
-Uno es deseodependiente.
-Eso. Allá por mis 20, yo sufría mucho cogiendo. Al
contrario de mucha gente, a mí me quedaba un vacío.
Terminaba de haber volcado todo un mundo de pasión, de
haberme metido en el cuerpo y en el cerebro de otro ser y
me daba un baño y me iba a caminar. Ahhh, qué sensación de
fracaso, de haber dado todo sin devolución.
-¿Existirá la llavecita para cortar el deseo?
-Ya no la necesito. Aquello que me pasaba con el sexo era
casi una enfermedad. Me gusta mirar como ahora, en la
filmación ¡más bellas que esas pibas no puede haber!... Y
las veo como cosas bellas de la naturaleza que hizo Dios.
Ya no siento aquel fuego que me mataba acá y que por ahí me
llevaba a ser una mierda de ser humano. Estoy liberado.
Puta, si esto lo hubiera podido sentir de pendejo Claro, yo
pretendía ser Buda.
-Buda y ladrón de gallinas. Buda con hormigas en el cuerpo.
Difícil.
-Loco, te digo que no fui feliz en esa etapa. Quería otra
cosa que nunca supe explicar. Quería coger, coger a toda
hora y después ¡quedaba hecho pelota! Y a fumar en las
plazas... Estaba tristísimo y no me daba cuenta.
-El sexo te vaciaba el alma. Pero fijate, Leonardo, en esa
foto, niño, se te ve feliz.
-¿Un pibe feliz yo? ¡La poronga!
-No jodás, lo afirmaste muchas veces. Y sacando pecho.
-Me la inventé. Cuando corrés todo el tiempo, escapando, no
estás feliz. Yo llegaba a mi casa y veía las carencias de
afecto, sentía envidia por los pibes que tenían hogar...
Sabés bien lo que es una casa con una mesa tendida. Yo
quería esa casa: el pan ahí, el viejo acá, la vieja allá,
los tallarines. Vos me entendés, sos poeta. Decímelo.
-La casa, la comida haciéndose, la emoción de la albahaca,
la ristra de ajo, la mesa arriba de la espalda del mundo.
-Lo que dicen los Evangelios: dulce es el sueño del obrero
coma mucho o coma poco.
-Tu amistad con Dios, ¿cómo anda?
-Eso nunca varió. ¿Y vos?
-Viene complicado. A veces lo escribo con minúscula, a
veces con mayúscula, a veces, desesperado, con acento:
Diós.
-Quien lo quiera buscar por el lado de la razón la va a
perder. Clavado. No hay trinchera para eso. Te tenés que
entregar, si no, es una locura. Imaginate lo más
chiquitito, un átomo del culo de una lombriz. ¿Puede ese
átomo querer entender dónde está habitando?
-Hace diez años me decías que el hombre crea a Dios y Dios
termina creando al hombre.
-Era un poemita, una cabriola a pedido del público. Y me
arrepiento. Decía: 'Loado sea Dios que venido del sueño de
algún hombre vino de sus sueños a crearlo' Había que ser
original. Verónica, mi asistente, me suele decir: 'Ah, pero
usted es un Borocotó de las religiones: un día, musulmán;
otro, cristiano; otro, judío, ¿qué carajo es usted?'
Digamos que vivo la confusión de en qué oficina me voy a
inscribir. Pero Dios siempre es el mismo.
-Indudablemente, no dudás.
-Cuando tuve dudas fue para hacer pinta. Pero nunca dudé de
Dios. Ahora lo localicé más. O sea: trato de no
localizarlo, porque es al pedo. Dejá, loco, que El sabe lo
que hace.
-¿Te parece?
-Todo. Todo bien hecho está.
-¿Y cómo explicamos vidas enteras que no conocen otra cosa
que hambre y sufrimiento?
-Vos me estás hablando de teología. Eso es un invento del
hombre, una pelotudez. Yo estoy hablando de Dios. ¿Me vas a
salir con el Papa? Ya te digo que no necesito interlocutor.
