[R-P] Juan B. Justo, en la Historia y la Política Argentina
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en gmail.com
Dom Ene 6 16:31:01 MST 2008
Otro discípulo del doctor Justo, David Tieffenberg, homenajea también al
traductor de El Capital al español.
E intenta hacernos creer que no era "liberal", sino que se inspiró en el
pensamiento de Carlos Marx.
Es un plomazo, pero puede haber gente a la que le interese conocer los
antecedentes de toda la izquierda antinacional, antiperonista y
antilatinoamericana de la Argentina.
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar
fernandezbaraibar en gmail.com
Skype: julio.fernandez.baraibar
Visite mis blogs: http://fernandezbaraibar.blogspot.com
http://jfernandezbaraibar.blogspot.com
emailStripper es un programa gratis para la limpieza de
los ">" y otros caracteres de sus emails y facilitar su lectura.
http://www.papercut.biz/emailStripper.htm
A 80 años del fallecimiento del fundador del Partido Socialista
Juan B. Justo, en la Historia y la Política Argentina
Por: David Tieffenberg
Prólogo a la presente edición
A pocos días de cumplirse el octogésimo aniversario del fallecimiento del
Dr. Juan B. Justo, la Fundación que lleva su nombre reedita esta breve obra
en la que el militante socialista David Tieffenberg analizó y sintetizó el
aporte, aún hoy vigente en muchos aspectos, del pensamiento de Justo.
Entre los aportes que brinda este trabajo está señalar el papel
transformador de la política que significó la organización de un partido que
pretendía expresar los intereses de la clase trabajadora asalariada,
convertida por el desarrollo del capitalismo, ya entonces, en la clase
social más numerosa de la sociedad argentina.
Más importante (y muy actual) es el rescate que hace Tieffenberg, a través
de numerosas citas, del pensamiento de Juan B. Justo, mostrando cuan alejado
y contrapuesto estaba respecto del liberalismo al que, generalmente por
ignorancia o por motivaciones espurias, se lo suele emparentar. Lejos del
Juan B. Justo "liberal" que se ha pretendido construir, unos para
apropiárselo, otros para combatir la organización política independiente de
la clase trabajadora, se pone de manifiesto en este trabajo cómo el
pensamiento de Justo se inspiró en la obra de Carlos Marx.
Y cómo, al igual que Marx, reivindicó el aporte de la ciencia (bien
diferente del "cientificismo", al decir de Mariátegui) como instrumento
fundamental para la construcción de la emancipación humana. Hoy, en que el
desarrollo del conocimiento científico es o bien negado y puesto en el mismo
plano que cualquier sistema de creencias, o bien presentado como mero
instrumento tecnológico subordinado al incremento de la ganancia capitalista
y encubridor de una escalofriante realidad social resultante de la
descomposición capitalista, el papel de la ciencia reivindicado por Justo
como guía para la construcción de una "sociedad más libre e inteligente"
adquiere especial relevancia.
Este trabajo fue publicado originalmente en 1948 por la Editorial La
Vanguardia. Fue reeditado en 1988 por Ediciones Teoría y Práctica, con un
prólogo de Gregorio Hairabedian, que forma parte, también, de la presente
edición.
Nicolás Iñigo Carrera
Diciembre de 2007
Prólogo a la edición de 1988
El aporte teórico y práctico del fundador del Partido Socialista de la
Argentina al desarrollo del pensamiento político tanto en nuestro país como
en el resto de Latinoamérica, no ha sido aún debidamente valorado ni
propagado suficientemente entre los sectores populares en general y los
trabajadores en particular.
En el mejor de los casos, su obra se presenta como la de un reformador
liberal y positivista, y su protagonismo como la de un místico y aséptico
divulgador de ideas redentoras de las clases desposeídas, más cerca de la
moralina cuaquerista que de la concepción científica de la Historia y la
lucha de clases sociales antagónicas.
De esta manera, Juan B. Justo ha sido incorporado deliberada y
especulativamente al patrimonio cultural del reformismo pequeño burgués y a
sus metas de evolucionismo mecanicista.
Del mismo modo, sus definiciones y acciones auténticamente antiimperialistas
han pretendido a través de la fraseología, ser desvirtuadas tanto por los
sectores reformistas como por presuntuosas 'izquierdas' telúricas.
