[R-P] La contrarrevolución cultural del sapagismo
Boletín Bambú
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Lun Ene 7 03:46:00 MST 2008
LA CONTRARREVOLUCIÓN CULTURAL DEL SAPAGISMO
Por Pablo Scatizza y Fernando Lizárraga
Neuquén, Miércoles 19 diciembre de 2007 - El pasado domingo
16 de diciembre el diario Río Negro publicó una muy cándida
entrevista al flamante titular de la cartera de Cultura del
gobierno provincial. Se llama Sebastián Sánchez, es
profesor en Historia graduado en de la Universidad Nacional
del Comahue, docente en la Universidad Católica de Salta,
tiene un doctorado hecho en la Universidad del Salvador y
fue becario del Conicet. Sin embargo, ni el currículum de
Sánchez publicado por el diario ni la larga entrevista que
le realizara dicen demasiado sobre quién es realmente este
personaje, que será el encargado de delinear ni más ni
menos que la política del Estado provincial en el área
cultural.
Tal como puede encontrarse en numerosos sitios de Internet,
Sebastián Sánchez tiene varios artículos publicados en
revistas ligadas a la ultraderecha católica como “Gladius”,
"Cuadernos de Espiritualidad y Teología", "Altar Mayor",
"Archivum" y “Arbil”, donde ensalza, con el argumento de la
“guerra justa”, la Guerra de Malvinas -negando de suyo que
fuera una medida adoptada en el marco de la peor dictadura
que sufrió este país-, se opone tajantemente a la
existencia de los Derechos Humanos (ni hablar del derecho
al aborto y la eutanasia) y persigue, con sus palabras -por
ahora- a homosexuales, travestis, protestantes, marxistas,
anti-católicos y ateos, entre otros herejes.
En su blog personal, por caso, llamado “El buen combate” el
lema que abre la página es un elocuente “A malicia,
milicia”. Allí puede leerse, por ejemplo, una nota en la
que enseña sobre Derechos Humanos a jóvenes scouts. En este
largo artículo, el profesor de Historia Sánchez explica a
sus scouts cómo “el lenguaje de los derechos” se instaura
con la Modernidad, y añora aquellos tiempos de la
“Cristiandad medieval”, en los que “el hombre entiende
primero y antes que nada de obligaciones y no de derechos.
Sabe que tiene la obligación de rezar, de combatir y de
trabajar. El hombre del medioevo reconoce que su primera
obligación es el servicio, primero el servicio a Dios y, a
través de éste, el servicio a los hombre”. Y a partir de
aquí, el profesor construye una suerte de “genealogía del
derecho humano”, en la que concluye que “El Nuevo Orden
Mundial es el principado del miedo y la hipocresía. Del
miedo porque, como en la Revolución Francesa y en la
Soviética, resistírsele implica la destrucción. Y si nos
cuesta entenderlo miremos cómo está el mundo. Y de la
hipocresía y la mentira porque todo el caos que se genera,
toda la destrucción que se imparte está pretendidamente
legitimada en los supuestos derechos del hombre. Miremos
sino [sic] es así:
• Las guerras genocidas se hacen en nombre del derecho a la
democracia. • El aborto, la anticoncepción y la
esterilización se hacen en nombre de los derechos sexuales
y reproductivos. • La eutanasia se hace en nombre del
derecho a la muerte dulce o sin sufrimiento • La clonación
se hace en nombre del derecho de los derechos de la ciencia
• Las sociedades quedan a merced de la violencia en nombre
de los derechos de los delincuentes • El matrimonio se
diluye en nombre del derecho al divorcio • La familia se
destruye en nombre de los derechos homosexuales • La verdad
se destruye en nombre del derecho a la opinión • La
libertad se diluye en nombre de la liberación. • La
religión se socava por el derecho a la tolerancia • El
hombre se destruye en nombre de los derechos del hombre”.