Dios no puede habitar en la catedral En todo caso,
dejémoslo a quienes quieren dar normas de conducta. No es
malo que te digan amaos los unos a los otros... Pero eso es
pura teología, aunque, bueno, hay gente ejemplar dentro de
la teología, los profetas, que intentaron sacudir al ser
humano Moisés sube a un cerro porque sabe que venía una
tormenta de la concha de su madre, y eso asustaba a la
gente. Después baja con las tablas de la ley. Y a nadie
hacía daño, por supuesto.
-¿Cuál es el mandamiento más difícil de cumplir?
-No desearás la mujer de tu prójimo.
-¿Ahora que el tema deseo lo tenés resuelto ?
-Mirá, si hay algo difícil, casi una quimera, es imitar a
Cristo. Amaos los unos a los otros, poner la otra
mejilla... Cristo es un tipo admirado en todas las
religiones ¿El mandamiento más difícil? A ver, estoy
boludo, recordame los mandamientos.
-Si seguís por ahí te voy a preguntar cuántos son los diez
mandamientos.
(Se queda en silencio. Hay dos botellas de agua sobre el
escritorio y tres limones. Bebe como un recién nacido. Muy
a mano, una foto de él con Perón, en Puerta de Hierro )
-Estamos en la Argentina, Leonardo. Aquí todo es posible.
-Sí.
-Se abre esa puerta y entra Evita. Ahí la tenés. ¿Qué le
decís?
-Paralizado me quedo. Gracias le digo. No tengo estatura
para decirle nada más. Vos porque sos un irreverente.
-Hace diez años, mientras me mostrabas fragmentos de
Sinfonía de un sentimiento, hablabas de Evita
enamoradísimo.
-Y sigo. Evita es la mina. Un genio. Y qué potra. Te lo
repito: de Evita me gusta todo.
-Ella se fue. Entra Perón.
-Le acaricio las manos, nada más.
-Las manos...
-Sí, sí, las que le arrancaron para que no se siguiera
hablando de la crisis.
-Justamente las manos, uno de sus fuertes.
-Los elementos de Perón son sus ejemplos y su corazón. Le
quitaron lo menos importante. Podría haber manejado el
mundo entero sin manos.
-Sigue aquí. ¿No le vas a preguntar nada a este hombre?
-Qué gorila que sos, ¡la concha de tu madre! Decís 'a este
hombre'. ¡Ni por puta decís General!
-Decirle general no me parece importante.
-¿Sabés? En esto Perón se equivocó. Y te digo porqué: lindo
hubiera sido que se mantuviera como Coronel; es más
heroico, más digno.
-Coronel suena a víspera. Decime: en tu vida, ¿tuviste un
minuto en que tu fe en Perón sufriera aunque sea un leve
apagón?
-Lo mío es certeza. Antes era fe. Me llevó muchos años
profundizar eso. Leí todo. Dudé para indagar. Pero nunca
dudé de Perón.
-Es curioso que pensando tan diferente nunca nos hayamos
peleado cuando sale el tema.
-La ternura nos protege de nosotros.
-Veo esa foto con tus hijos ya grandes y me acuerdo de
cuando nació tu Nicolás. Dijiste que entraría al tercer
milenio con menos de 30 años. Que iba a vivir en un mundo
ideal, porque la humanidad habría arreglado muchas cosas.
Hoy, ¿qué me contás?
-Me equivoqué en que todo iba a estar solucionado, pero no
en lo de un mundo mejor. Este es mundo mejor. Hay que
aprender a usarlo. Antes te morías por una boludez; hoy te
sentás a la computadora y tenés todo al toque.
-Pero ahora hay cuatro clases sociales, Leonardo: los clase
alta, los clase media, los pobres y los desgajados.