'Aparecemos con una independencia y una libertad políticas de forma, pero en
el fondo dependemos hoy más que hace un siglo de la autoridad y del poder
extranjeros; y no hay poder más absoluto, más absorbente, más tiránico que
el poder del monopolio, que el poder de las empresa capitalistas', afirmaba
Justo con su innegable autoridad intelectual y su sostenida lucha política.
El autor de este trabajo, el Doctor David Tieffenberg ha procurado
invariablemente -nos consta- reubicar históricamente el invalorable aporte
del Maestro como cuestionador implacable del sistema capitalista, defensor
de los postulados revolucionarios del socialismo científico, e inclaudicable
defensor de los derechos y requerimientos emancipadores de la clase obrera,
con el objeto de revertir las distorsiones antes señaladas.
En esa dirección, afirma que Justo 'aplicando la leona científica a la
Historia Argentina, llega al convencimiento que el fundamento económico de
ésta es de toda evidencia' y, a modo de síntesis, agrega que 'salvando los
obstáculos y clavando banderillas a la burguesía decadente (Justo) afirma la
presencia militante de la clase obrera en las luchas políticas... para
ordenar 'una libre e inteligente sociedad humana basada sobre la propiedad
colectiva de los medios de producción'.
La aspiración del autor, que compartimos plenamente, es impedir
desvirtuaciones de la figura y el pensamiento de Justo, rescatando la
esencia y el fin último de su lucha y la acción desarrollada en un momento
dado de nuestra Historia.
Gregorio Hairabedian
JUAN B. JUSTO EN LA HISTORIA Y LA POLITICA ARGENTINA
El desarrollo histórico es complejo. Las fuerzas que actúan en el trasfondo
del proceso no se manifiestan, aún a los ojos de los observadores más
sagaces, con la precisión necesaria para permitir su juzgamiento adecuado.
La trama creada por los factores que entran en su producción, que adquieren
categoría y prestancia de procesos generadores de los fenómenos económicos,
políticos, sociales y éticos, es de tal complejidad, que sólo un riguroso
método científico y una profunda y paciente investigación puede diferenciar
sus elementos componentes y estudiarlos, así, en su génesis y desarrollo y
determinar sus proyecciones.
Establecida la vinculación de los hechos y de los fenómenos, su conexión
íntima, importaría descubrir los orígenes sociales en sus procesos
determinantes, y explicar válidamente la formación y gravitación en el
desarrollo histórico de las acciones e interacciones humanas. Se llegaría
por ese medio a darle precisión científica a la relación y vinculación
causal de las teorías y modos de pensamiento que tienen su expresión en la
superestructura, con sus ocultos procesos generadores que se mueven en la
infraestructura.
Para conocer su intención disimulada en el subsuelo, y sus impulsos
primarios, básicos, se hacía necesario remontar la corriente hasta sus
fuentes de origen.
Esta tarea, que aceleraría acusadamente el proceso social, sólo podría ser
cumplida por Investigadores munidos de una nueva concepción que, usando de
la ciencia, permitiera calar hondo en la trama histórica para poner al
descubierto sus desnudeces.
La aplicación del criterio científico al estudio pormenorizado e
inteligente -no mecánico aunque sí esquemático- de la historia, en cuanto
método apto para explicar debidamente las causas determinantes de sus
múltiples manifestaciones, en función de sus proyecciones y perspectivas, se
debe al genio de Carlos Marx.
Estudió éste hasta sus últimas consecuencias, la dinámica de la producción y
la distribución de las riquezas en el desarrollo histórico-social. 'En la
producción social de su vida -afirma Marx- entran los hombres en relaciones
determinadas, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción que corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales. El conjunto de esas relaciones de producción
constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la
cual se levanta un edificio jurídico y político y a la cual corresponden
formas determinadas de conciencia social. El modo de producción de la vida
material domina en general el proceso de la vida social, política e
intelectual'. Ello le permitió establecer la génesis y desenvolvimiento del
pensamiento 'dentro del marco de una situación histórico-social', que mueve
a Karl Mannheim a considerar a Marx como el iniciador de la escuela activa
de la sociología del conocimiento.
El ambiente social conforma las ideas y las modalidades del pensamiento. El
pensamiento así se hace social. Y el choque de los modos del pensamiento y
de las particulares formas de expresarse, que tienen su raíz de origen en
los intereses económicos y éticos de los grupos que actúan en la sociedad,
se manifiesta en la lucha de clases.