En esta misma clase para los boy scouts católicos, el
funcionario sapagista reproduce, en términos más sencillos,
un feroz argumento anti-marxista (anti-gramsciano, en
particular), que ya había expuesto en tono más académico en
su artículo “Revolución y Cultura de la Muerte” (Revista
Arbil, Nro. 61, en www. http://www.arbil.org). Sin hacer
ninguna distinción entre la Revolución Rusa impulsada por
Lenin y Trostky y la degeneración burocrática stalinista,
Sánchez observa que en cierto momento el marxismo, creó
“una nueva estrategia: la Revolución Cultural” tras
comprender que “la violencia, sin dejar de ser útil, no
sería el único medio que le permitiría terminar de invertir
el orden natural”. Conviene reproducir in extenso la
opinión del funcionario neuquino ya que aquí,
indudablemente, pueden observarse las líneas directrices de
la política cultura del sapagismo. Escribe Sánchez:
“La Revolución Cultural nace a partir de que los
revolucionarios entienden que es necesario avanzar sobre la
conquista de los espíritus, de las conciencias. Si es
necesario cambiar el orden natural e imponer otro invertido
entonces conviene no sólo utilizar la fuerza sino también
la ideología. Se trata de imponer ideas para que cambie la
forma de pensar y sentir de la gente. Hay que lograr, se
dicen los revolucionarios, que la ley natural que Dios ha
puesto en el corazón y la mente de cada uno que de
oscurecida, se obnubile. Así entra en escena ese gran
revolucionario que fue el pensador italiano Antonio
Gramsci. Este marxista se dio cuenta de que para lograr
cambiar el sentido común de la gente era menester imponerle
otras ideas. Pero, ¿cómo hacer esto? Muy fácil se dijo
Gramsci, a través de la escuela, de los medios de
comunicación, a través de las influencias sobre la propia
Iglesia de Cristo.
La Revolución Cultural entonces incluye la penetración de
ideología en las conciencias a través de distintos
mecanismos (la manipulación de la información y del
lenguaje por dar sólo unos ejemplos). Esos mecanismos
llegan a las personas a través de los maestros, de los
comunicadores y, a veces, de algunos sacerdotes. Cuando los
curas, como ha ocurrido y ocurre, se vuelven marxistas, el
trabajo de los revolucionarios es mucho más fácil porque
una vez que la ideología llega al púlpito y a la sacristía,
es decir, a los lugares sagrados, la posibilidad de
capturar la conciencia de la personas es mucho más amplia y
profunda.
A través de la Revolución Cultural, que comenzó a
plantearse con mucha virulencia en la década de 1960, se
llega a las diversas formas de liberación, a saber: La
liberación femenina, que plantea una lucha de clases y de
sexos, en la cual la mujer debe liberarse del hombre. Aquí
se proponen los derechos de la mujer. La liberación
homosexual que señala la lucha de los homosexuales a partir
de la idea de concebir la homosexualidad como una forma
sexual más. Aquí se plantean los derechos de los
homosexuales.
La liberación animal, que plantea los supuestos derechos de
los animales, cosa que como se verá es del todo imposible.
Sin embargo, existe una etapa más en este proceso de
desarrollo de los falsos derechos humanos: el llamado Nuevo
Orden Mundial”. Con todo esto, no es aventurado imaginar
que Sánchez pretende lanzar, con el absoluto respaldo de
Sapag (quien no puede ignorar el pensamiento de su
funcionario), una contundente Contrarrevolución Cultural,
dirigida a combatir en todos los frentes la “Revolución
Cultural marxista” que, en Neuquén, se expresa en esa
“cultura de la protesta” construida en las luchas de los
sindicatos no burocráticos, los partidos de izquierda, las
organizaciones de Derechos Humanos, los colectivos
feministas, lésbico-gays, las iglesias progresistas, entre
otros agrupamientos y corrientes. (El término “cultura de
la protesta”, vale añadir, ha sido acuñado y analizado por
Ariel Petruccelli en su libro Docentes y Piqueteros. Libro
blasfemo a ojos de SS, podemos inferir).