-Eso siempre estuvo. No teníamos información. Antes había
gente que se moría de hambre, y ahora también, pero al
instante lo vemos.
-Y eso que llamamos 'condición humana', ¿avanza aunque sea
un centímetro por siglo?
-Creo que no hay más perro que la gata. Vamos a mejorar
pero no porque la gente se vuelva más buena sino por sus
propios intereses. Llegará el momento en que los capos del
mundo dirán, ponele: 'Si vos me invadís con 500 mil
soldados, yo te hago volar con un bombazo'. Así que
dialoguemos, loco La perfidia, la soreteada siempre van a
existir... Aunque por ahí el hombre evoluciona y se
transforma en espíritu. Yo qué sé, si yo cuánto podré
vivir, ¿diez años más? Diez, y como un regalo de la
naturaleza.
-En definitiva, nos va a salvar el egoísmo.
-Por imperio de la propia mezquindad vendrá la equidad.
-La mezquindad elevada a instinto de conservación.
-Pensaremos así: Me van a chorear todo; antes de quedar en
pelotas o que me maten, reparto.
-Chiquito, Perón se fue y mirá quien entró un poeta
criatura, Locche.
-¡Nicolino! Lo quiero tanto
-Nicolino. Lo largaron a los leones y no los mató y no se
dejó comer, se puso a conversar con ellos. No ganaba por
nocaut ni por puntos, ganaba por persuasión Aquí lo tenés.
-Le digo que nuestra Mendoza lo trató muy mal, le debe un
monumento Me pongo a charlar y a comer tallarines Sos
único, Nicolino, sos un hermoso.
-Por el hecho de haber nacido quien más quien menos puede
resucitar
-Algunos seres debieran resucitar.
-Pero para resucitar, cada uno necesita de palabras clave.
Para Lázaro, levántate y anda.
-¿Y para Nicolino?
-¡Tallarines y anda!
(Mate cocido para mí, té de tilo para él. Me detengo en
cartelitos enmarcados en su mesa de trabajo: 'No seas
vulgar'... 'No obedezcas al impulso'... 'Pasa por alto las
ofensas'...)
-Cartelitos que me apunto. En otro tiempo tenía obsesiones.
Cerca de mí ni tijeras, ni nada filoso. ¡Qué tara! Eso se
esfumó a partir de una desilusión: a uno no lo quiere matar
nadie.
-¿Cómo es tu rutina?
-Me acuesto a las doce de la noche, duermo hasta las dos,
me tomo un tecito, leo hasta las siete, me pongo a
trabajar, llega Ramona que atiende las cosas de la casa,
otro desayunito, sigo trabajando, almuerzo, y ahí me
apolillo una siesta de cuatro horas. En la noche no me jode
nadie, estoy solito. Ah, y hago gimnasia, muchísima. Loco,
yo te conté mis sueños ¿y vos con qué soñás?
-Sueño que me llevan unos tipos, policías o peor, sin
uniforme, y nadie ve lo que me pasa... O que me pierdo en
un país desconocido y no tengo documentos, nada... Muy
seguido sueño que no me puedo dormir... Pero dejémonos de
pesadillas. Antes mencionaste algo, un guión. Estás
craneando otra película. Desembuchá.
-El lugar de esa película ahí lo tenés. Lo que se ve en esa
foto.
-Luján de Cuyo, la calle de La Costa donde naciste, el río,
el viejo puente de hierro.
-Ahí pasa todo. El mantel de hule, se va a llamar.
Inclusive compré un mantel de hule. Primera vez que trabajo
así: delineo un personaje y escribo aconteceres. Lindo el
resultado. Toco el mantelito, imagino, el guión crece. La
historia transcurre en un pueblo que puede ser nuestro
Luján de los años 50... Los personajes el pibe que podría
ser yo, la piba que estudiaba piano, el Negro Cacerola, una
pensión en la que viven. Lejos, se supone, una plaza,
farolitos, gente que pasa La cámara panea, ves el río, todo
el pueblo en esa calle, el mundo entero.