Debemos sumergirnos en la vida social para comprenderla y templar en ella
nuestras armas. 'Fuera de la ordinaria disciplina científica -expresa
Justo-, no hay que prepararse a estudiar sociología con un examen de
conciencia, como lo quisiera Spencer. Lo propio del método sociológico no
está en aislarse, ni en declararse santo; está por el contrario, en la
participación activa en la vida social. El mundo es nuestro laboratorio; a
él vamos a verificar nuestras hipótesis. En ninguna otra rama de la
actividad humana la teoría debe confundirse tanto con la práctica. En
ninguna ciencia como en sociología la doctrina se confunde tanto con el
método. De ello tenemos el glorioso ejemplo en Carlos Marx, autor de 'El
Capital', y fundador de la Asociación Internacional de Trabajadores'.
Conocer 'la base económica de la vida intelectual, tanto para el individuo
como para la especie', es orientarse con seguridad en el campo de las luchas
sociales, y ocupar el puesto junto a quienes alientan los mismos intereses y
las mismas inquietudes.
Si la sociología del conocimiento surgió con Marx, Justo fue su propulsor
inteligente y destacado.
Lo que da al marxismo su frescura, su viva y actuante particularidad, es la
interpretación dialéctica de los procesos histórico - sociales. Pero el
marxismo aún con ser, o acaso por ello, una teoría de ensambladura y
formación científica, activa, carecería de importancia y trascendencia si no
explicara los conocimientos humanos desde sus orígenes a través de la
realidad siempre cambiante, en perpetuo devenir.
Ahí radica precisamente su fuerza. Gracias a él "la historia ha dejado de
ser - apunta Justo - una crónica, un romance o una filosofía, para
constituirse como un conjunto de nociones combinadas, susceptibles de
aplicación práctica"; abriendo - podríamos agregar nosotros - perspectivas
insospechadas al progreso humano y social.
Ahora bien. De todo ello se infiere que el marxismo es un método de
interpretación racional susceptible de ser aplicado al estudio de una
situación histórico - social.
Así lo comprendió Justo y lo refirió al estudio de nuestra historia, pero no
con mira estrecha de historiador simplista, sino con la visión amplia del
sociólogo eminente, cuya conducta normada en las rígidas disciplinas
científicas aseguraba seriedad y certeza en las conclusiones.
Aplicando la teoría científica a la historia argentina, llega al
convencimiento que el fundamento económico de ésta es de toda evidencia.
Su conocimiento acabado de los principios del materialismo histórico le
autoriza a realizar una hábil disección en la formación y el crecimiento de
la sociedad argentina, poniendo al descubierto el "predominio general de la
economía" en los procesos generadores y condicionantes. Esto le permite
advertir, que no obstante la política colonial alambicada impuesta por la
Corona a estas tierras para favorecer los intereses de los comerciantes y de
la economía hispanas, su progreso histórico estaba asegurado, pues aquélla
no pudo impedir "que se desarrollasen los vigorosos gérmenes de vida
económica que había en el país".
Señala la importancia de los nuevos medios y forma de producción en la
economía colonial y el resorte íntimo que los hace accionar: "el
advenimiento de la clase propietaria nativa a la conciencia de sus intereses
económicos. Es que los nuevos medios y formas de producción no conducen a
nuevas relaciones políticas, sino en tanto que sugieren nuevas combinaciones
de esfuerzos con un fin práctico determinado, en tanto que los hombres
aplican a la realización de nuevas relaciones políticas el conocimiento que
tienen de los efectos sociales de esos nuevos medios y formas de producción".
Cuando la burguesía criolla adquiere conciencia de sus intereses, éstos
entran en colisión con el de los monopolistas españoles. Y la Revolución
tiene un sentido y una perspectiva claros. "No se trataba de realizar sueños
de libertad, ni de democracia, sino de obtener la autonomía económica del
país, y este fin primordial supo realizarlo la inteligencia y energía de la
dirección revolucionaria'.