Soldado heroico
La cuestión bélica es algo que parece interesarle
sobremanera a nuestro subsecretario de Cultura. El propio
nombre de su blog (El Buen Combate) es de por sí
confesional, así como la nota publicada en la página de
Arbil, respecto a la Guerra de Malvinas. Allí, Sánchez
destaca cómo desde que terminó la dictadura “una verdadera
multitud de pseudo - especialistas se ha congregado en
torno a un hervidero de lugares comunes respecto de la
gesta malvinera. En ese locus ramplón en el que los hechos
nada importan suele vociferarse que la recuperación de las
Malvinas – a la que recurrentemente llaman “invasión” –
habría obedecido a la necesidad de legitimación de un
gobierno militar cuya caída estaba en ciernes. Así, a la
“dictadura” se le habría ocurrido una especie de
estratagema político - publicitaria que enfervorizaría a l
masa y les haría olvidarse de los malos momentos vividos en
los oscurísimos años setenta”.
El subsecretario de Cultura no trepida en afirmar que la
guerra malvinera fue una “batalla metafísica”. “Los
argentinos, aunque hoy lo desconozcamos, -escribe SS-
combatimos contra las potencias que conforman, para decirlo
agustinianamente, la Ciudad del hombre. En efecto, luchamos
contra las fuerzas que imponen el Nuevo Orden Mundial, esa
siniestra simbiosis en parte marxista, en parte liberal y
siempre masónica que aspira a la disolución de las patrias
en pos de la imposición de un Estado universal y homogéneo
de corte profundamente anticristiano. La Argentina, aún sin
saberlo aquellos que declararon la Guerra, fue la
protagonista de la última peripecia bélica contra el Nuevo
Orden Mundial. Ni más ni menos. De ahí el odio, la incordia
y la persecución desatados contra nuestra gesta”. Hastiado
de la “viruta ideológica” que denuncia la Guerra de
Malvinas como uno de los tantos crímenes de la última
dictadura, el funcionario se muestra remiso al debate:
“Nada ponemos en la mesa de un debate infecundo.
Ahorraremos tiempo y energías al no discutir la leyenda
negra malvinera. Ahora sólo hay tiempo para la verdad”.
El belicismo mesiánico de Sánchez, y de la política
cultural sapagista, se expresa asimismo en el artículo “El
final cristiano del caballero” (en Arbil, Nro. 81), donde,
a tono con la idea de que “la espada proporciona belleza a
las cosas” (ya planteada en el artículo sobre Malvinas), el
funcionario señala, citando a San Bernardo, que "la muerte
que se da o recibe por amor de Jesucristo, muy lejos de ser
criminal es digna de mucha gloria. Por una parte se hace
una ganancia para Jesucristo, por otra es Jesucristo mismo
el que se adquiere; porque este recibe gustoso la muerte de
su enemigo en desagravio suyo y se da más gustoso todavía a
su fiel soldado para su consuelo. Así el soldado de
Jesucristo mata seguro a su enemigo y muere con mayor
seguridad. Si muere a sí se hace el bien; si mata lo hace a
Jesucristo, porque no lleva en vano a su mano la espada,
pues es ministro de Dios para hacer venganza sobre los
malos y defender la virtud de los buenos".
Semejante estética de la muerte alcanza ribetes
escandalosos cuando señala la diferencia entre la muerte de
un valiente caballero cristiano y un guerrero indígena:
“Esta imagen de la muerte cristiana contrasta con lo que
denota la muerte del indígena infiel que, aún por medio de
una valiente pelea, termina sus días sin aceptar la
verdadera Fe. Por caso vale recordar al cacique araucano
Lautaro que, a pesar de afrontar la muerte con hombría y
entereza de ánimo, pierde la salvación eterna al negar a
Cristo y hace que su ‘alma, del mortal cuerpo desatada,
baje furiosa a la infernal morada’."
Constitución blasfema
La Constitución provincial no es del agrado del nuevo
subsecretario de Cultura. Parece que allí hay demasiados
“derechos humanos” que atentan contra la moral católica que
él se encarga de pregonar y defender por todos los medios.