-Por allí andaba nuestro viejo de la bolsa, el Canario.
-¡De él te quería hablar! Vos decís que el viejo era
español y yo charlé con él ya de grande y tenía acento
alemán, loco.
-No. Era español. Mi viejo se ofreció para escribirle a su
familia, pero él no quiso. Chiquito, o vos estás en pedo o
yo estoy mamao.
-Te digo: tenía acento alemán.
-Catalán o algo así. Alemán no. Lo que me acuerdo clarito
del Canario es que un día de pleno invierno se desnudó por
completo en la vereda. Se desnudó llorando en voz alta.
-Me dejás con la espina. Otro callejero era el Pancho
Brondo. Ahí lo tenés, en esa fotito.
-El Pancho era cuñado de la Pierina, la partera de Luján,
la que nos tiraba de las patas.
-¡Panchito! Todo el tiempo juntaba cartones, leña. Mis tías
me habían enseñado a decirle: ¿Me vendés la leña, Pancho?
-Y él te contestaba: 'La leña no. Se enoja el hombre'.
-Qué felicidad. Yo con mis tías, peinadito, en una silla de
totora, me vendés la leña El otro callejero era el Uva. Era
muy rápido en las cosechas y yo quería sacarlo del chupi y
asociarme: yo cortaba la uva, él cargaba con el tacho.
¡Fenómeno decía yo! Siempre soñando con poner un
quiosquito. Pero con el Uva era inútil, no quería
reformarse.
-A ver, contame tus siestas de pendejito.
-Les tenía miedo. Un día mi bisabuela me contó, para
asustarme, que ella estaba lavando en la batea, y escuchó
una risa de pájaro que venía de un olivo centenario. Una
vecina, doña Margarita, le dijo: 'Cuando sienta la risa
grite ¡volvé por sal! Así sabrá quién es la maligna que la
quiere embrujar!'. La risa se repitió, y mi bisabuela
¡volvé por sal! Al otro día una que le tenía rabia vino a
pedir sal. Eso pasaba ¡y yo no salía ni por puta!
-A todo esto, ¿cuál era tu vocación?
-Ninguna vocación. Ni expectativas. ¿A qué podía aspirar
yo? A tener un quiosco o entrar en la marina. Pero para eso
exigían el tercer grado. Y yo fui hasta segundo. Quiero
acordarme del nombre de la escuela y del de la señorita del
tercero que nunca terminé. Fue divina conmigo, era un
cielo.
-La Comandante Saturnino Torres. Ahí fui un par de años.
Una de las maestras era la señorita Courbelo. No era linda
pero estaba fuerte; fue una de las primeras que se divorció
en voz alta en Luján. La vieja escuela está. Al lado
construyeron la nueva.
-Ah, un día tengo que ir... Voy a ponerme a llorar como un
hijo de puta ahí...
-Sin vocación ni expectativas, ¿cómo entraste en órbita?
-Acordate, mi mamá, Laura Favio, escribía radioteatro, era
brillante. Y ella empezó: 'Leeme esto que escribí'. 'No, me
da vergüenza.' Insistía. Al final: 'Te lo leo pero atrás de
la puerta'. Así hasta que me llevó a su compañía. Yo
tendría 17. Después me lleva a San Juan y se arma la
compañía Liliana Dávila-Leonardo Jury. Largamos con La
fiera acorralada, de mi mamá. Liliana era grande, tenía
como 25 años; yo era muy lindo, le empecé a gustar a la
gente.
-¿Y después?
-Gira de tres meses y mi mamá me dice: 'Nos vamos a Buenos
Aires'. Mi tía Elcira Olivera Garcés ya estaba aquí. Me
dejé arrastrar. Haciendo bolos en El Mundo, me ve Raúl
Rossi y entro en Todo el año es Navidad. Ahí Salvador
Salías me lleva para actuar en El secuestrador, con Torre
Nilsson. Antes yo había hecho un papelito en El ángel de
España, de Enrique Carreras, con Pedrito Rico. Veinte veces
la vi para verme. Después hice películas, canciones, y
ahora estoy aquí, con vos. Todo muy rápido, un vértigo.