Analiza las luchas civiles en la historia argentina con un criterio
interpretativo hasta entonces desconocido en nuestro medio. Descubre la
mecánica de la lucha de clases en ese período histórico-social. 'Cuando
abierto el país al comercio extranjero, los productos del campo tomaron
valor, toda la tierra les pareció poca a los señores comerciantes y
exportadores de las ciudades para acapararla y explotarla según nuevas
reglas. El gaucho vio su existencia amenazada, e, incapaz de adaptarse a las
condiciones de la época, se rebeló. Así nacieron las guerras civiles del año
20 y subsiguientes, que fueron una verdadera lucha de clases. Las montoneras
eran el pueblo de la campaña levantando contra los señores de las ciudades.
Hombres, mujeres y niños, la población campesina en masa, resistían a su
dominación. López en Santa Fe. Ramírez en Entre Ríos; Quiroga, en el
Interior, fueron los jefes de la insurrección del paisanaje contra el odio
al gobierno burgués de Buenos Aires'.
Pero, ¿qué importancia atribuía Justo al estudio científico de la historia?
Descubrir sus elementos componentes para conocer en qué medida entraban en
la formación de las agrupaciones políticas y su grado de eficacia. Esto le
permite sentar la premisa de que 'las agrupaciones políticas de acción más
eficiente en la historia argentina son las que han representado un interés
económico más general y más bien entendido'.
El sociólogo no eclipsa al político inteligente y sagaz -como que la
política es la parte activa, viva, de la sociología-; antes al contrario, lo
completa y le confiere el aplomo y la prestancia que exornan su robusta
personalidad de pensador eximio.
Por lo demás. Justo poseía desarrolladas en alto grado las condiciones que
para Mannheim son necesarias a todo líder político. Su conocimiento acabado
y consciente de 'la historia, la estadística, la teoría política, la
sociología, la historia de las ideas y la psicología social', adquiridos a
través de un riguroso método científico, se sintetiza en sus maduras
reflexiones y sus juicios certeros.
Todo eso hizo de Justo, un iniciador en el medio social argentino maduro
para la germinación de sus ideas geniales.
En efecto. El rompimiento del control social por la presión de las fuerzas
económicas que se distendían buscando ubicación y espacio para
desarrollarse, se había producido a fines del siglo pasado en nuestro país.
Los estrechos moldes del régimen de producción social rudimentario,
resultaron chicos para un contenido que portaba en su seno los gérmenes
embrionarios de un nuevo mundo económico, social y político, con
repercusiones profundas en lo moral, que ya había tenido manifestación
victoriosa en otras latitudes. Esos gérmenes forzaban las paredes
desgastadas del cascarón que los contenía, en un deseo hecho propósito firme
de emerger a la luz para cumplir su destino.
Ello no fue el resultado -acaso convenga subrayarlo bien- de factores
brotados por generación espontánea.
Las fuerzas económicas que actúan en los países semicoloniales, registran
las impresiones del progreso técnico que tiene lugar en los países
imperialistas o más adelantados en su esfera económico-financiera e
industrial, que da la tónica, precisamente, al régimen económico de
aquéllos.
El proceso generador fue determinado por la acción combinada de ese progreso
técnico incorporado a la producción nacional, que mantenía aún sus rasgos
feudales, y por la integración de las corrientes inmigratorias que actúan
como verdaderos revulsivos sociales, despertando en la conciencia de los
explotados pobladores autóctonos y extranjeros, inquietudes de mejoramiento
en sus condiciones de vida y de trabajo, que al chocar con la realidad, se
traduce en la lucha de clases que dinamiza a la sociedad argentina
obligándole a forzar la marcha y a acelerar su ritmo colonial.
Incorporada, pues, la técnica capitalista a la producción nacional que
transforma su modo de producción social, nuevas relaciones, que son su
consecuencia, desplazan a las anteriores y presiden su desarrollo histórico.
La transición del régimen feudal al agropecuario e industrial, provoca los
primeros conflictos sociales de cierta importancia al acentuarse la
explotación de las masas trabajadoras por el empleo de los nuevos
procedimientos mecánicos que, a su vez, provocan la aparición del fenómeno
de la desocupación, con características hasta entonces desconocidas en
nuestro medio.
