[R-P] Sobre Chávez y el marxismo.
Boletín Bambú
bambuprensa en yahoo.com.mx
Sab Ene 5 09:08:29 MST 2008
--- Lizardo Sánchez <lizardosanchezcordoba en yahoo.com.ar>
escribió:
> Se que es ocioso intentar determinar entre
> quienes mantenemos posturas opuestas si el
> marxismo es o no eurocéntrico. Es mas, ello no es
> importante si aprendemos a actuar aunadamente,
> para lo que conviene tener amplias reservas de
> prudencia y de sabiduría.
Los demócratas, socialdemócratas y otros representantes de
la izquierda se ponen a desprender, en doble cantidad,
emanaciones de moral, del mismo modo que transpiran
doblemente las personas cuando tienen miedo. Al repetir, a
su manera, los Diez Mandamientos o el Sermón de la Montaña,
esos moralistas se dirigen, no tanto a la reacción
triunfante, cuanto a los revolucionarios perseguidos por
ella, quienes, con sus "excesos" y con sus principios
"amorales", "provocan" a la reacción y le proporcionan una
justificación moral.
La base de esta prédica falsa y ampulosa la constituye la
pequeña burguesía intelectual. La base política con la
impotencia y la desesperación ante la ofensiva
reaccionaria. La base psicológica se halla en el deseo de
superar el sentimiento de la propia inconsistencia,
disfrazándose con una barba postiza de profeta.
El procedimiento favorito del filisteo moralizador consiste
en identificar los modos de actuar de la reacción con los
de la revolución. El buen éxito del procedimiento se
consigue con ayuda de analogías de forma. Es posible
descubrir gemelos del fascismo y el comunismo. Se puede
formular una lista de rasgos comunes entre el catolicismo,
y aún el jesuitismo y el bolchevismo. Por su parte, Hitler
y Mussolini, utilizando un método enteramente semejante,
demuestran que liberalismo, democracia y bolchevismo sólo
son distintas manifestaciones de un solo y mismo mal. La
idea de que stalinismo y trotskismo son "en el fondo"
idénticos, encuentra hoy la más amplia aceptación. Reúne en
su rededor a liberales, demócratas, píos católicos,
idealistas, pragmatistas, anarquistas y fascistas.
El rasgo fundamental de esas asimilaciones e
identificaciones lo constituye el ignorar completamente la
base material de las diversas tendencias, es decir, su
naturaleza de clase, y por eso mismo su papel histórico
objetivo. En lugar de eso, se valoran y clasifican las
distintas tendencias según cualquier indicio exterior y
secundario; lo más a menudo, según su actitud frente a tal
o cual principio abstracto, que para el clasificador dado
tiene un valor profesional muy particular. Así, para el
papa romano, los francmasones, los darwinistas, los
marxistas y los anarquistas son gemelos, puesto que todos
por igual niegan sacrílegamente la Inmaculada Concepción.
Para Hitler, liberalismo y marxismo son gemelos, puesto que
ignoran "la sangre y el honor". Para los demócratas, son el
fascismo y el bolchevismo los gemelos, puesto que no se
inclinan ante el sufragio universal. Etcétera, etcétera.
Los rasgos comunes a las tendencias así comparadas son
innegables. La realidad, sin embargo, es que el desarrollo
de la especie humana no se agota ni con el sufragio
universal, ni con "la sangre y el honor", ni con el dogma
de la Inmaculada Concepción. El proceso histórico es, ante
todo, lucha de clases y acontece que clases diferentes, en
nombre de finalidades diferentes, usen medios análogos. Los
ejércitos beligerantes son siempre más o menos simétricos y
si no hubiera nada de común en sus métodos de lucha, no
podrían lanzarse ataques uno al otro.
El obrero o el comerciante rudos, si se encuentran entre
dos fuegos, sin comprender ni el origen ni el sentido de la
pugna entre proletariado y burguesía, tendrán igual odio
para los dos campos en lucha.
¿Y qué son todos esos moralistas demócratas? Los ideólogos
de las capas medias, caídas o temerosas de caer entre dos
fuegos.
Los principales rasgos de los profetas de ese género son su
alejamiento de los grandes movimientos históricos, el
conservatismo petrificado de su pensamiento, la
satisfacción de sí, en la propia mediocridad y la cobardía
política más primitiva. Los moralistas quieren, ante todo,
que la historia los deje en paz; con sus libritos, sus
revistillas, sus suscriptores, el sentido común y las
normas morales. Pero la historia no los deja en paz. Tan
pronto de izquierda como de derecha, les da de empellones.
Indudablemente, revolución y reacción, comunismo y
fascismo, stalinismo y trotskismo son todos gemelos. Que
quien lo dude se tome la pena de palpar, en el cráneo de
los moralistas, las protuberancias simétricas de derecha e
izquierda.
Roberto Bardini
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