-Hace diez años me confesaste que hubieras preferido otra
vida. No te creí.
-Hiciste bien. Me gustó lo que fui encontrando, porque era
una forma de vivir livianito. Pero nunca me sentí actor.
¿Actor? Bebán, Alcón. Lo mío era de pedo y para subsistir.
Siempre me dio vergüenza actuar.
-¿Y tu sueño de terminar tus días en Tupungato? Querías
vivir en una finca custodiada por un tipo con un rifle.
-Eso quería. El tipo para que bajara a cualquiera que
viniera de Buenos Aires a hablar de cine. Ahora no cambio
esa vida por esta, aquí, encerradito. Tengo todo. Fotitos,
cositas, música de Mozart, de la Mona Giménez...
(Pausa de tres días. En el medio, una llamada telefónica de
Leonardo, domingo a la noche. Hablamos de nuestros hijos,
que andan por los treinta y pico. Recuerdo a Favio
peleándose con Carola por adueñarse de su Nicolás. Le
mordía el poto, los taloncitos, lo olía. Nos acordamos de
los celos por el recién nacido. Uno de nosotros llegó al
colmo de mearse en la cama. ¿Quién? Uno de nosotros. Y la
charla vuelve a los mandamientos )
-Lo pensé: no hay ningún mandamiento que me inquiete.
Desear la mujer de tu prójimo es algo que en el Islam está
resuelto: somos humanos, no te tenés que sentir culpable.
-Ofensivo sería no desearla.
-Según cómo sobrelleves en tu conciencia un hecho, eso te
pone en el regazo de Dios o lejos de Dios. Todos tenemos
tentaciones. Si después sentís un dolor en el corazón muy
hondo y te quedás mirando el techo, eso te hace ser un
hombre bueno El hombre no es bueno ni malo, es hombre. No
somos ángeles.
-Menos mal. Se me hace que los ángeles son medio huevones.
-Pertenecen al misterio. Yo no veo lo invisible pero
existe. Sé que voy empujando materia a cada paso. Hay algo
en que reflexiono mucho, y es que verdaderamente Dios amó,
porque sin eso no habría sido posible semejante obra. Sí,
Dios es un misterio, pero más misterioso es el amor. A
veces pienso: ¿primero el amor y después Dios?
-¿Por teléfono queremos dilucidarlo? Cuánta alevosía y
candor.
(La conversación se reanuda otro día en el departamento de
Favio. Arranco con una pregunta peliaguda.)
-Si Evita vivía, ¿qué hubiera pasado en el 55?
-Qué incómodo opinar sobre un ser que no te puede
responder. Su obra está, concreta. A veces los
historiadores que hacen teatro narran intimidades
supuestas, por ejemplo, de Rosas ponen que tuvo un amor
morboso por su hija. No podemos meternos con la intimidad
de nadie.
-Le ponés límites a la ficción.
-Admito la ficción si es para beneficio de ese que ya no te
puede responder. Pero si es para denostarlo, eso es
carroña.
-Vos te asomaste a la intimidad de Gatica.
-La mostré, pero hasta ahí. Yo trato con ternura a mis
seres. ¡No soy un carroñero! El límite lo da la ternura.
Hasta cuando un tipo es culpable hay que narrarlo desde la
ternura. Guevara lo decía: ternura hasta con el enemigo.
-El canon argentino, solemne, acomplejado y estreñido de
corazón, margina todo lo que se roce con la emoción y la
ternura. Vos, Favio, como nadie, has sido consagrado pese a
ir siempre por el lado más explícito de la ternura.