El malestar reinante en el seno de la masa obrera, genera la inquietud
obrero-revolucionaria; pero en forma confusa, inorgánica. Hay más de
reacción instintiva que de impulso consciente. El proletariado ignora el
papel que juega en el proceso de la producción, y no ha penetrado en el
conocimiento de su misión histórica. Empero, se agita, se mueve buscando
adecuar sus inquietudes y necesidades a la realidad económico-social
cambiante. Crea sus organismos específicos de lucha, y entra de lleno a
actuar en el plano económico.
Todo ese proceso, acusadamente anárquico, tuvo su lógica repercusión en el
escenario político sobre el que gravitó en forma decisiva.
En las postrimerías del siglo pasado la crisis política había llegado a su
punto culminante. La corrupción, la venalidad y el fraude, daban fisonomía
especial al 'régimen'. El ambiente social se había enrarecido al punto de
que el clima se tornaba irrespirable como consecuencia de la profunda crisis
económica, financiera, institucional y moral, determinada por la incapacidad
y la rapacidad de las capas dirigentes de la oligarquía gobernante.
A todo esto, no había en el país un partido político serio orgánico,
responsable, que encauzara el descontento popular hacia realizaciones
promisorias. La marea iba aumentando de continuo y amenazaba desbordar.
Ante esa realidad prohijadora de consecuencias serias, se constituyó la
Unión Cívica de la Juventud, más que como una agrupación política
propiamente dicha, con el propósito de galvanizar las voluntades opositoras
para darles cauce hacia el derrocamiento violento del sistema político,
impuesto por una oligarquía manifiestamente incapaz de dirigir los destinos
del país.
Justo adhiere y suma sus esfuerzos al movimiento. Su intención es hacer de
ese conglomerado de fuerzas heterogéneas -y hasta encontradas, un verdadero
partido político agitado por preocupaciones económicas y sociales con
contenido científico.
Vencida la Revolución del 90, se disuelve la Unión Cívica. De ella se
desprenden dos formaciones: La Unión Cívica Nacional y la Unión Cívica
Radical. El triunfo del candidato de la primera, doctor Luis Sáenz Peña,
provoca la revolución del 93 desatada por la segunda, comandada por Leandro
N. Alem.
Partidos sin propósitos concretos de bien público y sin perfiles
definitorios en materia económica y social, son, sin embargo, las
expresiones combativas y combatientes de la burguesía capitalista. El primer
manifiesto electoral del Partido Socialista -producto de la pluma de Juan B.
Justo - del año 1896, los caracteriza bien: 'Hasta ahora la clase rica o
burguesía ha tenido en sus manos el gobierno del país. Roquistas, mitristas,
irigoyenistas o alemistas son todos los mismos. Si se pelean entre ellos es
por apetitos de mando por motivos de odio o de simpatía personal, por
ambiciones mezquinas o inconfesables, no por un programa ni por una idea...
...Todos los partidos de la clase rica argentina son uno sólo cuando se
trata de aumentar los beneficios del capital a costa del pueblo trabajador,
aunque sea estúpidamente y comprometiendo el desarrollo general del país'.
Algunos espíritus selectos contemplaban angustiados y profundamente
doloridos el cuadro sombrío que ofrecía la terrible hora argentina. Empero,
tal estado de ánimo operando, incluso sobre una voluntad férrea y una
mentalidad vigorosa e incontaminada, no habría bastado por sí solo para
determinar la conformación de un movimiento progresista destinado a
moralizar las costumbres políticas y a dignificar al sector de pueblo
brutalmente explotado, para conducirle finalmente a su emancipación.
Se habían dado las condiciones necesarias para producir ese acontecimiento
histórico trascendental. Todo estaba maduro para el nacimiento de una fuerza
política revolucionaría, que vendría a gravitar intencionalmente sobre el
proceso social para acelerarle, y que sería la expresión de lucha de la
clase obrera en el plano político. Empero, no basta que concurran todas las
condiciones ambientales necesarias para producir un acontecimiento histórico
de las características del aludido, es menester, fundamentalmente, para
precipitarle, del hombre que lo intuya y lo penetre; del elemento humano
apto para favorecer su producción. El debe poseer cierta habilidad, sentido
político desarrollado y agudeza sociológica, pues el éxito del nuevo
fenómeno estará asegurado si sabe interpretarlo y orientarle en sus
comienzos difíciles y peligrosos.