Tanto es así que, en marzo de 2006, hizo suyo y reprodujo
en su blog un artículo de la agencia católica Notivida a
propósito de la sanción del texto constitucional
recientemente reformado. Al presentar la nota en cuestión,
Sánchez titula su breve comentario: “Neuquén: una
Constitución creada para ser desobedecida”, y añade que
“para quienes vivimos y padecemos en la que trágicamente es
conocida como la “Capital de los Derechos Humanos”, esta
misérrima Constitución no nos sorprende, aún cuando
teníamos alguna esperanza acerca de la morigeración de su
articulado”. El artículo de Notivida (Año VI, nº 334, 19 de
febrero de 2006) no tiene desperdicio. Por eso, vale
reproducir una buena parte de esa bonita página:
Los ataques a la Vida y la Familia
Como anticipamos la nueva Constitución incorporó
“perspectiva de género” (art. 45) y “derechos reproductivos
y sexuales” (art. 36). Menoscabó, además, la patria
potestad al reconocer a “niñas, niños y adolescentes como
sujetos activos de derechos” (art. 47) (vid Notivida nº
332). Pero estas cosas ni fueron objeto de discursos ni
impidieron que todas las manos se alzaran a la hora del
emocionado “sí”.
Derechos reproductivos y sexuales
“El Estado garantiza el ejercicio de los derechos
reproductivos y sexuales, libres de coerción y violencia,
como derechos humanos fundamentales”. Lo que equivale a
categorizar como “derecho” la anticoncepción, el aborto y
la homosexualidad. Consecuentemente, el Estado se
compromete a diseñar programas que promuevan la
“procreación responsable” y a brindar “atención sanitaria
especializada en salud reproductiva y sexual”, (aborto
encubierto).
Además “asegura el derecho a la información sobre los
derechos reproductivos” lo que significa campañas de
difusión sobre anticoncepción, destinadas fundamentalmente
a los jóvenes, y una educación sexual banalizadora del
sexo.
Género
El Estado “incorpora la perspectiva de género en el diseño
y ejecución de sus políticas públicas” Estimulando “la
modificación de los patrones socioculturales estereotipados
con el objeto de eliminar prácticas basadas en el prejuicio
de superioridad de cualquiera de los géneros”.
Esto permitirá, por ejemplo, enseñarle a los niños que el
sexo es una construcción “sociocultural”, que los hombres y
mujeres -como Dios manda- son “estereotipos”; que la
homosexualidad es una "opción" digna, a la que se debe
reconocimiento jurídico y social, "sin discriminación
alguna". Cualquier crítica a la inversión sexual -también
la enseñanza de los 10 Mandamientos- quedaría encuadrada en
los llamados "crímenes de odio", y oponerse a la perversión
de menores podría ser calificado de "delito de homofobia".
Niñez y adolescencia
El Estado legislará y promoverá medidas de acción positiva
tendientes al pleno goce de los derechos de los niños,
“removiendo los obstáculos de cualquier orden que limiten
de hecho su efectiva y plena realización”. Los obstáculos
podrían ser, por ejemplo, la voluntad de los padres. Así
los menores podrán consumir los anticonceptivos y abortivos
suministrados por organismos públicos y privados, sin
conocimiento de sus progenitores."
Como se advierte fácilmente, el funcionario de la
administración Sapag argumenta su rechazo a la Constitución
y llama a desobedecerla. Lamenta, además, que sus opiniones
discriminatorias puedan ser tipificadas como delito. He
aquí una flagrante contradicción: si el profesor Sánchez
rechaza explícitamente la libertad de opinión (como se ha
visto más arriba) y sostiene una única verdad revelada ¿por
qué se queja cuando el Estado liberal se muestra
intolerante con los intolerantes y reprime los “crímenes de
odio”?
Pero, con todo, lo más grave no son las opiniones de
Sánchez, sino el hecho de que tales opiniones hayan
adquirido el estatus de política de gobierno mediante su
designación como subsecretario de Cultura. Jorge Sapag ha
mostrado la hilacha: detrás de sus ampulosos gestos
pluralistas, dialoguistas y democráticos se esconde una
nada sutil cruzada, una auténtica contrarrevolución
cultural de la cual su funcionario es apenas un
instrumento. Hoy es Sánchez, mañana puede ser otro u otra,
pero Sapag está allí, legitimado por los votos de quienes,
seguramente, desconocían la trama profunda de su proyecto
oscurantista.
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