-Es lo que soy, lo que somos Me estoy acordando cuando
venían los camiones del peronismo a Luján y repartían
juguetes. Esto para mucha gente era denigrante.
-Juguetes, pan dulce, sidra peronista, ¿hoy qué te parece?
-Maravilloso me parece. Aquello ¡era muy lindo! ¿Sabés con
qué alegría venía mi abuelo con la sidra y el pan que le
daban en la municipalidad?
-Cambiando de asunto: ¿seguís con tu teoría de la
mermelada?
-Sigo. En Mendoza, ¿qué se hace con la fruta que sobra?
Mermelada. Yo creo que con el excedente de boludos que
tenemos en la Argentina tendríamos que hacer mermelada.
Vendiéndola podríamos pagar la deuda. Se lo propuse a
Cavallo; no me hizo caso.
(Teléfono. Favio tiene que resolver detalles de la banda
sonora de su Aniceto. Pide un grillo, pero 'que sea uno
solo y de verdad'. Y después le pide al músico una baladita
que desemboque en algo enorme, sinfónico. Lo alienta:
'Mientras comés solito andá imaginándotela. Vas a hacer un
quilombo muy bello. Dale, que no se te caiga el alma, te
quiero, loco, te quiero ')
-Al final, este Aniceto resuelto como ballet, se va a
titular
-Se va a titular Aniceto.
-No te veo muy convencido.
-También estoy pensando ponerle Aniceto, una película
romántica a morir Sabés, la película está dedicada a mi
vieja: 'A Laura Favio, amiga, madre divina'. Cuando vi la
dedicatoria en la pantalla, ahhh me sentí tan mal... Dije,
¡mi mamá ya no está!
-Laura. La recuerdo altiva. No solo era bella, era hermosa
¿Qué estás pensando, Chiquito?
-Nada. Quise cambiar de tema y me acordé de Tomás de
Aquino. El tipo analiza muy bien el asunto de la culpa y
del castigo pero pensó como casi imprescindible la pena de
muerte. Cuando uno quiere sacar del cuerpo social un tumor,
ahí viene la cuestión. Y uno se pregunta, ¿a tipos como
Videla, Massera, los dejo vivos? Pero si tenés la
posibilidad de encajarlos en una prisión de por vida, es
más piadoso. ¿Qué pensás vos de la pena de muerte?
-Pienso que aunque en su aplicación fuera infalible, aunque
se hubiera demostrado que sirve para bajar los índices de
criminalidad, es siempre una asesinación Qué paradójico,
los más furiosos sostenedores de la pena de muerte
proclaman la penalización del aborto y declaran agudamente
su creencia en Dios. Afirmando la pena capital se toman
atribuciones divinas, le arrebatan el trabajo al Dios que
dicen venerar.
-Eso. La pena de muerte es un asesinato Lo otro bravo es el
perdón... Hay que perdonar, pero ojo, no digo olvidar.
Perdonar es recordar de otra manera.
-En tal caso la memoria no es, como se dice, retroceso: es
semilla. Por otro lado, ¿cómo perdonar al que no se
arrepiente, al que se empeña en confundir impunidad con
heroísmo?
-Sí. Tengamos cuidado con el perdón atolondrado.
-¿Cómo convivís con el asunto de las culpas y el perdón?
-¿Sabés las horas que yo me quedo mirando al techo por
culpas? Muchas veces he llamado a mi hermano más chico,
Horacito. Me lo como a besos y le digo: 'Vos me tenés que
asegurar que me has perdonado.' Le jodí tanto la vida a
Horacito.
-Joder con las culpas.
-Todos las tenemos. Pero hasta es lindo hacer cagadas para
pedir después perdón. Muy lindo ¡y sano! Por ejemplo,
llamar a tu hijo y decirle: 'Mirá, te cagué en esto y en
esto, mi amor perdoname...' Después te sentís un príncipe.