'El gran hombre es -observa Plejanov-, precisamente, un iniciador, por que
ve más lejos que otro y desea más fuertemente que otros. Resuelve los
problemas científicos planteados a su vez por el curso anterior del
desarrollo intelectual de la sociedad: señala las nuevas necesidades
sociales, creada por el anterior desarrollo de las relaciones sociales; toma
la iniciativa de satisfacer esas necesidades. Es un héroe. No en el sentido
de que puede detener o modificar el curso natural de las cosas, sino en el
sentido de que su actividad constituye una expresión consciente y libre de
este curso necesario e inconsciente. En esto reside toda su importancia y
toda su fuerza. Pero esta importancia es colosal y esta fuerza es tremenda'.
Ese iniciador en el medio social argentino de fines del siglo pasado; ese
elemento apto de visión amplia y certera, de inteligencia clara alimentada
por una cultura sólida y vasta y de una pasión por lo humano casi sublimada,
se corporiza en Juan B. Justo.
Se sumerge Justo en las aguas estancadas de la 'política criolla' para
removerlas y aclararlas. Intégrase a la lucha abandonando su cómoda posición
de cirujano eminente y respetado, en momentos difíciles para el país y junto
a un proletariado totalmente huérfano de derechos y a merced de los
designios reaccionarios de una oligarquía sórdida y voraz, para elevarlo y
dignificarle. Entiende que ninguna herramienta es más adecuada para ello que
el Socialismo, cuya existencia tiene su justificación en la realidad
económico-social del capitalismo con su división en clases, y cuyo objetivo
ideal es la emancipación de los trabajadores.
Pero esto último sólo podrá darse -así lo comprende acertadamente,
coincidiendo con Sorel- cuando los trabajadores adquieran la facultad
científica al mismo tiempo que la capacidad política. 'Adoptemos sin
titubear -afirma Justo- todo lo que sea ciencia; y seremos revolucionarios
por la verdad que sostenemos, y la fuerza que nos da la unión, muy distintos
de esos falsos revolucionarios, plaga de los países sudamericanos, que sólo
quieren trastocar lo existente, sin ser capaces de poner en su lugar nada
mejor. El socialismo moderno cuenta también con las masas populares, y con
el poder de la razón; pero con las masas populares, en tanto que ejercitan
su razón, y con la razón, en tanto que es ejercitada por las masas'.
Crear un partido político que recoja y cristalice las inquietudes y
aspiraciones de las masas laboriosas; que no comprenda a todo el pueblo,
sino a 'una fracción de él': a la clase obrera; oponerlo a las facciones
militantes precapitalistas accionadas por conceptos abstractos, cuando no
por complejos emocionales, que encubrían bien las ambiciones desmedidas y
espúreas de sus dirigentes aprovechados. 'Preguntemos -dice Justo- cuales
son sus ideas a los hombres más importantes de nuestra llamada política;
todos nos dirán lo mismo; el bien de la patria, el engrandecimiento
nacional, la honradez administrativa, la moralidad política. Se ha llegado
hasta proclamar que entre nosotros no hay lugar a cuestiones económicas que
dividan la opinión, todo se reduciría a saber quien es el hombre capaz de
hacer la felicidad del país. Y si esto no es suficiente razón para partidos
serios y orgánicos, da origen al menos a una gran variedad de facciones'.
Anteponer el partido político a la facción criolla; desalojar la facción
inorgánica, semi-bárbara, corrompida y corruptora y construir sobre sus
cimientos los partidos políticos como paso previo y obligado para crear las
condiciones que permitan el funcionamiento normal y progresivo de la
democracia política, se hizo propósito firme en Justo.
La facción es un conglomerado informe, sin organización. Comúnmente carece
de principios o ideales que normen su conducta hacia objetivos superiores en
los cuales el cálculo egoísta se diluye para dar paso a una afirmación
generosa y trascendente. El partido político que debe tener organización e
ideales -requisitos que le confieren personalidad- necesita estar dotado de
una teoría rigurosa. Si en los grupos de origen precapitalista 'la reflexión
teórica tiene una importancia completamente secundaria' -apunta K. Mannheim-
no ocurre lo mismo en grupos que no están unidos originariamente por
vínculos orgánicos de vida en común, sino que ocupan meramente posiciones
similares en el sistema económico-social, en los cuales 'una teoría rigurosa
constituye un indispensable requisito previo de coherencia'.
Así lo entiende Justo. Desde el primer momento -es más, nace a su conjuro-
se preocupará por dotar a esa nueva formación de la teoría científica que él
abrazara con tanta pasión, y que le permitirá penetrar en el subsuelo del
ordenamiento económico y social para poner al descubierto las causas ocultas
de las corrientes de pensamiento que pujan en la superficie. El marxismo
pasa a ser la teoría que normará la línea política de la nueva agrupación.
Los partidos políticos -que señalan diferenciados modos de pensamiento-
actúan en función de los intereses económicos y éticos, en estrecha relación
con aquéllos, que informan su ideario y determinan su conducta. Para la
formación de los partidos políticos en nuestro medio, era menester que 'cada
grupo social adquiera conciencia de sus intereses políticos'. Las
agrupaciones sociales se iban diferenciando entre sí por los particulares
intereses económicos en juego. Pero el marxista que hay en Justo afirma que
esa diferenciación de matices no basta. El antagonismo entre 'los
propietarios que quieren mantener todos los privilegios inherentes a la
propiedad legal del suelo, y arrendatarios en que la ley no favorezca su
ocupación y cultivo efectivos', no serán fecundados mientras no se declare
otro más fundamental, el antagonismo político entre capitalistas y
asalariados, la gran lucha de clases que empuja hacia adelante a las
sociedad modernas. ...Ahora la lucha de clases es un principio político
proclamado en todo el mundo civilizado, es una lucha calculada y prevista
entre clases conscientes de su situación respectiva y de las necesidades del
progreso histórico'.
En una palabra: Los dos elementos sociales frente a frente: Burguesía y
proletariado. 'Si ha de haber partidos, ¿no es necesario, en el doble
sentido de la palabra, que cada uno de ellos tenga como núcleo a uno de esos
elementos sociales?'.
Bajo el signo y el imperio de ese pensamiento robusto, orientador, señero,
nace la expresión política de la clase obrera.
Señala Justo con toda precisión sus características definitorias al
proyectar la Declaración de Principios -que es síntesis esencializada del
Manifiesto Comunista adaptado a la realidad nacional-, y el Programa Mínimo.
Al informarlos expresa: 'que lo que se había propuesto el Comité al
confeccionar esos proyectos era caracterizar el Partido Socialista Obrero en
su doble faz de movimiento de clase, y de movimiento económico. El Partido
Socialista es ante todo el partido de los trabajadores, de los proletarios,
de los que no tienen más que su fuerza de trabajo; las puertas del partido
están sin embargo abiertas de par en par para los individuos de otras clases
que quisieran entrar, subordinando sus intereses a los de la clase
proletaria. Lo que es importante es patentizar nuestra independencia de todo
interés capitalista o pequeño burgués; sin creer por eso que en todos los
casos y en todas las cuestiones sean opuestos a los nuestros'.
Siempre dentro de esta tesitura, se empeña Justo en remarcar, en cuanta
oportunidad se le presenta, que el Partido Socialista es un partido de
clase. 'Es un partido de clase -asevera sentenciosamente- porque lo componen
principalmente personas que salen de la misma clase social. Profesamos ser
el Partido de la clase trabajadora y más especialmente de la clase
trabajadora asalariada... Es de clase nuestro partido por sus fines
inmediatos de mejoramiento de la situación material y mental de la clase
trabajadora y por su fin último, que es la completa emancipación de los que
trabajan, sobre la base de una nueva forma social en que los medios de
producción no sean de propiedad privada, sino de la colectividad trabajadora
entera'.
Y en la misma conferencia, en el Centro de la 14, como para aventar
cualquier duda, advierte que al primitivo título de Partido Socialista
Obrero, se le quitó el agregado de obrero, 'ya que siendo socialista,
también era casi superfluo decirle obrero'.
Pero Justo es más pretencioso. No se conforma con liquidar la facción e
introducir un poderoso fermento que romperá el control social para acelerar
su progreso; quiere introducir y aplicar la ciencia a la política. El
Partido Socialista es para el visionario insigne, 'el advenimiento de la
ciencia a la política más avanzada, no por lo que prevé o promete, sino por
lo que hace'.
Vuelca Justo en ese molde, en esa nueva forma que concita todas sus
esperanzas y todos sus esfuerzos, sus ideas políticas, filosóficas y
sociológicas, en la intención confesada de que pensamiento y acción, en
estrecha simbiosis, generen una fuerza capaz de ordenar 'una libre e
inteligente sociedad humana, basada sobre la propiedad colectiva de los
medios de producción'.