El pedir perdón es uno de los inventos más grandes de la
humanidad. No es cuestión de teología sino de psiquiatría.
-¿Sabés llorar todavía?
-Es lo más lindo del mundo. Yo me encierro, ahí, debajo de
la ducha, y me pongo a llorar. Pero me gustaría poder
llorar como los bebés, con la boca así, grandooota Me quedé
enganchado con el asunto de la memoria. Siento que el
infierno y el paraíso están en la memoria de cada uno.
-Al infierno y al paraíso solo los separa una medianera.
¿Tu memoria qué te trae de infierno o de paraíso?
-A ver te conté de doña Margarita Su hijo, el Lechuzo, era
un poquito tonto y cuando muere ella dije: 'Al Lechuzo me
lo acampujo': iba a cobrar una pensión por su mamá. Ah, el
Lechuzo para mí, dije. Lo volvía loco con el quiosco. Pero
había una vieja hija de puta, mendocina mandona, de Unidad
Básica. Ella le decía al Lechuzo: '¡Qué se anda juntando
con ese atorrante!' Que era yo. Competía conmigo por la
pensión. Dije: 'Esta vieja me va a cagar; me voy a
apolillar en la pieza del Lechuzo y no me lo va a afanar'.
Tendría yo unos 13 años, un pibe. ¿Viste esas noches de
luna en Mendoza que son como pleno día? La luna hace pong y
ves las sombras estiradas
-La luna, el sol de la noche.
-Un sol sí. No me podía dormir por el cagazo de que la
difunta se me apareciera a decirme '¿Qué estás haciendo con
mi hijo?...' Yo dormía en el suelo, sobre una mantita en
eso escucho chist chist. Y para colmo el Lechuzo roncaba
con un silbido. ¡Me van a agarrar del culo los demonios!
Arrastrándome llegué a la puerta y me quedé sentadito ahí a
esperar el alba. No me animaba a rajarme, había como quince
metros hasta la calle. ¿Quién me iba a proteger? Ahí tenés
la memoria, con el paraíso y el infierno. El caso es que yo
me jugaba la vida para quedarme con la pensión del pobre
Lechuzo. Me pienso en esas y me quiero tanto
-Pero si conseguías el quiosquito nos quedábamos sin Favio
director de cine.
-Quién sabe Esperá, me tomo otro mate cocido: cuando cuento
cosas de miedo se me seca la boca ¿Sabías que los árabes se
bañan con arena?
-Ni la menor idea.
-El árabe en el desierto se limpia la cola con arena. Y no
solo eso, cuando llega el momento de orar se lava las manos
y la cara con arena. O sea: la arena suplanta al agua, saca
la transpiración, queda la piel muy suave. Cuando leí eso
recordé que de pibitos jugábamos en el río. Yo, el Negro
Cacerola, hacíamos todo ahí y nos limpiábamos con arena.
Era normal eso, mientras charlábamos golpeábamos fuerte la
arena chiqui chiqui y al final nos pasábamos los dedos, la
arena era finita. Impecables quedábamos. Después seguíamos
caminando
-Lo más campantes.
-Campantes y felices Me pediste que le diera rienda a la
memoria y ahora es buena, me lleva a una noche de sábado Me
vienen a buscar los vagos 'Mirá, en una finca de Perdriel
se casa el gringo Felipelli. ¿Venís con nosotros?' Y
salíamos y atravesábamos viñedos hasta que empezábamos a
escuchar muuuy apenitas una música lejana La música era
como una estrella, nos guiaba hasta el casorio. Cuando la
música estaba grande, plena, ya nos encontrábamos en la
puerta de la fiesta y nos colábamos, claro, ¡y a comer de
todo!... ¡Qué pendejo divino, en todas las que anduve! Ah,
cuando me veo en las que hice, me quiero como loco, te
juro. ¡Qué lindo quererme así! ¡Me quiero como la puta que
lo parió!
Por Rodolfo Braceli
Para LA NACION
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