Estas ideas perfilan con nitidez meridiana al partido socialista en el
escenario político argentino. El contacto con las otras agrupaciones
inorgánicas y anodinas, lo agiganta. Con la causticidad propia de su
espíritu recio y sin dobleces, lo señala así. Justo, en su carta a Ferri:
'Agrupaciones efímeras, sin programas ni principios, sin más objetivos que
el triunfo personal del momento, los partidos de la política criolla, pasada
la frontera, carecen de todo sentido... Frente a ese caos de facciones y
camarillas, cuya única palabra de orden y único vínculo interno es el nombre
del condottiere que los guía al asalto de los puestos públicos, ha aparecido
y se desarrolló el Partido Socialista que, sin excluir a nadie de su seno,
se presenta ante todo como la organización política de la clase más numerosa
de la población, la de los trabajadores asalariados... Es, en una palabra,
para el observador sobrio e imparcial, el único partido que existe'.
La nueva fuerza política contribuye sensiblemente a cambiar la fisonomía de
la Argentina del siglo XX operando sobre su realidad ambiente.
El desarrollo industrial, el fortalecimiento de los cuadros proletarios
urbanos, y la presencia y acción del movimiento sindical obrero y del
Partido Socialista -que si bien se desenvuelven en planos distintos es total
la coincidencia en los móviles que les impulsan-, que dan cauce normal a las
aspiraciones e inquietudes de los trabajadores, determina un
reacondicionamiento de las fuerza políticas actuantes. Los grupos políticos
al superar la etapa de la facción y entrar en la esfera de partido político
propiamente dicho, es decir, con organización estable y con objetivos
concretos, llevan también en su seno los gérmenes de su propia destrucción.
Tiene latencia en ellos el proceso dialéctico -comprendido por lo demás, en
la facción aunque no se distinga con perfiles claros en atención a las
características de ese hecho social histórico, pero que ha sido proceso
generador de su evolución- que de potencial deviene activo cuando la
agrupación está en retraso frente a la realidad impulsada por las fuerzas
económicas en pleno desarrollo, o propone u olvida la perspectiva histórica
que constituye su objetivo ideal.
Así lo comprendió Justo. Por eso mientras al Partido Socialista sin restar
jerarquía a los principios rectores que presiden su desenvolvimiento, ni
olvidar su finalidad última, obliga a los núcleos políticos a superar sus
deficiencias orgánicas y a concretar sus propósitos, no descuida la realidad
y ocupa el puesto de vigía avanzado del desarrollo histórico argentino.
Salvando los obstáculos y clavando banderillas a la burguesía decadente,
afirma la presencia militante de la clase obrera en las luchas políticas.
Presencia que es afirmación de progreso, como que la clase cuyos intereses
representa y custodia es la que presiona intencionalmente sobre el proceso
para acelerar un desenlace deseado en sus resultados últimos.
Despierta reacciones a su paso. 'Los grandes éxitos de esta nueva
fuerza -apunta Justo-, encendieron en los partidos contrarios el deseo de
contrarrestarlos por medio de actitudes demagógicas, por la exaltación de un
nacionalismo jesuítico y por la organización sistemática del error y de la
mentira, puesta a cargo de la iglesia oficial y de la prensa grande'.
Empero nada ni nadie puede detener su marcha. Avanza sobre terreno firme,
las ideas fuerzas del Maestro le sirven de palancas propulsoras. Es tal su
consubstanciación del progreso social argentino, que se perciben sus huellas
en todas sus expresiones.
El balance arroja un saldo favorable a su favor. En más de 50 años de acción
cívica, de militancia enérgica y de educación popular acreditó las bondades
de su método y la fuerza moral de sus principios.
Se realiza así el deseo íntimo de Justo. Corporízase la simbiosis de
pensamiento y acción en síntesis promisoria en el Partido Socialista.
Cumplida esta primera etapa, de nosotros depende que la herramienta amorosa
y artísticamente trabajaba por el Maestro sirva a los menesteres para los
que fue concebida: ordenar 'una libre e inteligente sociedad humana, basada
sobre la propiedad colectiva de los medios de producción'.
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular